sábado, 16 de febrero de 2008

LA PARASHA DE LA SEMANA

LIBRO: SHMOT 27:20-30:10
HAFTARA: Ezequiel 43:10-27
TETZAVE El lugar de la luz


“Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, para hacer arder una luz perpetua. En la tienda de reunión, afuera del velo que está delante del testimonio, las pondrá en orden Aarón y sus hijos para que ardan delante de Adonai desde la tarde hasta la mañana, como estatuto perpetuo de los hijos de Israel por sus generaciones.” Shemot-Exodo 27:20
La mayoría de los que esté leyendo este texto en este momento habrá entrado alguna vez en su vida a una sinagoga. Muchos, si no todos, habrán observado una luz o una llama por encima del Séfer Torá, que siempre está prendida. También varios sabrán que esta luz se llama Ner Tamid: La luz perpetua. Esta luz fue prescripta en la Parashá de esta semana: Tetzavé. El pueblo de Israel, debía traer aceite puro de olivas machacadas para encender la luminaria. Aharón y sus hijos, los sacerdotes, la encenderían y ésta sería una ley eterna por generaciones.
Nunca más como en esta Parashá entendemos el significado de una ley eterna, ya que aún hoy, esta luz sigue encendida. Esto a mí me emociona. Imaginarme el desierto, la precariedad y la incertidumbre. Las primeras indicaciones que ordenaban la vida social y religiosa de un pueblo. La entrada a la tierra de Israel, los asentamientos, las vicisitudes, las guerras, las anomias, la construcción del Templo y nuevamente la luz que ocupó el lugar más central, el exilio, el robo del candelabro, la permanencia de la luz en cada pequeño santuario que se construyó después de la destrucción, las casas de estudio, las inquisiciones, los pogroms, las inmigraciones, la Shoah, el estado de Israel… y siempre nos ocupamos de la luz.
Simbolizamos la luz en la alegría de las velas de Shabat y Jaguim, en la tristeza del Ner Zikarón, la luz del recuerdo y en la continuidad de nuestras casas de plegaria y de estudio con el Ner Tamid, siempre sobre el Arón Hakódesh, el arca que recuerda aquella primer arca del testimonio con las Tablas de Moshé.
Hoy los invito a revisar nuevamente este primer texto, para descubrir juntos el mensaje original de esta luz.
En principio, volvamos al texto hebreo. Porque en el versículo 20 cuando en castellano dice: “para hacer arder una luz perpetua”, en hebreo dice: “lehaalot ner tamid”, para elevar la luz perpetua. Quizás muchos pensarán que es un vano juego de palabras, que en hebreo bíblico es común encontrar el verbo ascender o elevar, ligado al encendido del fuego. Pero no me quiero quedar con esa sola opción. Una cosa es un fuego que se prende, para uso cotidiano y otra cosa es un fuego que se “asciende” en su encendido. Es un fuego que compromete una elevación que no es en el plano de lo físico. Un compromiso con la luz que estamos encendiendo o que estamos cuidando que no desfallezca. La luz es una apuesta a mejorar, a crecer, a dar, a involucrarse con el sentido de lo que hacemos por nosotros y por los demás.
Pero hay también otro detalle interesante. Fíjense con atención dónde estaba situada la lámpara originalmente… “afuera del velo que está delante del testimonio”. Y aquí hay un mensaje que creo hemos olvidado con el correr de las generaciones.En el tabernáculo había un lugar central en el que se guardaba el “testimonio”, el Arca con la Torá. Este lugar estaba dividido con el exterior por una Parojet, una cortina o velo como dice el texto. La luz se debía encender AFUERA. Y aquí la clave: es fácil creer que mantenemos la llama viva adentro de nuestros santuarios. Como yo le digo a los alumnos de Talmud Torá: —¡Es fácil ser Bar Mitzvá entre las cuatro paredes de la sinagoga!
La luz y la perpetuidad de su brillo se juegan afuera. En la vida cotidiana, en nuestros trabajos, en la calle, en las situaciones cotidianas de familia, de amigos, en la vida cívica, en las discusiones políticas. Allí somos prescriptos a portar una luz que se eleve. Que nos indique un camino sensato. Que nos marque un rumbo que no nos haga daño ni que lastime a nadie. Que nos alerte cuando estamos por caernos en pozos de debilidad, de desesperanza, de soberbia, de maltrato.La luz de la sinagoga nos recuerda el mandato de la luz fuera de ella.
En Iturei Torá, una antología y comentario ético de la Torá por los maestros del jasidismo, se comenta que la palabra NER (en hebreo NR), es un acróstico de Néfesh y Ruaj: Alma y espíritu. Así se nos indica salir a la vida. Con el alma preparada para darnos y dar luz. Y es ese Ner el que debemos encender diariamente, como lo hacían los sacerdotes en el tabernáculo. Es un trabajo mantener la luz prendida. Requiere que dejemos de lado la alienación en la que muchas veces nos sumimos, que nos dediquemos a mirarnos, a conocernos, a respetarnos para encontrar el combustible necesario que nos mantenga la luz perpetua. En aquel momento lo hacían los sacerdotes. Hoy somos nosotros los guardianes de nuestros propios santuarios.
Shabat Shalom


Silvina Chemen
Rabina de la Comunidad Bet El - Bs. Aires, Argentina