martes, 26 de agosto de 2008

LA PARASHA DE LA SEMANA


Torá: Devarim (Deuteronomio) 11,26-16,17
Haftará: Shmuel Alef (I Samuel) 20,18-42

PARASHA REE
Abriendo la mano
“Si hubiere entre ti mendigo...abrir, abrirás tu mano a él” (Devarim 15:7-8). Cincuenta y cuatro mitzvot son mencionadas en Parashat Reé, entre ellas varios preceptos referidos a la Tzedaká. Respecto a esta mitzvá, se nos cuenta en el Tratado de Baba Batra (10a) una historia por demás curiosa. Rav Papa, unos de los más reconocidos sabios de Babilonia, estaba subiendo la escalera y -súbitamente- ésta se rompió poniendo en peligro su vida. Le dijo Jía bar Rav Mi-Difti: ‘¿Acaso vino un pobre a ti, y no le diste sustento?’. La conclusión de Jía bar Rav Mi-Difti resulta sorprendente: ¿Qué relación hay entre una escalera rota y la miztvá de Tzedaká? Muchos siglos después de aquel singular hecho, Rabí Eliahu, el Gaón de Vilna respondió a este interrogante: ‘Los signos de cantilación’ de las palabras ‘abrir, abrirás’ son ‘Dargá-Tevir’ que significan ‘escalera rota’. Nos hallamos en vísperas del mes de Elul, tiempo en el cual incrementaremos nuestras Tefilot, nuestra Teshuvá y nuestra Tzedaká. A lo largo de las generaciones, las fuentes hebreas han vinculado al precepto de la Tzedaká con la prolongación de los días del hombre. Se nos dice, por ejemplo, que "la Teshuvá, la Tefilá y la Tzedaká atenúan la severidad del veredicto divino" y en el libro de Mishlei se va incluso más lejos cuando se nos enseña que "la Tzedaká salva de la muerte" (Mishlei 10, 2). ¿Qué significa todo esto? Hemos conocido a muchos malvados a quienes la vida les ha sonreído y suben escaleras sin inconveniente alguno, mientras que otros hombres piadosos y justos han vivido vidas de infortunio. ¿Cómo debemos interpretar todos estos pasajes? Permítanme compartir con ustedes una historia real. Natan Strauss, un conocido filántropo judeo-americano, visitaba Israel (por entonces Palestina) junto a su hermano mayor Isidor en el año 1912. La leyenda cuenta que el impacto emocional que recibió Natan Strauss fue mayúsculo: solo vio en Palestina pobreza, sufrimiento y enfermedad y decidió que era hora de ayudar. Según cuentan sus biógrafos, Natan Strauss donó dos terceras partes de su fortuna para diferentes proyectos en Eretz Israel: hospitales y centros de asistencias a los necesitados fueron sólo algunas de sus obras. Una calle en el centro de Jerusalén, lleva su nombre e incluso una bellísima ciudad en Israel que perpetúa su memoria: la ciudad de Natania. La historia cuenta que en aquella oportunidad Natán Strauss había llegado a Israel de paso, en el marco de unas vacaciones a Europa que estaba emprendiendo con su hermano. Pero era hora de regresar; su hermano insistía con la fecha: el 10 de abril de 1912 tenían que estar en el puerto inglés de Southampton para tomar el barco de regreso a EEUU. Natán Strauss –cuenta la historia- prefirió quedarse en Tierra Santa; el panorama en Palestina era demasiado lúgubre como para que él regresara. Ese 10 de abril de 1912, su hermano Isidor llegó hasta ese puerto inglés y junto con su mujer subió al barco que los esperaba para regresar a casa. Dicho barco quedaría incorporado a una de las páginas más lúgubres de la historia del siglo XX. Su nombre era el TITANIC. Natan Strauss se quedó en Palestina... Desconozco como funciona el ajedrez celestial. A menudo resulta tranquilizante y reconfortante el pensar que existe relación entre el precepto de Tzedaká, el estado de las escaleras en Babilonia y la ubicación de los icebergs en el océano. Los caminos de Di-s -ya se nos ha enseñado- son ocultos a los ojos del hombre. Lo que sí estoy convencido es que dichos actos de benevolencia, como los mencionados en la biografía de Natán Strauss, son los que le dan a nuestra vida un halo de inmortalidad. Quiera Di-s que a partir de este mes de Elul que se inicia, podamos llevar a cabo una vida de entrega y de buenas obras.
Rab Gustavo Surazski