jueves, 31 de enero de 2008

LA PARASHA DE LA SEMANA

LIBRO: SHMOT 21:1-24:18 HAFTARA: Irmiahu 34:8-22 33:25-26
MISHPATIM


Aprender a estar presentes
“Entonces Adonai dijo a Moshé: Sube a mí al monte, y estate allí y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles.”
Shmot-Exodo 24:12
Parashat Mishpatim es una de las más largas de la Torá. Enigmáticamente enumera una cantidad importante de leyes justamente una vez escuchados los diez mandamientos. Muchos comentaristas intentan entender por qué después de dar los preceptos más sublimes es necesario atiborrar al pueblo de Israel con leyes y detalles. Por ejemplo:Leyes referidas a los esclavos hebreos, la pena de muerte frente a situaciones criminales, leyes referidas a agravios, responsabilidades y compensaciones por daños causados por animales propios, responsabilidades por las propiedades ajenas, leyes sobre préstamo y devolución de dinero, el trato a los extranjeros, el valor de dar testimonio verdadero y la penalización por falso testimonio, prohibiciones de alimentación, leyes de semita, las fiestas peregrinación, entre otras.
Como verán podríamos detenernos y analizar puntualmente las implicancias de cada una de estas prescripciones y de por qué se enumeran justamente en esta parte de la Torá. Pero esta semana les propongo detenernos en algo, aparentemente minúsculo ante la magnificencia del texto que acabamos de compartir. Un pequeño versículo casi al final de la Parashá. Moshé debe subir al monte para bajar con las tablas escritas, aquellas que contengan todo lo que Dios tiene para decirle al pueblo de Israel. Y la indicación de subir está hecha con las siguientes palabras:
“Entonces Adonai dijo a Moshé: Sube a mí al monte, y estate allí y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles.”
Shmot-Exodo 24:12
La pregunta que surge es si acá no hay algunas palabras innecesarias, cosa que en la Torá no sucede por la economía que aplica a cada texto… Dios le dice a Moshé que suba… Moshé, por supuesto subirá. ¿Para qué, entonces, le recalca “estate allí”, “heié sham”? ¿Acaso si subía, no iba a estar allí?
Moshé estaba viviendo probablemente el momento más trascendente de su vida. La voz de Dios, los truenos, el fuego, el humo, la cercanía, la gloria, la presencia, la responsabilidad, la misión… ¿Qué más podía pedir este ser humano? ¡Estaba escribiendo probablemente la página más significativa de la historia de su pueblo! Y aquí la sabia advertencia de Dios, a él y a nosotros: “Estate allí”, estate presente, no te duermas en el éxito de haber llegado… no es el gran evento, ni la subida, ni la conmoción de la voz del cielo lo que escribe la historia cotidiana, sino la decisión de estar allí, presente, con todas tus capacidades puestas para vivir con intención, con pasión y conciencia cada momento.
Así nos pasa a nosotros muchas veces en nuestras vidas, en las que nos hemos acostumbrado a vivirlas y medirlas con la unidad de medida de los grandes eventos.Fíjense: Una mamá espera durante 9 meses el momento sublime del parto. Llega ese día y Dios le dice: “Estate allí”, tené cuidado, vas a parir una vida, y deberás estar allí presente en los momentos luminosos y los oscuros de la historia de tu hijo. No has llegado a la cima, has comenzado recién el camino infinito de educar a un ser en tus brazos.
Una persona trabaja afanosamente por conseguir un nombramiento en un trabajo. Finalmente recibe la noticia: lo consiguió. Allí aparece el texto de nuestra Torá y le pide: “Estate allí”, ahora habrás de cuidar lo que conseguiste, esforzarte, trabajar, crear, asumir desafíos, sortear dificultades.
Las historias de los seres humanos no se miden por cantidades de cimas, sino por la capacidad de presencia que cada uno asume en cada momento. Los trascendentes, en los que uno tiene la oportunidad de ver el mundo “desde arriba” y los de prueba, cuando uno, a pesar de tener el monte frente a sus ojos, debe quedarse abajo. Allí también hay una indicación de “Estate allí”. Tratá de entender la tarea que se te encomienda en un momento de dificultad, refiná tu espíritu buceando las maneras de salir del pozo, encontrando apoyos para continuar caminando, recuperá la esperanza y la fe.
“Estate allí”. Moshé recibió la orden.Ahora, es nuestro turno de experimentarlo.
Shabat Shalom uMevoraj!Silvina Chemen
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Parashat Mishpatim


Entre el Cielo y el Cielo El ascenso de Moisés al Monte Sinaí está dividido en dos partes. La primera de ellas aparece hacia el final de Parashat Itró, y la segunda parte aparece al final de esta sección semanal que es Parashat Mishpatim. Entre ambos relatos, la Torá presenta un extenso listado de leyes - que ocupa casi tres cuartas partes de Parashat Mishpatim - cuyo principal interés es la relación entre el hombre y su prójimo.
Parashat Mishpatim - Base del Derecho Hebreo Bíblico
De hecho, Parashat Mishpatim es la primera sección de tinte netamente legislativo y constituye la base del Derecho Hebreo Bíblico, junto a varios pasajes de los libros de Vaikrá y Devarim. Parashat Mishpatim menciona leyes relativas al robo, a lesiones y a la violación de la propiedad privada y regula los deberes hacia el pobre, el extranjero, el huérfano y la viuda. No obstante llama poderosamente la atención que semejante "tecnicismo legal" aparezca ubicado entre dos de la despcripciones más sublimes de la Torá: el ascenso de Moisés al Monte Sinaí - al final de Parashat Itró - y la segunda descripción de dicho ascenso hacia el final de la Parashá. Cabe preguntarse por qué razón la Torá incluye semejante listado de leyes entre ambas descripciones del ascenso de Moises al Monte Sinaí.
Tal vez se pueda responder a esta pregunta a través de un relato: Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un enorme árbol, cayo un rayo y los tres murieron fulminados. El hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales. La carretera era muy larga, colina arriba, el sol era muy fuerte, estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un portal magnifico, todo de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde manaba un agua cristalina. El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada: "¿Cómo se llama este lugar tan bonito?", le preguntó. "Esto es el cielo". "Que bueno que hayamos llegado al cielo, porque estamos sedientos".
"Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera", y el guardián señaló la fuente. "Pero mi caballo y mi perro también tienen sed...". "Lo siento mucho" - dijo el guardián - "Pero aquí no se permite la entrada a los animales". El hombre se levantó con gran disgusto, ya que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo; dio las gracias al guardián y siguió adelante.
Después de caminar un buen rato cuesta arriba, exhaustos, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puertecita vieja que daba a un camino de tierra rodeado de arboles. A la sombra de uno de los arboles había un hombre tirado en la tierra, con la cabeza cubierta por un sombrero, posiblemente dormía. "Buenos días", dijo el caminante. El hombre respondió con un gesto con la cabeza. "Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo", dijo aquel hombre sediento.
"Hay una fuente entre aquellas rocas", dijo el hombre indicando el lugar. "Pueden beber tanta agua como quieran". El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed. El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre. "Pueden volver siempre que quieran", le respondió. "A propósito... ¿cómo se llama este lugar?". "Este es el cielo", le dijo aquel hombre.
"¿El cielo? ¡No puede ser! ¡Si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el cielo!".
"Aquéllo no era el cielo, era el infierno".
El caminante quedó perplejo. "¡Debería prohibir que utilicen su nombre! ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones!".
"¡De ninguna manera! En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se queda todo aquél que es capaz de sacrificar a su prójimo".
Tal vez esa sea la respuesta a nuestra pregunta. ¿Por qué razón tamaño listado de leyes que regulan la relaciones humanas aparece inserta entre ambas descripciones del ascenso de Moisés hacia el cielo? Sencillo. Jamás lograremos siquiera acercarnos al cielo si "sacrificamos a nuestro prójimo" y olvidamos estas leyes. Tal vez creermos estar en el cielo, pero éso será el infierno. También cabe el interrogante: ¿Por qué está escrito al principio de la Parashá "Y estas son las leyes que habrás de poner delante suyo" (Shemot; 21-1)? ¿Delante de quién? ¿Delante del pueblo? ¡No! Delante de las normas que regulan la relación con Dios. Ante todo debe el hombre aprender cómo comportarse con su prójimo. Sólo entonces estará cerca del cielo.
¡Shabat Shalom!