jueves, 23 de octubre de 2008

COMENTARIO DE LA PARASHA HASHAVUA


LA VOZ
Todas las mañanas, los judíos rezamos "Baruj SheAmar VeHaiá HaOlam" - "Bendito sea aquel, que habló y el mundo se hizo". ¿Qué significa esto?
Si bien para gran parte de la humanidad "La Voz" con "V" mayúscula fue la del célebre Frank Sinatra, los judíos afirmamos cada mañana que la "Voz", con "V" mayúscula no es otra que la de Dios. ¿Qué tiene de especial la voz de Dios?
Todos tenemos en mente una remota noción de lo que puede ser la voz de Dios. Una voz grave y poderosa en off que suena en la pantalla del cine y que dice "Moiseeeeees, soy el Dios de tus padres". Pero eso ocurre únicamente en las películas...
La voz de Dios tiene en la tradición judía dones creativos. Dios pone orden en el caos y crea el mundo utilizando su voz. Dios dice: "Que se haga la luz"; y la luz se hace... Dios creó al mundo hablando. Cada detalle, cada estrella, cada planta, cada río, fueron ubicados en su lugar por medio, y por fuerza de su voz. Cierto es que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y que debemos imitar sus atributos. Sin embargo, nuestras voces carecen de estos dones creativos. Nos podremos levantar por la mañana y decir "¡Que se haga la cama!", y la cama no se hará. Sería formidable, pero no funciona... Los humanos hemos sido programados para acompañar nuestras voces, con nuestras manos. Nuestras intenciones con nuestra acción. Nadie cambia una conducta errada diciendo "Voy a cambiar", así como nadie adelgazará por decir "Voy a comenzar una dieta". Si no ponemos manos a la obra, la cama quedará deshecha, nuestras conductas seguirán torcidas y nuestro peso seguirá siendo el mismo. Durante este mes de Tishrei en el que nuestras voces fueron protagonistas, podremos tentarnos y creer que a nosotros también - como a Dios - nos alcanza con hablar para hacer... Golpeamos nuestros pechos, confesamos nuestras fallas, clamamos por la ayuda de Dios mediante las Hoshanot en Sucot. Llega la hora de hacer un ayuno de palabras y poner manos a la obra y para renovarnos en este nuevo año. La palabra hebrea "Divur" que significa "Habla", tiene la misma raíz idiomática que la palabra "Midvar" que significa desierto. Las palabras sin acciones, son áridas como el desierto. La voz sin movimiento, de poco sirve. El año comienza, manos a la obra.
A la espera del "Hineni" Cuando analizamos el relato de la Creación, y observamos las conductas de las primeras generaciones, notamos que el hombre nació evadiendo responsabilidades. Adam, habiendo ya comido del fruto prohibido, oyó la voz de Dios que le preguntaba: "¿Acaso has comido del árbol?". El hombre no admitió culpas: "La mujer que me diste me dio de ese fruto". Tampoco la mujer aceptó cargos: "Fue la serpiente", dijo. "Ella me sedujo y comí". Cain acababa de asesinar a su hermano Abel y oyó la voz de Dios que le dijo: "¿Dónde está tu hermano?". Y Cain - bien educado por sus padres a la hora de evadir responsabilidades - dijo: "¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?". Esta insensibilidad por la vida del otro continuará en Parashat Noaj. Toda una generación iba a ser borrada de la faz de la tierra. Sólo Noaj y los suyos quedarían libres de cargos. Sin embargo Noaj, hombre justo y probo a los ojos de Dios, evitó interceder por aquellos que estaban condenados.
La Torre de Babel es otro claro ejemplo. Se dice que si un ladrillo caía desde lo alto, todos lloraban. En cambio, si el que caía era un hombre, el accidente era visto con indiferencia. Según parece, Dios estaba buscando desde el mismo momento de la Creación, a aquel hombre que pudiera ser portador de su palabra y de su mensaje. Dios le pregunta al primer hombre "Aieka" - ¿Dónde estás? - y sólo recibirá respuesta veinte generaciones después, con el nacimiento de Abraham, el primero en responder "Hinení" - Aquí estoy. El primer hombre en sentirse un auténtico guardián de su hermano. Adam fue sin dudas el primer hombre... Pero el primer "mentch" fue Abraham Avinu.