miércoles, 4 de febrero de 2009

LA PARASHA DE LA SEMANA


PARASHA BE SHALAJ (Envió)
פרשת בשלח

Haciendo el camino al andar
Una persona contaba que antes de la creación del Estado de Israel acostumbraba pasar la festividad de Pesaj en casa de sus abuelos en El Cairo. Tomaba el tren desde Tel Aviv y llegaba a la capital de Egipto luego de doce horas de viaje.
¿Cómo viajaríamos hoy día a El Cairo si quisiéramos ir por el camino más corto?
El camino no es hoy muy recomendable que digamos para ningún israelí, pero sin duda haríamos el tramo más corto a través de la Franja de Gaza - a través de la tierra de los filisteos - tal como está sugerido al inicio de la Parashá.
"Y sucedió que cuando el Faraón hubo enviado al pueblo, no los guió Dios por el camino de la tierra de los filisteos, aunque era el más próximo, pues dijo Dios: No sea que se arrepienta el pueblo al ver la guerra y se vuelva a Egipto. E hizo Dios que el pueblo diese vuelta por el camino del desierto hacia el Mar Rojo. Y los hijos de Israel subieron armados de la tierra de Egipto" (Shemot 13; 17-18).
Aquel viaje por el desierto no tomó doce horas, sino cuarenta años. Y la Torá nos cuenta que Dios no elgió el camino corto - el camino de la tierra de los filisteos - sino un camino más largo; el camino del desierto.
¿Por qué razón? La Torá relata que Dios temía que los hijos de Israel deseen regresar a Egipto al ver la guerra.
Ingresar al país a través de la tierra de los filisteos no sería una tarea sencilla. Pero tampoco lo sería ingresar a través del río Jordán. ¿Acaso aquel otro camino estuvo libre de luchas armadas? ¡También habría guerras allí! Incluso también dentro de la tierra de Israel. Entonces, ¿cuál era la verdadera diferencia entre el camino cortro y el camino largo?
Tal vez podamos encontrar un respuesta en el comentario de Rashi. "De haber viajado por el camino directo, hubieran regresado a Egipto. Si cuando los llevó dando la vuelta por el desierto dijeron: "Pongamos jefe y regresemos a Egipto" (BaMidvar; 14-4), de haber ido por el camino directo ¡más aun hubieran querido regresar!" (Rashi a Shemot; 13-17).
Al parecer, Dios quiso impedir que piensen en regresar a Egipto. El Todopoderoso sabía que ante el primer obstáculo, el camino más fácil seria el camino de regreso. Siempre es más sencillo lidiar con los males conocidos que con los problemas por conocer.
Se cuenta que cuando Alejandro Magno llegó a costas fenicias en el siglo IV A.C. entendió rápidamente cúal sería el resultado de la batalla que iría a emprender allí. El ejército fenicio era tres veces más grande que el suyo y la guerra se presentaba como una contienda asimétrica. Sus soldados estaban entregados incluso antes de haber empezado la batalla.
Fue así que a Alejandro se le ocurrió una brillante estrategia. Pidió a sus hombres que quemaran las naves con las que habían llegado a costas fenicias. Luego los reunió y les dijo: "Observad cómo se queman los navíos. Es justamente por ello que deberemos ganar la guerra. Sólo hay una forma de regresar a casa, y es por mar. Y cuando triunfemos, volveremos de la única forma que nos queda: en los barcos de los fenicios".
Afrontar una nueva realidad siempre es complicado. A menudo esa nueva realidad propone un camino del cual no hay regreso. Ése es el camino del desierto que eligió Dios para sacar a los hijos de Israel de Egipto, a fin de que aquella generación comprenda que a menudo la única forma de enfrentar los desafíos es quemando las naves.
RAB GUSTAVO SURAZKI