viernes, 14 de marzo de 2008

LA PARASHA DE LA SEMANA

LIBRO: VAIKRA 1:1-5:26
HAFTARA: ISAIAS 43:21-44:23
VAIKRA - Escuchar el llamado en el silencio

Una manera de comenzar un nuevo libro es la de dar vuelta la página y empezar de cero, con los ojos de quien no ha recorrido nada antes. Eso nos despierta la curiosidad y el asombro.Otra, es la de ligar lo que empieza con lo que acaba de concluir. Todo comienzo es de alguna manera continuación de acabamos de terminar de leer.
Como con la vida. Algunos asumen los cambios como nuevos nacimientos y otros, como etapas que se suman a las experiencias anteriores. A veces son inicios superadores, otras, un quiebre, una nueva apuesta... pero para muchos, no se puede ascender un nuevo peldaño sin reconocer los que ya hemos subido –con mayor o menor dificultad–.Así me pasa con el libro de Vaikrá. Al llegar a este libro de la Torá buscamos creativas maneras de enseñar interpretaciones actuales a un texto tan críptico. Buscamos simbolizaciones a rituales entonces tan concretos y ahora tan lejanos... Siento que siempre tenemos que justificarnos antes de abrir el libro de Vaikrá.
Hoy quisiera sumarme a los que viven en “continuidades” de finales y comienzos. Y poder entrar al Levítico desde las últimas palabras de Shemot-Exodo.Así culminábamos el segundo libro de la Torá la semana pasada:
“Entonces una nube cubrió el tabernáculo del encuentro y la gloria de Adonai llenó el tabernáculo. Y no podía Moshé entrar en la tienda de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Adonai lo llenaba. Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas; pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba. Porque la nube de Adonai estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas.”
Shemot-Exodo 40:34-38
Y así comenzamos ésta:“VAIKRA - Y llamó a Moshé desde la tienda del encuentro y le habló diciendo:”
Vaikrá 1:1
La nube se había posado en la tienda del encuentro. Tapando la bella construcción que hacía minutos había sido terminada de armar. La presencia divina eligió desde entonces un lugar más pequeño, más “entendible”, para posarse. Pero ¿qué veían los hijos de Israel? Una nube, que escondía la obra, la belleza del Santuario. Todo estaba cubierto. Nada podía verse. Ni siquiera Moshé podía entrar...
Los comentaristas debaten... no podía entrar porque no encontraba la puerta de entrada... o porque no se atrevía del temor reverencial que lo embargaba...
Sea cual fuere la explicación, ni Moshé entraba. Porque, como al resto, le pasaba que el brillo y los colores quedaron tapados por la nube. Situación que imagino, debe haber sido confusa en los primeros instantes... cómo distinguir entre una nube... anticipo de tormenta y una nube... presencia de Dios...
Lo cierto es que continuando con esta imagen aparece un verbo que disipa todas las dudas y las angustias: Vaikra. Lo llamó. Quisiera que reflexionemos sobre esta palabra. Dios en general, no “llama”, sino que directamente habla. Le es innecesario anteceder su palabra a la convocatoria de la persona con la que va a hablar. Pero acá, evidentemente, este paso es imprescindible para entender el mensaje.
Dios llama.Y los invito a pensarnos a cada uno de nosotros en esa escena. Quitemos a Moshé del cuadro y pongámonos a nosotros mismos en el final del libro de Shemot. Cuántas veces dejamos de ver nuestra propia obra, cubierta por el gris de los nubarrones de las dificultades, de los fracasos, de los impedimentos. Nos quedamos parados, afuera, perplejos, sin saber por dónde entrar, o sin atrevernos a hacerlo. La sensación de ausencia de sentido, de abandono y soledad, muchos la hemos experimentado. No trabajamos toda la vida para perder el rastro de lo que hemos hecho...No nos esforzamos ni relegamos de nosotros mismos con tal de cumplir con nuestro objetivo, para después sentir que no lo podemos disfrutar porque se ocultó de nuestros ojos...Y en esa sensación y situación de aparente pérdida...Dios llama.Aunque no la veas, aunque no lo entiendas, aunque no lo creas... debajo de la nube, sigue estando tu obra, la tienda del encuentro. Sigue estando la posibilidad de un encuentro íntimo con el sentido trascendente de la vida. Sigue esperándote la oportunidad de encontrarte y reencontrarte:Dios llama. Aún en la confusión de la pérdida, o en el enojo por lo no concretado:Dios llama.Aún en el silencio de las estridencias, o en la conciencia de haber elegido un camino errado y no saber cómo emprender el regreso:Dios llama.Debajo de la nube, sigue estando el Santuario.Debajo del gris permanecen los colores.Y debajo del silencio, está la palabra del cielo, esperando ser escuchada.
¡Shabat Shalom!

Silvina Chemen –
Rabina de la Comunidad Bet El, Buenos Aires,Argentina
* * * * * * * *
Ajustando el dial

La Parashá de esta semana comienza diciendo: Y llamó a Moshé y habló Di-s a él desde la tienda del plazo diciendo. A lo largo de los años, muchos jóvenes (y también adultos) me han preguntado: ‘¿Y por qué Di-s hablaba con Moshé y no habla ahora conmigo?’.
A mi humilde entender, la pregunta carece de sentido. Di-s no habló con Moshé por ser Moshé, sino que –por el contrario- Moshé fue Moshé porque logró escuchar a Di-s. Lo cual es bastante diferente.
Todos tenemos ese potencial, aun cuando no hubo ni habrá profeta como Moshé. No es cierto que Di-s haya dejado de hablar; tal vez nosotros lo hemos dejado de escuchar.
Imaginemos la forma en la que funciona una radio. Las ondas radiales ‘flotarán’ por el aire por doquier. Pero si no tenemos receptor o nos falta batería o ubicamos el dial en la posición incorrecta, jamás podremos transformar esas ondas en música y palabras. Exactamente lo mismo ocurre con Di-s. Su mensaje allí está y siempre está. Tal vez los que fallamos somos nosotros.
Leemos esta semana Parashat VaIkrá, la sección que inaugura el tercer libro de la Torá que lleva justamente el mismo nombre: Sefer VaIkrá. El midrash nos dice que Di-s no llamó a Moshé en voz baja (¡Moshé, Moshé!), sino que la Voz de Di-s fue poderosísima, incluso podría haber roto los árboles con Su potencia (Tanjuma, Vaikrá 1). Y, aun así, el único que escuchó esa Voz fue Moshé.
A menudo miramos el mundo y nos preguntamos: ¿Está Di-s presente? ¿Es este el mundo que Di-s quiere? Vemos pobreza, desolación, guerras y violencia. ¿Y Di-s? ¿Dónde está?
Si no percibiemos la presencia de Di-s no es porque se fue; es porque nuestro proyecto de humanidad no coincide en lo más mínimo con el Suyo. Porque nos habla y no podemos escucharlo.
Leemos en el Salmo 29, que cantamos cada Kabalat Shabat: Kol Adonai BaKoaj (La voz de Di-s engendra la fuerza), Kol Adonai Shover Arazim (La voz de Di-s quiebra los cedros), Kol Adonai Iajil Midvar (La voz de Dios hizo temblar el desierto).
No hay Voz más fuerte en este mundo que la Voz de Di-s; tal vez lo que fallan son nuestros receptores.
¡Shabat Shalom!
Rab. Gustavo Surazski

Comunidad Netzaj Israel, Ashkelon
* * * * * * * *
VAIKRA

ISRAEL Y LA MUJER GOLPEADA
”Hay un viejo chiste sobre tres personas, uno de ellos un miembro de las Fuerzas de Defensa Israelíes que naufragaron y aterrizaron en una isla remota repleta de caníbales. Fueron capturados de inmediato, y como los calderos de agua se izaban delante ellos sobre el fuego, los generosos nativos ofrecieron concederle a cada uno, un último deseo. El primer hombre pidió una pluma y papel, y escribió un adiós a su familia. El segundo pidió una comida de 5 platos- sin carne humana, claro- como última cena. El israelí pidió que el líder tribal lo golpeara en la cara. Una demanda extraña, pero en sus últimos momentos en la tierra, la gente no siempre piensa coherentemente.... No bien el jefe lo golpeó, el israelí sacó una pistola Uzi y mató a los captores. “¿Por qué esperó hasta que lo golpeara antes de dispararles”? los amigos preguntaron. “¡Y si no, el mundo diría que yo fui el agresor?!” (N de R)
En los próximos años, los historiadores se sorprenderán ante el hecho de cómo los líderes israelíes alentaron alegremente a un grupo de asesinos a crear un estado dentro de sus propios y pequeños límites- un país que nunca existió- y les entregó armas, sabiendo que serían usadas para matarlos y lisiarlos, y como respuesta, trataron de apaciguar a sus asesinos Habiendo trabajado con mujeres maltratadas toda mi vida, veo la similitud entre la mentalidad de estas mujeres que están hambrientas de amor, que lo buscan desesperadamente, pues la verdad es insoportable. ¿Desean saber lo que sucedió en Israel? Escuchen a la mujer maltratada...* “Se necesitan dos para hacer una pelea. Seguramente me merezco este abuso- después de todo, no soy perfecta. He dejado platos en la pileta sin lavar, hablé por teléfono cuando él llegó a casa y no tuve la comida lista en tiempo. Estos errores que cometo son tan graves, que cualquier cosa que él me haga es justificada. Debería haberlo hecho mejor, haberlo sabido, haberlo previsto...” Israel: “Como penitencia, por no ser perfectos, debemos permitirles que nos continúen asesinando”* “No importa lo mal que se conduzca en ciertas ocasiones, creo realmente que él no desea verdaderamente herirme. En realidad me ama. Sólo actúa así para probar su masculinidad. Después de todo es una buena persona” Israel: “No importa a cuántos de nosotros asesine, sus líderes de turno son nuestros socios. El hecho que desean continuar las conversaciones es una prueba de su amor, ¿no es así? Si no ¿para qué se tomarían el tiempo de dialogar con nosotros?”* “¡Estoy orgullosa de mí misma por ser fiel y determinada! Sigo al lado de mi hombre en las buenas y en las malas. Cuando estás dispuesta a perdonar luego de haber sido golpeada, es cuando pruebas lo fuerte que es tu amor” Israel: “Estamos orgullosos del hecho de ser nosotros quienes se preocupan por la paz, y seguimos negociando incluso cuando somos atacados. ¡¡¡Hey, Mundo!!! ¡Miren lo mucho que estamos dispuestos a sufrir y no devolver con la misma moneda! ¿Ahora aman a los judíos?”* “Él me ha llevado a todos esos lugares románticos (Madrid, Sharm el Sheik, Taba, Camp David, Oslo), caminamos juntos y me dijo que estaba dispuesto a empezar de nuevo. Todos esos momentos de amor me hacen olvidar el pasado y querer comenzar nuevamente. No se imagina lo encantador que puede ser cuando desea algo de mí. ¡Si existe alguna posibilidad de lograr que las cosas funcionen, estoy dispuesta a hacer lo que sea, sólo para lograr que él me vuelva a sonreír así nuevamente!” Israel: “Haremos lo que sea por la paz...”* “Me he acostumbrado a esto. La mayor parte del tiempo, no me hiere en absoluto”. Israel: “Podemos soportarlo. Y estamos entrenados. Limpiamos la sangre y seguimos adelante. Estos son los sacrificios que debemos hacer por la paz.”* “Siento mucha lástima por él. Él continúa diciendo que es él el maltratado. Se lo ve tan pobrecito. Cuando me dispara con su nuevo revólver, me habla de lo mucho que ha sufrido por mi culpa y me siento verdaderamente mal por él. Entonces, si golpearme lo hace sentirse mejor, ¿cuán terrible es? Necesita esa descarga. Sabemos lo frustrado que se siente el hombre. Israel: “Ellos se sienten frustrados. Por eso somos sus válvulas de escape...”* “Todos me dicen que debo olvidar el pasado. Empezar de nuevo. Me aseguran que él dará vuelta la página. Quizás cambie. Me recuerdan que él me trajo flores al hospital, cuando rompió el tabique de mi nariz. Y a veces es tan servicial con los vecinos. No es del todo malo. Con una terapia correcta, cambiará”. Israel: “Nadie ha muerto hoy. Quizás han decidido dar vuelta la página.”Dra Miriam Adahan:Psicóloga, terapista, escritora, fundadora del sistema EMETT, un trabajo en red de grupos de ayuda para el crecimiento personal.¿Qué Aprendemos esta Semana de la Parshá? "LO PRINCIPAL - ACATAR LA PALABRA DE DI-S"“He cumplido la palabra de Di-s" (Shmuel I 15:13)El capítulo de los profetas (la Haftará) que cierra la lectura de la Torá de la Parshá ‘Zajor’, relata como el rey Shaul se rebeló contra la palabra de Di-s, al apiadarse de Agag el rey de Amalek y sobre lo mejor de su ganado vacuno y ovino. Shaul se justificó luego frente al profeta Shmuel diciendo: “He cumplido la palabra de Di-s” 1, mientras que el profeta le respondió: “Has despreciado la palabra de Di-s”2. Di-s castigó a Shaul por su manera de accionar en este tema y le quitó la monarquía. El Talmud3 atestigua sobre Shaul que él era un hombre puro, limpio de pecado como un niño de un año de edad (tal cual surge del versículo “Shaul tenía un año cuando reinó”4). Está claro entonces, que Shaul no pensó por un instante transgredir la voluntad de Hashem, y más aun, justificar su pecado con una declaración mentirosa: “He cumplido la palabra de Di-s”. Es sólo que se equivocó y pensó que estaba haciendo algo bueno coincidente con la Voluntad Divina.EL GRAN ERROREl pecado de Shaul consistió en no haber eliminado la totalidad del ganado de Amalek, tal cual el mandato de Hashem, sino que lo utilizó para ofrendarlo a Di-s. Su error provino de su profundo entender la grandeza espiritual de los sacrificios. Conocía el significado místico del sacrificio, que a través de tomar un animal burdo, que representa el materialismo y la materia tosca de este mundo, y su posterior ofrenda a Hashem, con ello se transforma la oscuridad de la materia, y la dimensión de lo animal en luz espiritual y Divina. Shaul sabía algo más: la cumbre de la perfección es alcanzada cuando se logra transformar exitosamente a la misma oscuridad en luz. “La luz adicional” proviene específicamente “del seno de la oscuridad”. Y aquí se le presentó a Shaul una oportunidad de oro: tomar el ganado de Amalek, la cúspide de la maldad, y elevarlo en ofrenda a Hashem. Shaul pensó que no existía mejor camino para santificar el nombre de Di-s que sacrificar para Hashem el ganado de Amalek. Por eso declaró con total seguridad: “He cumplido la palabra de Hashem”.SE MEZCLÓ LA LÓGICAEl gran error de Shaul fue que su razón lógica se mezcló con el mandato de Di-s. La intención era buena y el razonamiento era básicamente correcto, pero carecía de lo fundamental: Eso no era lo que quería el Altísimo. ¡Hashem ordenó hacer algo totalmente diferente!Las intenciones más puras y más sagradas, los pensamientos más excelsos, son todos considerados ‘Avodá Zará’ (servicio ajeno a Di-s- idolatría) cuando estos se oponen a un mandato explícito de Hashem- Éste es un servicio ajeno a la voluntad de Hashem y antagónico al mismo. Shaul se equivocó en el hecho “que siguió los dictámenes de la lógica” (como dicen los Sabios5). Prefirió sus razonamientos lógicos a la Voluntad de Di-s, en lugar de aceptar el Yugo Celestial. Y lo principal no es el intelecto y la lógica, sino la auto anulación completa frente a la voluntad de Hashem.ACEPTAR EL YUGOEsto es lo que le dijo Shmuel a Shaul6: “mejor escuchar que ofrendar, prestar atención que el cebo de los carneros”. El cebo y la grasa simbolizan la razón lógica. Pero ‘escuchar’ y ‘prestar atención’ –aceptar el Yugo Celestial- son superiores al “cebo y la ofrenda”.En el libro Zohar está dicho7 que la aceptación del Yugo Celestial es el portón de entrada para todos los asuntos de santidad. La obediencia constante y absoluta a la palabra de Hashem es la llave para elevarse en el servicio al Altísimo y para el éxito en la acción del hombre. Por supuesto que se debe entender y comprender con la lógica, pero sólo sobre la base previa de la auto anulación a Hashem y la entrega total a cumplir la Voluntad de Di-s, sin mediar cálculos racionales propios.
(Likutei Sijot tomo 3, pág. 913) Notas: 1.Shmuel I 15:13 2.Ahí 15:26 3.Iomá 22,b 4.Shmuel I 13:1 5.Sefer HaMaamarim 5630 pá
* * * * * * *
Todavía no…

A quella señora quedó maravillada al examinar una preciosa y fina taza en la tienda de antigüedades. ''Nunca había visto algo tan exquisito” -exclamó la dama. “Esta taza es una joya para toda la vida''.
''Usted no sabe todo lo que yo he pasado” - le habló la taza, para su gran sorpresa. “No siempre he sido una taza. Hubo una vez en que yo era simplemente un puñado de barro. Mi maestro me recogió del suelo con una pala, y a mis gritos para que me dejara quieta solamente me decía: Todavía no...''
''Me colocó entonces en un torno o rueda horizontal -prosiguió la taza- y me dio vueltas y vueltas y vueltas, mientras me daba forma con sus manos. Yo gritaba que parara, que me estaba mareando, y él repetía: Todavía no...
''Luego me metió en un horno. Nunca sentí tanto calor. Grité y toqué a la puerta para salir pronto de allí, pero el maestro seguía repitiendo: Todavía no...
''Finalmente abrió la puerta y me sacó para enfriarme un poco. Entonces tomó brochas y pinceles, y empezó a pintarme. Los olores de la pintura me asfixiaban. A mis quejas el maestro solo atinaba a decir: Todavía no...
''Para colmo, me metió de nuevo en el horno, ahora mucho más caliente que antes. Supliqué, lloré, di patadas, refunfuñé... pero la única respuesta que obtuve fue: Todavía no...
''Cuando pensaba que ya no había ninguna esperanza de parar esas torturas, el maestro me sacó del horno y me puso frente a un espejo. ''No es posible -dije, al verme reflejada en el espejo-, esa no puedo ser yo. ¡Es una taza bella! ¡Soy una taza bella! ¡Soy una obra de arte!
''Y el maestro me contestó de la siguiente manera: “Sé que te dolió cuando te saqué del suelo con la pala, que te mareaste en el torno, que sufriste un horrible calor en el horno, que te asfixiabas con el olor a pintura y que casi te achicharraste en el segundo horno. Pero si no hubieras pasado por todo eso, todavía no fueras más que un inservible pedazo de barro en el campo. Ahora, en cambio, eres un producto terminado”.

630 pág. 160 6.Shmuel I 15