miércoles, 28 de octubre de 2009


PARASHA LEJ LEJA
פרשת לך־לך

No hay edad para el cambio

Setenta y cinco años tenía Abraham al salir de casa de su padre. Setenta y cinco años vivió Abraham equivocado. Escuchó el llamado de Di-s y partió. ‘Y dijo el Eterno a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa paterna, a la tierra que te señalaré’..
¿Qué sabemos de los setenta y cinco primeros años de Abraham?
Poco y nada. El Midrash nos cuenta que era comerciante. Teraj, su papá, moldeaba ídolos para cultos paganos. En una ocasión salió su papá, y dejó a Abraham a cargo del negocio. Abraham tomó un palo y destrozó todas la estatuas de su padre. Todas, menos una; y en sus manos puso el palo.
Su padre regresó, y al ver el desastre en su comercio, preguntó horrorizado a su hijo: ‘¿Quién hizo ésto?’.
"¡No sabes lo que pasó cuando saliste!", dijo Abraham. "Las estatuas comenzaron a pelearse. Todas querían comer primero de las ofrendas. Una decía ‘¡Primera, yo!’ otra ‘¡No, primero yo!’. La más grande de todas, tomó un palo en la mano y destrozó a todas sus compañeras".
"¿Crees que soy tonto?", dijo Teraj a su hijo. "¿Cómo voy a creer éso?".
"No escuchen tus oídos lo que está diciendo tu boca", dijo Abraham (Bereshit Rabá 38, 13).Abraham comprende que setenta y cinco años son muchos, pero que eso no lo inhibe para actuar.
De hecho, los grandes sucesos de la vida de Abraham ocurrieron después de los setenta y cinco años. A los setenta y cinco años se va de su casa y se establece en la Tierra de Israel. A los ochenta y seis años, nace su primer hijo (Ishmael). A los noventa y nueve años, cambia su nombre, y abraza la fe judía practicándose el brit milá. Y a los cien años, nace su hijo Itzjak..¿Qué hizo Abraham antes de los setenta y cinco? Sabemos poco. Lo que sí sabemos es que la vida -la auténtica y provechosa vida de Abraham- comenzó allí, en ese punto en el que mucha gente dice ‘Ya no tengo más fuerzas’.
En ese punto, Di-s llama a Abraham y le dice: ‘Si creías no tener más fuerzas, Yo te llamo, te confío la formación de un pueblo de quien serás su padre, y te demostraré que tenes muchas más fuerzas de las que creías tener. Mañana a la mañana no te vas a levantar para ir al negocio de tu papá a vender ídolos de barro en los que no crees...Lej, Lejá...¡Vete de aquí!. Junta fuerzas y sal de tu vida en busca de un nuevo rumbo. Yo estoy contigo’.Leí en una oportunidad, acerca de los premios Nobel y de su orígenes. Alfred Nobel, un químico sueco, amasó fortunas fabricando explosivos y vendiendo la fórmula a diferentes gobiernos para fabricar armamentos.
Ya de grande, el hermano de Nobel murió, y por un error periodístico se público la necrólogica de Alfred, que por la mañana tomó el diario y se enteró que...¡había muerto! Sin embargo, tuvo una oportunidad única; logró leer aquello por lo que sería recordado a la hora de su muerte.
Fue tal su costernación al ver que pasaría a la historia y sería recordaddo por ser un mercader de la muerte, que tomó toda su fortuna y la usó para crear la fundación que premia los mayores logros en diversos campos útiles para la humanidad.
Y en realidad, es por eso –por los premios- y no por los explosivos que se lo recuerda al día de hoy. Fue en los últimos años de su vida, que Nobel le imprimió un nuevo rumbo a la existencia.No seamos ingenuos. Hay ciertas veces en la vida que es difícil volver a empezar. La edad nos limita para ciertas cosas, a todos, niños, jóvenes y ancianos. Uno va creciendo y ciertas cosas ya son difíciles de cambiar. Para convivir con ello, también es necesario ser fuerte.
Quiera Di-s darnos la fuerza para cambiar lo modificable, y para aprender a convivir con aquello que no lo es.


RAB GUSTAVO SURAZSKI

RESUMEN DE LA PARASHA SEMANAL


PARASHA LEJ LEJA - VE PARA TI
Libro Bereshit / Génesis (12:1 a 17:27)

Resumen de la Parashá
Comienza la parashá de esta semana con el relato del momento en que Hashem llama a Abram para que abandone Jarán y se dirigiera a la tierra que Él indicaría. Así es que se dirigió a Kenaán junto con su esposa Sarai y su sobrino Lot y con todos los bienes que poseía. Muchos seguidores de Abram, también abandonaron Jarán, emigrando con ellos.
Llegaron a la tierra de Kenaán, a la ciudad de Shjem lugar donde una visión del Todopoderoso se le apareció a Abram para afirmar Su promesa de que cierto día esa tierra de Kenaán le pertenecería a su descendencia. Como agradecimiento por el mensaje recibido, Abram construyó un altar en ese lugar.
Comenzó en Kenaán una época de escasez de alimentos lo que motivó a Abram vivir temporalmente en Egipto. Ante el temor de que los egipcios sintieran atracción por la belleza de su esposa Sarai, dijo que ella era su hermana evitando así ser asesinado. Sarai fue llevada al palacio del Faraón y Abram recibió como regalo rebaños y sirvientes. Pero Faraón y su familia fueron afligidos con enfermedades. Entonces el Faraón entendió que ese era el castigo por haber secuestrado a Sarai. Así, Faraón pidió a Abram y a su familia que se fueran de Egipto.
Con todas sus posesiones, Abram y su familia llegó a Bet El, en Kenaán. Tanto Abram como su sobrino Lot ya eran muy ricos, con grandes rebaños y no alcanzaban los pastos para los ganados de ambos. Ante altercados entre los pastores de ambos, Abram sugirió a Lot separarse y dio a este la posibilidad de elegir primero la tierra donde quisiera habitar. Lot eligió las llanuras del Jordán, tierra fértil habiéndose establecido hasta la ciudad de Sedom, donde sus habitantes eran muy perversos. En cambio Abram se estableció en las planicies de Mamré, cercana a Jevrón. En ese lugar recibió de nuevo la promesa del Eterno sobre la futura posesión de esa tierra por parte de sus descendientes.
En ese entonces, cinco reyes de Kenaán, incluidos los de Sedom y Amorá, se envolvieron en una contienda contra Kedarlaomer, rey de Elam. Esto terminó en un combate en el que triunfó Kedarlaomer, y éste tomó posesión de Sedom y Amorá, tomando cautivos a parte del pueblo y dentro de él, a Lot y todas sus posesiones. Ante esta situación Abram enterado de lo sucedido, presentó batalla con el fin de rescatar a Lot y sus familiares y al resto de los habitantes de Sedom, saliendo victorioso.
A pesar de la fortuna económica que poseía, Abram sentía tristeza por el hecho de aún no tener un hijo. Hashem le pidió mirar al cielo y contar las estrellas, lo que era imposible hacer, y así le hizo saber que su descendencia sería tan numerosa como las estrellas.
Sarai sugirió a Abram que tomara a la sierva Hagar como segunda esposa. Hagar comenzó a faltarle el respeto a Sarai y ésta se quejó ante Abram, y luego Hagar huyó. Un ángel del Eterno se le apareció a Hagar, diciéndole que regresara ya que pronto tendría un hijo de Abram, Ishmael que sería el fundador de una gran nación. Sobre él dice la Torá: “Y él será hombre salvaje: sus manos en todos, y las manos de todos en él, y sobre la faz de todos sus hermanos morará”.
Abram tenía la edad de noventa y nueve años, y Hashem renovó Su pacto con él, ordenándole cambiar su nombre por el de Abraham, cuyo significado es “padre de una multitud de naciones”. También le ordenó realizarse, él y todos los demás varones, la circuncisión, el Brit Milá. Asimismo el Eterno ordenó cambiar el nombre de Sarai por el de Sará, cuyo significado es “princesa”.