viernes, 28 de marzo de 2008

SOBRE LA PARASHA DE LA SEMANA

LIBRO: VAIKRA 9:1-11:47 SHEMINI
HAFTARA: EZEQUIEL 36:16-38
El silencio como señal
La Parashá de esta semana nos enfrenta a un tema que muchos preferimos soslayar. No sólo el tema sino la situación en la que se suceden los hechos se tornan para cualquiera de nosotros insoportable. Este año me propongo hacerle frente al desafío de, al menos, intentar comprender, aunque no me guste, de qué se trata.
Aharón, el sacerdote, está protagonizando toda esta serie de parashot dado que él y sus hijos serán los responsables del culto en el Santuario que con tanta dedicación se construyó. Por fin se iba a organizar y centralizar la nueva vida religiosa del pueblo de Israel, alrededor de la función central de los sacerdotes.Aharón tenía cuatro hijos, todos ellos de la casa sacerdotal, con roles prioritarios en este momento del desarrollo de la historia de nuestro pueblo. Dos de ellos, Nadav y Avihu, en un episodio inexplicable, mueren. No de muerte natural sino como castigo divino al haber encendido un fuego extraño –esh zará–. Mucho se intentó decir sobre este fuego, impropio, fuera de los tiempos previstos, fuego de soberbia, de rebeldía… en fin, intentos de comprender lo incomprensible. Como respuesta a este fuego extraño, un fuego divino los consume… delante de su padre Aharón, allí en el mismo lugar en el que encendían el altar para las ofrendas del pueblo.
Moshé, su hermano ante tamaña tragedia intenta reconfortarlo:
“Le dijo Moshé a Aharón: Eso es lo que había hablado Dios diciendo: A través de los cercanos a Mí seré santificado y delante de todo el pueblo seré honrado. Y se calló Aharón” Vaikrá-Levítico 10:3
Imagino la escena: el lugar que representaba la santidad de la vida, llevándose a sus hijos delante de él. Y su reacción: el silencio.
Quizás le desaparecieron las palabras y no encontró expresiones acordes a su desgarro…Quizás tenía palabras tan terribles para pronunciar que prefirió callar por respeto reverencial al lugar sagrado y al cielo…Quizás no encontró la privacidad necesaria para quebrarse en llantos y gritos. Su vida pública lo obligaba a permanecer equilibrado…Quizás… sólo suposiciones que aparecen vacías ante el estremecimiento que nos provoca este cuadro… el padre calla ante la muerte de dos de sus hijos… Silencio. Un silencio que nos aturde el alma.
Rashí, exégeta francés del siglo XI intenta encontrar respuesta más adelante en el texto.En el versículo 8 del capítulo 10 sucede algo inusual. En general Dios se dirigió durante los 40 años del desierto a Moshé y de él se transfería el mensaje al pueblo o a quien Dios decidiese. Sin embargo esta vez está escrito que Dios le habla directamente a Aharón: “Habló Dios a Aharón diciendo”.El midrash, en Vaikrá Rabá, nos explica que ésa fue la recompensa del silencio de Aharón; la palabra directa de Dios.
Siento que Rashi me aporta algo y me quita algo en su explicación. Comencemos por lo que me perturba: no puedo creer que mi Torá me enseña que la recompensa al silencio es la presencia de Dios. Me niego a creer que callar el dolor, silenciar la pregunta, ahogar el llanto, merecen recompensa. No. Mi tradición no me pide tamaño sacrificio. Sin embargo, hay, en la mirada del midrash y de Rashi una pista sobre la que quisiera profundizar.
El silencio de Aharón no creo que sea el paradigma del que teme a Dios y por tanto no lo enfrenta en el dolor…El silencio de Aharón es lo que nos pasa a todos cuando las heridas superan nuestra capacidad de pensar, de decir, de entender, aún de pedir lo que nos hace falta.A veces nos callamos porque NO SABEMOS qué decir, qué hacer… no nos reconocemos en la tragedia, no aprendemos en la vida a reaccionar frente a la devastación. “Y calló Aharón” porque todo su mundo a su alrededor estaba mudo, imposibilitado de intervenir, de opinar o aportar en la hecatombe.
La pérdida nos sume en silencio. Que no es cobardía ni temor reverente. Sino que es lo único que podemos hacer; quedarnos impávidos ante lo incomprensible. Más allá de cualquier argucia que usemos para intentar comprender, la tragedia, el dolor profundo nos dejan sin herramientas, mudos, despojados de recursos para responder.
Pero aquí no termina el episodio, como nuestras vidas no culminan en el pozo negro del dolor… sino que hay un día después, hay un tiempo más allá, hay presencias que aparecen más adelante…
En la Torá, emblemáticamente, Dios le habla a Aharón, por primera vez. Y este hecho es para mí el mensaje más profundo para todos nosotros, a la hora de vivir una tragedia: esa aparente parálisis en la que todo nuestro derredor y nuestro interior experimenta, no es el final del camino… al silencio se le sucederá la voz, al abismo, el cielo, a la ceguera, la luz, a la desazón, el consuelo… esto no quiere decir que aceptemos sumisamente lo que nos ocurrió ni que lo comprendamos, pero el fluir de la vida se encargará de acercarnos a posibilidades de esperanzas pequeñas, a través de presencias de amor, de palabras justas en tiempos justos… Quienes creemos, a veces sentimos, que ese instante que nos reconforta después de tanta desesperación, es la presencia de Dios, es la voz que escuchó Aharón después de su silencio.
No temamos al silencio cuando la vida nos golpea.A veces lo necesitamos para prepararnos a recibir la tibieza que viene del cielo.
¡Shabat Shalom!

Silvina Chemen
Rabina de la Comunidad Bet El de Buenos Aires, Argentina
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Parashat Sheminí
Una extensa sección de Parashat Shemini que leemos este Shabat se ocupa de las leyes del kashrut, en general, y de la clasificación de los animales impuros en particular.
Según se nos cuenta, Adam -el primer hombre- observó con profundidad la esencia de cada animal y llamó a cada uno de ellos por su nombre. Y ocurre algo maravilloso en el idioma hebreo al respecto.
El burro (Jamor), por ejemplo, se caracteriza por llevar a cuestas pesadas cargas. El nombre "Jamor" deriva de la raíz hebrea "Jomer" (materia). El burro representa el universo de la materia, el mundo físico.
El perro (Kelev) es otro buen ejemplo, al respecto. Este animal se caracteriza por su generoso corazón, y de hecho su nombre contiene la palabra "Lev" (corazón). Un tercer ejemplo -y muy interesante a la vez- tiene que ver con el cerdo (Jazir). Dicen nuestros Rabinos que el nombre "Jazir" (Cerdo) procede de la raíz hebrea "J.Z.R." (volver) ya que en el futuro este animal se tornará rumiante y volverá a estar permitida su ingestión (Or HaJaim a Vaikrá 11, 7).
¿Y qué hay respecto a la cigüeña (Jasidá)?
El Gaón de Vilna explica que la cigüeña se llama Jasidá (Piadosa), ya que siempre se sumerje en el agua después del apareamiento. RaSHI, por su parte, explica que se llama así debido a la piedad que demuestra al compartir la comida con sus pares.
Si esto es así...¿por qué la Torá califica a la cigüeña como impura? ¡No tiene sentido! ¿Acaso existe algo más kasher que realizar actos piadosos?
Rabí Itzjak Meir de Gur, trae una excelente observación al respecto. La piedad y generosidad de la cigüeña se limita sólo a su círculo inmediato y hace caso omiso de los que no son parte de su pequeño grupo. Ésta no es la clase de piedad en la que cree la tradición judía . Por esa razón, el ave es impuro. Rabí Itzjak Meir de Gur dice que piedad y rectitud no son necesariamente la misma cosa.
Quince años atrás fui capellán judío en la carcel de Villa Devoto, el principal centro penitenciario de la Ciudad de Buenos Aires. Semanalmente -durante casi tres años- visité a los internos judíos proporcionándoles apoyo espiritual.
Una de las mayores lecciones que atesoro de aquella experiencia es que la lealtad y la generosidad del hombre no conoce límites, incluso en situaciones como aquellas.
Recuerdo haber llegado en una oportunidad al Penal en Jol HaMoed Pesaj. Teníamos progamada una comida festiva junto a los internos judíos para la cual había llevado a prisión matzot y alimentos típicos de Pesaj preparados especialemente para la ocasión. Sin embargo al llegar se me hizo saber que uno de los presos estaba haciendo huelga de hambre. Ninguno de los internos quiso comer como señal de identificación con la lucha de su amigo.
Posiblemente hacía meses (¡sino años!) que no participaban de semejante banquete en prisión. Se trataba de criminales, que habían robado, engañado e incluso asesinado. Muchos de ellos siquiera mostraban signos de arrepentimiento. Sin embargo, supieron ser compasivos y leales con su par en desgracia .
Hace un tiempo leí un interesante artículo sobre la vida de los vampiros.
Un vampiro que tiene éxito en la búsqueda de su "víctima", succiona una cantidad de sangre que representa del 50% al 100% de su peso corporal (y su naturaleza le exige esa cantidad todas las noches). Sin embargo, si al regresar a su nido encuentra un compañero hambriento, dará parte de "su" sangre hasta que su compañero pueda encontrar a su propia víctima.
Se trata de un instinto básico para su supervivencia. Y aún con toda esa lealtad y compasión a cuestas, el vampiro seguirá siendo cruel y sanguinario.
Ocurre que rectitud y piedad no son la misma cosa. Ese es el defecto de la cigüeña.
Rab.Gustavo Surazski - Keillat Netzach Israel - Ashkelon
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Acerca de la Vaca Roja (Pará Adumá)
Nos estamos acercando a Pesaj, y todos los años las palabras jametz, libertad, matzá, éxodo se hacen presentes.
Pero esta vez te propongo que comencemos un viaje espiritual que nos lleve hasta Pesaj, pero desde un lugar que no muchos conocen o han tenido acceso. Entre esos conceptos, encontramos la mitzvá de la Pará Adumá, que es traducida como vaca roja o de color bermellón. De hecho, si te fijás en la cabecera de este mail, descubrirás que este Shabat, además de leerse parashat Shminí, se le llama “Shabat Pará”.
¿Por qué? Porque en el maftir de este Shabat se nos cuenta acerca de los pasos que, en la antigüedad, nuestros antepasados debían emprender para remover la impureza espiritual causada por el contacto con un muerto. Este proceso se desarrollaba durante un período de siete días en los cuales la persona “impura” (tamé), tenía que purificarse con las cenizas de la Pará Aduma , una vaca de color rojo ofrecida como sacrificio.
Cuando el Templo de Ierushalaim estaba en pie, tres veces al año debía dirigirse cada adulto varón al Beit Hamikdash con sus ofrendas. ¿Cuándo? Obviamente, en Pesaj, Shavuot y Sucot. (¡Por eso se llaman “fiestas de peregrinación”!) Por consiguiente, en Pesaj debían ofrecer el cordero pascual, conocido en hebreo como Korbán Pesaj. Si te fijás en tu keará de Pesaj, el hueso simboliza precisamente esta ofrenda. Pero resulta que si alguien no estaba puro en el sentido explicado más arriba, tenía que cumplir con la mitzvá de la Pará Adumá para estar así en condiciones de traer el Korban Pesaj al Bet Hamikdash en estado de pureza.
Pero sucedía que no todos vivían cerca de Ierushalaim. Está escrito en el Talmud que en algunas ocasiones los más alejados demoraban varias semanas en llegar. Entonces, para que todos tuvieran el tiempo suficiente de llegar a Jerusalém con el korbán pesaj y, de ser necesario, someterse a la purificación por medio de la Pará Adumá , nuestros sabios prescribieron leer de la Torá la sección correspondiente a la Pará Adumá en la semana previa al comienzo del mes de Nisan (que se lo conocce como parashat hajodesh y que será la semana próxima).
Ahora bien. Ya sabemos en qué consistía la mitzvá de la Pará Adumá. Pero si utilizamos nuestro pensamiento crítico, nos cabría una pregunta… ¿¿¿De dónde sacar una vaca roja???
No está claro el motivo de las características de la vaca, y si en efecto era fácil de conseguir o no. Pero alguna vez aprendí que en el camino de la vida, seguramente nos encontraremos con ideales y misiones difíciles de concretar. De hecho pensemos en Pesaj: Todo un pueblo soñando con ser libre de la mano de Moshé. Pero quizás la clave no esté en frustrarnos al no encontrar la vaca roja, que sería como no cumplir ese ideal que tenemos en mente. Quizás el epicentro de la mitzvá de la Pará Adumá esté en animarnos a buscarla. Porque mientras la buscamos significa que estamos vivos. Y si estamos vivos, tenemos la inmensa posibilidad de que nuestro corazón viva en un estado de pureza espiritual.
¡Shabat Shalom!
Sem. Sebastián Grimberg

Comunidad El Jai / Bialik de Devoto, Buenos Aires, Argentina