miércoles, 24 de diciembre de 2008

LA PARASHA DE LA SEMANA


PARASHA MIKETZ
El ego es un instrumento que puede servirnos para buenas acciones, pero que si es utilizado en exageración puede hacernos vivir momentos poco agradables. Esta semana, en nuestra parashá, encontramos que a Iosef, el ego le viene jugando una mala pasada, y es por eso que termina en la cárcel del Faraón de Egipto.Pero, en la misma, se vuelve conocido y logra notoriedad cuando la gente se entera de su aptitud para interpretar los sueños. Es entonces que el Faraón quien lo hace llamar para que le interprete los sueños a él, y ganándose su favor, pasa de vivir en una dura celda a convertirse en Ministro de Egipto.Es real el hecho de que la señora de Potifar había sido el medio para que Iosef fuera a la cárcel, pero nuestros sabios nos comentan que Iosef realmente merecía estar los diez primeros años en la cárcel por haber provocado sufrimiento a sus hermanos al contarles sus sueños. A pesar de que éstos eran verdaderos, fueron malinterpretados por los hermanos como un delirio de grandeza y poder, por parte de Iosef, quien se equivocó también en contar a su padre Iaacov los malos actos de sus hermanos, y esto trajo un año de cárcel por cada hermano que había hecho sufrir. Al salir de la cárcel se convirtió en una persona nueva, con más sentimiento hacia el prójimo, preparado para reinar y dirigir a un Egipto de siete años de hambre.Finalmente con su actitud, Iosef nos enseña que los problemas y dificultades son un toque de atención para corregir nuestras reacciones y no repetir los errores que provocaron esos sufrimientos. Iosef entiende lo importante que es limitar el ego, y es por eso que termina logrando recuperar la hermandad entre Israel. Y es justamente ese sentimiento de unión el que nos permite festejar Janucá, la fiesta en la que los pocos vencen a los muchos, los débiles a los fuertes. Sólo con la unión entre hermanos es posible hacer frente a la adversidad. Iosef lo había entendido cientos de años antes, y su ejemplo sirvió a las siguientes generaciones para fortalecerse y vencer.
Maxi Shalom
Seminarista de Colegio Tarbut
Parashat Miketz
Soñadores, intérpretes y realizadores
Por Rab. Gustavo Surazski

Cuando analizamos la historia de Iosef, vemos cómo su vida siguió ese mismo trayecto. La Parashá pasada, fue la sección del Corazón. Iosef, era una soñador de sueños de grandeza alojados en un rincón de su alma.
Cada mañana, al colocarnos los Tefilin, atendemos tres puntos neurálgicos de nuestro cuerpo humano. Comenzamos ubicando la Tefilá Shel Iad en el brazo y la orientamos de cara al corazón. Luego, colocamos la segunda Tefilá alrededor de nuestra cabeza y, por último, enrollamos la primera en nuestra mano.
uando analizamos la historia de Iosef, vemos cómo su vida siguió ese mismo trayecto. La Parashá pasada, fue la sección del Corazón. Iosef, era una soñador de sueños de grandeza alojados en un rincón de su alma.
Al inicio de esta Parashá entra en juego la Cabeza. Iosef deja de soñar y pasa a interpretar. Es el propio faraón el que sueña e Iosef analiza sus sueños y asume al cargo de virrey de Egipto.
Iosef estaba ‘hecho’ con eso; pero no se contentó. La economía más importante del mundo estaba tambaleando e Iosef propone y ejecuta un plan de ‘ajuste’ para sacar a flote la dramática situación...Allí entró en escena la Mano.
Corazón, Cabeza y Mano. Están quienes se contentan con soñar. Viven recostados sobre esos sueños y alimentan su alma con ilusiones. Otros gustan de interpretar, y allí se quedan. Aman la dialéctica, el ejercicio intelectual y la charlatanería. Por último, están los realizadores. Los que logran volcar todos esos sueños y esa dialéctica en acción.
Por mucho tiempo Iosef fue recordado. A tal punto fue así, que la esclavitud de Egipto se inicia cuando asume un nuevo faraón Asher Lo Iadá Et Iosef. Un faraón que no recordaba ni sabía todo lo que había significado Iosef para Egipto.
Pero Iosef no fue recordado por lo que soñó...Tampoco por lo que interpretó...Iosef fue recordado por ser un realizador.
Algo similar ocurrió con la familia de los makabim, que recordamos en estos días de Janucá. No los recordamos por sus sueños ni por su ilusión por restablecer el Reino de Di-s en una Tierra de Israel azotada por el paganismo y la asimilación. Los recordamos por haber tomado ‘el toro por las astas’ y transformar el mundo que los rodeaba.
Una abismo salvaje separa a la palabra de la acción. Iosef es quien nos enseña que el corazón (lo que se sueña), la cabeza (lo que se piensa) y la mano (lo que se hace) deben estar tan cerca en nuestro quehacer cotidiano como lo están en nuestro cuerpo humano.
Cada mañana, al colocarnos los Tefilín, lo recordamos.