lunes, 21 de diciembre de 2009

LA HAFTARA DE LA SEMANA


HAFTARÁH: VAIGÁSH
IEHEZKEL 37:15—28

CAPÍTULO 37
El profeta Iehezkel que era hijo de Buzí, el sacerdote, fué exiliado, junto con los primeros exiliados, en los días del rey Iehoiajín en el año 597 a..e.c.
La primera profecía de él, que figura en el capítulo primero de su libro, fué pronunciada en el año quinto de ese exilio.
Iehezkel era sacerdote; seguramente, de los descendientes de Tsadok que eran los sacerdotes que estaban en actividad en el templo de Jerushalaim.
Iehezkel, el profeta, residía en Babel, en el seno de los exiliados, en un lugar llamado Tel Aviv, a orillas del río Kebar.
Este profeta, es llamado también, con el nombre de Ben-Adam — hijo del hombre — o mortal. A él le tocó vivir la difícil época de exilio y la destrucción de Ierushalaim.
A él pertenecen profecías como Maháseh Mercaváh — la profecía de la carroza celestial, que ha servido de base para el Misticismo Talmúdico, así como la profecía denominada Hahatsamot Haieveshot — los huesos secos — que habla de la resurrección y del renacimiento del pueblo de Israel.
En ese renacimiento del pueblo de Israel el profeta ve la reunificación de todas las tribus de Israel bajo un rey de la dinastía de David y observando la Toráh que D’s nos había otorgado.
La analogía entre la Haftaráh y la Parasháh “Vaigásh” es evidente, pues mientras que en la Parasháh “Vaigásh” somos testigos de la reconciliación entre Iosef y sus hermanos, como individuos, en la Haftaráh, Iehezkel vaticina la reunificación de las tribus de Israel, descendientes de Iahacov.

16 “...TOMA PARA TÍ UNA VARA DE MADERA...” Esta acción simbólica del profeta representa a las tribus de Israel.
Una de las varas representa al reino de Iehudáh, compuesto por dos tribus, mientras que la otra vara representa al reino de Israel, destruído a la sazón y compuesto por diez tribus.
El reino de Israel es llamado generalmente reino de Efraim ya que Efraim era uno de los dos hijos de Iosef.
El patriarca Iahacov, en su bendición a Iosef, le dice que Efraim y Menashéh son considerados para él como dos de sus propios hijos, y de allí que estos dos nietos de Iahacov formarán sendas tribus, llamadas Efraim y Menashéh.
El profeta recalca, enfáticamente, que la unión entre las tribus de Israel no será una mera reunión política sino que involucrará un renacimiento espiritual.
Hay una constante bíblica de tres elementos intervinientes en la historia de Israel que son: la tierra de Israel, la Toráh de Israel y la dinastía de David.
Es así como los profetas de Israel, en general, y Iehezkel en particular, vaticinan el renacimiento del pueblo de Israel.
Todo intento de separar estos elementos es tergiversar las palabras del Tanaj y sus claros enunciados.

25-28 El renacimiento de Israel está basado, no solamente en un retorno a la tierra, sino en el Pacto concertado por nuestros patriarcas con D’s. El profeta dice que D’s concertará con su pueblo un pacto de paz, un pacto eterno será.
El santuario de D’s volverá a estar en el seno del pueblo de Israel y eso será la evidencia para los pueblos, que D’s ha consagrado a Israel.