jueves, 20 de marzo de 2008

LA PARASHA DE LA SEMANA Y COMENTARIOS

LIBRO: SHMOT 6:1-8:36 TZAV
HAFTARA: JEREMIAS 7:21-8:3 9:22-23
La relevancia de lo irrelevante

Parashat Tzav desarrolla las instrucciones que Moshé le dio a Aharón y los cohanim para realizar cada ofrenda enunciada en la Parashá anterior.
Uno de los korbanot, sobre el que está prescripta la primera ley en esta Parashá, es el korbán Olá –la ofrenda de elevación–. Su característica es que era el único con el cual los sacerdotes no se beneficiaban, porque no podían comer de él. Se ponía un animal entero sobre el altar, se lo desangraba y se lo quemaba totalmente. Debía arder toda la noche. Por la mañana las cenizas debían ser removidas del altar, ritual que exigía que el cohen se cambie de ropas. Recogía las cenizas y las llevaba fuera del campamento.
Así dice nuestra Parashá al respecto:
“Y se quitará [el Cohen] su vestimenta y se vestirá otras ropas y sacará las cenizas fuera del campamento a un lugar puro.” Vaikrá-Levítico 6:4
Siempre me llamó la atención la simbología de las vestimentas de los sacerdotes. Y acá intuyo que hay un mensaje escondido en la prescripción de este versículo.Imaginemos la escena. Imaginemos el tamaño de un animal grande, abierto al medio, quemándose sobre un altar... y un sacerdote imponiendo sus manos sobre el animal, como una manera de traer la voluntad de quien lo está ofreciendo. Debe haber sido imponente, en ese momento, aunque hoy en día nos resulte nauseabundo...
Luego había que dejar todo el tiempo necesario para que el animal se consuma por completo.
Podríamos pensar que la función de la ofrenda estaba cumplida. El corte del animal, el altar, la imposición de manos... sin embargo, el korbán Olá culmina con la remoción de la ceniza... Y no sólo eso...Hubiéramos esperado que el cohen realice esta remoción con las mismas ropas del día anterior... total... para recoger la basura, los restos, no es necesario estar limpio...Pero no. Al contrario. La elevación, la ofrenda, es el proceso completo. La majestuosidad del tamaño del korbán, los rituales alrededor del altar, el humo denso que se elevaría hacia el cielo... y también, la tarea sagrada de remover lo que queda, con la misma devoción con la que se ofrendó el día anterior, con ropas nuevas, porque esta tarea es en sí misma un nuevo desafío.
¿Qué hacemos con toda esta información? ¿Qué tendrá que ver con nosotros?
Creo que mucho. Somos personas acostumbradas a medirnos en unidades de éxito, de visibilidad, de grandiosidad. Nos resultan cómodas las escenas de gran escala. Y Parashat Tzav nos advierte acerca de la perspectiva con la que nos miramos y con la que evaluamos a otros. Nos invita a que nos miremos en nuestras propias remociones de “lo que queda”. ¿Qué hacemos con lo que aparentemente no nos trae ningún beneficio? ¿Cómo actuamos con aquellas situaciones que no son visibles, ni elogiables pero que constituyeron parte del proceso con el cual llegamos a donde llegamos? ¿Dónde están quienes nos acompañaron en el camino, pero no llegaron a la cima con nosotros?
Volver al altar, una vez realizada la ofrenda era una ceremonia en sí misma.¿Acaso nosotros volvemos al lugar donde comenzó todo? ¿Acaso estamos entrenados en mirar para atrás y ver qué dejamos pendiente?
Olá, la elevación, no es la ofrenda para saberse “más”. Sino es el desafío de ser mejor. Y ser mejor integra lo visible con lo silencioso, lo elogiable y lo anónimo.La remoción de cenizas se hacía al día siguiente de la ofrenda. Quizás para indicarnos que es lo primero que deberíamos hacer todas las mañanas. Ponernos ropas nuevas, revisar qué nos quedó pendiente del día anterior y realizar la tarea sagrada de hacernos cargo, aunque no sea ése el acto más destellante de nuestra historia.
Shabat Shalom!

Silvina Chemen
Rabina de la Comunidad Bet El, Buenos Aires, Argentina

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Tzav continúa describiendo el orden de los sacrificios, tal como ya fuera mencionado en Parashat VaIkrá que leímos la semana pasada. Quisiera hoy referirme a uno de ellos, que es el llamado sacrificio de acción de gracias o sacrificio pacífico ( korván todá o korván shlamim ). El korván todá era un sacrificio de agradecimiento a Di-s, que solían ofrendar aquellas personas que sobrevivían a una situación de peligro (dicha práctica es el origen bíblico del Birkat HaGomel que se dice hasta nuestros días en las sinagogas). Es difícil ser agradecido. El agradecimiento no es algo que surja naturalmente en la mayoría de la gente. La capacidad de agradecer va de la mano con el reconocimiento de que algunas cosas en la vida nos vienen sin que realmente las merezcamos. Es tal el carácter de esta ofrenda que nuestros sabios dijeron al respecto (VaIkrá Rabá 9, 7): LeAtid Lavo, Kol HaKorbanot Betelin, VeKorban Toda Einó Vatel; Kol HaTefilot Betelot, HaHodaá Einá Betela. (En la postrimería de los días todos los sacrificios habrán de ser cancelados, menos el sacrificio de acción de gracias; todas las oraciones van a ser canceladas, menos la oración de gracias. ¿Por qué esta ofrenda es tan especial? El célebre Maguid de Duvno solía aclarar este interrogante a tavés de una parábola. Érase una vez, un sastre pobre y desgraciado que vivía en tierras polacas. En días de frío y nevadas solía recorrer las aldeas polacas en busca de algún trabajo que le permita llevar algo de comida a los suyos. Un gélido día de invierno, el sastre llegose hasta la casa de un judío adinerado a quien le suplicó trabajo. La mujer de aquel judío, quien sintió compasión por aquel pobre hombre, tomó una bolsa de ropa vieja de un baúl y se la entregó al sastre para que se sentara a remendar. El sastre tomó asiento y comprendió rápidamente el móvil de la mujer. Las prendas eran viejas, pero estaban intactas. Mucho no tenía lo que hacer con ellas. El sastre lo lamentó profundamente sobre todo por el implacable temporal de nieve que se podía apreciar a través de las ventanas de la casa. El horno a leña calentaba el ambiente y un plato de comida caliente lo esperaba al borde de la mesa. Solo un loco abandonaría esa casa en tal situación. El sastre miró a sus costados y -al ver que nadie merodeaba a su alrededor- tomó una tijera e sus manos y comenzó a recortar las costuras de las prendas. Cuando el dueño de casa vio el "desastre" que había provocado aquel pobre costurero amenazó con arrojarlo a la calle. Sin embargo el sastre le suplicó llorando: "¡Remendaré todo lo que arruiné!", le dijo. "Lo haré de tal forma que nunca nadie se dará cuenta de lo ocurrido". Esta vez, fue el dueño de casa el que aceptó compasivo la propuesta del hombre. Al cabo de unas horas de trabajo, y al ver que toda la ropa estaba remendada, el dueño de casa despidió calidamente al sastre entregándole algunas monedas para el camino. ¿Alguien podría acaso afirmar que aquellas monedas le fueron dadas como pago por su trabajo? ¡¡Aquí no hubo trabajo alguno!! ¡El sastre remendó lo que él mismo destrozó! De la misma forma —dice el Maguid de Duvno- ocurría con todos los sacrificios, a excepción del sacrificio de acción de gracias. Todas las ofrendas vienen a enmendar algo que deterioramos nosotros, con nuestras propias manos. El sacrificio de culpa ( asham ), se trae por transgresiones varias. El sacrificio de expiación ( jatat ) se trae por pecados involuntarios. El sacrificio holocausto ( olá ) se trae por los malos pensamientos. Pero el korván todá , es diferente a todos. Esta ofrenda se trae sin que medie transgresión alguna; es entrega pura . Por esa razón dicen nuestros sabios que en el futuro, todas la ofrendas serán canceladas a excepción del sacrificio pacífico. El carácter de este sacrificio es único e incomparable.
Rab.Gustavo Surazski - Keillat Netzach Israel - Ashkelon
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