jueves, 1 de octubre de 2009

COSTUMBRES Y TRADICIONES DE SUCOT


USHPIZIN

Es costumbre dar la bienvenida a un invitado especial de nuestro pasado, en cada noche de Sucot. Estos ushpizín ("invitados" en arameo) descienden de su residencia celestial para venir a nuestra Sucá.
¿Quiénes son éstos selectos invitados? Abraham, Itzjak, Iaakov, Iosef, Moshé, Aarón y David.
Cada día de la festividad uno de los ushpizín guía a sus otros seis elevados compañeros, y nosotros los recibimos recitando un corto párrafo de nuestro libro de rezos. En Sucot dejamos la protección de nuestra morada permanente y nos solazamos bajo la sombra y seguridad de la Divina Presencia. Cada uno de estos ushpizín ejemplificó esta idea durante su vida. Abraham dejó la seguridad del hogar de su padre y partió para un largo viaje protegido sólo por Hashem.
Itzjak dejó su hogar y moró entre los filisteos. Iaakov fue forzado a dejar su hogar y mudarse con su siniestro tío Labán donde pasó gran parte de su vida en exilio. Otra razón por la que estos siete son los elegidos para ser nuestros "ushpizin", es que cada uno representa un rasgo diferente del carácter de Hashem. Abraham simbolizaba el rasgo Divino del Jesed (bondad); Itzjak la cualidad de Guevurá (fuerza espiritual);Iaacob la cualidad de Tiferet (gloria espiritual), y así con todos los demás. Son éstas las cualidades que intentamos internalizar muy dentro de nosotros, mientras luchamos constantemente por alcanzar nuestro potencial como criaturas hechas beTzelem Elokim, a imagen y semejanza de D"s.
Los comentaristas de la Torá señalan la costumbre de invitar a siete comensales pobres en concordancia con los siete ushpizin, pues así tendremos siete invitados celestiales y siete de carne y hueso, con la presencia de D"s flotando sobre todos ellos. Este alegre tiempo de Sucot llega justo cuando los campesinos cosechan los frutos de su labor y los pobres no tienen nada con qué celebrar. Específicamente en este tiempo, Hashem nos ordena dejar nuestras casas y morar en una Sucá por siete días, en donde todos seremos huéspedes de Él. En el refugio de la Sucá, no hay diferencia entre el rico y el pobre. Todos moramos bajo la protección del Todopoderoso, como lo estamos en realidad todo el año en nuestra casa, sólo que aquí es más notorio.