sábado, 14 de junio de 2008

MAS SOBRE LA POLEMICA EN A.M.I.A.

Aprender de los errores
Damián Stiglitz
En los últimos días se han generado una serie de respuestas de distintos intelectuales, artistas, periodistas y académicos a las polémicas declaraciones del nuevo presidente de AMIA, Guillermo Borger, quien hizo una distinción entre "judíos genuinos" (ortodoxos) y "no genuinos", agregando que él gobernará para "reforzar el papel de la AMIA como representante de los judíos genuinos". Ante la pregunta del periodista de Clarín de si se va a admitir a los hijos de matrimonios mixtos respondió "hay leyes que deben respetarse y ésa es la tarea del rabinato central que funciona en AMIA".
En pocas palabras, primero etiquetó a un grupo de judíos (muy mayoritario) como "no genuinos" (o sea, "no auténticos") y luego, distinguió a otro grupo de judíos al que directamente excluyó de la comunidad al afirmar "hay leyes que deben respetarse" en relación a la ‘ley’ ortodoxa del vientre judío que excluye a 30.000 hijos de matrimonios mixtos de la comunidad.Para entender esta concepción extremista es necesario analizar dos posturas: 1- La de despreciar a los que consideran judíos pero "no auténticos" (hijos de vientre judío no-ortodoxos) y 2- La de excluir de la comunidad a otra importante porción de judíos (hijos de matrimonio mixto y conversos) negándoles su identidad judía.Respecto a la primera diremos que -como afirmó Alejandro Borensztein en Clarín- se puede ser judío ateo o agnóstico. El judaísmo es mucho más que una religión: es un pueblo, un conjunto de tradicionales, una cultura (con su música, su literatura, su comida, su humor, sus idiomas, su historia). La religión es una parte del judaísmo pero no es el todo. Basta con mencionar judíos como Woody Allen, Sigmund Freud, Baruch Spinoza o el mismísimo fundador del Estado de Israel, David Ben Gurión, que eran judíos laicos, no creyentes y, sin embargo, fueron de las más grandes personalidades judías de la historia.Y, cabe aclarar, aparte de los judíos laicos (ateos y agnósticos) están aquellos judíos creyentes -y muchos de ellos, observantes- que no se identifican con la corriente ortodoxa y adhieren a las corrientes religiosas liberales (reformista y conservadora). Estos pueden ser tan creyentes como los ortodoxos pero tienen interpretaciones mucho más liberales y flexibles que las del dogmatismo ortodoxo. En definitiva, más de la mitad de los judíos del mundo son laicos y más del 85% son no-ortodoxos. Por lo tanto, si para ser un "judío genuino" hay que vivir de acuerdo a la Torá, sólo un 15% de los judíos del mundo son "genuinos". Y en Argentina sólo 10.000 de los 250.000 judíos son ortodoxos (4%).El segundo grupo nos trae a un tema muy polémico dentro del judaísmo. En Argentina hay más de 30.000 judíos de padre judío (hijos de matrimonio mixto) que son reconocidos por los laicos y por los religiosos reformistas pero no por los ortodoxos. A estas personas se refería Borger cuando respondió que "hay leyes que deben respetarse". Imponer esta definición ya refutada, para incluir o excluir a personas dentro de una comunidad, es un hecho aberrante. Porque no se trata de prohibir comer jamón o mezclar carne con leche. Se trata de discriminar y excluir de la comunidad a más de 30.000 judíos. Es muy grave. Porque detrás de todo esto hay personas, seres humanos, sentimientos. Personas que se sienten judías y que son judías pero que a partir de ahora la dirigencia de AMIA no las va a considerar judías y las va a dejar totalmente afuera de la comunidad, como se deduce de las declaraciones del nuevo presidente.Nadie critica que estos sectores piensen como piensan. Cada uno tiene derecho a tener sus propias interpretaciones y opiniones. El problema está cuando esos sectores fanáticos, que representan un 4% de la comunidad judía argentina, toman el poder de una institución y pretenden imponer autoritariamente su concepción de quién es "judío" y de quién es "judío genuino" al restante 96%.El desafío está en que ese 96% se una para defender los principios pluralistas y progresistas -que siempre caracterizaron al pueblo judío- y que no lo vuelva a dividir ningún personalismo o afán de poder.