viernes, 20 de junio de 2008

PARASHA SHELAJ LEJA Y COMENTARIOS

Parashat Shelaj Lejá: El Puente "Caleb"
Sólo dos porciones en la Torá contienen en su título la palabra "Lejá". La primera de ellas es Parashat Lej Lejá (Vé para tí) -que nos cuenta acerca de Abraham Avinu y de su llegada a la tierra de Canaán- y la segunda es Shelaj Lejá ("Envía para tí"), en la que se nos habla de los doce representantes enviados a la Tierra Prometida para informar al pueblo sobre el estado de situación en Eretz Israel. Quisiera construir hoy un puente virtual entre el Lej Lejá de Abraham Avinu y el Shelaj Lejá de Moshe Rabenu. Estamos hablando en realidad de dos olas migratorias muy diferentes en su naturaleza. Abraham no llegó sólo a la tierra de Canaán; fue acompañado por su esposa, su sobrino y "las almas que habían hecho en Jarán". Se trataba allí de una inmigración colmada de idealismo -con una profunda carga teológica- cuyo objetivo era difundir la palabra y la voluntad de Di-s en la nueva Tierra. El relato de los espías es totalmente diferente; el idealismo está ausente en esta segunda historia. A los espías les falta el coraje de Abraham. Ellos quieren ver, visitar, comparar, calcular y sólo entonces decidir. La aliá de Abraham Avinu tiene mucho más que ver con la llegada de los primeros pioneros que llegaron a la Tierra de Israel a finales del siglo diecinueve que soñaban con arrancarle frutos al desierto y secar pantanos sin importar los costos. Nuestra llegada a Israel tiene mucho más que ver con Parashat Shelaj Lejá. Pertenecemos a una generación en la que –además de pensar en el aporte que podemos brindarle a esta tierra- queremos saber también cuánto "provecho" podemos sacarle a ella. Exactamente como los meraglim, que querían venir a espiar la tierra para ver qué tal era. RaSHI aporta un ejemplo interesante que nos ayuda a construir el puente vurtual entre ambas secciones. En los primeros párrafos de nuestra Parashá se nos dice que los espías "subieron por el sur, y llegó hasta Jebrón" (BeMidbar 13, 22). Es sumamente extraño que la Torá comienza hablando en plurar (subieron) y finaliza hablando en singular (y llegó). ¿Por qué?
. RaSHI dice: "Sólo Caleb fue allí, y se postró frente a la Tumba de nuestros patriarcas (en Jebrón)". Es interesante el ejemplo de RaSHI. Mientras los meraglim suben a Israel y comienzan a recolectar información militar y económica, Caleb llega a Israel y va a visitar el Kever Avot en Jebrón. Mientras los meraglim miran a Israel bajo la lupa de la conveniencia, Caleb la mira bajo la lupa de la pertenencia. Mientras los meraglim llegan a Israel y se vinculan sólo con su futuro, Caleb llega a Israel y antes de vincularse con su futuro, se vincula con su pasado. Conocemos el final de la historia. Sólo dos de los doce enviados –Caleb e Ieoshúa-cumplieron con su misión. Los diez espías restantes, trajeron consigo un mensaje distorsionado, cargado de subjetividad y pesimismo. ‘...Llegamos a la tierra que nos enviaste -dijeron a Moshé- y también ella mana leche y miel; y éste es su fruto. Pero es fuerte el pueblo que habita en el país...No podremos subir contra el pueblo porque es más fuerte que nosotros...’. Por alguna razón, estos enviados quedaron en la historia rotulados por la palabra meraglim, y no por la palabra shakranim (mentirosos). Ocurre que no había mentira en lo que decían; vieron lo que quisieron ver. Por esa razón, no es casual, que al final de la Parashá se menciona el precepto de los tzitzit… "Y no os desviaréis tras de vuestro corazón y tras de vuestros ojos" (BeMidvar 15, 39), se nos dice allí. ¿Por qué razón dice allí "tras de vuestro corazón y tras de vuestros ojos"? Porque en general los ojos tienen ese problema: ven aquello que el corazón quiere que vean. El corazón condiciona a los ojos. Los ojos de aquellos espías que difamaron contra la tierra de Israel no hicieron otra cosa que confirmar lo que su corazón ya había decidido hacía tiempo: esa tierra no era para ellos, ni la sentían propia.
Caleb es el único que entiende que esa Tierra podía tener defectos y problemas, pero tenía algo que ninguna otra tierra tenía: era propia. Era la tierra que Di-s le había prometido a aquellos que estaban sepultados en Jebrón. "Subir subiremos y la heredaremos; que poder, pódremos con ella" (BeMidvar 13, 31). Caleb es el verdadero puente entre el Israel ideal y el Israel real, entre el Lej Lejá de Abraham y el Shlaj Lejá de nuestra sección.
Rab. Gustavo Surazski - Keillat Netzach Israel - Ashkelon-ISRAEL

Interpretación y comentario
La parashá "Shlaj lejá'' relata la travesía de los doce representantes de las tribus enviados por Moshé a espiar la tierra para recolectar información vital sobre ella y sobre la posibilidad de conquistarla.
Esos hombres salen a una travesía de cuatro días y vuelven al pueblo que se encuentra en el desierto, trayendo diez de los doce espías no muy buenas noticias. La tierra, efectivamente, es buena -ellos dicen- pero la experiencia de la travesía en ella fue terrible. La tierra es peligrosa, sus habitantes gigantes, sus ciudades fortificadas y la consigna de su conquista es, en realidad, imposible.
Los miembros del pueblo al oírlo rasgan sus vestiduras, lloran y se enlutan por la tierra cuyo aspecto de prometida se disipa cada vez más.
Sólo dos de los espías -Caleb ben Iefuné y Iehoshúa ben Nun- apoyan la posibilidad de que el pueblo pueda ir y conquistar -con la ayuda de Dios- la tierra.
Los dos constituyen una destacada minoría y el pueblo que llora en la amargura de su desesperación, pide volver a Egipto. Dios, en su ira, quiere exterminar al pueblo; Moshé logra calmarlo, pero Dios decreta que todos los miembros de esa generación no entrarán a la tierra. Su muerte será en el desierto; cuarenta años deambularán en él, un año por cada día que duró la travesía de los espías, hasta que muera -de manera natural- toda esa generación. Sus hijos serán quienes entrarán y heredarán la tierra.
El relato se llena de desilusión, miedo y desesperación.
La pregunta es qué sabemos de aquella generación, generación obstinada y terca, que va, se enreda y se queja en el terrible desierto siguiendo a un líder difícil y visionario detrás de una promesa sobre una tierra donde nunca estuvieron, guiados por un Dios invisible.
Las ideas de los tanaítas y amoraítas se dividen entre aquéllos que dicen que la generación del desierto no merece el mundo venidero, y otros que dicen que ellos merecen piedad y piden incluirlos en el buen mundo por venir.
De todos los libros judíos, el libro del Zohar es el que quiere más a la generación del desierto. Los autores del Zohar, cuya pasión mística es acercar a la Divinidad y vivenciarla cada vez más, identificaron a la generación del desierto como una generación que tuvo el honor de vivir una existencia espiritual inigualable.
En su lectura de los versículos de la Torá, y a la luz de su pasión por buscar en el relato bíblico una guía para su vida espiritual, ellos vieron a la generación del desierto como personas cuya experiencia del encuentro sin intermediarios con Dios en la salida de Egipto, fue mayor que aquéllas de los grandes profetas: "Lo que vio la sirvienta en el mar, no vio Ezequiel ben Buzo''.
Aquélla fue una generación que renunció a todo tipo de existencia relacionada con las características humanas, como la planificación, el crecimiento, la recolección de comida y el desarrollo. Los miembros de esa generación renunciaron a todo tipo de arraigo a la tierra y se establecieron en el desierto, cuando sus raíces de aire se ramificaban hacia Dios.
Ellos fueron transportados en el seno Divino, bajo nubes de honor, totalmente dependientes de su fe en Dios. Sus cuerpos y mentes pasaron una transformación que les permitió alimentarse con el maná, producto Divino, copos de luz, pan de ángeles.
Aquélla fue una generación que vio símbolos y señales terribles y maravillosas. El Zohar ve a aquélla generación como "generación del conocimiento'', una generación sin igual. Una generación que tuvo el honor de vivir una experiencia espiritual, de fe y de milagros, merece todo tipo de alabanzas, y es a ellos, dice el Zohar, que está dirigido el versículo: "Feliz es el pueblo que así sucede con él''.
Una composición especial del Zohar llamada "Rav Metivta'' está dedicada a la travesía de los miembros del grupo del Zohar en el mundo de la generación del desierto.
El compositor de esa obra otorga a la generación del desierto una existencia eterna. Aquélla generación, en su grandeza, no se perdió y continúa existiendo en una realidad separada y paralela.
El grupo del Zohar tiene el honor de vivir un encuentro lleno de aventuras y sorpresas con aquél mundo. Ellos ven a sus líderes, visitan sus Casas de Estudio celestiales, las Casas de Estudio de los líderes de aquella generación como Betzalel, Moshé y Aarón, así también como las Casas de Estudio de las grandes mujeres de aquella generación: Ellos visitan la Casa de Estudio de Iojeved, de Batia -la hija del Faraón-, de Miriam, de Seraj bat Asher.
La obra completa es un canto de alabanza a la generación del desierto y como lectores conocedores de las palabras del Salmo que ve a aquella generación como "pueblo de corazón extraviado'', nos sorprendemos por la original creatividad que se encuentra en el llamado tan alentador de esta generación, -primera de la redención, que murió en el desierto y no ingresó a la Tierra Prometida-, como una generación de gigantes.
La manera particular del Zohar de ver a la generación del desierto es un llamado a que estemos atentos. Es un testimonio de gran inspiración sobre el hecho de que una cultura que se permite a sí misma volver y abrir sus relatos fundamentales a lecturas nuevas y sorprendentes, promete una relación llena de vitalidad y sentido con sus fuentes.

¿Ojos, corazón o cabeza?
Siempre me pregunté si son más fiables los ojos, el corazón o la cabeza a la hora de tomar una decisión.
Puede ser que al ver algo mis ojos me engañen. O quizás decida seguir el instinto de mi corazón, pero los sentimientos distorsionen la realidad que percibo. Entonces me oriento por la cabeza, aunque sabemos que no siempre la lógica funciona en un mundo tan complejo.
Me da la sensación de que esta pregunta estuvo siempre latente en la raza humana, y una prueba de esto podría estar en nuestra parashá Shlaj Lejá.
La sección comienza relatando el viaje exploratorio de los espías que Moshé envió a la tierra de Canaán, a los efectos de convencer al pueblo (y convencerse, según el midrash), de que efectiva-mente es una buena tierra y vale la pena luchar por ella.
Pero influenciados por el miedo a lo desconocido, diez de los doce espías vuelven con un informe negativo, donde “vieron” las ciudades mucho más fortificadas de lo que realmente eran, “vieron” gigantes morando allí, “vieron” cómo la tierra se tragaba a sus habitantes, y hasta “sintieron” que los lugareños los veían como langostas.
Ahora bien, resulta ser que al final de la parashá, la Torá prescribe el precepto de Tzitzit, que es la mitzvá de vestir el Talit y alejarse del mal camino al ver sus flecos (tzitziot), ya que actúan como un recordatorio constante del camino marcado por Dios.
El gran exégeta Rashi relaciona ambos relatos y los ata por medio del concepto de lo que vemos o sentimos: “El corazón y los ojos acostumbran a los ojos y lo encaminan hacia el error; el ojo ve, el corazón seduce, y (así) el cuerpo transgrede”.
Según Rashi los ojos pueden equivocar su mirada, ya que dependiendo de nuestro estado de ánimo, del nivel de angustia o excitación que traemos, vemos la realidad con anteojos diferentes. Es el riesgo de decidir solamente con los ojos.
El corazón, por su parte, seduce. La tentación, el deseo de poderlo todo, el miedo y la esperanza, nos pueden jugar una mala pasada si solamente decidimos con el corazón.
Los meraglim (espías) que envió Moshé al principio de la parashá tuvieron miedo. Vieron y sintieron cosas que no existían, y causaron así una gran tragedia en el pueblo hebreo. El cuerpo siguió sólo la percepción de los ojos y el corazón.
Pero como seres humanos tenemos un arma más: El discernimiento, el pensamiento. Esa capacidad de detenernos pensar, tal como lo hicieron Ioshúa bin Nun y Calev ben Iefuné (los dos espías que dieron un informe positivo), que al contrario de los otros diez, dijeron “¡Podemos hacerlo!” (Bamidbar 13, 30).
De todas formas sabemos que con la cabeza sola no alcanza. Hay muchas veces que debemos pensar con el corazón, y otras tantas que necesitamos valernos solo por lo que vemos. La fe ciega no siempre es buena consejera ni el instinto es infalible. Pero estoy convencido de que si hacemos valer nuestros tres mejores atributos, y nos tomamos ese segundo para pensar y decidir en un mundo donde parece que ese segundo estuviera malgastándose, entonces estaríamos haciendo nuestra mejor inversión.
¡Shabat Shalom!
Sem. Sebastián Grimberg-Comunidad El Jai, Bialik Devoto, Buenos Aires, Argentina

DE LA COMUNIDAD BNEI TIKVA

Ante una batalla decisiva, el general japonés decidió tomar la iniciativa y atacar, a pesar de saber que el enemigo era mucho más numeroso. Aunque confiaban en su estrategia, sus hombres estaban temerosos. Camino hacia la confrontación, resolvieron detenerse en un templo. Después de rezar, el general se dirigió a sus soldados:-Voy a arrojar esta moneda. Si sale cara, volveremos todos al campamento. Si sale cruz, significará que Dios nos protege y que derrotaremos al enemigo. Ahora se revelará nuestro futuro.Tiró la moneda al aire y los ojos ansiosos de sus soldados vieron el resultado: cruz. Todos vibraron de alegría, atacaron con confianza y vigor y pudieron celebrar la victoria al atardecer.Orgulloso, su comandante comentó:-Nuestro Creador siempre tiene razón. Nadie puede cambiar el destino revelado por él.-Tienes razón, nadie puede cambiar el destino cuando estamos decididos a seguirlo. Dios no ayuda, pero a veces tenemos que ayudarlo también –respondió, entregando la moneda a su oficial.Los dos lados marcaban cruz.
Ayudemos con nuestra actitud y pensamiento, para que podamos cumplir con nuestros sueños, que también son los de nuestro Creador.
Shabat Shalom!!!

Rabina Graciela de Grynberg-Comunidad Bnei Tikva, Buenos Aires, ARGENTINA