viernes, 10 de abril de 2009

LA PARASHA DE LA SEMANA


SHABAT JOL HAMOED PESAJ

פסח

Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch

Traducción de Inés Baum

En el libro del Deuteronomio encontramos, un poco escondida, una breve ley que encierra enorme significado para el espíritu del judaísmo. “No abominarás al egipcio, porque extranjero fuiste en su tierra. Los hijos que nacieren de ellos en la tercera generación podrán entrar en la congregación del Señor” (23:8-9). A pesar de todo lo que sufrieron en Egipto, no existe un mandamiento donde se mande erradicar a los egipcios (como sí existe para con los amalequitas, 25:17-19), o donde se predique un rencor eterno en su contra. Mas bien por el contrario, después de dos generaciones de residencia en Israel, los egipcios serían elegibles individualmente para ser admitidos como israelitas plenos.La ley demuestra una medida de gratitud ilustrada muy bien por el proverbio rabínico: “No tires una piedra dentro del pozo del que una vez bebiste” (Talmud de Babilonia, Baba Kama, 92b). El clan de Jacob encontró una vez refugio del hambre y libertad para multiplicarse en Egipto. No debemos permitir que un final amargo obscurezca un comienzo hospitalario. Fue en Egipto donde Israel forjó su identidad nacional.Encontramos ese mismo espíritu de auto-trascendencia en Pésaj, para mitigar la conmemoración de nuestra puesta en libertad. El texto bíblico alude a la necesidad de reprimirnos al no aplicar nunca la palabra alegría a la festividad. Como hizo notar el Rabino Menahem M. Kasher en su edición de la Hagadá, refiriéndose al festival de Sukot (el otro jag de siete días), la Torá nos ordena explícitamente en tres ocasiones separadas que estemos contentos (Lev. 23:40, Deut. 16:14, 15). No así en Pésaj, donde se omite consistentemente ese consejo. La razón, según él, es la sensibilidad de la Torá ante el hecho de que nuestra libertad le costó la vida a muchos egipcios, tanto a niños como a soldados.Asimismo, Pésaj se diferencia de Sukot en nuestra recitación del Halel, Salmos 113-118. Mientras que en Sukot recitamos los seis Salmos cada día de la festividad, en Pésaj solo los recitamos los primeros dos días. Durante los últimos seis días de Pésaj, solo entonamos una versión corta del Halel, saltándonos la primera mitad de los Salmos 115 y 116 (Talmud de Babilonia, Arajin, 10a). Otra vez, la reducción se destaca pero no es explicada en el Talmud.Como sugiere el nombre Halel, estos son salmos de agradecimiento y de regocijo, que han inspirado en la sinagoga contemporánea algunas piezas de música ritual exquisita. Un par de eruditos medievales vincularon la abreviación del Halel con una notable expresión de compasión rabínica: “Dios no encuentra deleite alguno en la caída de los malvados”. Sobre la base de ese postulado, Rabí Iojanán se imaginó a los ángeles llenos de júbilo en el cielo ante la visión del ejército egipcio anegado por las aguas del Mar de Juncos, prontos a romper en un canto triunfal. Pero Dios los paró en seco: “¡La obra de mis manos se está ahogando en el mar y ustedes quieren celebrarlo cantando!” Este es el sentimiento que parece haber impulsado a los Rabinos a hacer de Pésaj una excepción. Un Halel parcial para los últimos seis días estaba más en consonancia con la pérdida de vidas (Tur, Oraj Jaim, 490, Beit Iosef; Talmud de Babilonia Meguilá, 10b).Aún otra práctica ritual se basa en la misma incomodidad. En el Séder, mientras nombramos las diez plagas, es costumbre mojar un dedo en nuestro vaso de vino para dejar caer unas gotas en nuestro plato por cada plaga. El simbolismo es, de nuevo, de identificación. Derramamos una lágrima por los egipcios que murieron en las plagas. Nuestra alegría no es completa porque nos damos cuenta del nexo que existe entre la redención y la derrota. Las naciones nuevas inevitablemente y casi siempre nacen a partir de masacres, descargando en otras naciones los estragos de la destrucción y del destierro. El dar cabida a la expresión de compasión por los opresores no invalida la justicia de nuestra causa; simplemente ayuda a preservar nuestra humanidad. En un mundo imperfecto, las Escrituras advierten:Cuando cae tu enemigo, no te alegres;Cuando tropieza, no se regocije tu corazón,No sea que el Señor lo vea, y Le desagrade,Y aparte Su ira de sobre él.(Proverbios 24:17-18).Pésaj, entonces, es una combinación de temas, celebrando la libertad nacional mientras se ejercita la compasión tanto hacia los nuestros como hacia los demás. No por nada comienza la narración del Séder con una invitación formal de hospitalidad a judíos menos afortunados que nosotros para que se nos unan en esta cena festiva. El “pan de aflicción que nuestros ancestros comieron en la tierra de Egipto” ha impreso en el judaísmo una disposición para ayudar al afligido. El recordar nuestras miserias pasadas es determinar nuestro comportamiento con los que actualmente sufren en carne propia. El Séder necesita de algunas almas perdidas para estar completo. Durante siglos, la sinagoga antigua sirvió como hospedaje donde alimentar y dar cobijo a los caminantes. La oración debe ser el semillero para la acción.
Por esto mismo, ha sido costumbre desde hace mucho tiempo que las comunidades judías recauden “dinero por grano” (maot jitin) antes de Pésaj, para los pobres. Es por esto que remuneramos al agente (shaliaj) a quien le vendemos nuestro jametz (alimento fermentado). Sea lo que sea lo que recaude el intermediario al traspasar nuestro jametz a un comprador no judío por la duración de Pésaj, pasa a los pobres como una donación. El costo de Pésaj no debiera dejar por fuera a ningún judío.
Maimónides, como casi siempre, capturó sucintamente en su código el espíritu que enlaza la piedad y la filantropía en una misma forma de vida.
Quienquiera que cierre las puertas de su casa (en una fiesta) mientras cena su familia, sin incluir a los destituidos y los humillados, experimenta solo la alegría de llenarse la boca y no la alegría de cumplir una mitzvá. De ellos dijo el profeta Osea: Sus sacrificios son como el alimento de dolientes para ellos. Todos los que participan de ella son contaminados, porque su comida es solo para su propia hambre (9:4). (Mishné Torá, Hiljot Iom Tov 6:18)
Shabat Shalom ve-Jag Saméaj.

Ismar Schorsch