viernes, 6 de junio de 2008

PENSAMIENTOS

Dentro o fuera de este mundo
Ayer por la noche retorné a mi casa con el corazón colmado de pensamientos a raíz de un interesantísimo intercambio que se produjo en Tzé Ulmad, nuestro espacio de estudio de Torá para adultos.
El eje del debate fue la comparación que el Rab. J. B. Soloveitchik volcara en su clásico libro “La soledad del hombre de fe”, a propósito de las diferencias que muestra Torá con respecto a la Creación del Hombre entre el primer y segundo capítulo del Génesis.
Realmente el tema es muy extenso, pero intentaré resumirlo en pocas palabras (Una lectura de los primeros dos capítulos de la Biblia te podría ayudar).
En el primero, cuenta la Torá que el Ser Humano fue creado macho y hembra al mismo tiempo para dominar la tierra. Es un hombre que busca la d¡gnidad y la superación, y nunca se sintió sólo ya que necesita construir sociedades de beneficio mutuo para llevar a cabo su misión. Por eso fue creado con compañía.
En el segundo capítulo, está escrito que el Hombre fue creado en soledad para cuidar el jardín del Edén, con características más bien contemplativas y no tan activas o dominantes como el primero. Pero Dios se da cuenta de que, solitario y meditabundo, puede alcanzar mayores niveles espirituales y de autocontrol… Pero a la larga “no es bueno que el hombre esté solo” (Bereshit 2,18). Por eso, y surgido de su propio cuerpo, D’s “construye” a Eva formando así la comunidad de la fe (¿De corazón a corazón?).
La verdad es que ambos “Adanes” conviven en cada uno de nosotros. A veces necesitamos estar en medio de la tormenta creativa, pero en otras oportunidades sentimos que es necesario alejarse de todo y autodescubrirse. Redimirse, en palabras de Soloveitchik. Sin embargo, la vida en soledad no conduce demasiado lejos porque implica desarrollar una vida fuera de este mundo. El otro extremo tampoco es bueno por sí mismo, sino como un medio para alcanzar un mayor grado de dignidad y satisfacción en nuestros contados años.
Rav dijo: “El hombre deberá dar cuenta de todos los frutos que vio y se abstuvo de comer” (Ierushalmi, Kidushin).
Esa es la misión del Nazir (Nazareo o Ermitaño) del que nos habla la Torá en la Parashá Nasó que estudiamos esta semana. Según la tradición, el Nazir accede en forma voluntaria a alejarse de la sociedad, a abstenerse de tomar vino y a cortarse el cabello entre otros (Nota: ¡Sansón era Nazir, y por esto tenía el cabello largo!).
Pero esto no significa que el judaísmo nos aliente a alejarse de los placeres de la vida y de la satisfacción de vivir en comunidad, sino que en medio de la tormenta diaria que nos aqueja (como al primer Adán), sepamos identificar aquellos momentos en los que necesitamos el silencio para contemplar y mirar el mundo que nos rodea. Es decir, darle lugar al segundo Adán y mantener latente el primero.
Dicho en otras palabras, animarnos a levantar a veces el pie del acelerador. Me dirás: No es tan fácil. Es cierto, no es tan fácil. Pero también sabemos que muchas veces es más difícil vivir sin tener la oportunidad de aclarar la mente y el corazón. O quizás debamos replantearnos este asunto, pero sobre una escala de prioridades en la vida.
¡Shabat Shalom!
Sem. Sebastián Grimberg


La Entrega de la Torá
(Selección extraída del libro "El Midrash Dice" por Rabino Moshe Weissman, © Ed. Benei Sholem)

Por veintiséis generaciones, desde la creación de Adám, Hashem había esperado transmitir a la humanidad la preciosa Torá la cual había precedido la creación del universo. Finalmente, El encontró un pueblo dispuesto a aceptarla. El grandioso momento de su Revelación fue aguardado ansiosamente por el universo íntegro puesto que con ello se llevaría a cabo el objetivo espiritual de la Creación.
Era Shabat de mañana, el seis de Siván, de 2448. Har Sinai (Monte de Sinaí) estaba estremecido de excitación ante el trascendental evento a punto de tener lugar sobre él. Todas las montañas estaban en un estado de agitación junto con él hasta que Hashem les hizo recobrar la calma. Los Benei Israel estaban aún durmiendo porque la noche de verano había sido corta. Ellos fueron despertados por truenos y relámpagos sobre Har Sinai y por Moshé llamándolos, "¡El jatán (novio) está esperando que la Kalá (novia) arribe a la jupá!" Moshé llevó al pueblo al Har Sinai como quien conduce a la kalá a la boda.
El pueblo Judío que estaba reunido al pie de Har Sinai, hombres y mujeres separadamente, fueron unidos por todas las millones de almas no nacidas aún de sus descendientes y por las almas de todos los guerim (conversos) quienes aceptarían la Torá en generaciones futuras. Cuando Hashem descendió sobre Har Sinai en un estallido de fuego, rodeado por una multitud de 22000 ángeles, la tierra se estremeció, y hubo tronar y relampagueo. Los Benei Israel oyeron el sonido de un shofar tornándose continuamente más fuerte, creciendo en intensidad hasta que alcanzó el más grande volumen que las personas podían soportar con posibilidad.
El fuego de Har Sinai se elevó hasta los mismos cielos, y la montaña humeó como una caldera.
El pueblo tembló de miedo.
Luego Hashem tomó Har Sinai y lo suspendió sobre el pueblo, indicando a ellos, "¡Si vosotros aceptáis la Torá, bien, pero si no, seréis sepultados bajo esta montaña!" Hashem de este modo forzó al pueblo a aceptar la Torá, a pesar de que ellos la habían aceptado previamente. Una espesa Nube envolvió la montaña. Hashem inclinó los cielos hasta que ellos alcanzaron Har Sinai y Su kisé hacabod (trono celestial) descendió sobre la montaña.
Es sorprendente el que la Torá no fuera entregada en medio de brillantes y deslumbrantes luces pero sí en el medio de una montaña oscurecida por oscuras nubes. La razón para ello puede ser entendida con la siguiente parábola:
Preparándose para la boda de su hijo, el rey decoró el palio nupcial con cortinas negras. "¡Esto no es lo que es usualmente hecho para la boda de un hijo!" los miembros de la casa
real se quejaron. "¡La costumbre es colgar cortinas blancas!"
"Existe una razón para mi acción," explicó el rey. "Los astrólogos predijeron que este matrimonio se disolverá en cuarenta días. ¡No quiero que el pueblo piense que yo no era consciente de esto por anticipado!"Similarmente, Hashem no se reveló a Sí Mismo a K-lal Israel en medio de brillantes luces. Más bien, El se presentó en oscuridad y fuego desde que El previó que cuarenta días después de Matán Torá, ellos harían el Becerro de Oro.

En ocasión de Matán Torá, los Benei Israel no sólo escucharon la Voz de Hashem sino realmente vieron las ondas sonoras como ellas emergieron de la boca de Hashem.
Las visualizaron como una ardiente sustancia.
Cada Mandamiento que partió de la boca de Hashem viajó alrededor del Campamento íntegro y luego regresó a todo Judío individualmente, preguntándole, "¿Aceptas sobre ti mismo este Mandamiento con todas las halajot (leyes) pertinentes a él?" Todo Judío respondió, "Sí," después de cada Mandamiento.
Finalmente, la ardiente sustancia que ellos vieron, se grabó ella misma sobre las lujot.
A pesar de que los Benei Israel habían solicitado ver la Gloria de Hashem y escuchar Su Voz, sus almas partieron de sus cuerpos cuando realmente experimentaron la Revelación.
La Voz de Hashem resplandeció con tal fuerza que quebró árboles de cedro, hizo estremecer montañas, causó que las ciervas dieran a luz del shock, y descortezó dejando pelados bosques enteros.
Las naciones que presenciaron la conmoción pero no sabían su causa llegaron a Bilám quien era famoso por su sabiduría y lo interrogaron, "¿Está Hashem a punto de traer otro mabul
(diluvio) sobre la tierra?"
"No," Bilám tranquilizó a las naciones, "el mundo está en actividad porque Hashem está entregando la Torá a Su pueblo."
Los Benei Israel no experimentaron el impacto total de la Voz Divina. Más bien, cada individuo la percibió de acuerdo con su inimitable capacidad para experimentar la shejiná (Presencia Divina). No obstante, ellos murieron después de cada Mandamiento dado que su nivel de profecía realmente excedió sus poderes de percepción. La Torá misma suplicó a Hashem restituir vida a los Benei Israel, argumentando, "¿Cómo puede el universo estar feliz al recibir la Torá si tus hijos mueren en el proceso? ¿Es una causa para regocijarse si el rey que
casó a su hija al mismo tiempo mata a los miembros de su casa?"
Hashem entonces salpicó el Rocío del Renacimiento sobre los Benei Israel. Este fue el mismo Rocío con el cual El resucitará a los muertos en tiempos futuros. Los Benei Israel, no obstante, todavía se sintieron débiles del shock que ellos habían experimentado. Hashem por consiguiente llenó el aire con la fragancia de especias, y ellos se recuperaron. No obstante, su temor de la Voz de Hashem fue tan grande que apresuradamente huyeron al fin del Campamento, una distancia de doce mil (aproximadamente 1450 m.). Los ángeles de Hashem tuvieron que transportarlos de regreso a sus posiciones anteriores al pie del Har Sinai para
escuchar el próximo Mandamiento.
Después de los dos primeros Mandamientos, los Benei Israel estaban tan asustados que rogaron a Moshé transmitir el resto de los Mandamientos preferentemente a escuchar la Voz de Hashem otra vez. A pesar de que Hashem había sabido de antemano que los Benei Israel no serían capaces de sobrevivir al escuchar Su Voz, El no obstante concedió su pedido original de escucharlo a El. El no quería que K-lal Israel alegara en el futuro, "¡Si sólo El nos hubiera concedido una Revelación directa, nosotros nunca hubiéramos servido ídolos!"