domingo, 9 de marzo de 2008

OPINION

Sin intención
por Rab Azriel Ariel
Las ofensas que la persona le causa a su prójimo, o a su esposa, o viceversa son cotidianas. Por lo
general no se trata de algo que se hace intencionalmente, sino que por no haber prestado suficiente atención. Y entonces, se disculpan diciendo: “Lo siento, fue sin querer”. Y hay algunos que van más lejos aún, y dicen: “Por qué tengo que disculparme, y conciliarme?. Lo hice sin mala intención!”.
La Parashá dedica un capítulo entero al pecado que se hace sin mala intención: “Cuando alguno pecare por yerro contra cualquiera de los mandamientos del Eterno, relativos a
cosas que no deben hacerse, haciendo cualquiera de aquellas cosas” (Vaikra 4:2). D’s no se conforma con que la persona se disculpe, diciendo que fue sin mala intención. El pecador sin intención – a pesar que no es castigado con los latigazos o apedreado – debe traer una ofrenda. Y no es algo tan sencillo: El precio de una oveja o una cabra no es nada barato, y es algo así como varias centenas de shkalim, traducido a los conceptos de hoy en día.
Pero no alcanza con ello: El pecador debe llegar él mismo a Ierushalaim, y traer su sacrificio al Beit HaMikdash (El Templo). Debe dirigirse al Cohen (sacerdote), contarle que él trae un sacrificio de ese tipo, y confesarle su pecado frente a D’s. Es de suponer que el que pasó por semejante vivencia alguna vez – por ejemplo, por haber separado la comida de la basura en forma incorrecta en shabat – se encargará de estudiar muy bien las halajot relevantes, para no volver a experimentarla...
La halajá distingue entre el que cometió un pecado sin mala intención, y el que lo hizo intencionalmente - pero no exime al pecador de su responsabilidad. Debe aprender, debe cuidarse más, debe asumir la responsabilidad de sus actos. En la práctica, no se rebeló frente a la voluntad de D’s, pero produjo un daño en su interior.
Esa diferenciación – entre intencional o no – sólo la encontramos en las mitzvot de la persona para con D’s. Pero en el plano de las mitzvot para con el prójimo – no hay ninguna diferencia. “La persona siempre es culpable” – nos enseñan nuestros sabios (Baba Kama) – “con intención, o sin ella, despierto o dormido”. También el que le produce algún daño a su prójimo sin intención, debe indemnizarlo en su totalidad. Si bien su responsabilidad “criminal” es menor que la del pecador adrede – y por ello el que asesina sin intención no se merece la muerte, sino que debe ser exiliado a la Ciudad de Refugio - pero su responsabilidad jurídica “civil”, es igualmente válida.
Hay dos aspectos de las mitzvot: Por un lado la acción misma, y por otro lado la consecuencia de ella. En el plano de las mitzvot para con D’s, lo principal es el primer plano, el de la acción. La consecuencia – que es el aporte de la mitzva para la corrección del mundo – se encuentra más allá de nuestra capacidad de comprensión, y no tenemos responsabilidad directa de ella. En el plano de las mitzvot para con el prójimo, en contraste, se recalca sobre todo la consecuencia de la acción. La mitzva de “amarás a tu prójimo como a ti mismo” – que constituye la base de todas esas mitzvot – le exige a cada persona ser totalmente responsable de las consecuencias de su conducta. De la misma forma que no quieres que alguien te hiera “sin querer”, también tú debes expresar tu amor por tu prójimo siendo cuidadoso para no herirlo.
Por ello, el que desea conciliarse con su amigo, y también el esposo que quiere conciliarse con su esposa que hirió, no podrá esconderse tras el argumento que “fue sin querer, sin darme cuenta” – y por supuesto que no podrá decir que “perdí el control”. El que hirió a su prójimo, lo apropiado es que busque otra forma de hacer las paces, sin desentenderse de la plena responsabilidad de sus actos, y la corrección de ahora en más. No hay posibilidad de corregir sin asumir responsabilidad. Sólo “si tu crees que se puede arruinar” – y tú eres el que has arruinado, entonces también “debes creer que se puede corregir” (Rabí Najman de Breslav).
Majon Meir