jueves, 15 de mayo de 2008

LA PARASHA DE LA SEMANA

PARASHA:BEHAR LIBRO: VAIKRA (LEVITICO) 25,1 - 26,2
HAFTARAH:IRMIAHU (JEREMIAS) 32,6-27
Parashat Behar
Residentes y Forasteros

Parashat BeHar que leemos esta semana contiene una detallada mención de leyes concernientes a la Shemitá y al Jubileo (Iovel).
Quisiera hoy referirme a uno de los versículos que sirve de fundamento a ambos preceptos. Dice la Torá en nuestra Parashá: "Y la tierra no será vendida a perpetuidad, porque Mía es la tierra, porque forasteros y residentes sois para Mí" (VaIkrá 25, 23).
Este versículo es de difícil comprensión. ¿Cómo debiéramos entender la expresión "forasteros y residentes"? Si alguien es forastero...¿cómo es posible que se lo defina como residente? Si alguien es residente...¡entonces no es forastero!
Muchos fueron lo comentaristas que se refirieron a esta llamativa expresión a lo largo de las generaciones.
Rabí Iaakov Krantz, el célebre Maguid de Duvno, nos regala una muy profunda reflexión al respecto. A su entender, Di-s está diciendo aquí a los hijos de Israel:
"Si ustedes se sienten en este mundo cual forasteros, y asumen que su estancia en este mundo es sólo pasajera...Entonces Yo seré residente entre ustedes, y podrán gozar de la presencia de Mi divinidad.
Mas, si ustedes se comportan en este mundo cual residentes, suponen con soberbia que su estancia en este mundo será eterna, y no temen la llegada del día del Juicio, entonces...¡Yo seré el forastero entre ustedes!
Entre nosotros –dice Di-s- siempre uno será residente y el otro será forastero".
El Maguid de Duvno se refiere aquí a dos maneras diferentes de ver el mundo. Los hombres pueden asumir que este mundo es una vivienda transitoria o permanente. De hecho los mortales conviven a diario con ambas sensaciones. Si se analiza la situación racionalmente, el hombre llegará rápidamente a la conclusión de que su vida es efímera y que este mundo es tan solo una morada pasajera. La razón nos indicará que nada podremos llevarnos de este mundo, a excepción de nuestras buenas obras.
No obstante, no siempre el hombre obra en consecuencia y anda por la vida persiguiendo honores, dineros y otras adquisiciones que supone eternas pero que son –en definitiva- fugaces como su propia vida.
El Midrash trae en Kohelet Rabá una interesante parábola al respecto.
Está escrito: 'Así como salió del seno de la madre, así volverá desnudo como vino' (Kohelet 5:14).
Erase un zorro que encontró un viñedo que estaba totalmente cerrado. Vio una pequeña abertura, y quiso ingresar a través de ella, pero no podía. ¿Qué hizo? Ayunó tres días hasta que adelgazó y entonces pudo entrar. Comió y engordó considerablemente. Quiso salir. ¡No podía! ¿Qué hizo? Volvió a ayunar varios días hasta que volvió a estar flaco como antes. Cuando salió se dio vuelta, miró al viñedo y dijo: "¡Viñedo, viñedo! ¿Qué bueno que eres y cuán encantadores son tus frutos! Todo lo que hay en tí es precioso, ¿pero qué provecho he tenido de tí? Así como se entra se sale. A esto se parece el mundo... (Kohelet Rabá 5).
Una lectura rápida del midrash puede llevarnos a la errónea conclusión de que el autor del mismo ha sido atacado por el pesimismo y la desesperanza. Sin embargo, una segunda lectura nos llevará a la inevitable conclusión de que el midrash está en lo cierto.
Cuando la Torá dice "Mía es la tierra, porque forasteros y residentes sois para Mí", en realidad nos quiere decir: "No se comporten en este mundo cual dueños de casa. No hay hombre que pueda llevarse de este mundo bien alguno".
Se cuenta que después de la Guerra de los Seis Días, tiempos en los cuales Israel conquistó Jerusalén Oriental de manos jordanas, un magnate judío de bienes raíces adquirió los terrenos de una antigua base militar jordana de la cual solía atacarse a la población israelí en los años previos a la guerra.
El hombre no tenía en claro lo que iría a hacer con dicha propiedad. Por ello dicidió prestar por un tiempo dichos terrenos a una institución educativa israelí. La ceremonia de inauguración de la nueva sede académica fue sumamente emotiva. Todo el mundo estaba encantado de que el mismo lugar que alguna vez fue un bastión del terror se había convertido en una institución educativa hebrea.
Un general del ejército de Israel llamado Ben-Uzi fue el orador invitado.
Después de mencionar las virtudes del filántropo y de la institución, finalizó su discurso con la siguiente aseveración: "Imaginen", exclamó. "Sólo hace unas semanas, esta tierra era jordana. Pero ahora -añadió triunfante- ¡esta tierra es nuestra!" De repente, una voz interrumpió al orador. Fue nada menos que el propio filántropo. "Ben-Uzi!" dijo. "Esta tierra no es nuestra...¡Esta tierra es mía!".
Supongo que ese es el mensaje divino al decir "forasteros y residentes sois para Mí". ¿Han venido a heredar la tierra? Sepan que solo sois forasteros. ¡La tierra es mía!
Fuente: Rab. Gustavo Surazski - Keillat Netzach Israel - Ashkelon

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La altura pasa por otro lado
¿Alguna vez le preguntaste a tu imaginación cómo será el Monte Sinaí, escenario de la entrega de los Diez Mandamientos?
Recuerdo la primera vez que me surgió ese interrogante. Grande fue mi decepción al descubrir, por fotos como la que podrás ver a la izquierda, que el Har Sinaí no es más que un pequeño monte de casi 2300 metros de altura (pensemos que hasta el Cerro Uritorco tiene 2200 metros…). El Sinaí no tiene vegetación, no posee una forma particularmente diferente… ¡Y ni siquiera se encuentra dentro de la Tierra de Israel, como para ver si así consigue más trascendencia!
¿No había acaso formaciones geológicas mucho más impresionantes que el Sinaí, que Dios pudiese haber elegido como escenografía para tan trascendental acto? ¡Podía haber optado por el Everest, cuatro veces más alto! Es verdad que no quedaba de paso en el trayecto de Am Israel… ¡Pero Dios es Dios, alguna solución se le podría haber ocurrido!
Si allí entregó los Diez Mandamientos y, de acuerdo a la tradición, también ofreció la interpretación de la Torá (lo que denominamos Tradición Oral – tal como aprendemos del comienzo de la Parashá de esta semana, llamada justamente Behar (en el monte)), cabe preguntarnos por qué Dios eligió justamente el Monte Sinaí.
La respuesta de nuestros sabios de bendita memoria viene por medio del midrash, para enseñarnos que el monte Sinaí es una lección de humildad: Si hasta para un hecho tan sublime como la revelación divina, Dios eligió un monte tan chiquito… ¿Entonces con qué derecho nosotros podemos mirar “desde arriba” a otro Ser Humano?
Aún más. ¿Por qué Dios eligió un monte en un lugar tan inhóspito como el desierto, y no prefirió entregar Su Ley en alguna ciudad, o incluso dentro de la Tierra de Israel? El midrash responde que tal fue su elección, para que nadie pudiese decir: “La Torá es mía, puesto que Dios me la entregó a mí en mi ciudad, y no tuya”.
Observemos a un niño cuando aprende a jugar, y a reconocer “el derecho de propiedad”. Intentemos, pues, tomar uno de sus juguetes. ¡Mío! – responderá automáticamente, marcando el inicio de un camino de aprendizaje hacia los límites y el hecho de compartir. Sabemos que los niños son la expresión más pura del Ser Humano.
El problema es que son muy pocos los que llegan a aprender a compartir, y muchos – incluso en forma inconciente – seguimos respondiendo “¡Mío!” cada vez que nos toca acudir en ayuda de alguien, prestarle nuestra mano, o al menos dedicar algo de tiempo a escuchar a un amigo en problemas. ¡Y ni que hablar si de por medio hay dinero!
Humildad y entrega. Dos palabras clave, surgidas en el lugar más humilde del mundo.
Quiera Dios acercarnos a ese concepto, y tal como me enseñó un maestro que alguna vez tuve: ¡Ojalá los hombres repensemos el anhelo de conquistar el espacio, si todavía no pudimos subir a un monte tan chiquito como el Sinaí!
¡Shabat Shalom!
Sem. Sebastián Grimberg

Comunidad El Jai - Buenos Aires, Argentina
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COMENTARIO SOBRE LA PARASHA
En el comienzo de nuestra Parshá, la Torá dice1: “cuando vengáis a la tierra…descansará la tierra un Shabat para Hashem”. Esto se refiere a la mitzvá de Shmitá, el año sabático, que el texto detalla a continuación: “seis años sembrarás tu campo…y en el séptimo año un Shabat de Shabatón será para la tierra”.
La secuencia presentada por el versículo genera una pregunta2: del lenguaje de la Torá parecería como que “cuando vengáis a la tierra” de inmediato debe cesarse el trabajo del campo- “y descansará la tierra un Shabat para Hashem”. Pero en realidad esto no es así, ya que primero vienen los seis años de trabajo, y sólo después el año sabático de Shmitá.
TRABAJO EN ARAS DE LO SACRO
El orden de cómo nos presenta la Torá el tema, viene a enseñarnos cuál es el objetivo y la meta de toda la labor durante los seis años. El hombre podría pensar que el objetivo principal es el trabajo del campo durante los seis años de actividad agrícola, y el año sabático es un tema más allá de ella. Nos enseña aquí la Torá que todo el objetivo de “cuando vengáis a la tierra” y la actividad del arado y la siembra es “descansará la tierra un Shabat para Hashem”.
Es cierto que la secuencia real es en primer lugar los seis años de trabajo del campo y recién a continuación el año sabático; pero del judío se requiere que recuerde constantemente que el año sabático de Shmitá es el objetivo y la meta.
El judío debe tener siempre presente que toda la labor de los seis años no es sino para llegar al séptimo, al año de santidad y espiritualidad. Con ese fin Di-s nos dio la Tierra de Israel, para que introduzcamos en ella santidad- el “Shabat para Hashem”- en el seno de la vida cotidiana.
HACIA EL SEPTIMO MILENIO
En un aspecto más amplio, hay aquí una referencia a la vida del hombre en su sentido global. Es sabido3 que la vida en este mundo está compuesta de seis mil años de acción y de un séptimo milenio que es un “Shabat y descanso de vida eterna”4.
Nos indica aquí la Torá: “cuando vengáis a la tierra”- cuando el alma desciende a esta tierra inferior, a este mundo, a los seis mil años de acción, debe ésta saber que el objetivo es- “y descansará la tierra un Shabat para Hashem”- llegar al séptimo milenio, a la era del ‘Shabat’.
El judío debe estar compenetrado con la convicción de que todo el objetivo de su vida sobre la tierra es preparar al mundo para a su objetivo Divino- que el mundo se convierta en una morada para Él, Bendito Sea, algo que alcanzará su concreción más íntegra, en el séptimo milenio.
AT:
Así ocurre también con la vida cotidiana: por la naturaleza de cómo está estructurado el mundo, la mayoría de las horas del día están dedicadas a temas mundanos- al trabajo, las diferentes necesidades materiales, etc. Sin embargo, uno debe tener presente que el objetivo es el ‘Shabat’ - la santidad.
El verdadero objetivo de toda la actividad diaria son las horas dedicadas al estudio de la Torá, a la plegaria y a las mitzvot.
Con esta conciencia, el judío debe comenzar su día, como dice el Shuljan Aruj (Código de Leyes), que “de inmediato cuando uno despierta de su sueño debe recordar frente a quien se encuentra acostado”, y debe expresar esto diciendo “Modé ani lefaneja”- agradezco frente a Ti. Esta es efectivamente la meta de toda la vida- servir a Hashem y hacerlo morar en el mundo de la acción.
(Sefer HaSijot 5750, Tomo 5, Pág. 471)
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EL JUDAÍSMO Y LA DONACIÓN DE ÓRGANOS
Por Aaron Moss
El Judaísmo considera la vida sagrada. Por esta razón, donando un órgano para salvar una vida es el acto más alto de virtud. Pero a veces, precisamente porque la vida es sagrada, la donación de órganos es problemática.
La ley judía distingue entre órganos donados durante la vida y donación del órgano después de la muerte. Mientras se está vivo, donar un órgano sin el que se puede vivir, como un riñón, o médula ósea o sangre para salvar o mejorar otra vida es uno de los más grandes actos que se podría realizar.
En la teoría, lo mismo debe aplicarse a los órganos donados después de la muerte. Siendo que salvar vidas está por encima de casi todo, la oportunidad de hacerlo después de la muerte no sólo debería ser aceptable sino incluso obligatoria.
Pero en la práctica, esto presenta una preocupación mucho más seria. Para ser utilizable en un trasplante, la mayoría de los órganos tienen que ser quitados mientras el corazón todavía está latiendo. Pero la ley judía mantiene que si el corazón todavía funciona, la persona está viva. El momento de muerte se define cuando el corazón se detiene. Así que quitar los órganos de un paciente declarado con muerte cerebral mientras el corazón todavía está latiendo, es equivalente al homicidio.
Mientras el mundo médico y legal ha aceptado la muerte cerebral como una nueva definición de muerte, la inmensa mayoría de expertos en la ley judía no. Manosear la definición de muerte es empezar un camino que puede llevar a problemas éticos mayores.
Ésta es una pregunta de vida y muerte. Necesitamos de una sabiduría más elevada para guiarnos. No quisiera tener que decidir lo que es correcto o incorrecto basado en mi propia opinión subjetiva y sentimientos. Agradezco a Di-s que tenemos la Torá para darnos claridad en estos difíciles problemas.
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“LA SEGUNDA OPORTUNIDAD ES PREFERIBLE”

En “Pesaj Sheini”, el segundo Pesaj, cuando en Jerusalém estaba el Sagrado Templo, ofrecían el sacrificio de Pesaj aquellos que no lo habían hecho en la fecha correcta. Pesaj Sheini ha introducido en la vida jasídica una de las frases más importantes, que representa también una enseñanza para nuestra vida diaria: “Nunca está todo perdido...”.
La segunda oportunidad es preferible
El Rebe de Lubavitch, solía utilizar y repetir esta frase en muchas de sus alocuciones. Agregó, que la enseñanza de Pesaj Sheini no sólo es que siempre estamos a tiempo de corregir, sino que, si realmente tenemos la intención de cambiar, se nos dan fuerzas adicionales. En una de sus cartas escribió: “La enseñanza de Pesaj Sheini es que para un judío nunca está todo perdido. Más aún, muchas veces la segunda oportunidad es preferible a la primera...”.
En otro lugar puntualiza, que en la rectificación de Pesaj Sheini, no existe la limitación del tiempo. Mientras el primer Pesaj es de siete días, el segundo sólo dura uno. “Pues el tema del retorno a las fuentes, es en una sola hora y en un solo momento y no se mueve de allí hasta que sea la voluntad de Di-s perdonarlo, y tenga satisfacción de sus actos”. De aquí, que no sólo es posible enmendarse, sino que la consecuencia puede ser de un nivel más alto que en la primera situación.
La fuerza de la demanda
Pesaj Sheini también nos enseña la fuerza que tiene la verdadera demanda que viene de un judío.
Cuándo los judíos del desierto estaban impuros en el momento que correspondía ofrecer el sacrificio de Pesaj, vinieron con el reclamo “¿por qué perderemos?”. Aparentemente este es un extraño reclamo, pues en la Torá están fijadas las reglas de cómo y cuando debemos cumplir cada precepto y como debemos ofrecer cada sacrificio. Si aquellas personas no cumplían con los requisitos necesarios, qué derecho tenían para reclamar “¿porque perderemos?”.
El Rebe dice que esto nos deja una enseñanza maravillosa, cuando una persona siente que le falta ‘algo’ en lo relacionado con su temor al Cielo o en el cumplimiento de la Torá y Sus preceptos, no debe apoyarse en otro para completar esta carencia, sino confiar en su propio deseo de retornar a las fuentes, gritando y reclamando: “¿por qué perderemos?”.
Agrega que la Torá nos ordena comportarnos así, cuando por medio de los miembros de la Gran Asamblea, se estableció que en el momento que un judío le pide a Di-s por sus necesidades en la plegaria, debe reclamar que la redención sea ‘rápidamente’.
¡No nos conformamos con hacer este pedido en una sola plegaria, sino que lo hacemos varias veces al día, todos los días!... el Pueblo de Israel pide y grita ¡“hasta cuando”! y es por medio de este ruego que la redención se acelera y llegará mucho más rápido.