miércoles, 24 de septiembre de 2008

LA PARASHA DE LA SEMANA

PARASHA NITZAVIM

NO ESTA EN LOS CIELOS

Existe una gran diferencia entre la sensación que nos embarga en los días de Pesaj, al inicio de la primavera y las sensaciones que experimentamos en estos días de fiesta que se avecinan, al asomar el otoño en hemisferio norte.

Cuando llega Pésaj, uno comienza a experimentar deseos de ponerse en contacto con la tierra.

La naturaleza nos invita. Las flores comienzan a cubrir la tierra, el verde de las montañas nos llama y la brisa de la primavera nos llama a “conquistar la tierra” con nuestros pies.


Cuando -seis meses después- llegan los Iamim Noraim, ya no es la tierra la que queremos conquistar. En esta época del año, nos ocupamos -más bien- del otro extremo de la escalera de Iaakov; cuando llega jodesh Elul, es el cielo el que queremos tocar.

Son tiempos de mucha rujaniut (espiritualidad), en los que muchas cosas se mueven en nuestro interior al son de las melodías de los Iamim Noraim que lentamente comienzan a sonar...


Y lentamente nos iremos vistiendo de ángeles, hasta llegar al día de Yom Kipur en el que alejados de todos nuestros placeres corporales, volamos como ángeles al servicio de Dios.


Y previo a los estos celestiales jaguim, leemos Parashat Nitazvim.


Siempre -todos los años- Parashat Nitzavim es la sección que se lee el Shabat anterior a Rosh Hashaná.

Y en ella aparece un pasuk con tono de advertencia:

Lo BaShamaim Hi (No está en los cielos).

“No te quedes en el Cielo”, parece advertirnos la Torá previo a este retiro espiritual de diez días que se inicia con Rosh Hashaná.


Existe en hebreo la expresión Ieridá LeTzorej Aliá.

En la vida existen momentos de crecimiento, momentos de meseta y momentos de depresión, en todos los órdenes de la vida.


Pero cuando una depresión es sucedida por un gran crecimiento, a eso se lo llama Ieridá LeTzorej Aliá (Descenso imprescindible para un posterior ascenso).

Se cae –es cierto- pero para subir aun más alto de lo que estábamos. La caída no es otra cosa que el impulso necesario para seguir creciendo.


Si me permiten, deseo patentar hoy una nueva expresión.

Los Iamim Noraim, no son otra cosa que una Aliá LeTzorej Ieridá (Ascenso imprescindible para un posterior descenso).


Subimos al Cielo por diez días, o –al menos- intentamos tocarlo con nuestras manos.

Pero en realidad subimos para poder después pisar mejor sobre la tierra.

Lo BaShamaim Hi, nos dice la Torá.

No está en los Cielos.

Aprendan a bajar…No se queden ahí.


La Torá nos cuenta al inicio de Parashat VaIetzé que los ángeles del sueño de Iaakov subían y bajaban por aquella ya mítica escalera.


Si son ángeles –preguntan los comentaristas - ¡debieran bajar y luego subir! No al revés.

¿Qué nos quiere enseñar la Torá a través de esta aparente contradicción?

Tal vez nos quiera enseñar que ese es el camino a seguir: Tocar el Cielo, pero para regresar a la tierra.

Aprendan de los ángeles, nos dice la Torá.

Lo BaShamaim Hi.


Cuenta una historia que el célebre Sherlock Holmes y Watson se fueron de camping.

Después de una buena cena y una botella de vino se despidieron y se fueron a dormir.

Horas más tarde, Holmes se despertó y codeó a su amigo.

“Watson, mira el cielo y dime qué ves”.

Watson meditó solo un instante y contestó: “Veo millones y millones de estrellas”.

“¿Y eso que te dice?”, preguntó Holmes.

Watson reflexionó un par de minutos y respondió:

“Astronómicamente, me dice que hay millones de galaxias y potencialmente billones de planetas...

Astrológicamente, veo que Saturno está en Leo...

Cronológicamente, deduzco que son aproximadamente las tres y diez...

Teológicamente, puedo ver que Dios es todopoderoso y que somos pequeños e insignificantes...

Meteorológicamente, intuyo que tendremos un hermoso día mañana...

“¿Y a usted que le dice Sherlock?”, preguntó Watson.

El detective encendió su primer pipa del día y respondió con calma: “Muy bien no sé qué me dice…Pero hay algo que sí se: ¡Nos robaron la carpa!”.

Lo BaShamaim Hi.


No se queden en el cielo; sólo estamos allí de prestado.

Miremos para abajo, que es aquí donde nos reclaman…

Rab. Gustavo Surazski