jueves, 6 de marzo de 2008

LA PARASHA DE LA SEMANA

LIBRO: SHMOT 38:21-40:38 PEKUDEI
MAFTIR: SHMOT 30:11-16
HAFTARA: II REYES 11:1-17

PEKUDEI La condición para entrar a la tienda de reunión
Como un libro que se resiste a ser terminado, las historias sobre la construcción del Tabernáculo se prolongaron a lo largo de los capítulos del libro de Shemot.Alguna vez hemos comentado acerca de la diferencia del significado del nombre de este libro, en hebreo y el castellano (derivado de la traducción latina): una forma de leer las historias de este libro es a partir de la salida: el éxodo, la huida, el punto de partida que fue la esclavitud y la opresión y la posibilidad de dejar el infierno atrás. Otra, muy distinta es comprenderlo a partir del significado en hebreo: Shemot –Nombres–. Estos son los nombres de los que salieron de Egipto. Así se focalizan las historias de este libro en las historias personales de cada uno de los integrantes del pueblo de Israel. Cada nombre un punto de partida y un proyecto por delante. Cada nombre una palabra que se completará de sentidos a medida que vaya transitando su historia. Salieron nombres. Se transformaron en pueblo. Salieron de a uno. Van a llegar todos siendo uno. Hoy estamos terminando el libro de Shemot. Y por eso vale la pena mirarlo en perspectiva, desandar el camino que venimos transitando durante todas estas semanas para recuperar todo su significado.
Se ha ordenado construir el Tabernáculo. Dios se lo prescribe a Moshé. Moshé al pueblo. Se designan a los artesanos, se recaudan las donaciones, se detallan los planos de cada espacio y cada objeto: sus medidas, sus formas, la manera en la que será transportado cada elemento. Se borda, se cose, se teje, se hila, se funde, se esculpe, se modela, se carnean animales para sus cueros, se talla... en fin, una obra majestuosa, como correspondía al lugar en el que Dios había anunciado que residiría entre los hijos de Israel.
En esta Parashá llegó el momento de erigirlo. Unir todas las piezas, poner juntos todos los diseños, poner de pie sus columnas, colgar sus cortinas, ordenar los elementos rituales. Seguramente la sensación de los que estaban allí presentes debe haber sido de una reverencia y conmoción incomparables.Y más aún la expectativa de cómo sería el ritual para poder ingresar, después de tanto tiempo de preparación. En el medio de esta tensión y expectativa, el pueblo de Israel observa esta escena:
“Colocó la fuente entre el Tabernáculo de Reunión y el altar, y puso en ella agua para lavarse.Moshé, Aarón y sus hijos lavaban en ella sus manos y sus pies.Cuando entraban en la Tienda de Reunión y cuando se acercaban al altar, se lavaban, como el Eterno mandó a Moshé.”
Shemot-Exodo 40:30-32
¿Cómo? ¿Toda la magnificencia y dedicación para construir un lugar sublime requiere sólo de lavarse las manos para entrar? ¿Eso es todo?Sí. Eso es todo lo necesario. Y fíjense qué interesante: durante los capítulos anteriores se hablaba del Mishkán –un lugar de residencia para la presencia divina–. Y ahora, a este mismo espacio se lo llama: Tienda de Reunión. Entre la Tienda de Reunión y el altar se puso una fuente. Para entrar a la tienda, cuya función es la reunión, sólo tendrás que lavar las manos y tus pies. Para reunirte con Dios, con tu pueblo, con vos mismo, tendrás que conectarte con tus manos: liberarte de lo que te ensucia, quitarte lo que te contamina, sacarte de encima lo que te avergüenza, elegir con qué manos querés tender tus manos a otros, con quiénes querés abrazarte. Ése es el trabajo más sagrado. Mirarte las manos y darte cuenta si con ellas querés reunirte con otros y con vos mismo.Mirarse las manos y animarse a ver si lo que decís, lo que pensás y lo que sentís tiene que ver con lo que estás por hacer.Mirarse las manos y los pies: recuperar los caminos que elegís y desechar por los que transitas y no te dan orgullo o satisfacción.A eso, muchos lo llaman estar purificados.Esto es lo que transforma lo que tenemos delante de nuestros ojos en un altar. No de sacrificios, sino de experiencias de ofrenda y elevación, de jugarse por lo que creemos justo, de defender nuestros principios y fundamentalmente de proteger a nuestros amores.
JAZAK JAZAK VENITJAZEK Que seamos fortalecidos con cada enseñanza que supimos absorber de este libro. Empezamos con nombres (Shemot), terminamos en la Tienda de Reunión.Ahora comenzaremos el libro de Vaikrá, y nos desafiaremos a responder al llamado.
¡Shabat Shalom uMevoraj!¡Jódesh Tov!

Silvina Chemen
Rabina de la Comunidad Bet El, Buenos Aires, Argentina

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Otro comentario
Con las cuentas claras
Como toda obra, nuestro libro de Éxodo presenta su final de manera muy particular. No es un resumen, no es un epílogo, no hay moralejas ni mensajes éticos, sólo una especie de recuento monetario de todo lo recaudado hasta el momento para la construcción y puesta en marcha del Tabernáculo. Es curiosa la forma de terminar un libro tan rico en historias y en personajes. Pero no es ocasional un final tan áspero y poco llamativo en un texto que en toda su extensión representa los grandes cambios que sufre el pueblo durante el desierto desde la salida de Egipto. No hay dudas que la sumatoria de tanta experiencia y tanta turbulencia histórica necesita un punto de detención, una pausa, y nuestro libro se lo dedica hacia el final a la faz económica.
Moshé como líder demuestra que lo que hubiéramos supuesto como una práctica moderna es una conducta tan antigua de la cual aquellos que desempeñan una función pública deben alejarse: el chisme y los rumores.
¿Qué hubiera pasado si Moshé hubiera cerrado el libro del Éxodo sin hacer arqueo alguno luego que por sus manos pasó tanto dinero y tantas contribuciones para la edificación del altar? ¿Sólo su investidura hubiera evitado algún comentario sobre el destino de esas recaudaciones? No, hubiera corrido el riesgo de exponerse a un reguero de comentarios que sin base alguna salpicarían el trabajo impecable que hasta ahora había realizado. Moshé había superado intentos golpistas (el becerro de oro entre ellos) y quienes querrían socavar su poder encontrarían aquí una buena oportunidad para atacar la honradez del líder.
Me hubiera gustado que el final de nuestro libro sea distinto. Pero por otro lado el comienzo del tercer libro, el Levítico, al sumergirnos en el mundo del ritual y de la espiritualidad representada por uno de los pasajes bìblicos centrales de nuestra tradición como lo es “amarás a tu prójimo como a ti mismo” nos exige que la integridad moral de Moshé sea incuestionable. ¿Sería sustentable el mensaje del libro de Levítico sospechando que la altura moral de Moshé corre riesgos?
Moshé no fue el tesorero del pueblo pero en esta parashá nos enseña que cualquiera de las funciones que ejerzamos como líderes religiosos, padres, maestros o líderes juveniles debe estar basada en la honradez, la integridad y las cuentas claras.
¡Shabat Shalom!
Rab. Alejandro Mlynski, Comunidad de Quito, Ecuador
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DEPORTISTAS PREMIADOS

Con la presencia de más de 1000 deportistas de todas las entidades socio-deportivas de la comunidad judía, el equipo de fútbol de Ieladeinu recibió en diciembre pasado una distinción por su participación en los Torneos de FACCMA. Además se premió su "corrección" ya que en los cuatro años que compite el equipo no ha tenido jugadores expulsados ni amonestados. El aplauso y la ovación que coronó la entrega de esta distinción representa un premio en si mismo ya que los niños de Ieladeinu guardarán por siempre esta vivencia en su recuerdo. Asimismo, en los últimos Juegos Panamericanos que se realizaron en Buenos Aires, tres jóvenes de Ieladeinu formaron parte de la selección argentina de fútbol de la categoría 93/94 que salió campeona. Oscar Podliszewski y Pablo Tolcachier, ambos responsables profesionales del equipo de fútbol de Ieladeinu, también obtuvieron Medallas de Oro en merito al triunfo de los equipos que ellos dirigieron en los Juegos Panamericanos.