martes, 8 de septiembre de 2009



PARASHIOT NITZAVIM-VAIELEJ
פרשת נצבים־וילך

No está en los cielos
Existe una gran diferencia entre la sensación que nos embarga en los días de Pesaj, al inicio de la primavera y las sensaciones que experimentamos en estos días de fiesta que se avecinan, al asomar el otoño en hemisferio norte.

Cuando llega Pesaj, uno comienza a experimentar deseos de ponerse en contacto con la tierra.La naturaleza nos invita. Las flores comienzan a cubrir la tierra, el verde de las montañas nos llama y la brisa de la primavera nos llama a ‘conquistar la tierra’ con nuestros pies.
Cuando –seis meses después- llegan los Iamim Noraim, ya no es la tierra la que queremos conquistar. En esta época del año, nos ocupamos –más bien- del otro extremo de la escalera de Iaakov; cuando llega jodesh Elul, es el cielo el que queremos tocar.Son tiempos de mucha rujaniut (espiritualidad), en los que muchas cosas se mueven en nuestro interior al son de las melodías de los Iamim Noraim que lentamente comienzan a sonar...Y lentamente nos iremos vistiendo de ángeles, hasta llegar al día de Iom Kipur en el que alejados de todos nuestros placeres corporales, volamos como ángeles al servicio de Dios.Y previo a los estos celestiales jaguim, leemos Parashat Nitazvim.Siempre -todos los años- Parashat Nitzavim es la sección que se lee el Shabat anterior a Rosh HaShaná.Y en ella aparece un pasuk con tono de advertencia:Lo BaShamaim Hi (No está en los cielos).‘No te quedes en el Cielo’, parece advertirnos la Torá previo a este retiro espiritual de diez días que se inicia con Rosh HaShaná.
Existe en hebreo la expresión Ieridá LeTzorej Aliá.En la vida existen momentos de crecimiento, momentos de meseta y momentos de depresión, en todos los órdenes de la vida.Pero cuando una depresión es sucedida por un gran crecimiento, a éso se lo llama Ieridá LeTzorej Aliá (Descenso imprescindible para un posterior ascenso).Se cae –es cierto- pero para subir aun más alto de lo que estábamos. La caída no es otra cosa que el impulso necesario para seguir creciendo.Si me permiten, deseo patentar hoy una nueva expresión.Los Iamim Noraim, no son otra cosa que una Aliá LeTzorej Ieridá (Ascenso imprescindible para un posterior descenso).Subimos al Cielo por diez días, o –al menos- intentamos tocarlo con nuestras manos.Pero en realidad subimos para poder después pisar mejor sobre la tierra.Lo BaShamaim Hi, nos dice la Torá.No está en los Cielos.Aprendan a bajar…No se queden ahí.La Torá nos cuenta al inicio de Parashat VaIetzé que los ángeles del sueño de Iaakov subían y bajaban por aquella ya mítica escalera.Si son ángeles –preguntan los comentaristas - ¡debieran bajar y luego subir! No al revés.¿Qué nos quiere enseñar la Torá a través de esta aparente contradicción?Tal vez nos quiera enseñar que ese es el camino a seguir: Tocar el Cielo, pero para regresar a la tierra.Aprendan de los ángeles, nos dice la Torá.Lo BaShamaim Hi.
Cuenta una historia que el célebre Sherlock Holmes y el Dr.Watson se fueron de camping.Después de una buena cena y una botella de vino se despidieron y se fueron a dormir.Horas más tarde, Holmes se despertó y codeó a su amigo.
.‘Watson, mira el cielo y dime qué ves’.Watson meditó solo un instante y contestó: ‘Veo millones y millones de estrellas’.‘¿Y eso que te dice?’, preguntó Holmes.Watson reflexionó un par de minutos y respondió:.
‘Astronómicamente, me dice que hay millones de galaxias y potencialmente billones de planetas...Astrológicamente, veo que Saturno está en Leo...Cronológicamente, deduzco que son aproximadamente las tres y diez...Teológicamente, puedo ver que Dios es todopoderoso y que somos pequeños e insignificantes...Meteorológicamente, intuyo que tendremos un hermoso dia mañana...‘¿Y a usted que le dice Sherlock?’, preguntó Watson.
El detective encendió su primer pipa del dia y respondió con calma: ‘Muy bien no sé qué me dice…Pero hay algo que sí se: ¡Nos robaron la carpa!’.

Lo BaShamaim Hi.No se queden en el cielo; sólo estamos allí de prestado.Miremos para abajo, que es aquí donde nos reclaman…

RAB GUSTAVO SURAZSKI

Parashá Nitzavim - Presentes

Resumen de la Parashá
La parashá comienza relatando sobre el día en que Moshé debía morir, y es cuando reunió al Pueblo de Israel, hombres, mujeres y niños, para confirmarlos como Pueblo Elegido por Hashem, no sólo para ellos sino también para las futuras generaciones.
Por otra parte, Moshé advirtió a aquél que considerara apartarse del Todopoderoso, creyendo obstinadamente de que las advertencias mencionadas en Parashá Ki Tavó no recaerían sobre él, lo que, como consecuencia, provocaría la cólera del Eterno y sería borrado de la faz de la Tierra. Y en caso de ser el Pueblo el que pecara, toda su tierra sería destruida. Así las generaciones posteriores sabrían que las causas fueron el haberse apartado de Hashem y Sus mandamientos.
Una vez que los benei Israel hubieran retornado a Su congregación, el Eterno los retornaría a la Tierra Prometida desde la dispersión. Así, los enemigos se harían acreedores de las maldiciones por haber perseguido y maltratado a los judíos. A su vez, el Pueblo judío recibiría felicidad y prosperidad en la medida que aceptaran y observaran los preceptos del Todopoderoso.
El Pueblo a partir de ese momento, debía entender sobre elegir entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal, y esa decisión era exclusivamente suya. Los judíos si elegían acercarse al Eterno, prosperarían y si así no obraran, desaparecerían.

Parashá Vayélej - Y fué

Resumen de la Parashá
Moshé cumplía 120 años de edad y habló al Pueblo de Israel anunciándole que estaba finalizando su liderazgo, y que el Todopoderoso había elegido como sucesor a Yehoshúa, quien los dirigiría y conduciría a la Tierra Prometida. Frente a todo el Pueblo, Moshé incitó a Yehoshúa a "ser fuerte y valiente", y que confiara plenamente en el Eterno.
Posteriormente entregó la Ley escrita a los cohanim y a los ancianos. En Sucot del año posterior al de la shemitá cuando los judíos sean convocados ante el Santuario, deberá leerse públicamente, y así cada uno estará obligado a obedecer a Hashem.
El libro de la Ley debía ser colocado por los levitas al lado del Arón Hadkodesh, para atestiguar contra el Pueblo de Israel, si llegara a desviarse de Sus enseñanzas.
Por último, el Todopoderoso ordenó a Moshé que procediera a reunir al Pueblo y les enseñara el cántico y que sería recordatorio de las consecuencias de apartarse del Eterno.