sábado, 2 de agosto de 2008

SOBRE JUDAISMO

Judíos legítimos, judíos medievales
Una propuesta del diputado y rabino Mijael Melchior, aprobada recientemente por la Knéset, se me ocurre como la más lógica y natural, quizás por haber pasado mi infancia y adolescencia en Argentina, y también como la de menos probabilidades de éxito, quizás por haber pasado mi post adolescencia y madurez en Israel.La propuesta ha inaugurado una nueva corriente educativa a las ya existentes, y propone una combinación de las corrientes laica estatal y religiosa estatal. Los judíos que estudiamos en la red educativa judía de Argentina hasta hace unos años, somos de hecho resultado de una corriente de ese tipo. En mi caso particular se trataba de dos establecimientos separados: un colegio en el cual no se impartía nada que se le parezca a la religión y era todo ciencias, humanidades e idiomas (y educación física, por supuesto), al que acudía de mañana, y otro en el cual no había nada que no sea judío, desde el idioma que se hablaba en su perímetro y hasta la historia y los textos que se leían. No había contradicción entre ambos, más bien se complementaban. En colegios integrales, mis dos colegios quedaban integrados en el mismo edificio, separados por el almuerzo que dividía entre las disciplinas estatales a la mañana y las judaicas a la tarde.Ese alumnado, que concurría a los estudios judaicos en forma voluntaria ya que sólo los estatales eran obligatorios, era judío hasta los tuétanos. Sin embargo, sólo un pequeño porcentaje era religioso y cumplía los preceptos, pese a que todos los conocían. Para el actual presidente de AMIA -según su indignante definición, que reduce al judaísmo a su mínima expresión- no eran judíos auténticos.Con una mentalidad menos atrasada que la que refleja esa definición, se puede constatar que el problema judío de nuestro tiempo consiste en nuestra creciente incapacidad de lograr en una escala mundial, que incluya a Israel, el éxito obtenido con esos judíos no auténticos como yo: una fuerte identidad judía cimentada en las bases de su cultura, que acompaña a una educación laica abierta a la filosofía y a la ciencia.Es un problema, porque el judaísmo tradicional hasta mediados del siglo 19 conocía sólo el judaísmo puramente religioso, bien auténtico para satisfacción del presidente de AMIA. En esa sociedad, uno de los pecados capitales consistía en que un joven fuese sorprendido leyendo, por ejemplo, a Spinoza. Eliezer Perelman, después Ben Yehuda, fue expulsado de su casa por ese delito. Hasta unas décadas anteriores a él, quien dejaba de vivir en comunidad o de practicar los rituales judíos, dejaba también de ser judío. Ni él ni los judíos lo consideraban ya parte del pueblo. Pero desde mediados del siglo 19 fue creciendo ese sector, hoy amplia mayoría en el mundo judío, de judíos no practicantes que, pese a ello, siguen siendo judíos: ellos mismos así se consideran y también los propios judíos y por supuesto los gentiles.Esos judíos, amplia mayoría también en Israel, tienen asegurado su futuro como tales gracias al sionismo y a la existencia de este estado. No me refiero al aspecto físico, sino decididamente al cultural, al que hace en forma directa a la identidad judía. Tenemos el privilegio de pertenecer a una generación que vive el judaísmo y lo recrea. Toda la renovada cultura hebrea que vemos en este país, de una riqueza deslumbrante, es casi totalmente una cultura judía no religiosa, desde su poesía y literatura y hasta sus danzas y su teatro.Habiendo sido los abanderados, la vanguardia del movimiento político, social y cultural más importante de la vida judía en los últimos dos mil años de historia, ¿cómo es que permitimos que alguien como el presidente de AMIA declare impertinencias como las que dijo en el reportaje al diario Clarín? Después de todo, debemos tomar conciencia que lo único auténtico en esas declaraciones sobre autenticidad, es su propia soberbia. Pero hay gente ignorante que quizás por inseguridad o incluso por culpa, siente que de verdad el auténtico es él, cuando de hecho es sólo un ignorante.Para eso necesitamos que nuestros hijos conozcan nuestro tesoro cultural, nuestros libros, nuestras tradiciones, nuestra filosofía, nuestra literatura, nuestra increíble capacidad de adoptar tradiciones de otros cuando las creemos de valor. Eso no habrá de suceder con la nueva corriente, por la sencilla razón de que los sectores religiosos no se integrarán a ella, porque tienen miedo y con razón.Tienen miedo que sus hijos, deslumbrados por la belleza del mundo que hoy se les niega, vean la luz, como la vio Bialik en su famoso poema, y comiencen a hacer preguntas en lugar de limitarse a aceptar respuestas. Tienen miedo de que descubran que la mujer para el mundo ilustrado ya no es un oscuro objeto de deseo cuya sola presencia despierta los más bajos instintos, sino un ser pensante, digno, capaz de reivindicar sus derechos y de practicar todos los preceptos a la par del hombre, en tanto que ellos quieren seguir separados, agradeciendo los hombres a Dios en su oración cotidiana "que no me has hecho mujer''.Hay un elemento primitivo en la ortodoxia religiosa judía, como en todas las ortodoxias de todas las religiones, un elemento que se opone a lo que en Occidente llamamos con justicia el gran progreso, el que eliminó la esclavitud, la poligamia, la discriminación racial y la inferioridad femenina. Hay un sector de la ortodoxia, el que adhirió históricamente al sionismo, que pretende conciliar entre los mundos y Melchior es quizás uno de sus mejores exponentes. Pero ese sector es cada vez más minoritario y se siente también él como "no auténtico'' frente a la ortodoxia conservadora.Problema de ellos. El problema nuestro, es que debemos fortalecer dos aspectos importantes de nuestra identidad, que están muy descuidados. Uno es el judío. Otro es el de los valores universales que compartimos con Occidente.No podemos esperar a que una mayoría de padres decida, según la propuesta de Melchior, que la escuela de sus hijos adopte la nueva corriente. Además, ello significaría que los otros, los de los colegios laicos comunes, no tienen que estudiar ninguna parte judía. Es un error. No tenemos nada que temer a textos como la Biblia, el Talmud, Maimónides y tantos otros. Tenemos que seleccionar lo mejor de ellos y enseñarlo en forma curricular. Claro que seleccionaremos: vamos a enseñar todo lo que consideramos bueno, noble, humano y edificante en nuestras fuentes.Pero no menos importante es saber rechazar con decisión a quienes faltan el respeto a nuestros otros valores, los humanos, supuestamente en nombre de valores judaicos, como si hubiera contradicción entre ellos. Cuando un grupo de cavernícolas en la Knéset exige que las mujeres no participen del coro que canta el himno nacional, porque la voz de la mujer es un órgano sexual que incita al pecado y eso en el supuesto nombre del judaísmo, debemos responder así de sencillo: para nosotros la voz de la mujer es tan armoniosa y deliciosa como la de los varones, de manera que cantarán, y si tienen ustedes inconvenientes con ello pueden salir de la sala y que el pueblo vea cuál es su actitud y juzgue.Debemos entender que la claudicación en estos aspectos puede ser mucho más ofensiva para la gran mayoría de la población del país, que lo que podría ser lo contrario para esa minoría que a fuerza de presiones insiste en llevarnos a la Edad Media, y encima alega, con una desfachatez ya increíble, que eso es judaísmo legítimo y lo nuestro no.
Mario Wainstein