sábado, 13 de septiembre de 2008

¿UN SUPER HEROE JUDIO ?


Estamos en épocas de comunicaciones rápidas y fluidas, épocas en que se están produciendo asombrosas y extraordinarias revelaciones y una de ellas se relaciona con uno de los secretos mejor guardados hasta ahora: Superman, el hombre de acero, es judío.
Los creadores de Superman fueron dos adolescentes judíos de Cleveland, Estados Unidos llamados Joe Shuster y Jerry Siegel en 1933, en una época donde el otrora emblema de los débiles del mundo, el pueblo judío, estaba amenazado por la destrucción proveniente de Hitler y el nazismo.
Kal-El (La voz de Dios) proviene del planeta Kriptón, Jor-El (Hoyo de Dios) era su padre, un sabio científico que advirtió de la inminente destrucción de Kriptón, pero nadie lo escucho, a semejanza de los profetas de Israel que anunciaron la destrucción de su patria y la diáspora de su pueblo.
Como vemos, su planeta de origen fue destruido por una gran catástrofe y Superman se salvó en un arca que fue enviado por su padre al planeta Tierra, tal como Moshe fue salvado de una muerte segura al ser enviado por su hermana Miriam en una cesta de mimbre a través del río Nilo y adoptado por una princesa egipcia convirtiéndose así en miembro de la familia real.
El bebé de Kriptón fue encontrado y adoptado por los Kent, una familia de campesinos, quienes lo llamaron Clark Kent. Al crecer, Clark fue descubriendo habilidades y poderes sobrehumanos. Clark se convierte en Superman, haciendo uso de sus asombrosos poderes para luchar por la verdad y la justicia.
Ya mayor, Clark es reportero del periódico El Planeta y un notable escritor de libros en la ficticia ciudad de Metrópolis. Es un refugiado de un mundo distante y destruido, adaptándose como puede a esa nueva sociedad adoptiva.
Vive en la diáspora, esa Tierra que es su planeta de adopción, que aunque ame, sigue añorando su planeta de origen Kriptón. Su existencia esta desgarrada entre dos mundos muy distantes y diferentes y tiene dos identidades, en la cotidiana rutina es débil, tímido y temeroso pero cuando tiene que actuar por sus verdaderos objetivos, la justicia y la razón, se transforma en un súper hombre, en el hombre de acero, en el paladín de la ética y de la justicia.
Tiene dos nombres, Kal-El es su verdadera identidad de origen y Clark Kent es su presencia cotidiana en una nueva sociedad donde se encuentra inmerso, percibiendo desde muy joven de que es especial, distinto, con habilidades que no posee la gente que le rodea, pero la diferencia, además de ser el hombre de acero, es también espiritual, ética y cultural.
Los ciudadanos bien intencionados lo admiran y valoran pero los malvados villanos lo odian y trabajan incansablemente para destruirlo aunque nadie conoce su verdadera esencia, su origen y sus proyectos futuros.
Para poder mantener sus atributos especiales debe vivir de acuerdo a ciertas leyes fundamentales, no puede estar en contacto con la kriptonita verde, la principal arma de sus archienemigos, porque lo debilita y puede llegar a matarlo.
Sin lugar a dudas, la misión de Superman en la Tierra es muy clara y precisa, es utilizar todos sus superpoderes para defender a toda la humanidad de los enemigos de la verdad, de la justicia y de la libertad, con una eterna gratitud a esa Tierra y a esa familia Kent que lo cobijaron y lo protegieron y así algún día retornar y volver a reconstruir ese viejo planeta destruido que fuera su hogar ancestral de origen: Kriptón o el Israel terrenal.
Cualquier semejanza comparativa entre la ficción fantasiosa del hombre de acero y la realidad de la epopeya gloriosa del pueblo ancestral que fue expulsado de su Tierra Prometida hace 2000 años atrás, dispersa y débil en su obscura diáspora y que logra reconstruir su hogar nacional en su Kripton añorado puede ser pura coincidencia. ¿O no?
De lo que realmente, yo no tengo ningún lugar a dudas es que el hombre de acero es realmente Judío.
Dr. Guido Maisuls