lunes, 13 de octubre de 2008

SUCOT: EXTRAIDO DEL SITIO DEL JOINT


Ushpizin y ushpizot: historias para la Sucá
La fiesta de Sucot es zman simjateinu, tiempo de regocijarnos. Es un tiempo para construir una sucá, esa choza precaria y temporaria donde celebramos y vivimos, recordando las cosechas y los viajes. Con alegría construimos la mejor sucá posible, la decoramos de las maneras más hermosas que podemos, y preparamos comidas deliciosas. Desde luego, la celebración está incompleta sin invitados. Es mucho más divertido celebrar con otros, y la fiesta adquiere un significado más profundo cuando es compartida. Sucot es la mejor oportunidad de cumplir con la mitzvá de hajnasat orjim, dar hospitalidad al huésped. Pero en Sucot no solo invitamos a nuestros amigos y familiares. Una costumbre de Sucot muy popular en la Edad Media, basada en el texto místico conocido como Zohar, era recibir en la sucá invitados “invisibles” junto con los “visibles”.
“Cuando te sientes en la sucá, ‘la sombra de la fidelidad’, la Shekina extiende Sus alas sobre ti y... Abraham, otros cinco justos y el Rey David habitan contigo... Por eso tu semblante debe resplandecer de alegría cada uno de los días de la fiesta, en compañía de los invitados que habitan contigo...” (Zohar Emor, 103b).

Cada noche de Sucot, se decía una plegaria para pedir a una figura bíblica que visitara la sucá. Los siete ushpizin –invitados– solían ser Abraham, Isaac, Jacob, Moshé, Aarón, Iosef y David.
Diversas tradiciones, tanto medievales como modernas, también convocan a invitadas, o ushpizot, a la sucá. Según la tradición del cabalista medieval italiano Menachem Azariah de Fano, las ushpizot son Sara, Miriam, Débora, Ana, Abigail, Julda y Ester, porque estas mujeres aparecen en el Talmud como profetisas. Otras tradiciones incluyen a figuras bíblicas como Rebeca, Lea, Raquel, Diná, Tamar o Rut. Asimismo, otras incluyen a una serie de mujeres importantes de la historia judía como Dona Gracia de Nasi, Emma Lazarus y Hannah Szenesh. (1)
A los niños les encanta ir de visita y recibir invitados. “¿Puedo ir a jugar a la casa de Sophie?” “¿Cuándo vienen los abuelos?” Cuando suena el timbre, van corriendo a abrir la puerta. Cuando un invitado visita el aula de la escuela, todos se reúnen en torno a él, entusiasmados. En un programa para niños en la primera infancia, Sucot es un período de gran agitación, porque se construyen y se decoran sucot en las aulas y fuera de la escuela. Para cuando llega Sucot, los niños tuvieron tiempo suficiente de adaptarse a su nuevo curso y están listos para mostrar lo que hicieron. Suele ser una oportunidad de invitar a la escuela a los familiares, abuelos y amigos especiales. Pero estos no deberían ser los únicos invitados a la sucá.
Invitar a ushpizin y ushpizot cada día eleva y aumenta la alegría de Sucot. Incluir en la celebración de Sucot a figuras judías como Abraham, Miriam, el rey David y la reina Ester conecta al niño sentado en la sucá con los actos de valentía y la sabiduría de estas figuras. Con la celebración de Sucot, nuestro objetivo es inculcar a los niños las ideas importantes de hajnasat orjim y la enorme amplitud de la historia judía. Somos parte de una larga cadena de personas judías increíbles, parte de una relación muy larga con D’s. Ayudamos a fortalecer la cadena convocando invitados a la sucá, tanto a las generaciones de carne y hueso –amigos, padres y abuelos– como a las generaciones “del pasado remoto”, personas de quienes contamos las historias en lugar de tomarlas de la mano.
Cuando los niños visitan una sucá, el recorrido está lleno de canciones, apretones de manos, aromas, decoración; es un momento que genera mucho entusiasmo. En medio de toda esta actividad, es un poco difícil concentrarse en los invitados “invisibles”. Los niños y los maestros pueden recibir a los ushpizin con el mismo ritual cada día; puede ser una canción (“Vengan todos, vengan todos, ushpizin, ushpizin. Siéntense en la sucá, siéntense en la sucá, din don dan, din don dan” con la melodía de Frere Jacques, por ejemplo) o un fragmento de la bendición tradicional, como “¡Ti-vu, ti-vu, ushpizin!” (oifityE` Eaiz Eaiz, ¡Siéntense, siéntense, invitados!). Se debe presentar a los ushpizin de manera llamativa, tal vez incluso con elementos de utilería y actuando un poco. Tienen que tener una historia. A continuación incluyo historias para la lista tradicional de ushpizin así como la lista de ushpizot que me pareció más relevante y conocida para los niños, concretamente, Rebeca, Raquel, Lea, Miriam, Débora y Ester. A la mayoría de estos personajes los conocemos del Génesis, el primer libro de la Torá. Los que no aparecen en el Génesis se indican debajo del título.
Día uno: Abraham y Sara
Abraham es el primer judío y Sara, su esposa. Son los modelos de hajnasat orjim, de manera que es totalmente apropiado invitarlos a nuestra sucá la primera noche de Sucot. Aliente a los niños a hablar de por qué Abraham y Sara eran tan buenos anfitriones, y de cómo ellos también pueden ser buenos anfitriones.
Un día de mucho calor, cuando Abraham era viejo, estaba sentado a la entrada de su carpa. Abraham alzó los ojos y vio a tres hombres que se acercaban a él. Corrió a su encuentro, se inclinó hasta el suelo para mostrarles respeto y les rogó que se quedaran y fueran sus invitados. “¡Te ruego que no pases de largo delante de mí! Yo traeré agua para que se laven los pies, que deben estar sucios y cansados de caminar por este desierto. Pueden descansar bajo este árbol. Les traeré un trozo de pan, porque seguro tienen hambre. Luego pueden seguir adelante.” Los tres hombres dijeron: “Está bien. Haz lo que dijiste”. Abraham corrió a llevar todo para los invitados. Fue rápidamente a la carpa donde estaba Sara. “Sara, tenemos invitados. ¡Rápido, usa la mejor harina para hacer pan y tortas!” A Sara le daba gusto ayudar y de inmediato se dispuso a trabajar. Abraham corrió hasta donde estaba el ganado y eligió un ternero tierno. Le pidió a su sirviente que lo ayudara a prepararlo. Cuando estuvo lista toda la comida, Abraham sirvió el banquete a sus invitados. Mientras comían, él se quedó de pie al lado de ellos, por si necesitaban algo más.
Cuando terminaron de comer, los tres hombres se pusieron de pie y preguntaron: “¿Dónde está tu esposa, Sara?”. Abraham les dijo: “Ahí en la carpa”. Cuando Sara oyó su nombre apoyó el oído cerca de la entrada de la carpa para oír mejor a los hombres que hablaban. Uno de ellos dijo: “Volveré a verte el año que viene, y Sara tendrá un hijo”. Sara rió de sorpresa y alegría. Pensó para sus adentros: “¡Qué sorpresa maravillosa tener un bebé siendo tan vieja!”. (Al día siguiente pueden invitar al hijo).

Día dos: Isaac y Rebeca

Isaac es el hijo de Abraham y Sara, y Rebeca es su esposa. Cada uno tiene su propia historia, que destaca sus momentos más importantes. En cada historia, un pozo desempeña un papel crucial. Rebeca
Un día, cuando Rebeca era joven, fue al pozo que había en el centro de su ciudad, con un gran cántaro de arcilla, a buscar agua para su familia. Cuando llegó al pozo, vio a un hombre a quien nunca había visto, que parecía cansado. Tenía diez camellos que también parecían cansados. Rebeca llenó su cántaro, y luego el hombre se le acercó y le dijo: “Por favor, déjame tomar un poco de agua de tu cántaro”. “Por supuesto, beba”, dijo Rebeca, y bajando el cántaro del hombro, le dio de beber. Luego Rebeca dijo: “También traeré agua para sus camellos”. ¡Esto era toda una hazaña! ¡Los camellos suelen beber mucha agua, y el agua es muy pesada de transportar! Pero Rebeca estuvo yendo y viniendo del pozo a los camellos hasta que terminaron de beber. Luego el hombre preguntó si había lugar en la casa de Rebeca para que él y sus camellos pasaran la noche. Rebeca dijo: “¡Por supuesto! Sígame”. Cuando llegaron a la casa de la madre de Rebeca, el hombre les dijo a todos que su patrón, Abraham, lo había mandado a buscar una esposa para Isaac. El hombre dijo: “Rebeca fue muy amable conmigo en el pozo. ¿Puede venir conmigo y casarse con Isaac?”. Labán, el hermano de Rebeca, dijo: “Sí”. A la mañana siguiente, el hombre dijo: “Es hora de que lleve a Rebeca para que se case con Isaac”. Pero la madre y el hermano de Rebeca dijeron: “¡Espera! Es demasiado pronto. Que se quede unos días y luego podrá irse contigo”. Pero el hombre dijo: “Debo irme lo antes posible”. Y Rebeca dijo, valiente: “Iré con él ahora”. Así que Rebeca cruzó el desierto montada en uno de los camellos. Cuando vio a Isaac, saltó del camello. Cuando Isaac oyó las cosas amables y valientes que había hecho Rebeca, la amó, y se casaron de inmediato. Isaac
Isaac, hijo de Abraham y Sara, vivía con su esposa Rebeca y sus hijos en el valle de Guerar. Años antes, el padre de Isaac, Abraham, había vivido allí, y había cavado pozos para tener agua. Los pozos se habían tapado con tierra, así que Isaac volvió a cavarlos. Cuando encontró agua en el primer pozo, las otras personas que vivían en Guerar dijeron: “¡Esa agua es nuestra!”. Isaac no quería pelear con esa gente, por eso fue a cavar a cierta distancia otro de los pozos de su padre. Cuando encontró agua, las personas fueron a decirle: “¡Esa agua es nuestra!”. Una vez más, Isaac tuvo la fuerza suficiente para no pelear con la gente, de modo que siguió avanzando. Cavó un tercer pozo y esta vez no hubo ningún altercado por el agua. Isaac le puso el nombre de Rejobot, y dijo: “¡Ahora D’s nos ha dejado el campo libre, para que vivamos en esta región!”.
Día tres: Jacob y Raquel
Jacob era uno de los hijos de Isaac y Rebeca, y Raquel era su esposa favorita. También hay un pozo en esta historia. Jacob, hijo de Isaac y Rebeca, partió hacia el país de su Tío Labán, el hermano de su madre. Cuando llegó, fue al pozo, donde la gente estaba reunida con las ovejas. Preguntó a las personas que estaban en el pozo: “¿Conocen a Labán?”. Ellos dijeron: “Sí, y aquí viene su hija Raquel con las ovejas”. Una piedra grande cubría el pozo. Cuando todas las ovejas estaban reunidas alrededor del pozo, los pastores corrían la piedra para dar de beber a los animales. Cuando Jacob vio a Raquel, se enamoró inmediatamente. Corrió la piedra del pozo para que ella diera de beber a sus ovejas. Luego la besó. Le dijo que era su pariente, y ella corrió a contarle esto a su padre, Labán. Labán se alegró mucho de conocer a Jacob, y lo invitó a quedarse en su casa. Jacob le dijo a Labán: “Quiero casarme con Raquel. Trabajaré para ti durante siete años para poder casarme con ella”. Labán dijo: “Está bien. Quédate y trabaja para mí durante siete años”. Entonces Jacob trabajó para Labán durante siete años, pero le parecieron unos pocos días, porque estaba muy enamorado de Raquel. Muchos años después Raquel y Jacob tuvieron un bebé llamado Iosef (al que pueden invitar dentro de unos días).
Día cuatro: Moshé y Lea
Moshé fue el líder que liberó al pueblo judío de la esclavitud en Egipto y los condujo por el desierto durante 40 años. Moshé recibió de D’s la Torá en el Monte Sinaí y se la dio al pueblo judío. Lea era la hermana de Raquel y también esposa de Jacob. Aunque no era la esposa preferida, le dio siete hijos. Moshé
Moshé vivió durante un tiempo pastando ovejas en Midián. Un día llevó a las ovejas más allá del desierto y llegó hasta una montaña. Allí Moshé vio una zarza que ardía sin consumirse. Moshé se apartó del camino para mirar la zarza más de cerca. D’s lo llamó desde la zarza, diciendo: “¡Moshé! ¡Moshé!”. Y Moshé respondió: “Aquí estoy”. D’s dijo: “No te acerques. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa. Soy el D’s de tus padres, el D’s de Abraham, el D’s de Isaac y el D’s de Jacob”. Moshé se cubrió el rostro porque tenía miedo de ver a D’s. D’s dijo: “Sé cuánto está sufriendo el pueblo judío en Egipto a causa de la esclavitud. Yo rescataré al pueblo judío de Egipto y los llevaré a Israel, una tierra que mana leche y miel. Te enviaré a Paró para que saques de Egipto a mi Pueblo”. Moshé tenía miedo y le dijo a D’s: “¿Quién soy yo para hacer algo tan importante y sacar al pueblo de Egipto?”. D’s dijo: “Yo estaré contigo”. Moshé dijo: “Pero tengo miedo. No puedo hacerlo. Soy torpe para hablar. ¿Y si no me escuchan?”. D’s empezó a enojarse con Moshé. D’s dijo: “Yo enviaré contigo a tu hermano Aarón y él hablará en tu nombre. Con tu bastón harás prodigios. Ve a Egipto y saca al pueblo judío”. Así que Moshé fue a Egipto. Allí se reunió con su hermano Aarón (a quien pueden invitar mañana), y con la ayuda de D’s, pudo sacar al pueblo judío de Egipto y llevarlo a la libertad al otro lado del Mar de los Juncos. Lea
Lea era la hija de Labán y la hermana mayor de Raquel. Cuando Jacob estaba por casarse con Raquel, Labán decidió que la hermana mayor debía casarse primero. Por eso, escondió a Lea bajo el velo durante la boda, y Jacob se casó con Lea en lugar de con Raquel. Jacob estaba muy molesto, por eso una semana después se casó también con Raquel. (En la época de la Torá, un hombre podía tener más de una esposa al mismo tiempo. Esa regla ya no se aplica. Pero aprendimos algo a través de Raquel y Lea. ¡Hoy en día, en las bodas judías, el novio levanta el velo de la novia antes de la ceremonia, para asegurarse de que la chica es la que debe ser! ) D’s vio que Jacob amaba a Raquel más que a Lea, por eso D’s hizo que fuera más fácil para Lea tener bebés. Con el tiempo, Lea tuvo seis hijos varones. También tuvo a la única hija mujer de Jacob, llamada Diná.

Día cinco: Aarón y Miriam
Aarón era el hermano mayor de Moshé. Miriam era la hermana de Aarón y de Moshé. El Talmud dice que ella era profetisa, y que fue ella quien predijo que Moshé nacería y liberaría al pueblo de la esclavitud. Aarón
Aarón no solo era el hermano mayor de Moshé, que le ayudó a hablar con Paró. Después de que D’s liberó al pueblo de la esclavitud en Egipto, este vivió en el desierto durante cuarenta años, aprendiendo a ser un pueblo libre. Aarón fue el Kohen Gadol, o Sumo Sacerdote, es decir que estaba a cargo de ayudar al pueblo a aprender a vivir como D’s quería. Aarón usaba ropa muy especial, para demostrar que tenía un trabajo importante. Usaba un manto dorado, turquesa, violeta y escarlata, con campanillas a lo largo del ruedo. Usaba un pectoral en el pecho, hecho de oro, con doce piedras para recordar a los doce hijos de Jacob, que luego fueron las doce Tribus de Israel. Hoy en día no tenemos un Kohen Gadol, pero vestimos las Torás como se vestía Aarón, el Kohen Gadol, para recordar cómo debemos vivir. Miriam
Cuando Miriam era chica, sus padres tuvieron un bebé, un hermanito para Miriam. El pueblo judío era esclavo de Paró en Egipto, ¡y Paró había dicho que no podía haber varones judíos! La madre de Miriam escondió al bebé todo el tiempo que pudo, y luego Miriam la ayudó a construir una cesta –un botecito– para el bebé, y a poner al bebé en el Río Nilo. Miriam se quedó cerca de la cesta y la observó hasta que vio que la hija de Paró la abría y sacaba al hermanito de Miriam. Se armó de coraje y se acercó a la hija de Paró y le preguntó si necesitaba a una persona para que la ayudara a criar al bebé. La hija de Paró se alegró de recibir ayuda, y Miriam fue a buscar a su madre, la madre del bebé. La hija de Paró le pidió a la madre de Miriam que le cuidara al bebé hasta que tuviera la edad suficiente para ir a vivir en el Palacio. La hija de Paró le puso el nombre de Moshé. Cuando Moshé creció, se fue de Egipto por un tiempo, pero volvió cuando D’s le pidió que liberara al pueblo judío de la esclavitud y lo sacara de Egipto. Moshé fue un gran líder del pueblo judío, pero Miriam también fue una gran líder. Después de que el pueblo cruzó el Mar de los Juncos, Miriam tomó su tamboril de mano –un instrumento pequeño y alegre–. Todas las mujeres tomaron sus tamboriles y Miriam inició danzas y cantos para agradecerle a D’s por sacarlos de Egipto.
Día seis: Iosef y Débora
Iosef era hijo de Jacob y Raquel. Era el hijo favorito de Jacob porque Raquel era la esposa favorita de Jacob. Débora fue la única jueza de la Biblia y la única persona magistrada que fue llamada profeta. Su historia se cuenta en Jueces 4 y 5. Iosef
Iosef era un soñador. Una vez soñó que estaba en el campo cortando trigo con sus hermanos. En el sueño, su atado de trigo se mantenía erguido, pero los de sus hermanos se inclinaban ante el suyo. Cuando Iosef les contó el sueño a sus hermanos, ellos se enojaron. Después Iosef tuvo otro sueño. En el sueño, el sol, la luna y once estrellas se postraban delante de él. Sus once hermanos se enojaron más todavía con este sueño. Para librarse de Iosef, lo vendieron como esclavo, y fue llevado a Egipto. Con la ayuda de D’s, Iosef podía interpretar sueños, decirles a las personas lo que significaban sus sueños. Poco después, Paró, el rey de Egipto, tuvo unos sueños extraños y quiso saber qué significaban. Iosef ayudó a Paró, y pronto fue designado para ayudar a gobernar Egipto. Hubo hambre en toda la región, pero no en Egipto, gracias a los sueños de Paró y a las interpretaciones de Iosef. Los hermanos de Iosef fueron a Egipto, y al final, los sueños de Iosef se hicieron realidad: sus hermanos se inclinaron delante de él. Débora
Débora era profetisa y jueza. Se sentaba bajo una palmera y las personas acudían a ella con sus problemas, para que los ayudara a resolver la verdad y solucionar sus problemas. En épocas de guerra, Débora guió a los guerreros. Le dijo a su amigo Barac lo que D’s había ordenado, y cómo librar la guerra para que terminara rápido. Débora cantaba canciones de alabanza a D’s, y ayudó a conseguir la paz en la tierra de Israel durante mucho tiempo.
Día siete: David y Ester
David fue el rey de Israel más importante. Gobernó después de Saúl, el primer rey de Israel. Su historia se cuenta en Samuel I y II. Ester fue la heroína de Purim; su historia se cuenta en Meguilat Ester, el Libro de Ester. David
David era pastor. Cuidaba las ovejas de su padre con afabilidad y sabiduría, arriándolas para que siempre estuvieran a salvo. David tocaba el arpa, un instrumento hermoso. Saúl, el rey de Israel, a veces se sentía atormentado, y mandó llamar a David para que tocara el arpa para él, para tranquilizarlo y hacerlo sentir mejor. David tocaba una música hermosa hasta que Saúl se sentía bien. D’s vio a David y decidió que debía ser el próximo rey de Israel. A Saúl no le gustaba mucho que David fuera el próximo rey, y se enojó mucho con David. David huyó de Saúl y se escondió en las colinas. Saúl y sus soldados persiguieron a David. David encontró una pequeña cueva y se metió adentro para esconderse. Saúl estaba cerca de allí. De pronto, una araña se posó en la nariz de David. David trató de quitársela, pero la araña dijo: “David, yo puedo ayudarte”. David dijo: “Ay araña, eres demasiado pequeña para ayudarme”. Pero la araña subió a la entrada de la cueva. Rápidamente tejió una hermosa telaraña que cubrió toda la entrada de la cueva. En ese momento, Saúl y sus hombres vieron la cueva. Uno de los hombres dijo: “¡Tal vez David se oculte en esta cueva!”. Pero Saúl dijo: “No, eso es imposible. Miren la telaraña que cubre la entrada. Si David hubiera entrado ahí, habría roto la telaraña”. Saúl y sus soldados se alejaron para seguir buscando a David, y David estuvo a salvo. David le dijo a la araña: “Gracias por salvarme. Ahora sé que nadie es demasiado pequeño para ayudar”. Tiempo después, David fue el sucesor de Saúl en el trono de Israel. Fue un gran rey que gobernó al pueblo con sabiduría y valor. Ester
Cuando Ester llegó a ser la reina del rey Asuero, demostró tener mucha valentía, más de la que jamás pensó que podía tener. Cuando su tío Mordejai le dijo que Hamán planeaba hacer un mal a los judíos, al principio Ester pensó que no podía hacer nada. ¿Quién era ella? Apenas una joven buena que de algún modo se había ganado el amor del rey y había llegado a reina. Pero Mordejai le recordó a Ester que ella podía cambiar las cosas y salvar al pueblo judío. Le dijo: “Tal vez llegaste a reina para poder salvar a los judíos”. Ester se armó de valor y de su fe y le dijo a Mordejai: “Ve y reúne a todos los judíos que viven en Shushán y ayunen en mi nombre; no coman ni beban durante tres días, de noche ni de día. Mis doncellas y yo también haremos el ayuno. Luego iré ante el rey, aunque no se me permite ir a verlo sin invitación. Si se enoja, que se enoje”. El rey no se enojó sino que se alegró de ver a Ester. Ella era inteligente y valiente, ¡y salvó al pueblo judío del malvado Hamán! Las historias de los ushpizin y ushpizot pueden contarse con marionetas, franelógrafos, con intervenciones de rabinos u otras personas disfrazadas, etcétera. No dudo que los educadores de niños en la primera infancia no necesitan muchas indicaciones para contar una historia. Simplemente asegúrese de convocar a estos invitados y de contar estas historias. Recree estas historias en la sucá, y dé a los niños las herramientas para que sigan recreando las historias por su cuenta y para que representen la mitzvá hajnasat orjim. Y realmente será zman simjateinu, tiempo de regocijarnos. (2)
(1) Según el Jaim Moshe haLevi en
http://www.jewishmosaic.org/torah/show_torah/42.(2) En http://www.sukkot.com/decorations.htm pueden verse carteles muy lindos con los nombres de los ushpizin y ushpizot (en hebreo e inglés) mencionados en este artículo, creados por Galia Goodman. Para más información sobre los ushpizot y para ver lindos pósters de ushpizot, visite http://www.ritualwell.org/holidays/sukkot/

Artículo por: Maxine Segal Handelman for JDC Europe. Copyright 2007.