jueves, 21 de febrero de 2008

LA PARASHA DE LA SEMANA

OLEO DE NICOLAS POUSSIN "EL BECERRO DE ORO"

LIBRO: SHMOT 30:11-34:35
HAFTARA: I REYES 18:1-39
KI TISA Aceptar los procesos


La Parashá Ki Tisá nos remite siempre a una situación incómoda o al menos cuestionable... el becerro de oro. Imagino las sensaciones encontradas, la desesperación, la aparición de liderazgos positivos y negativos, la revuelta, la duda, la angustia, el enojo... Era demasiada carga para un grupo numeroso de esclavos que habían salido a la libertad...Por lo que aunque muchos de los intérpretes se enojan transformando a este episodio en el prototipo del pecado y la desviación, a mí, humildemente, me produce cuestionamientos más que posiciones extremas.Probablemente lo que más irrite a los lectores de todas las generaciones es la aparente injusticia que cometieron quienes fueron testigos del evento más milagroso y único que haya vivido el pueblo judío en toda su historia: escuchar la palabra de Dios desde su propia voz en el monte Sinai...
Unos capítulos atrás, unas parshiot atrás, el pueblo de Israel, temblando de reverencia y conmoción escuchaba a Dios diciéndoles: “Yo soy Adonai tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos. No tendrás dioses ajenos delante de mí.”
(Shmot-Exodo 2:2-3)
¿No era claro lo que Dios pretendía? ¿No dio suficientes señales de su existencia, de su presencia y su decisión de proteger al pueblo de Israel? ¿No partió el mar, evitando una masacre? ¿No los alimentaba con Maná, haciendo caer el pan del cielo? ¿No los cubría de día con nubes y de noche los entibiaba con columnas de fuego? ¿Qué más?Nos imagino a cualquiera de nosotros, con muchísimo menos, absortos y convencidos de la presencia divina.
Insisto, ¿qué más?
Moshé subió al monte. Tardó más de lo que pudieron soportar. Tomaron el oro que había disponible, construyeron un becerro y danzaron alrededor... quizás para recuperar la alegría, o la confianza o la fe en lo que conocían...Porque por más maravillosa que haya sido la aparición de Dios en la historia de esta gente, no fue suficiente para transformarlos, para arrancarlos de sus prácticas, de sus maneras de comprender la religiosidad.Y acá entra en cuestionamiento el tema de la fe. La fe de Israel se fue construyendo a partir de las formas de vida que esta fe adquiría. La fe, la religiosidad, el sentido, o como lo quieran llamar no se dictamina por decreto, no se adopta porque otro te lo dice, no se practica por temor al castigo. La fe se elige transitando sus caminos y sus escollos. La creencia se construye a partir de certezas y de dudas. Dios no es un dogma binario, el que se opta por sí o por no. Lo que otros vieron como pecados, yo los invito a mirarlo como búsquedas, tropiezos, aciertos, oscuridades, destellos...La fe verdadera se va a ir asentando en el pueblo de Israel con el tiempo y las experiencias. Dios y los hijos de Israel necesitaron tiempo para reconocerse y elegirse sinceramente. Una sola experiencia, por más profunda que haya sido, no bastó para asegurar la presencia de Dios en el pueblo de Israel.
Esta Parashá creo que nos viene a enseñar la necesidad de respetar los procesos en las elecciones trascendentes que hacemos por nosotros mismos y que hacen quienes están a nuestro alrededor. Ser pacientes con los tiempos que necesitamos para elegir lo que nos va a llevar al mejor destino es un dato del amor y el respeto. Aunque este tiempo de inmediatez no lo conciba como exitoso, las verdaderas opciones son el fruto de un arduo trabajo. Llegaremos a la tierra de la promesa, de pie, pero quizás con algunos moretones...Nadie podrá decirnos que no nos hemos enfrentado al camino.

¡Shabat Shalom uMevoraj!
Silvina Chemen -
Rabina Comunidad Bet El, Buenos Aires, Argentina