lunes, 22 de septiembre de 2008

UN MENSAJE DE IAMIM NORAIM


Mensaje
para los
Yamim Noraím
5769
Por Rab Carlos Tapiero

Rosh Hashaná es - y debe ser – el llamado a encender el fuego de nuestras emociones; a redescubrir la chispa divina que, según el Zohar, habita en nuestros corazones; a romper con nuestro materialismo, con nuestra superficialidad, con nuestra vanidad, con nuestra miopía espiritual, con nuestra falta de aspiraciones y de metas. Rosh Hashaná es y debe ser el motor para recuperar nuestra sensibilidad y nuestra rebeldía, ya que, sin ellas, difícilmente podamos operar cambio alguno en nuestras existencias.
El Talmud cuenta una historia maravillosa, que tiene como protagonista a Rabi Yosi:" Una noche, Rabi Yosi estaba caminando por una calle, y se encontró con un ciego en su camino. Algo absolutamente inusua1 - absurdo, quizás - conformaba el cuadro que se presentaba frente a sus ojos: el ciego portaba una antorcha en su mano. E1 rabino, sorprendido por el aparente sinsentido de la situación, no dudó en aproximarse al hombre para inquirirle acerca de su comportamiento. EI ciego, sin percatarse de que se dirigía a uno de los grandes sabios judíos de esa generación, respondió cándidamente: 'Amigo mío: es verdad que yo no puedo ver ni disfrutar de la luz de esta antorcha... ¿pero acaso Usted no esta gozando de ella? Mientras tenga una antorcha en mi mano, 1as personas distinguirán mejor su camino, y, a la vez, podrán verme. Teniendo ellas piedad de mí, entones, se acercarán como Usted lo ha hecho ahora, y me salvarán de los obstáculos, de las trampas y de los malvados que acechan a un hombre con mis limitaciones. Necesito de la luz para ser ayudado, y, a1 mismo tiempo, para poder ayudar a los demás' ". Tan singular resultó esta anécdota para Rabi Yosi, que quiso dejarla registrada en las hojas de nuestro santo Talmud, con el propósito, quizás, de que aprendamos a encender antorchas para traer luz a nuestras vidas y a las de los demás. Hay algo mágico en los Yamim Noraím. EI aire tiene otra densidad; nuestros corazones laten con mayor intensidad; nuestros espíritus comienzan a estremecerse con las melodías tradicionales que los caracterizan. Hay algo especial que nos convoca y que nos desafía a reconectarnos con nuestra interioridad. En unos días ingresaremos en otro Rosh Hashaná en nuestras vidas, y nos sentiremos agradecidos con nuestro Creador. Hemos experimentado muchos y muy buenos momentos en el año transcurrido: momentos de alegría y de emoción, de risas y cantos, de amistad y de amor. Algunos de entre nosotros atravesamos también por situaciones de tremendo dolor y desamparo, de perdidas de seres queridos, de rupturas de hogares y de amistades, de quebrantos de salud. No obstante, unos y otros, quienes sumaron más instantes de felicidad que de dificultades, y quienes fueron puestos a prueba en el año que está ya por fenecer, todos estamos sensibles y sensibilizados, dispuestos a acercarnos a Dios, a nuestra Comunidad, a nuestro pueblo, revisando nuestras acciones e inacciones. Como el ciego de nuestra historia, necesitamos de la luz de las almas de los demás y de las nuestras para poder recuperar el sentido de lo verdaderamente importante, trascendente, significativo y substantivo. Inspirados por el llamado de Rosh Hashaná, iniciamos la recuperación de nuestra conciencia de lo valioso y perenne en nuestras existencias frente a lo fatuo y fugaz. Desandando los pasos de la tan común superficialidad de Occidente, nos desafiamos una vez más en la oportunidad que Rosh Hashaná nos brinda para reencontrarnos con nuestras almas adormecidas y con nuestros espíritus anestesiados; para devolver a nuestros seres esos corazones que, de tanto de ocuparse de lo intrascendente, han dejado de sentir como antaño, de emocionarse con lo simple y milagroso de la vida, de conmoverse con las bendiciones que nos acompañan día a día. Quiera Dios que podamos disfrutar de la luz de quienes nos acompañan hoy y todos los días de nuestra vida. Quiera Dios que aprovechemos estos Días de Conmoción para replanteamos nuestro presente y nuestro futuro. Quiera Dios que sepamos distinguir en los próximos meses lo verdaderamente importante - nuestros afectos, nuestra familia, nuestra Comunidad, nuestro Macabi - de lo intrascendente y vano en lo que perdemos la mayor parte de nuestro tiempo. Quiera Dios que seamos capaces de recuperar en este 5769 las metas y los propósitos que una vez - de adolescentes, quizás - nos hicieron emocionar y soñar con un mundo mejor. Y quiera Dios que tengamos un año maravilloso, lleno de dicha, de alegrías, de reflexión y de crecimiento. Con nuestros mejores deseos,

¡¡¡LeShaná Tová ticatevu vetejatemu!!!

El Rabino Carlos A. Tapiero es Vice-Director General & Director de Educación Unión Mundial Macabi.