jueves, 20 de marzo de 2008

COLABORACIONES


¿Para que sirve el dinero?
Hubo una entrevista de una hora en CNBC con Warren Buffett, la segunda persona más rica del mundo, quien donó $31 mil millones de dólares para caridad. He aquí algunos aspectos muy interesantes de su vida:
1.- Compró su primera acción a los 11 años y se lamenta de haber empezado demasiado tarde!
2.- Compró una pequeña granja a los 14 años con sus ahorros provenientes de repartir periódicos.
3.- Todavía vive en la misma pequeña casa de 3 cuartos en Omaha que compró luego de casarse hace 50 años. Él dice que tiene todo lo que necesita en esa casa. Su casa no tiene ningún muro o reja.
4.- Él maneja su propio carro a todas partes y no anda con chofer o guardaespaldas.
5.- Nunca viaja en jet privado, a pesar de ser el dueño de la compañía de jets privados más grande del mundo.
6.- Su compañía, Berkshire Hathaway, es dueña de 63 compañías. Él le escribe sólo una carta cada año a los CEOs de estas compañías, dándole las metas para el año. Nunca convoca a reuniones o los llama regularmente.
Él le ha dado dos reglas a sus CEOs:
• Regla número 1: No perder nada del dinero de sus accionistas.
• Regla número 2: No olvidar la regla número 1.

7.- Él no socializa con la gente de la alta sociedad. Su pasatiempo cuando llega a casa es prepararse palomitas de maíz y ver televisión.
8.- Bill Gates, el hombre más rico del mundo, lo conoció apenas hace 5 años. Bill Gates pensó que no tenía nada en común con Warren Buffett. Por esto, programó la reunión para que durara únicamente media hora. Pero cuando Gates lo conoció, la reunión duró diez horas y Bill Gates se volvió un devoto de Warren Buffett.
9.- Warren Buffet no anda con celular ni tiene una computadora en su escritorio.
10.- Su consejo para la gente joven:
Aléjese de las tarjetas de crédito e invierta en usted.
RECUERDE:
A. El dinero no crea al hombre, sino que fue el hombre el que creó el dinero
B. La vida es tan simple como usted la haga.
C. No haga lo que los otros digan. Escúchelos, pero haga lo que lo hace sentir mejor.
D. No se vaya por las marcas. Póngase aquellas cosas en las que se sienta cómodo.
E. No gaste su dinero en cosas innecesarias. Gaste en aquellos que de verdad lo necesitan.
F. Después de todo, es su vida. ¿Para qué darle la oportunidad a otros de manejársela?
G. Si el dinero no sirve para compartirlo con los demás, entonces ¿para que sirve?
AYUDE AUNQUE NO PUEDA HACERLO; SIEMPRE HABRÁ BENDICIÓN PARA AQUELLOS QUE SABEN COMPARTIR.
Fuente: Dr. Roberto Frenkiel
* * * * * * *
Subir y bajar, dos parábolas judías
Subir es sinónimo de éxito; bajar, de fracaso. El concepto hebreo de esos términos es todavía más punzante, y se relaciona con la presencia física del judío en su Tierra. No por nada quien llega a Israel no es un mero inmigrante, sino un “ole”, un “ascendido”. No es suficiente ser un buen judío en la diáspora, y recitar cada Pésaj: “El año que viene en Jerusalén…”
En todos los idiomas se discierne la misma tendencia: subir es positivo; bajar, negativo. El liturgia cristiana afirma que el bueno asciende a los cielos y el malo va a parar a las tenebrosas profundidades del infierno. Sabemos que quien tiene éxito en la vida sube a niveles más superiores, mientras que quien fracasa decae, desciende y hasta puede precipitarse al abismo llegando al extremo de vegetar en la miseria. En una palabra: el primero llega a conseguir el éxito, mientras que el segundo es un fracasado.
Pero tal vez sea el concepto judío el que enfatiza más que nadie tales oscilaciones en la vida humana. Recordemos el un tanto enigmático relato del profeta rebelde, Yoná, denominado Jonás en castellano. Huye despavorido ante el mandato del Señor y “baja a Jopa” (Yafo) en
búsqueda de un barco que le lleve allende los mares, a ese enigmático Tarsis que bien podría ser el sur de la península ibérica.
Para esconderse desciende a la cala, la parte más baja de una embarcación. Desatada la terrible tempestad, el desdichado varón es arrojado a las embravecidas olas y tragado por un “pez grande”, que a su vez vuelve a precipitarse a las profundidades del mar. Finalmente, su sincero arrepentimiento hace que pueda salvar la vida.
Radicarse en Israel no es simplemente inmigrar; es “hacer aliyá”, subir al país. Dejar este terruño es literalmente bajar, aunque de hecho muchos israelíes han ido a buscar fortuna en tierras extrañas.
En español serían emigrantes, en hebreo son simplemente yordim: es decir, “bajados”.
Un término despectivo, que se justifica en la tesis de que han perdido el privilegio de vivir en la Tierra Prometida.
“Nemushot” los calificó desdeñosamente el Primer Ministro Itzhak Rabin.
El término significa un vejestorio debilitado y desfalleciente, y en otra acepción, el furgón de cola, el más rezagado, el que nada puede aportar a la sociedad.
A propósito, ese exabrupto del malogrado jefe del Gobierno hizo correr mucha tinta en su momento.
Desde siempre el problema de la aliyá ha sido un tema cardinal en la relación judío-Israel. Para muchos, ser sionista fuera de Israel carece de sentido; afirman que es una excusa para evitar el reto que implica vivir en este alterado país. No cabe duda, la vida en este país no es nada fácil.
Ni siquiera para los veteranos, aunque en su caso los callos de ese roce permanente a través de los años permiten soportar mejor sus avatares. De modo que muchas veces, es necesario tener no poco coraje para dar ese paso. Otros, han visto en este país su tabla de salvación, y como refugiados que han sido, han podido tragar mejor que otros lo que de cualquier modo era una amarga píldora. Si bien se sabe que “difícil es ser judío”, mucho más lo es ser israelí.
En este juego de palabras que, a mi modesta opinión, es una excelente metáfora de la vida en este país, no implica que se desdeñe a quien haya preferido las “ollas de Egipto”, como se lamentasen nuestros antepasados al deambular por el desierto.
Lamentamos los que se van, pero hay que tener en cuenta que muchas veces se interponen poderosas razones. Quisiéramos que regresaran los ausentes, pero comprendemos que no todos lo podrían hacer, incluso si lo quisieran.
En definitiva, qué propone decirnos el autor de estas líneas, se preguntará más de un lector. Dos cosas: que trata de comprender el modo de proceder de muchos buenos judíos, que bien quisieran pero no pueden o no se atreven “subir”…
De ellos se espera que aunque lejos no dejen de olvidar de dónde proceden, o qué ascendencia tienen.
Dos milenios de penurias en el exilio no fueron capaces de borrar nuestra identidad.
No permitamos que ahora, en el sexagésimo aniversario de un anhelo cumplido, se olviden estos dos preceptos fundamentales, estas dos parábolas que han dictado nuestro modo de ser.
Posiblemente el sionismo haya pasado de moda; pero el
amor por Sión ha de perseverar.
Moshe Yanai
* * * * * * * *
UNA HISTORIA, UNA COMPARACION Y CON HUMOR
Una vez llego al pueblo un señor, bien vestido, se instalo en el único hotel que había, y puso un aviso en la única pagina del periódico local, que esta dispuesto a comprar cada mono que le traigan por $10.
Los campesinos, que sabían que el bosque estaba lleno de monos, salieron corriendo a cazar monos.
El hombre compro, como había prometido en el aviso, los cientos demonos que le trajeron a $10 cada uno sin chistar.
Pero, como ya quedaban muy pocos monos en el bosque, y era difícil cazarlos, los campesinos perdieron interés, entonces el hombre ofreció $20 por cada mono, y los campesinos corrieron otra vez al bosque.
Nuevamente, fueron mermando los monos, y el hombre elevo la oferta a $25, y los campesinos volvieron al bosque, cazando los pocos monos que quedaban, hasta que ya era casi imposible encontrar uno.
Llegado a este punto, el hombre ofreció $50 por cada mono, pero, como tenia negocios que atender en la ciudad, dejaría a cargo de su ayudante el negocio de la compra de monos.
Una vez que viajo el hombre a la ciudad, su ayudante se dirigió a los campesinos diciéndoles:
Fíjense en esta jaula llena de miles de monos que mi jefe compro para su colección. Yo les ofrezco venderles los monos por $35, y cuando el regrese de la ciudad, se los venden por
$50 cada uno.
Los campesinos juntaron todos sus ahorros y compraron los miles de monos que había en la gran jaula, y esperaron el regreso del “jefe”.
Desde ese día, no volvieron a ver ni al ayudante ni al jefe.
Lo único que vieron fue la jaula llena de monos que compraron con sus ahorros de toda la vida.
Ahora si que tienen ustedes una noción bien clara… De cómo funciona el mercado de valores y la bolsa.
* * * * * * * *