martes, 17 de junio de 2008

DOS OPINIONES SOBRE EL CASO A.M.I.A.

DE JUDIOS GENUINOS Y DE JUDIOS INGENUOS
Por Natalio Steiner*
El pasado 12-06 una nueva conducción política se hizo cargo de los destinos de la AMIA. Se trata de una hasta hace poco tiempo inédita alianza entre sectores ortodoxos y reformistas ( opositores en lo ideológico) que lograron conformar una alianza que llevo a que el tradicional laborismo ( Avoda), aún con otro nombre, perdiera el control de la entidad luego de cincuenta años quedando solo con algunos cargos
La ortodoxia, ganadora como primera minoría, tiene los cargos principales y por recelos propios de la mala comunicación, declaraciones rabínicas y dirigenciales inoportunas o sacadas de contexto, mala imagen, ignorancia de sus opositores, cerrazón, inexperiencia,despierta desconfianza en grandes sectores de la comunidad no observantes o liberales en su observancia. Si bien todos los referentes principales de la ortodoxia ganadora han insistido en que no gobernarán con compulsión religiosa y que harán una gestión en beneficio de todos los judíos, el recelo no parece haber disminuido en especial por lo inédito de la situación,declaraciones desafortunadas y por lo complejo que resulta confrontar la Halajá (ley judía ) en una comunidad con visibles signos de grave asimilación, pérdida de identidad y alejamiento del conocimiento de las fuentes tradicionales. De manera tal que quienes gobiernan la AMIA deberán hacerlo sin generar más escisiones o divisiones en una comunidad ya dividida por múltiples factores. Deberán tener presente que gobernar la AMIA no es lo mismo que dirigir una Yeshiva . Cuanto más claro lo tengan, menos posibilidades tendran de fracasar.La ortodoxia no se impuso en AMIA solo porque logró más o menos votos o por el agotamiento de propuestas personalistas sino porque también hay una realidad visible : la judeidad ortodoxa y sus instituciones han crecido por fidelidad a sus convicciones y por llenar un vacío ideológico y social a la vez que no pocos sectores laicos luchan para subsistir mientras ven como en los últimos 15 años se cerraron dos decenas de sus escuelas.El triunfo raigal en AMIA resultó sorpresivo en ciertos ambientes pero no es algo nuevo. Antecedentes de esta situación desafiante los encontramos por lo menos en Argentina e Israel. En nuestro país hace ,algunos años ,la escuela laica David Wolfshon fue salvada de ser cerrada gracias a la intervención de Jabad Lubavitch que la orienta y dirige en lo ideológico pero con una amplia apertura y tolerancia en lo educativo sin que ello vaya en desmedro de la Halajá ni contrariando la voluntad de los padres que siguen enviando a sus hijos.En Israel se dio una situación que también puede servir de ejemplo de convivencia y armonía a pesar de las diferencias. El actual intendente de Jerusalem, Uri Lupoliansky, un judío estrictamente observante, llegó al cargo hace unos años precedido del temor a la compulsión religiosa por un lado y criticado por sectores ortodoxos por el otro. Sin embargo su gestión es muy buena, de convivencia, algo curiosamente reconocido por laicos y observantes. ¿Podría darse algo similar aquí ?. ¿Tendrá la oportunidad de demostrarlo Guillermo Borger, un hombre observante, moderno, de profundas raíces sionistas pero que antes de asumir tropezo mediáticamente ?. Para que esto suceda es elemental que no se pongan piedras en el camino pero que también la corriente moderada dentro de la ortodoxia se imponga sobre los sectores más rígidos teniendo siempre a la Halajá como horizonte rector y viendo a la modernidad no como una desgracia sino una oportunidad-
*Co-director del periódico Comunidades

SOY MUJER Y JUDIA Y SOY JUDIA Y MUJER
por Martha Wolf
Soy mujer y judía o a la inversa soy judía y mujer, no importa en esta fórmula el orden de los factores porque no se altera el producto. En estos días en los que hemos leído a través de una entrevista declaraciones de quien va a conducir la AMIA, digo que no fueron desdichadas sino sensatas porque son las respuestas a su pertenencia ortodoxa.
Para los que fuimos a votar no cabía ninguna duda de que iba a ser tal cual lo dijo el electo presidente de la mutual judía. Mientras los laicos, los conservadores, los reformistas y los ateos no se acercaron para dar su voto los religiosos con su obediencia y grandes familias poblaron los centros de sufragio. Los independientes cómodos dejaron librada a esa mayoría la elección y ahora se quejan.
Personalmente me bastó ver la diferencia que había entre mi soledad de decisión y la grupal de ellos. De ellos que se consideran genuinos, que no discuten los mandatos, que se inclinan ante un rebe que después de todo no es nada más que un hombre y porque confundieron la urna con la Torá. Es decir, ese día se jugaban distintos representantes para distintas gentes con el objetivo de someter a los disidentes a la única verdad, la de ellos.
Además, por mi naturaleza femenina moderna sentí que algo más se agregaba a ese panorama de seres medievales. Porque como mujer fui criada para ser yo misma, de ser madre cuando yo quise, de ir al templo y sentarme al lado de mi esposo e hijos, de hacer Shabat por placer, de no comer kasher pero alimentar a los míos con amor, de haberme casado por jupá, haber circuncidado a mis varones, de enviarlos a escuelas judías, de crecer en clubes de la comunidad, de haber viajado a Israel para mostrarles nuestra tierra ancestral; de haber usado minifalda, de bailar rikudim, tango, y de no sentirme culpable por mis fantasías. En fin, de haber hecho tantas otras cosas como el activismo, las conferencias, los cursos y todo lo complementario para saber más sobre judaísmo.
Ese día, el de las elecciones, se trazaba una línea divisoria entre los laicos y los religiosos que terminó siendo un abismo. Se produjo un cráter por el terremoto de la discriminación ante si no sos como yo no sos ¿Acaso después de mis 30 años de trabajo comunitario y seguridad esta gente va a venir a moverme el piso para decirme cómo tengo que actuar y quién soy? Y lo digo porque voté, activo, me juego y no tengo dudas de mi identidad. No necesito ni pollera larga, ni peluca, ni sombrero, ni medias todo el año, ni mikve, ni la aprobación de nadie para considerarme mujer y judía. Y podría seguir enumerando todo lo que me separa de lo que vi y no practico, pero si hay algo que no voy a permitir como socia de AMIA es que me gobiernen mi vida y mi muerte. Mi voluntad está por encima de la decisión periódica de los dirigentes de turno.