miércoles, 12 de agosto de 2009

LA PARASHA DE LA SEMANA


PARASHA REE
פרשת ראה

Abriendo la mano


Si hubiere entre tí mendigo...abrir, abrirás tu mano a él (Devarim 15:7-8)Cincuenta y cuatro mitzvot son mencionadas en Parashat Reé, entre ellas varios preceptos referidos a la Tzedaká. Respecto a esta mitzvá, se nos cuenta en el Tratado de Baba Batra (10a) una historia por demás curiosa.Rav Papa, unos de los más reconocidos sabios de Babilonia, estaba subiendo la escalera y -súbitamente- ésta se rompió poniendo en peligro su vida. Le dijo Jía bar Rav Mi-Difti: ‘¿Acaso vino un pobre a tí, y no le diste sustento?’.La conclusión de Jía bar Rav Mi-Difti resulta sorprendente: ¿Qué relación hay entre una escalera rota y la miztvá de Tzedaká?Muchos siglos después de aquel singular hecho, Rabí Eliahu, el Gaón de Vilna respondió a este interrogante: ‘Los signos de cantilación’ de las palabras ‘abrir, abrirás’ son ‘Dargá-Tevir’ que significan ‘escalera rota’......Nos hallamos en vísperas del mes de Elul, tiempo en el cual incrementaremos nuestras Tefilot, nuestra Teshuvá y nuestra Tzedaká.A lo largo de las generaciones, las fuentes hebreas han vínculado al precepto de la Tzedaká con la prolongación de los días del hombre. Se nos dice, por ejemplo, que "la Teshuvá, la Tefilá y la Tzedaká atenúan la severidad del veredicto divino" y en el libro de Mishlei se va incluso más lejos cuando se nos enseña que "la Tzedaká salva de la muerte" (Mishlei 10, 2).¿Qué significa todo ésto?Hemos conocido a muchos malvados a quienes la vida les ha sonreído y suben escaleras sin inconveniente alguno, mientras que otros hombres piadosos y justos han vivido vidas de infortunio.¿Cómo debemos interpretar todos estos pasajes?Permítanme compartir con ustedes una historia real.Natan Strauss, un conocido filántropo judeo-americano, visitaba Israel (por entonces Palestina) junto a su hermano mayor Isidor en el año 1912. La leyenda cuenta que el impacto emocional que recibió Natan Strauss fue mayúsculo: solo vio en Palestina pobreza, sufrimiento y enfermedad y decidió que era hora de ayudar.Según cuentan sus biógrafos, Natan Strauss donó dos terceras partes de su fortuna para diferentes proyectos en Eretz Israel: hospitales y centros de asistencias a los necesitados fueron sólo algunas de sus obras.Una calle en el centro de Jerusalem, lleva su nombre e incluso una bellísima ciudad en Israel que perpetúa su memoria: la ciudad de Natania.La historia cuenta que que en aquella oportunida Natán Strauss había llegado a Israel de paso, en el marco de unas vacaciones a Europa que estaba emprendiendo con su hermano. Pero era hora de regresar; su hermano insistía con la fecha: el 10 de abril de 1912 tenían que estar en el puerto inglés de Southampton para tomar el barco de regreso a EEUU.Natan Strauss –cuenta la historia- prefirió quedarse en Tierra Santa; el panorama en Palestina era demasiado lúgubre como para que él regresara. Ese 10 de abril de 1912, su hermano Isidor llegó hasta ese puerto inglés y junto con su mujer subió al barco que los esperaba para regresar a casa. Dicho barco quedaría incorporado a una de las páginas más lúgubres de la historia del siglo XX. Su nombre era el TITANIC.Natan Strauss se quedó en Palestina...Desconozco como funciona el ajedrez celestial. A menudo resulta tranquilizante y reconfortante el pensar que existe relación entre el precepto de Tzedaká, el estado de las escaleras en Babilonia y la ubicación de los icebergs en el océano.Los caminos de Di-s -ya se nos ha enseñado- son ocultos a los ojos del hombre.Lo que sí estoy convencido es que dichos actos de benevolencia, como los mencionados en la biografía de Natán Strauss, son los que le dan a nuestra vida un halo de inmortalidad.Quiera Di-s que a partir de este mes de Elul que se inicia, podamos llevar a cabo una vida de entrega y de buenas obras.

RAB GUSTAVO SURAZSKI

RESUMEN DE LA PARASHA SEMANAL


PARASHA REE

Moshé pone ante el Pueblo una bendición y una maldición, aclarando que la bendición sería válida si los Benei Israel cumplieran los Mandamientos del Eterno y, caso contrario, la maldición sería válida si se desviaran de Su camino. El Pueblo, con su comportamiento, elegiría entre observar o rechazar Sus leyes.
Una vez entrados a Eretz Israel, se llevaría a cabo una ceremonia en el monte de Gerizim donde pronunciarían la bendición, y otra en el monte de Eval donde pronunciarían la maldición, y en su transcurso se informarían las consecuencias de la bendición y la maldición.
Moshé expuso, después, una cantidad de leyes religiosas, civiles y sociales cuyo objeto era regular la vida de la Nación en la Tierra Prometida. Primeramente se refirió al principio del culto centralizado, actuando contra las prácticas idólatras, debiendo destruirse todos los lugares que se conquisten, donde se sirviera a dioses extraños, como también sus altares, estatuas, ídolos y esculturas.
Todos los sacrificios, holocaustos que se traigan ante Hashem, serán presentados ante el lugar que Él elija. Esas ofrendas deberán ser comidas allí. Nunca se comerá la sangre, pues está prohibido.
El Pueblo de Israel fue advertido sobre no imitar los terribles y espantosos ritos de las cananeos, quienes llegaban a quemar a sus hijos e hijas para adoración de sus ídolos. Todo falso profeta que intentara hacer adorar ídolos, debía ser muerto. También todos los pobladores de alguna ciudad que el Eterno dio para residencia de los Benei Israel y en ella se practicara cualquier tipo de idolatría, sus integrantes debían ser muertos y la ciudad destruida.
Está prohibido realizarse incisiones en el cuerpo ni en la cabeza en señal de duelo. Por ser un Pueblo Santificado, no podrán comer alimentos abominables, por lo que Moshé recuerda los animales, aves y peces permitidos de comer y los prohibidos. También estableció que un segundo diezmo de la producción anual del suelo (maaser shení), debía ser traído por el yehudí al Santuario, a fin de que lo consumiera en ese lugar. Quien viviera lejos del Santuario, podía traer su equivalente en dinero y adquirir una comida festiva para comerla con su familia y los levitas. Al final del tercer y sexto año de cada ciclo de shemitá, el diezmo debía ser entregado a los pobres (maaser oni), levitas huérfanos y viudas.
Al final de cada séptimo año (shemitá), durante el cual la tierra debía permanecer en barbecho, todo acreedor condonará al deudor lo que le hubiere prestado; no le exigirá a su prójimo o a su hermano, por haberse proclamado la remisión del Eterno.
Un esclavo hebreo que hubiere sido vendido en cautiverio debe ser liberado al comienzo del séptimo año. Si el esclavo eligiera permanecer al servicio de su patrón, se le perforaría una oreja por haber preferido la esclavitud a la libertad, contraviniendo el deseo de Hashem.
Moshé recordó las festividades de Pésaj, Shavuot y Sucot, con sus leyes, y destacó que se debía peregrinar hasta el Santuario llevando ofrendas, según sus posibilidades de ofrendar, conforme a la bendición que el Todopoderoso le haya dado.
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