miércoles, 2 de julio de 2008

A 62 AÑOS DEL POGROM DE KIELCE Y UN COMENTARIO DE LA PARASHA JUKAT

El 4 de julio de 1946 tuvo lugar un pogrom en la ciudad de Kielce, Polonia, en el que fueron asesinados 46 judíos sobrevivientes del Holocausto de un total de 200 que habían regresado a su país tras el horror de los ghettos y los campos.
En agosto de 1942, la mayoría de los 24.000 judíos de Kielce, por ese entonces un tercio de la población total, había sido exterminada por los nazis en el campo de Treblinka.
Finalizada la Guerra, algunos sobrevivientes oriundos de Kielce —al igual que otros oriundos de Cracovia— decidieron regresar a su ciudad. En julio de 1946 se enfrentaron a la hostilidad de sus viejos vecinos; nuevamente se encontraban ante la muerte.
A 62 años de esa matanza, el Museo del Holocausto de Buenos Aires recuerda y repudia este hecho acontecido poco tiempo después de finalizada la Segunda Guerra Mundial.
Actualmente, líderes políticos de algunos países integrantes del concierto de las Naciones Unidas, niegan que haya existido el Holocausto, pese a las numerosas pruebas documentales y los testimonios acerca del horror vivido que permanentemente brindan los sobrevivientes
El pogrom de Kielce reveló que el antisemitismo, el odio, la barbarie y la intolerancia sembrados, difundidos y profundizados por el nazismo permanecieron aún después de que el mundo tomó pleno conocimiento de la existencia de los campos de concentración, de los ghettos, de las persecuciones y del exterminio masivo de millones de hombres, mujeres y niños por su condición de judíos.
No olvidar, recordar y educar a las jóvenes generaciones es un deber ético de la humanidad, para que lo ocurrido durante la Shoá no se repita con pueblo alguno.


Dos líderes silenciosos
Uno de los momentos más tristes y reconfortantes a la vez durante un entierro judío, es aquél que dedicamos en el lugar de la sepultura a modo de vidui (confesión). En ese momento se manifiesta un pedido de disculpas al fallecido por los daños u ofensas que alguna vez pudimos haberle ocasionado y que quedaron en el tintero, como así también perdonamos cualquier ofensa que de él o ella pudimos haber recibido sin su debida disculpa. Con esto, intentamos saldar las deudas morales y cumplir así entre mortales la máxima celestial de que la muerte – entre otras ocasiones – expía todos los errores de una persona.
Digo que es uno de los momentos más tristes y reconfortantes, porque el corazón juega muchas veces en ese momento su papel más duro, al sentir culpas o dolor por lo que ya no podrá ser dicho o reconocido personalmente. Sin embargo, saber que desde algún lugar del alma lo estamos reconociendo, causa también algo de alivio.
En ese sentido, el Talmud afirma “deamar rab Jama bar Janina: Gdolim tzadikim bemitatán ioter mibjaiehén”, es decir, que los justos son más grandes en su muerte que en su vida (Babli Julín 7b). Debo confesar que esta afirmación siempre me generó mucha inquietud, ya que si se refiere a su muerte terrenal, en la historia podemos encontrar numerosísimos casos de grandes hombres y mujeres que han sido reconocidos en vida por todo lo que han hecho por este mundo.
Pero estudiando Jukat, la parashá de la semana, hallamos dos casos clave: el fallecimiento de Miriam y la muerte de Aharón, los dos hermanos de Moshé.
Aharón y Miriam ocuparon lugares centrales dentro del pueblo, en especial Aharón como sacerdote. Sin embargo, si leemos la Torá de principio a fin, notamos que no tienen el protagonismo que cualquier “guionista moderno” les daría siendo tan importantes, sino más bien un lugar secundario. De acuerdo al midrash, por gracia de Miriam el pueblo tenía agua para tomar en el desierto y era una fuente de optimismo. Además, se le atribuye el haber incentivado y salvado la vida de Moshé en su nacimiento. Aharón, además de ser el sacerdote del pueblo, se ocupaba de acercar a las personas y hacer que los enemistados se reconcilien.
Y sin embargo son secundarios. Fijate: Moshé es nombrado casi 620 veces en toda la Torá, pero Aharón algo más 220 y Miriam tan solo doce. Si hasta Koraj, el oportunista de la parashá de la semana pasada es nombrado casi venite veces, ¿Cómo puede ser que Miriam sea nombrada tan solo doce veces?
Es cierto. En vida quizás no se los consideró tanto. Tal vez no se observaba la importancia de su labor. Pero cuando muere Aharón, el pueblo lo llora por treinta días, mientras que el agua comenzó a escasear tras la muerte de Miriam. Otro dato interesante: En el Talmud (los comentarios de nuestros sabios sobre la Torá), se incrementa en un 233% las veces que Miriam es mencionada, 42% las de Aharón y tan solo un 11% las de Moshé!
Decía a propósito de rab Jama bar Janina, que los grandes hombres y mujeres de la historia son frecuentemente reconocidos en vida. Pero los más pequeños – como la mayor parte de tus seres queridos – se conformarían tan sólo con el reconocimiento que vos o yo podamos hacerles hoy. ¿Qué esperamos, entonces, para no dejar más asuntos en el tintero?
Sem. Sebastián Grimberg, COMUNIDAD EL JAI, Buenos Aires, ARGENTINA