jueves, 30 de octubre de 2008

UN ENSAYO SOBRE LA CREACION


El relato del pecado original: ¿libre albedrío o tentación?
Dr. Adolfo Roitman

La historia del pecado original (Génesis 3) es sin lugar a dudas uno de los mitos fundacionales de la cultura occidental. El relato bíblico, al igual que narraciones semejantes en otras culturas, trata un tema mítico perenne: ``la pérdida del paraíso original``. (Nota: Sobre este tema, ver el artículo de M. Eliade, ``La nostalgia del paraíso en las tradiciones primitivas,'' en: Idem, Mitos, sueños y misterios [Buenos Aires: Compañía General Fabril Editora, 1961] págs. 75-91.) El texto del libro del Génesis tiene por propósito explicar la presente condición humana, azotada por el sufrimiento, el trabajo y la muerte, como resultado del pecado contra Dios (3:16-19).Según el relato, una vez que Dios hubo creado y colocado al primer hombre en el Paraíso (Génesis 2:7-15), le impuso a Adán (Eva no había sido creada aún) el primer mandamiento de la historia humana: ``De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio'' (v. 17). Sin explicar las razones de dicha prohibición (¿acaso Dios tenía celos de su propia creación? Cf. Génesis 3:22), el Creador le ordenó a Adán abstenerse de comer del ``árbol de la ciencia del bien y del mal'', implicando con ello que la consumición del fruto habría de concederle mágicamente el don de la sabiduría (cf. 3:5-6). (Nota: Este tema es particular a la narración bíblica y no aparece en ningún relato mitológico conocido del Oriente antiguo. Sin embargo, la idea misma que la consumición de un fruto u otro alimento era capaz de otorgar la vida eterna --otro tema que aparece en nuestro relato [ver 3:22]-, sí aparece en la literatura de la época. Como es el caso del mito acadio de Adapa, cuando engañado por el dios Anu, perdió la oportunidad de alcanzar la inmortalidad al rechazar el pan y el agua de la vida. Sobre este mito, ver J. B. Pritchard, La arqueología y el Antiguo Testamento [Buenos Aires: Eudeba, 3era. edic., 1970] págs, 230-237.) Luego de este episodio, el texto bíblico pasa a relatar la creación de la mujer (vv. 18-25), y no se vuelve a tratar el tema del fruto prohibido hasta la aparición de la serpiente en escena.Sin hacer referencia previa a este personaje de manera específica (a excepción de la afirmación general, que Dios había creado en el sexto día de la creación a las ``sierpes'' [Génesis 1:24]), surge de manera imprevista en la narración este misterioso reptil, presentándolo como ``el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh había hecho'' (3:1). (Nota: La palabra ``astuto'' en español es la traducción del término hebreo arum. Y como es siempre el caso en las traducciones, el término hebreo puede ser entendido de distintas maneras. Como es el caso de nuestra traducción [según la Biblia de Jerusalén] y en traducciones antiguas [como en el targum jerosolimitano en arameo], la palabra fue interpretada en sentido negativo [ver Job 5:12, 15:5]. Pero según otra exégesis [como en la traducción griega de los Setenta], el sentido original del término habría apuntado a un sentido positivo, a saber: ``sabio'' o ``prudente'' [ver Proberbios 12: 16, 23 y otros]).Esta serpiente era excepcional en todo sentido. No sólo estaba dotada de capacidad intelectual, sino incluso, el texto bíblico sugiere que habría tenido también una apariencia física diferente a la de los reptiles actuales. (Nota: Las palabras de castigo de Dios a la serpiente ``Sobre tu vientre caminarás...'' [3:14] sugieren dicha posibilidad. Esta interpretación se vería corroborada por la iconografía oriental antigua, en la que se pueden encontrar serpientes míticas con miembros: alas, manos y patas. Sobre este tema, ver mi artículo ``Crawl upon your belly'' [Gen. 3:14]: The Physical Aspect of the Serpent in Early Jewish Exegesis'',/ Tarbiz 64 [1994] págs. 157-182 [en hebreo]).Y como si esto fuera poco, este reptil estuvo también dotado de la capacidad del habla: ``Y dijo a la mujer: ¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?'' (Génesis 3:1). (Nota: A excepción de este caso, sólo hay otro en toda la Biblia en que un animal habla: la burra del profeta pagano Balaam. Sin embargo, a diferencia de nuestro caso, en el de la burra queda claramente establecido que su capacidad fue el resultado de un milagro divino: ``Entonces Yahveh abrió la boca de la burra...'' [Números 22:28]).De manera sorprendente, la primera mujer no mostró sorpresa alguna ante tales palabras (¿acaso ya se conocían antes, o tal vez supone el texto que la capacidad del habla le era común a todos los animales en el Paraíso antes de la caída [ver Jubileos 3:29]?). Ante tal afirmación, Eva le contestó diciendo: ``Respondió la mujer a la serpiente: Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte'' (3:2). (Nota: La respuesta de Eva menciona la prohibición de tocar el fruto, que no aparece en las palabras originales de Dios a Adán. ¿Acaso esta prohibición fue agregada por Eva misma, o tal vez por Adán cuando le habría comunicado a Eva sobre la prohibición [recordar que cuando Dios le formuló la prohibición, Eva no había sido creada aún]).Ante la respuesta tan decidida y firme por parte de Eva, la serpiente le retrucó con palabras contundentes: ``Replicó la serpiente a la mujer: De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal'' (3:4-5). La serpiente se erigió ante Eva como una autoridad alternativa a la divina (``de ninguna manera moriréis''. Cf. las palabras de Dios: ``...porque el día que comieres de él, morirás sin remedio'' [2:17].), sugiriendo que conoce los pensamientos más recónditos de Dios (``Es que Dios sabe muy bien...'').Como consecuencia de la afirmación tan rotunda por parte de la serpiente, Eva se vio frente a la alternativa de cumplir la prohibición divina o de seguir el consejo de la serpiente. Ante tales opciones, ella se vió forzada a ejercer el derecho del libre albedrío (cf. Deuteronomio 30:15-20): ``Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió...'' (v. 6). Según la narración, entonces, Eva no actuó de manera impulsiva, sino por el contrario, consideró de manera racional los beneficios que obtendría por la consumición del fruto. Y así ella cometió la falta de manera consciente y voluntaria, introduciendo con su acto el pecado al mundo, e induciendo también a Adán a cometer el pecado de la desobediencia: ``...y dio también a su marido, que igualmente comió'' (idem). (Nota: El texto bíblico adopta aquí una actitud con claros tintes misogénicos, atribuyendo a la mujer el origen del pecado y la muerte. Según la conclusión del sabio jerosolimitano Jesús, hijo de Sirá [circa 180 a.e.c.]: ``Por la mujer fue el comienzo del pecado, y por causa de ella morimos todos'' [Eclesiástico 25:24].)Sin embargo, y a pesar de la responsabilidad de los primeros hombres en la ejecución de la transgresión, no puede dejarse uno de preguntar acerca del rol cumplido por la misteriosa serpiente: ¿acaso el reptil fue sólo un consejero bien intencionado, cuyo único propósito era el de ayudar a Eva y a Adán a convertirse en ``sabios'', a despecho de los celos divinos? O, por el contrario, ¿el reptil habría sido un tentador pérfido decidido a provocar la caída de los primeros hombres y su posterior expulsión del Paraíso? A decir verdad, el texto bíblico es ambiguo, y no parece dar una respuesta definitiva en uno u otro sentido. Sin embargo, del hecho que en el juicio sumario llevado a cabo a los personajes de la historia, Dios no le diera a la serpiente la oportunidad de explicar su accionar (vv. 14-15), a diferencia de la chance otorgada a Adán y Eva (vv. 12-13), podría sugerir que la serpiente habría podido argumentar en su defensa que su función habría sido sólo el de aconsejar, y que la responsabilidad por la acción misma debía caer en los hombros de Adán y Eva.Sea cual haya sido la intención original del autor bíblico, es claro que la historia de la interpretación de este pasaje nos revela que los exégetas tendieron a minimizar la responsabilidad de los primeros hombres, cargando al reptil con toda la culpa. La serpiente ``astuta'' del texto original fue entendida en ciertos ámbitos judíos como un ser demoníaco, hostil a Dios y sus criaturas. Como consecuencia de esta interpretación, el antiguo relato sobre el ejercicio del libre albedrío en la ejecución del primer pecado en la historia humana se transformó en un relato de tentación (el término mismo no aparece en el relato), en dónde la ``ingenua'' Eva cayó en la trampa tendida por el malévolo reptil. (Nota: Según algunos estudiosos, como el caso del gran biblista italiano-israelí Umberto Cassuto [1883-1951], la serpiente del Paraíso habría sido una versión desmitologizada de las serpientes presentes en los mitos de la creación antiguos [como el caso del monstruo marino Tiamat, asesinado por Marduk en el poema de la creación babilónica]. Y de aquí la conclusión, que la serpiente de nuestro relato habría simbolizado originalmente el mal).A diferencia de lo creido por la generalidad de la gente, ya en textos judíos de la época del Segundo Templo aparece la serpiente del Paraíso como el disfraz del Diablo o Satán. (Nota: El término ``Diablo'' [en griego, diábolos] traduce en los LXX al hebreo Satán [cf. Job 1:6]. El Satán bíblico no es un ``adversario'' hostil a Dios, sino antes bien, hace las veces de espía, de asesor jurídico y de fiscal en la corte celestial. Cf. Zacarías 3:1-2, Job 1-2). Según lo afirmado en el libro de Sabiduría: ``Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza; mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen'' (2:24).Otro ejemplo cabal en este sentido lo encontramos en uno de los libros apócrifos llamado Vida de Adán y Eva. Según la versión existente en su versión griega, conocida también bajo el nombre de Apocalipsis de Moisés, la serpiente habría sido un instrumento de Satanás para tentar a Eva. Como se lo dijo el mismo Satán a la serpiente: ``...Conviértete sólo en un instrumento mío y yo hablaré por tu boca una palabra con la que puedas engañarlo'' (v. 16; en: A. Diez Macho ed., Apócrifos del Antiguo Testamento [Madrid: Ediciones Cristiandad, 1983] II, p. 329).Esta interpretación demoníaca de la serpiente no sólo estuvo difundida en círculos periféricos judíos, sino también fue conocida en círculos rabínicos. Una prueba en este sentido está en un antiguo midrash llamado Los capítulos de Rabbí Eliezer. De acuerdo a este texto, Sammael (uno de los nombres del Satán en los escritos rabínicos) fue el verdadero tentador de los primeros hombres: ``Sammael era el más grande príncipe de los cielos: los vivientes y los serafines tenían seis alas, mientras que Sammael tenía doce alas: tomó, pues, su ejército, descendió y revistó todas las criaturas que el Santo, bendito sea, había creado, y no encontró ninguna tan inteligente para hacer el mal como la serpiente [...] se asemejaba a una especie de camello; lo montó, pues, y cabalgó sobre él'' (XIII, 2; en M. Pérez Fernández, Los capítulos de Rabbí Eliezer [Valencia, 1984] p. 120.)Estas tradiciones originalmente judías acerca de la serpiente fueron adoptadas por los primeros cristianos (ciertamente, también judíos), entendiendo a este misterioso personaje como un disfraz del Satán. Como lo testimonia claramente el Apocalipsis de Juan en el Nuevo Testamento, en ocasión de describir la visión de la batalla que habría de tener lugar en el final de los tiempos entre las fuerzas del bien y del mal: ``Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él'' (12:9).A partir de aquí el camino quedó libre y expedito para el desarrollo de la doctrina cristiana del pecado original, según la cual el Satán habría provocado por envidia la caída de Adán y Eva. Uno de los más ilustres exponentes de este principio teológico fue San Agustín de Hippona (354-430). Según su versión de la tentación en el Paraíso: ``Eligió (Satán, A.R.) para ello, en el paraíso corporal donde vivían el primer hombre y la primer mujer con los restantes seres animados de la tierra [...] eligió -digo- para hablar con ellos a la serpiente, animal escurridizo y de tortuosos movimientos, tan propio para su intento. Y sometiéndola con malicia espiritual, valiéndose de la presencia angélica y de la superioridad de su naturaleza, abusó de ella como de un instrumento y conversó falazmente con la mujer'' (La ciudad de Dios XIV, 11; en: Obras de San Agustín, XVII: La Ciudad de Dios, segunda. parte, tercera edición [Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1978] p. 98). (Nota: También en la tradición musulmana la historia del Paraíso fue interpretada como una tentación. Según esta versión, Iblis [el nombre del Satán en el Corán] fue el que indujo a Adán al pecado. Ver Sura 7, 11-24).Y así, pues, llegamos al final de este breve ensayo. El mismo nos ha enseñado sobre la manera en que el relato del Paraíso fue interpretado por los antiguos exégetas, transformando una historia de libre elección en una de tentación, y convirtiendo la ``serpiente astuta'' del texto original en el mismísimo Satán.Un buen ejemplo de cómo desarrollos exegéticos imbuidos de imaginación popular, fantasía y folclore, se convirtieron con el pasar del tiempo en sacrosantas verdades teológicas.