miércoles, 22 de diciembre de 2010

LA PARASHAT DE LA SEMANA

MENSAJE DEL RABINO
PARASHAT SHEMOT
פרשת שמות


Comenzamos esta semana con la lectura del segundo libro de la Torá que en hebreo se lo conoce como Shemot “Nombres” ya que la primera oración dice:
Estos son los nombres de los hijos de Israel que llegaron a Egipto con Jacob junto a sus familias (Éxodo 1:1)
En castellano el libro se llama Éxodo, nombre que fue dado por los judíos de habla griega en la ciudad de Alejandría, y que es la forma más popular de llamarlo en las distintas traducciones de la Torá.
Consiste en cuarenta capítulos y el contenido del libro se puede dividir en tres partes:
1. El relato de la opresión egipcia sobre el pueblo de Israel, la lucha por la liberación y el fin de la esclavitud (Éxodo 1:1-15:21).
2. Descripción de los acontecimientos vividos por los hebreos desde el cruce del Mar Rojo hasta la llegada al Monte Sinaí (Éxodo 15:22-18:27).
3. Hechos ocurridos durante la travesía a lo largo del desierto y la construcción del Mishkán (Tabernáculo) (Éxodo 19-40).

La parashá comienza nombrando a las setenta personas que, junto con Jacob salieron de Canaán en dirección a Egipto como consecuencia de la invitación hecha por el Faraón a través de José a toda la familia.
Esta travesía sería el inicio de la esclavitud de cuatrocientos treinta años en Egipto una vez que el faraón hubiese muerto y fuera reemplazado por otro, quien,de acuerdo a la Torá no conoció o bien no aceptó el trato dado a los hermanos de José:

“Surgió un nuevo rey en Egipto que no conoció a José” (Éxodo 1:8)

Este nuevo faraón manifestó a su pueblo el temor por el crecimiento numérico de los hebreos, quienes en cualquier momento podían socavar el régimen. Por ello puso oficiales sobre los hebreos para oprimirlos con trabajos forzados y los obligó a construir las ciudades de guardia para el Faraón: Pitón y Ramsés.
La vida comenzó a ser muy “amarga” para los hebreos ya que además existió la orden dada a las parteras de matar a los varones hebreos que naciesen a partir de ese momento. De acuerdo a la Torá estas mujeres no obedecieron las órdenes del faraón y por ello la población hebrea siguió creciendo mucho.
Este fue el preludio a la historia del nacimiento de Moisés y el famoso relato de cómo su madre lo escondió durante tres meses poniéndolo luego en un cesto a orillas del río, hasta que fue encontrado por la hija del faraón, llevado al palacio y criado allí como un príncipe hebreo.
La Torá ubica rápidamente a Moisés como un joven ya crecido:

Sucedió que en aquellos días que creció Moisés y fue hacia sus hermanos y vio sus duros trabajos. Y vio a un hombre egipcio golpeando a un hebreo uno de sus hermanos. Miró a cada lado y comprobó que no había nadie y golpeó al egipcio y lo enterró en la arena” (Éxodo 2:10-12)

A partir de estos versículos entendemos que Moisés conocía su identidad judía. Este es el primer relato que muestra el interés y preocupación que Moisés tenía hacia los hebreos quienes son llamados sus “hermanos” y que va seguido de un segundo relato que habla de una reyerta producida entre dos hebreos que lo reconocieron y le preguntaron si los iba a matar como había ocurrido en el episodio anterior.
El hecho fue inmediatamente conocido por el Faraón quien mandó a buscar a Moisés para matarlo y por ello Moisés escapó del lugar dirigiéndose a Midián.
Allí conoció a quien sería su suegro Reuel o Itro quien le dio a su hija Tzipora como esposa y entonces, Moisés decidió radicarse temporariamente allí.
Mientras tanto en Egipto había muerto el faraón y los hebreos se quejaban por el duro trabajo de esclavos que debían realizar y clamaron a D´s con sus lamentos.
De acuerdo a la Torá, D´s escuchó el sufrimiento de los hebreos y el texto relata el momento en el que Moisés fue llamado por D´s:

“Moisés pastoreaba el ganado de Itro su suegro, sacerdote de Midián y condujo al ganado mas allá del desierto. Y llego al monte de D´s Horeb. Y se le apareció un ángel de D´s en una llama de fuego en medio de la zarza. Y vio que la zarza estaba ardiendo en el fuego pero la zarza no se quemaba” (Éxodo 3:1-3)

Este párrafo es el preludio a la revelación de D´s a Moisés quien le pidió que se dirigiera nuevamente a la tierra de Egipto y procurar la liberación del pueblo de la esclavitud.
La Torá describe en forma vívida los temores de Moisés frente a la tarea, la excusa de su tartamudez y la reacción del palacio del Faraón para evitar la liberación del pueblo.
D´s consiguió convencerlo para esa misión, puso a Aarón su hermano a su lado para hablar por él y así se dirigieron al palacio real e hicieron el pedido de liberar al pueblo de Israel, cosa que no convenció en absoluto al faraón. Pero Moisés ya tenía la forma para iniciar, con ayuda de D´s el desencadenamiento de las plagas que finalmente convencieron al Faraón de dejar salir al pueblo hebreo.
La parashá termina con la amenaza de D´s al faraón:

“…Ahora verás lo que Yo hare al Faraón; porque con mano fuerte los dejara ir, y con mano fuerte los echara de su tierra” (Éxodo 6: 1)

Así comenzó el relato que forma parte integral de la historia del pueblo de Israel, la esclavitud en Egipto y a través de Moisés, la liberación y el retorno a la tierra de Canaán.

Shabat Shalom

Rab. Ruben Saferstein

PALABRAS DE VIDA


“Tefila” : Clarificar-se

En hebreo rezar u orar se dice “tefilá”. Tefilá es una palabra que nos invita a profundizar el concepto de plegaria a la luz de la Torá.
La raíz (el shoresh) de tefilá es P.L.L. (en hebreo las letras “F” y “P” son intercambiables), que se puede utilizar como ”juzgar”, “diferenciar”, “clarificar”, “decidir”. En la vida constantemente debemos discriminar entre la evidencia y el rumor, entre lo válido y lo descabellado, entre la realidad y la fantasía. El ejercicio de esta facultad se denomina “plilá”. Así es como la palabra “plilim” (de P.L.L.) se utiliza para definir a un tribunal, y ¿Cuál es la función de un tribunal sino examinar pruebas y dictaminar un fallo?
Por ende la plegaria vendría a ser la meditación del alma por definir lo que verdaderamente importa e ignorar las trivialidades que a menudo se disfrazan de valores o necesidades fundamentales.

(Adaptado del Sidur Avodat HaLev)


Sem. Dr. Gabriel Pristzker
Director Comunitario

EL RESUMEN DE LA PARASHAT SEMANAL


Parashá Shemot - Nombres

Resumen de la Parashá

La parashá Shemot correspondiente al segundo libro de nuestra Torá, Shemot (Éxodo), comienza recordándonos los nombres de los hijos de Yaacob. Su descendencia fue fecunda y se multiplicaron.
Un nuevo Faraón surgió en Egipto que no conocía lo que Yosef había logrado para Egipto, y temía que los Hijos de Israel se volvieran más fuertes que el pueblo egipcio y por ello inició una política opresora hasta llegar a convertirlos en esclavos. Así fueron obligados a edificar fortalezas y las ciudades de Pitom y Ramsés. Pero los judíos continuaban creciendo aún más, el numero de nacimientos sigue incrementándose. Entonces el Faraón ordenó a las parteras hebreas a que todo varón hebreo recién nacido, fuera arrojado al río Nilo. Pero las parteras no hicieron lo ordenado por el Faraón, dejando así vivir a los niños, bajo la excusa de que las mujeres hebreas daban a luz antes de que ellas llegaran.
Dos miembros de la tribu de Leví, Amran y Iojéved ya eran padres de dos hijos, Miriam y Aarón. Pero Iojéved, en tiempos del decreto del Faraón dio a luz a un otro varón, que fue escondido durante los primeros tres meses de vida y luego colocado dentro de una canasta entre los juncos de la ribera del río. Su hermana Miriam quedó cerca de ella y observó cuando se acercó a la canasta, la hija del Faraón. Esta vio que había dentro de ella un niño y adoptó al bebe a pesar de que se dio cuenta de que era un hebreo. Miriam se acercó para ofrecerle una nodriza para amamantarlo, a lo aquella accedió. Así Iojéved alimentó y crió a su propio hijo. Fue creciendo y luego fue llevado al palacio real donde se puso el nombre de Moshé, que significa “sacado de las aguas”.
Ya grande, Moshé observó la opresión y sufrimiento de sus hermanos. Vio como un capataz egipcio golpeaba con dureza a un hebreo. Moshé, que observó si había alguien cerca, decidió matar al egipcio y lo enterró en la arena. Al día siguiente, vio a dos israelitas discutiendo, y quiso intervenir para apaciguarlos, a lo que uno de ellos le respondió si él los juzgaría y mataría como lo hizo con el egipcio. Moshé comprendió que se sabía lo acontecido y que debía huir, ya que su vida estaba en peligro. Huyó hacia Midián, llegó a un pozo donde ayudó a las hijas de Itró a abrevar sus ovejas. Fue invitado a vivir con ellos e Itró le dio por mujer a su hija Tzipora. Tuvieron dos hijos, Guershom y Eliézer.
Mientras tanto, el Faraón había fallecido y su sucesor continuó con la opresión hacia los hebreos, aumentándola. Los judíos pedían ayuda al Eterno. Hashem recordó su Pacto con Abraham. Mientras Moshé apacentaba las ovejas de su suegro Itró, vio una zarza que ardía sin consumirse, y el Todopoderoso por primera vez le habló y le ordenó quitarse su calzado pues estaba en tierra sagrada. Le ordenó ir al Faraón para liberar a Su pueblo, a lo que Moshé consideró que él no era digno para esa misión. Hashem le prometió que Él daría Su ayuda Divina. Ante la pregunta de Moshé sobre cuando los hebreos le preguntaran el nombre del Eterno, Le respondió que debía decir: “Yo soy el que soy”. Moshé debía informar a los ancianos sobre su aparición y que debían presentarse ante el Faraón para pedirle dejara salir al pueblo para ofrecer sacrificios al Eterno en el desierto. También le indicó que el Faraón no los dejaría ir y que luego Él extendería su mano para forzar al Faraón a dejar salir al pueblo.
Moshé dudó si le creerían, pero el Todopoderoso le demostró su poderío transformando su vara en una serpiente, le indicó poner su mano sobre el pecho y le apareció a Moshé lepra y luego milagrosamente, sanó. También el Eterno le dijo si los israelitas no le creyeran, debía tomar agua del río Nilo y al verterla sobre tierra seca, se transformaría en sangre. Moshé señaló su falta de “palabras”, ya que padecía de problemas de habla, a lo que el Eterno indicó que su hermano Aharón sería su vocero.
Moshé contó lo sucedido a su suegro Itró, quien le contestó que fuera a sacar a sus hermanos de Egipto. Moshé partió con su familia y se encontró con su hermano Aharón en el monte Horeb y le contó todas las palabras del Eterno y luego los ancianos creyeron en Hashem.
Moshé y Aharón fueron ante el Faraón y le solicitaron dejara salir al pueblo a ofrecer sacrificios al Eterno en el desierto, pero se negó ante el pedido e impuso decretos más duros contra los judíos. A partir de ese momento no recibirían paja para fabricar los ladrillos, pero debían continuar elaborándolos. Nuevamente los ruegos ante el Faraón fueron rechazados. El Todopoderoso aseguró a Moshé que ante Su mano fuerte, el Faraón finalmente dejaría salir al pueblo.

jueves, 16 de diciembre de 2010

LA PARASHA DE LA SEMANA


MENSAJE DEL RABINO

PARASHAT VAIEJI
פרשת ויחי


Ciento cuarenta y siete años tenía Jacob, cuarenta y dos menos que su padre Isaac y después de diecisiete años en Egipto, su salud comenzó a decaer.
Llamó a Iosef y le pidió que jurara que no lo enterraría entre los egipcios, sino en la Tumba de los Patriarcas, en Hebron. Iosef se comprometió a hacer lo que su padre le pidió.
“Haré conforme a tus palabras. Y le dijo Israel: Júramelo y él le juró, e inclinose Israel sobre la cabecera de la cama” (Génesis 47:31)
Parashat Vaieji describe la bendición que Jacob daría a cada uno de sus hijos al igual que a sus nietos, hijos de Iosef, Efraím y Manasés.
Estos últimos fueron considerados por Jacob como hijos propios y de acuerdo a ello les dio su bendición:
“Que D´s, ante Quien anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el D´s que me sustentó desde que nací hasta hoy, el Ángel que me libró de todo mal, bendiga a los muchachos y sean ellos llamados con el nombre mío y los de mis padres Abraham e Isaac y se incrementen como los peces en medio de la tierra” (Génesis 48:16)
El capitulo cuarenta y nueve reúne a todos ellos delante de su padre quien dedicó palabras especiales a cada uno describiendo su carácter, personalidad y anticipando el futuro que les sobrevendría.
Los hijos esperaban una bendición pero no fue eso lo que les dijo Jacob.
“A Rubén lo castigó por la lascivia que lo impulsó a acostarse con Bilha negándole sus derechos como primogénito, lamentó la violencia en Shjem por Simón y Levi y los maldijo en vez de bendecirlos, anunciando que los dispersaría en Israel; elogió el coraje de león de Judá y le prometió un cetro regio y abundancia de vino y leche; a Zebulón le anuncio que llegaría a ser una tribu de comerciantes y marinos, comparo a Isajar con un asno robusto que trabaja alegremente en una tierra de deleite y a Dan con una serpiente que en el camino muerde los talones al caballo y hace caer al jinete, a Neftalí con una cierva veloz perseguida por cervatos, Benjamín, un lobo hambriento. A Gad le dijo: `Tú depredarás y serás depredado pero al final serás victorioso’. A Asher le dijo ‘Cosecharas buen trigo y cocerás buen pan’. La mayor bendición la reservó a Iosef a quien comparo con un novillo fuerte junto a una fuente, desdeñando las palabras de los honderos y las flechas. D´s mataría a los enemigos de Iosef y lo bendeciría con lluvias abundantes, fuentes perpetuas, buenos rebaños, esposas fértiles y orgullo ancestral” (R.Graves y R. Patai, Los Mitos Hebreos, p.242)
Murió Jacob y Iosef hizo embalsamar su cadáver, tarea que llevó cuarenta días; y ordenó a los egipcios que hicieran duelo por él durante sesenta días. Habiendo pasado el periodo de duelo, Iosef pidió permiso al faraón para ir a enterrar a su padre a la Majpelá, en la Tierra de Canaán, lugar de sepultura de sus abuelos y el resto de la familia de los Patriarcas.

A su regreso a Goshen, los hermanos tuvieron miedo de que Iosef se vengara de ellos por lo que le habían hecho en su juventud. Pero Iosef reconfortó a sus hermanos y les terminó de perdonar lo que había pasado, y fueron ellos los que fueron tranquilizados por las palabras de Iosef.
Tiempo después, Iosef ya anciano, anunció a sus hermanos que estaba por morir y les anunció que en su momento, D´s sacaría a todo el pueblo de Egipto. Les pidió que llevaran sus huesos a la tierra de Israel al momento de la partida, hecho que se produciría más de cuatrocientos años después.
Iosef murió con sus biznietos en brazos y también recibió los rituales funerarios de Egipto. Fue embalsamado y puesto en un sarcófago en las orillas del rio Sihor. El duelo por Iosef se mantuvo por setenta días.
De este modo termina el libro de Bereshit cuyos cincuenta capítulos nos permitieron conocer los comienzos de la historia del pueblo de Israel hasta el momento en que se inició la esclavitud, tema que ocupará gran parte del libro de Éxodo.
Shabat Shalom

Rab. Ruben Saferstein.

PALABRAS DE VIDA


Doce Segundos

En una Convención Mundial de Neurología, realizada en Estados Unidos, uno de los principales tópicos fue el fenómeno de las personas que se desmayaban en el instante en que se levantaban de la cama.
Una de las oradoras, la profesora Linda Mc Maron, de Inglaterra hizo una prolongada exposición respecto de su estudio en este campo.
Explicó que después de muchos años de estudios e investigaciones sobre el tema, se llegó a la conclusión de que este tipo de desmayos, es causado por la rápida transferencia de la posición de acostado a la de parado. La Profesora Mc Maron, explica que la sangre demora unos doce segundos, para fluir de los pies a la cabeza.
Por lo tanto, cuando una persona se levanta velozmente, la sangre es transportada muy rápidamente al cerebro, lo que puede resultar en un desmayo. Sugirió entonces que cada persona, aun los que no tengan tendencia a desmayarse, se sienten en la cama, al despertarse y contar lentamente hasta doce, para evitar estos malestares, languidez o desmayo.
Otro profesor, judío observante, pidió permiso para hablar y dijo:
Nosotros los judíos, tenemos una antigua tradición de millares de años que es decir una oración de agradecimiento al Creador del Mundo, por concedernos la oportunidad de un nuevo día de realizaciones. (*)
La oración debe ser dicha inmediatamente después de despertarse, mientras se está en la cama. A continuación la recitó lentamente en hebreo:

Modé (modá, en caso de una mujer) aní lefanéja, Mélej Jai Vecaiam, shehejezárta bi nishmati bejemlá. Rabá Emunateja.

“Te agradezco, Rey Viviente y Eterno, pues me regresaste el alma con gran piedad, grande es tu lealtad”.

Esta bendición tiene doce palabras y si la persona la dice lentamente y con concentración, le lleva exactamente doce segundos. Entonces, corresponde un aplauso para el Creador del Mundo. El auditorio irrumpió en aplausos, que retumbaron por todo el salón.
Tal vez, cada uno de nosotros, también deba aplaudir al Creador, todas las mañanas, luego de recitar el "Modé aní".

(*) En el Talmud, en el Tratado de Guitin 70a, dice que "Aquel que se levante rápidamente, apenas se despierte, corre riesgo de vida".
Dr.Gabriel Pristzker
Director Comunitario

RESUMEN DE LA HAFTARAH SEMANAL


PARASHAT VAIEJI - Y VIVIO

Resumen de la Parashá

Después de vivir 17 años en Egipto, se aproximaba el final de los días de Yaacob y llamó a su hijo Yosef a quien pidió que le prometiera que lo sepultaría en la tierra de Canaán, junto a sus padres en la Cueva de Majpelá, el lugar donde estan Adam y Java, Abraham y Sara, Itzjak y Ribká. Yaacob se encontraba enfermo y Yosef junto a sus hijos Efráim y Menashé, fue hacia él. Yaacob expresó que ellos serían cabezas de tribus, al igual que sus propios hijos.
Mientras, recordó a su hijo Yosef sobre cuándo murió su esposa Rajel y que la sepultó en Bet Lejem. Luego, bendijo a sus nietos Efráim y Menashé. Yaacob eleva a Efráim y a Menashé al estatus de sus propios hijos, dándole así a Yosef una doble porción, lo que le saca el estatus de primogénito a Reubén. Como Yaacob es ciego por su edad, Yosef pone a sus hijos cerca del abuelo. Yaacob los besa y abraza. Yaacob colocó su mano derecha sobre la cabeza de Efráim (el más joven), y su mano izquierda sobre Menashé. Yosef creyó que su padre estaba equivocando al colocar la mano derecha sobre el menor y la izquierda sobre el mayor, cuando en realidad debía ser a la inversa, a lo que Yaacob sostuvo no estar equivocado ya que Menashé se convertiría en una gran nación, mientras que Efráim sería aún mayor. Yaacob le explica que su intención es bendecir a Efráim con su mano fuerte porque Yehoshúa descenderá de él, y también porque Yehoshúa será tanto el conquistador de Eretz Israel como el maestro de Torá del Pueblo Judío.
Cercano a su muerte, Yaacob llamó a todos sus hijos, quienes junto a su cama, fueron recibiendo uno a uno, las bendiciones. Profetizó sobre cada una de las tribus y describió las características de cada hijo suyo. Yaacob ordenó a sus hijos ser sepultado en la cueva de Majpelá, frente a Mamré, en el campo de Efrón en la tierra de Canaán. Allí estaban sepultados Abraham, Sará, Itzjak, Ribká y Leá.
Yaacob se va de este mundo a la edad de 147 años. Al fallecer Yaacob, Yosef se echó sobre él y llorando lo besó. Luego ordenó a los médicos egipcios que lo embalsamaran. Los egipcios lloraron a Yaacob durante sesenta días. Al cabo de ese tiempo, Yosef recibió el permiso del Faraón de subir a la tierra de Canaán para dar sepultura a su padre y así junto a sus hermanos y familiares cumplieron lo juramentado, inhumarlo en la cueva de Majpelá.
Al regresar todos a Egipto, los hermanos temieron que Yosef se vengara de todo lo que le habían hecho en el pasado, a lo que les contestó que no temieran y que los apoyaría a ellos y sus familias. Y residieron en Egipto y Yosef vivió ciento diez años.
Cercano a su muerte, Yosef hizo jurar a los hijos de Israel que sus restos serían conducidos a la tierra que el Eterno prometió a Abraham. Al morir su cuerpo fue embalsamado y colocado en un ataúd en Egipto.

LA HAFTARA DE LA SEMANA


HAFTARAH VAIEJI
Melajim I (I Reyes) 2:1-12

"Se acercaron los días de David para morir y le ordenó a Shelomó su hijo diciendo" (2:1).
En la haftará de esta semana encontramos al rey David en los últimos momentos de su vida. David, recuerda varias instancias y situaciones de su vida y le pide a Shelomó (Salomón) - su hijo, que como rey, es decir, por tener el poder en su mano, se acuerde de quienes hicieron el mal y el bien en los días de David - su padre, para retribuírles a cada uno por sus acciones.
En el libro de Shemuel II (II Samuel) desde el capítulo 15 en adelante, se nos relata que Abshalom - uno de los hijos del rey David, se reveló en contra del reinado de su padre y se coronó a sí mismo como rey. Él comenzó a perseguir a su padre y éste se escapó desde Jerusalem hasta Majanáim, al otro lado del río Jordán. Allí, el rey David fue ayudado por un hombre llamado Barzilai - el guiladita - quien lo alimentó, le dió de beber y le proveyó de todas sus necesidades en aquellos momentos tan difíciles de su vida.
Entre otros, David le pide a Shelomó que no se olvide de los hijos de Barzilai - el de Guilad, y le dice:
"Y con los hijos de Barzilai - el de Guilad - harás benevolencia y estarán entre quienes comen en tu mesa, pues ellos se acercaron a mí cuando yo escapaba de Abshalom, tu hermano" (2:7).
Al "maguid" de Duvna (Rabí Iaacov Krantz, 1741 - 1804) en el comentario a las haftarot llamado "Cojav Miiaacov", le llama la atención que el rey David haya llamado "jésed" (benevolencia, acción bondadosa no obligatoria) a la retribución que corresponde otorgarle a quién hizo un acto de bondad con anterioridad, en este caso Barzilai; ya que esto debería ser considerado por David solamente el pago y la retribución obligatoria - moralmente hablando - y no un acto de jésed.
Por otro lado, el "maguid" pregunta por qué dice el pasuk (versículo): "pues ellos se acercaron a mí cuando yo escapaba de Abshalom" en lugar de "pues ellos me acercaron a mí (hacia ellos) cuando yo escapaba de Abshalom".
Para responder a estas dos preguntas el "maguid" de Duvna nos explica la diferencia de kavod (honor, honra) entre un hombre simple que se acerca a un hombre importante y grande en conocimientos, y un hombre importante y grande en conocimientos al que se le acercan hombres simples para aprender de su sabiduría.
A pesar de que para un hombre simple es un kavod acercarse a alguien grande, el kavod del hombre grande es mucho más grande que el kavod de quienes se acercan a él. Y la prueba de esto es el hecho de que los hombres simples son los que se acercan al hombre grande y no al revés, esto demuestra que el kavod del hombre a quien el resto de los hombre se acercan a él, es más grande.
Entre David y los hijos de Barzilai ocurrieron dos cosas. Por un lado, ellos le dieron de comer y de tomar, y le proveyeron a David de todas sus necesidades; y por el otro, demostraron que David no era para ellos un hombre simple sino que todavía lo consideraban a David el rey del pueblo de Israel y la prueba de esto es que ellos se acercaron a él.
De todas maneras, David no consideró un acto de jésed propiamente dicho al hecho de que ellos le proveyeron a él de todas sus necesidades, pues es una obligación moral de toda la humanidad ayudar al prójimo cuando éste atraviesa situaciones difíciles. Pero el hecho de que lo consideraron el rey y se enorgullecieron de acercarse a él, sí fue considerado jésed por David.
Y es por eso que no está escrito en el pasuk: "pues ellos me acercaron a mí (hacia ellos) cuando yo escapaba de Abshalom" sino "pues ellos se acercaron a mí" es decir, que se honraron y enorgullecieron al poder acercarce a David, demostrando así que para ellos él era el rey de Israel a pesar de que Abshalom se había coronado y perseguía a su padre, y por tal motivo es que eso fue considerado por David un completo acto de jésed.
Por esta razón, David le ordenó a su hijo Shelomó que haga jésed con los hijos de Barzilai, es decir que además de pedirle a Shelomó que les retribuya por la buena acción, también le pidió que haga jésed con ellos, pidiéndole que los hijos de Barzilai se encuentren "entre quienes comen en tu mesa".
David no le pidio a Shelomó que los hijos de Barzilai se encuentren "entre quienes comen de su mesa", porque de ser así se entendería que David le pidió que ellos se encuentren entre quienes comen de la comida de su mesa, es decir que Shelomó les mande diariamente una ración de alimentos. Pero hacer eso únicamente no sería un acto de jésed sino una retribucíon por la buena acción que ellos tuvieron con él.
Por eso dice el pasuk: "entre quienes comen en tu mesa", es decir que David le pidió a Shelomó que los hijos de Barzilai se encuentren entre las personas importantes del reino y que coman junto con él, siendo ésto un completo acto de jésed y no una mera retribución por una buena acción, pues no aumentó el kavod de David cuando los hijos de Barzilai se acercaron a él. Ellos simplemente, demostraron que no eran participantes de la rebelión de Abshalom y no avergonzaron a David. Sin embargo, a través del acto de jésed de Shelomó, el kavod de los hijos de Barzilai sí se engrandeció al ser ellos acercados a la mesa del rey Shelomó para comer con los hombres más importantes del reino.

lunes, 13 de diciembre de 2010

AYUNO DE TEVET


AYUNO 10 DE TEVET

ASARA B´TEVET
(Viernes 17 de Diciembre de 2010).

El 10 de Tevet es el día en el que el rey babilónico Nabucodonosor sitió Jerusalén, como está descrito en Reyes II 25:1-3: "En el año noveno de su reinado, en el mes décimo, el diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia con todo su ejército contra Jerusalén; acampó contra ella y la cercaron con una empalizada. La ciudad estuvo sitiada hasta el año once de Tzidkiahu (Sedecías). El mes cuarto, el nueve del mes, cuando arreció el hambre en la ciudad y no había pan para la gente en el pueblo, se abrió una brecha en la muralla de la ciudad y el rey partió con todos los hombres de guerra, durante la noche..."

El sitio duró más de un año y medio y el 17 de Tamuz se abrió definitivamente la brecha en la muralla. Tres semanas después, el 9 de Av, el Templo fue incendiado y este evento, más que cualquier otro, simboliza el fin de la independencia judía en su tierra y el inicio del exilio.

En las escrituras se llama el “ayuno del décimo mes” (Zacarías 8:19).En Israel, este día también se observa como el Día de Kadish Nacional, al ser recitado en él la oración de kadish de duelo por las personas asesinadas durante el Holocausto, especialmente por la memoria de aquellos cuya fecha de muerte no es conocida.

El 10 de Tevet es el único ayuno que se puede realizar también en viernes.

lunes, 6 de diciembre de 2010

LA PARASHAT DE LA SEMANA


MENSAJE DEL RABINO
PARASHAT VAYIGASH
פרשת ויגש
Terminamos la parashá pasada con la tensión y angustia acerca de lo que ocurriría con Benjamín en la situación de siervo de Iosef.
Ieudá, quien había dado garantías a su padre de que regresarían todos a casa junto con el alimento que habían comprado en Egipto, se acercó a Iosef y pronunció uno de los discursos más emotivos y memorables de la Torá.
En sus palabras recordó la historia de Iosef y sus hermanos desde la época en que vivían en la tierra de Israel, pidiendo enfáticamente consideración por Iaacob, padre de todos ellos , quien, a su parecer, moriría al no ver a su hijo de vuelta, con el agravante que ya había perdido uno, en referencia a Iosef.
Fueron tan elocuentes las palabras de Ieudá que Iosef pidió en ese momento a las personas del palacio que estaban con él que se retirasen, y frente a sus hermanos rompió a llorar. Entonces les reveló su verdadera identidad.
“Soy Iosef, vuestro hermano, a quien vendisteis a Egipto” (Génesis 45:4)
La emoción cubrió todo el palacio. Los hermanos se abrazaron y se besaron luego de lo cual Iosef les encomendó que fueran a buscar a su padre Iaacob y a sus propias familias, y que fueran todos a Egipto, ya que el hambre todavía iba a permanecer por algunos años, prometiendo Iosef darles lugar para vivir y alimento para comer.
Así regresaron a Canaán y contaron toda la historia a Iaacob quien al principio no les creyó. Pero el el detalle del relato hizo convencer a Iaacob quien exclamó:
“Ya basta. Mi hijo Iosef vive. Iré a verlo antes de que yo muera” (Génesis 45:27)
Fue entonces que Iaacob, habiendo decidido ver a Iosef, partió con su familia y pertenencias en dirección a Egipto, donde tiempo después comenzaría el período de esclavitud del pueblo de Israel.
¿Dónde había quedado la promesa de vivir en la Tierra Prometida? ¿Qué pasaría con el Pacto de D´s a Abraham reafirmado en Isaac y Iaacob?
Al partir Iaacob se detuvo en Beer Sheva donde ofreció sacrificios al D´s de su padre Isaac y ante la pregunta D´s le respondió:
“Yo soy D´s Todopoderoso, el D´de tu padre. No temas bajar a Egipto, porque haré de ti un gran pueblo. Bajaré contigo a Egipto y cuando llegue el momento te haré subir también y Iosef pondrá su mano sobre tus ojos” (Génesis 46:3)
La Torá detalla inmediatamente después el nombre de las setenta personas que se trasladaron junto a Iaacob a Egipto.
Después de mucho tiempo finalmente se reencontraron padre e hijo:
“Y unció Yosef su carroza y fue al encuentro de Israel, su padre y cuando se encontraron echóse sobre su cuello llorando copiosamente” (Génesis 46:29)
Antes de que Iaacob conociese al Faraón, Iosef le recomendó que dijera que ellos eran pastores, tarea que sería vista con buenos ojos. Así fue que cuando se produjo este encuentro, el Faraón les preguntó a qué se dedicaban, y por ello contestaron que eran pastores. De este modo les dio la oportunidad de vivir en la tierra de Goshen que tenía buenos campos para el pastoreo.
La época de hambre todavía seguía y Iosef en su tarea de administrador de Egipto compró las tierras de la población necesitada a cambio de semillas, para poder palear el hambre quedándose finalmente con un quinto de las cosechas, excepto la que pertenecía a los sacerdotes.
Por orden del Faraón, Iosef estableció a su padre y a sus hermanos en el distrito de Ramsés y proveyó de alimento a todo Israel mientras duró el hambre. Jacob vivió otros diecisiete años, hasta la edad de ciento cuarenta y siete, tal como leeremos en la próxima parashá con la que cerraremos el libro de Bereshit.
Shabat Shalom

Rab. Ruben Saferstein

PALABRAS DE VIDA


PERLITAS DEL SEMINARISTA

El “Shema” de mamá

Durante el Holocausto, en Europa, muchos niños judíos fueron dejados en conventos católicos. Los padres, ante la desesperación, elegían a veces este camino. Depositaban entonces bebés y niños en los orfanatos de la Iglesia. Allí estos recibían alimento y techo. Miles se salvaron así de las cámaras de gas. Concluyó la guerra. Muchas asociaciones y centros de refugiados se ocuparon de volver a reunir a familias y registrar datos. Lentamente comenzaron a llegar noticias sobre los niños que fueron depositados en las iglesias.
Fue enviada una comisión integrada por rabinos desde U.S.A. y Gran Bretaña para tratar de devolver a estos niños al seno de su Pueblo.

Los rabinos se dirigieron al primer convento y pidieron hablar con la máxima autoridad allí. "Por supuesto que no nos oponemos que los niños vuelvan a sus familiares o por lo menos a su gente" -dijeron. Pero... ¿cómo sabrán distinguir cuál es judío? Nosotros no acostumbramos a señalar el origen o religión de los chicos". "Pues la lista de nombres nos ayudará", contestaron. "¡La revisaremos y aquellos que suenen como judíos nos demostrará su origen!". "No, no, no; no acostumbramos a hacer así las cosas!!", dijo el padre ofendido. "Tenemos que ser detallistas al máximo, sin posibilidad de error. No liberaremos niños por el mero sonido de un nombre".
Los rabinos intentaron convencerlo con buenos argumentos, pero éste seguía en la suya. "Sólo permitiré que se retiren niños con la total seguridad de que sean judíos". ¿Qué hacer? La mayoría de los pequeños fueron separados de sus familias cuando eran muy pequeños aún y no podían recordar por sí solos sus orígenes. ¿Documentos? Imposible de encontrarlos después de semejante destrucción.
Hicieron un nuevo intento para convencer al sacerdote pero éste perdió la paciencia.
"Lo siento mucho. Ya les di demasiado de mi tiempo. Decidan ya qué hacer. Les otorgo sólo tres minutos". Parecía que todos los esfuerzos iban en saco roto. El corazón de los rabinos se partía de dolor. De acuerdo a la información que tenían, varios eran los niños judíos que se hallaban en este convento, y sólo contaban con tres minutos.
A la mente de uno de los rabanim llegó una idea. "¿Podemos utilizar los tres minutos cuando queramos?" "Sí", fue la respuesta. "Entonces, vendremos cuando los niños se acuesten a dormir" "A las siete en punto", fue la respuesta del padre, que no ocultaba su desdén por la testarudez y perseverancia de los rabinos y esperaba ansiosamente la llegada de la hora señalada para saber realmente qué es lo que tramaban ¿Para qué irse y volver?
Cuando el reloj dejó oír las siete campanadas, todos los pupilos se encontraban, después de un pesado día, acostados en sus camas, ordenadas una al lado de la otra en el gran salón. Los rabinos caminaron hacia el centro de la habitación. Uno de ellos se paró sobre un pequeño banquito y esperó. Un silencio total reinó allí. Y así, con voz calma, el rabino pronunció seis palabras que penetraron en la sala de punta a punta: "SHEMA ISRAEL ADONAI ELOHEINU ADONAI EJAD" (Oye Israel, Dios es nuestro Dios, Dios es Uno).
En el instante se escucharon murmullos de todos los extremos del salón. Vocecitas y llantos: "Mamá", "Mámele", "Mame". Cada niño, en su lengua, buscaba a su madre. La que, unos años antes, en el momento de acunarlo y taparlo cada noche antes de dormir, y darle el beso de las "buenas noches", le susurraba al oído estas palabras, que son la base de la fe. Palabras que todo niño Judío debería hoy también saber: "Shemá Israel Adonai Eloheinu Adonai Ejad”.
El sacerdote bajó la vista. Los rabinos lo habían logrado.
Pudieron rescatar a los niños perdidos. Los pocos segundos que cada madre dedicó noche a noche al acostar a sus niños, fueron los que mantuvieron a sus hijos unidos a su Pueblo: Israel.

Así (salvo algunas pequeñas modificaciones de estilo) me llegó hace un tiempo.
Aún hoy lloro cada vez que lo leo.
Cuando pase la emoción, será el tiempo de la acción.

Sem. Dr. Gabriel Pristzker
Director Comunitario

RESUMEN DE LA PARASHAT DE LA SEMANA


Parashá Vayigash - Y acercóse

Resumen de la Parashá

Con posterioridad a que Binyamín fuera señalado como quien robó la copa de Iosef, Yehudá se acercó a éste y le dijo sobre el afecto especial que su padre Yaacob tenía sobre el único hijo que quedaba de su fallecida esposa Rajel y que si su padre al ver que Binyamín no regresaría, seguramente muriese. Yehudá le transmitió a Iosef que él había garantizado a su padre, que su hermano regresaría con ellos y así fue que le imploró dejara en libertad a Binyamín y que lo retuviera a él, en reemplazo.
Iosef no pudo contener la emoción que sentía y ordenó que salieran todos de la habitación, salvo a sus hermanos. Entonces rompió en llanto y les dijo: “Yo soy Iosef. ¿Vive aún mi padre? Los hermanos no pudieron responderle pues estaban sumamente asombrados y avergonzados por el trato que habían tenido con Iosef, en el pasado. Les pidió que se acercaran y los consoló pidiéndoles que no estuvieran tristes por todo lo ocurrido entonces, ya que el Todopoderoso lo envió a él, a Egipto, para que pudiera mantenerlos durante los años de hambruna. Luego les pidió que regresaran a la tierra da Canaán y dijeran a su padre que se traslade con toda su familia y bienes, a Egipto y que habitarían en la tierra de Goshen, donde tendrían alimento suficiente para el resto de los años de hambre.
El Faraón se enteró de la presencia en Egipto de los hermanos de Iosef y le pidió a éste que trajeran a Yaacob. Iosef les dio ropas y alimentos.
Cuando los hermanos llegaron a su casa y le informaron a su padre que Iosef estaba vivo y que era virrey en Egipto, no les creyó. Los hijos contaron todo lo sucedido y mostraron los carros que Iosef envió, entonces Yaacob entendió que todo era cierto. Decidió ir rápidamente a Egipto, para verlo antes de morir. En el camino hacia Egipto, Yaacob y sus familiares pasaron por Beer Sheva, lugar donde ofreció un sacrificio al Eterno.
El Todopoderoso se le apareció diciéndole que no tuviera temor por descender a Egipto, ya que de su descendencia nacería un gran pueblo. También le aseguró que lo traería de vuelta a la tierra de Israel, en referencia al momento de su muerte.
Fueron setenta personas las que llegaron a Egipto junto a Yaacob.
Iosef fue al encuentro de su padre. El encuentro fue de gran emoción y Iosef lloró al abrazarse con su padre. Yaacob le dijo: “Ahora sí puedo morir después de haber visto tu rostro, pues sé que vives”.
Luego Iosef informó al Faraón sobre la llegada de su familia. Así le presentó a su padre y a cinco de sus hermanos. Iosef les había indicado que dijeran que su profesión era la de pastores para así poder vivir en Goshen, tierra de buenos pastos. Yaacob bendijo al Faraón.
Iosef había recaudado, para las arcas del Faraón, grandes sumas de dinero por la venta de alimento. Pero el hambre continuaba aumentando y ante la falta de moneda, Iosef exigió a los egipcios que pagaran con su ganado y posteriormente sus tierras.
En Goshen, fue creciendo el número de israelitas y sus pertenencias.

LA HAFTARA DE LA SEMANA


HAFTARA EZEKIEL 37:15-28

Una de las maneras en que una profecía se vuelve irreversible es cuando se ve reforzada por un acto simbólico.
En la Haftará de esta semana, el profeta Ezekiel predice que, en la época de la última redención, las dos mitades del pueblo judío, simbolizadas en Yehuda y Yosef, habrán de reunirse como dos bloques de madera. Hashem le dice a Ezekiel : “Unelos (para que) parezcan como uno. Serán uno en tus manos” (37:17)
Si bien no hay nada que pueda separarse tanto como dos bloques de madera, con el tiempo esos dos bloques habrán de convertirse en uno solo. Y aunque únicamente Hashem sea capaz de realizar el milagro de hacer de dos bloques uno solo, para que nosotros merezcamos la aceleración de la redención, debemos “parecer como uno”. Debemos unirnos y librarnos de toda malicia.
Si bien la redención es inevitable, está en nuestras manos posponerla o bien hacer que ocurra hoy mismo.

Basado en The Midrash Says

martes, 30 de noviembre de 2010

LA PARASHAT DE LA SEMANA


MENSAJE DEL RABINO
PARASHAT MIKETZ
פרשת מקץ

Pasaron dos años desde el momento en el que el Faraón restituyó al jefe de escanciadores a su puesto y del momento en el que tuvo dos sueños que son quizás los sueños más conocidos de la Torá. El primero de ellos era el de las espigas doradas y las marchitas y el segundo el de las siete vacas gordas y las siete vacas flacas.
“A la mañana siguiente su alma (la del Faraón) estaba perturbada y mandó llamar a todos los grabadores de jeroglíficos y a todos los sabios de Egipto, y el Faraón les relató su sueño pero nadie pudo interpretárselo.” (Génesis 41:8)
Fue entonces que el jefe de los escanciadores recordó a Iosef cuando estaba en la cárcel y su cualidad de interpretar los sueños. Por ello, el Faraón mandó buscar a Iosef, y ya afeitado, bañado y con ropa nueva y limpia, y lo llevaron al palacio ante el Faraón.
Cuando Iosef se presentó ante él, el Faraón le relató los sueños y le pidió que se los interpretase.
Nuevamente apareció la figura de D´s, ya que ante su pedido Iosef le contestó al Faraón:
“Es D´s quien va a responder para tranquilidad del Faraón” (Génesis 41:16)
De ese modo y con la ayuda de D´s, Iosef interpretó los dos sueños agregando la recomendación de que el Faraón instalase una persona de confianza para ayudar a dirigir la administración de Egipto. Fue tal el entusiasmo del Faraón con las palabras de Iosef que inmediatamente lo nombró como su persona de confianza, dándole el anillo, una carroza y a Asenat, hija del sacerdote de On, como esposa.
El nombre de Iosef pasó a ser Zafnat Paneaj “descubridor de lo oculto” quien se dedicó a recorrer toda la tierra de Egipto.
Como esos años fueron los de abundancia, Iosef acopió todo el grano que pudo y lo puso a buen recaudo en los graneros destinados a ese fin.
Pasados los años, llegó la época de las “vacas flacas” y la necesidad de alimento se hizo presente, no sólo en Egipto sino también en las regiones circundantes. Iaacob y sus hijos estaban en la Tierra de Israel que también se vio afectada por la falta de comida. Por esa razón, Iaacob envió a sus hijos a proveerse de alimento a Egipto.
Fue entonces que se produjo el encuentro de Iosef con sus hermanos, aunque de acuerdo al relato, Iosef los reconoció pero no así sus hermanos.
Iosef contó que no estaban todos, que faltaba Benjamín y por eso primero los acusó de espías para luego escuchar la versión de parte de los hermanos referida al momento en el que Iosef había sido vendido a los mercaderes.
“Tus siervos son doce hermanos, hijos de un hombre de la tierra de Canaán. Sólo falta aquí el menor, que quedó con nuestro padre y el otro ya no existe” (Génesis 42:13)
Con esa información Iosef supo que su padre vivía y que su hermano menor había quedado en Canaán. Pero los acusó de espías y los puso en la cárcel durante tres días. Después de ello, pidió que uno de los hermanos quedase como garantía mientras los demás regresaban a casa para traer a Benjamín junto con ellos. Les cargó sus animales con alimento y quedándose Simón, los hermanos se reencontraron con su padre en Canaán.
Antes de la llegada, ellos recordaron la situación producida con Iosef y se recriminaron de lo que había sido hecho ya que lo que les ocurrió posteriormente fue, a su entender, consecuencia de la mala actitud frente a Iosef. Así volvieron a verse con Iaacob y le relataron la historia de lo sucedido ante lo cual Iaacob se quejó amargamente de todo ello y accedió finalmente a que Benjamín viajase a la tierra de Egipto ya que Ieudá le dio garantía de que volverían todos a casa.
La descripción que hace la Torá es muy detallada y muestra la emoción de Iosef al volver a ver a su hermano Benjamín. Tal como había hecho en la oportunidad anterior prepararon el ganado y los alimentos para regresar a Canaán pero Iosef mandó poner secretamente su copa de plata en el equipaje de Benjamín. Fue cuando emprendían el regreso que los oficiales del Faraón detuvieron a los hermanos de Iosef con la acusación de que habían robado objetos del palacio. Ante semejante acusación negaron terminantemente el robo y dijeron que si alguna pertenencia del palacio hubiere sido encontrada, que esa persona fuese matada y el resto quedaría a disposición del Faraón. El mayordomo a cargo revisó el equipaje y la copa apareció en las alforjas de Benjamín. Ante ese hallazgo quedaron todos atónitos y no pudieron desdecir lo que habían prometido con lo cual Benjamín quedaba como siervo de la corte.
Regresaron a la casa de Iosef y se prosternaron ante su presencia. Judá no podía encontrar un alegato que les diera la razón y se ofreció junto a sus hermanos para ser siervos del Faraón. Lejos de mí está el hacer esto. El varón en cuya mano fue hallada la copa será mi siervo pero vosotros iréis en paz a vuestro padre” (Génesis 44:17)
Ieudá había sido quien le había dicho a su padre que él era la garantía para regresar junto a Benjamín y resultó que el menor de los hermanos quedaba como siervo ante Iosef.
La parashá finaliza con una escena angustiante ya que los hermanos podían regresar pero sin la compañía del hermano menor Benjamín ¿Cómo reaccionaría Iaacob quien había accedido a dejar ir a Benjamín a regañadientes?
Tendremos que esperar la próxima parashá para ver el desenlace de esta apasionante historia.
Shabat Shalom

Rab. Ruben Saferstein

PALABRAS DE VIDA

Llamas externas e internas
Recordemos un poco….

En la época del segundo Templo de Jerusalém, el imperio Griego - que gobernaba en la tierra de Israel - decretó varios decretos en contra del pueblo de Israel con la finalidad de abolir su religión. Ellos prohibieron el estudio de la Torá y el cumplimiento de las mitzvot. Además, los griegos también entraron al Templo destruyendo varias partes de él, e impurificaron los objetos de culto puros que en él se encontraban.
El pueblo de Israel sufrió mucho por causa de los griegos, hasta que Dios se apiadó de nosotros y preponderaron los hijos de los Jashmonái - los sumos sacerdotes. Ellos triunfaron sobre sus enemigos y salvaron al pueblo de Israel de sus manos.
Según nos relata el Talmud, el día 25 del mes de Kislev (2 de este mes) los hijos de Israel vencieron a sus enemigos, destruyéndolos. Ellos entraron al Templo y sólo encontraron allí un frasco de aceite puro que tenía el sello del Sumo Sacerdote y que sólo alcanzaba para encender la menorá (el candelabro) del Santuario un solo día. Sin embargo, con ese aceite pudieron encender la menorá durante ocho días, hasta que machacaron olivas y extrajeron nuevamente aceite puro.
Por todo esto, nuestros sabios de aquella generación decretaron que fueran estos ocho días - a partir del 25 de Kislev - días de alegría y de alabanza, y que en ellos se enciendieran luces durante ocho noches, para mostrar y difundir el milagro ocurrido (“Pirsuma de Nisa”).
La palabra hebrea janú significa "descansaron" y el valor numérico de las letras “kaf” y “he” suma 25 (ya que en hebreo cada letra tiene un valor numérico, la letra “kaf”, 20 y la “he”, 5). Esta fiesta se llama Januká pues ellos descansaron (janú) después de mucho tiempo de batallas contra el enemigo, en el día 25 (ka) del mes de Kislev.
Además, esta fiesta se llama Januká, porque en estos días ellos hicieron una reinauguración del Templo de Ierushalaim (“janukat Habait”), que los enemigos habían impurificado.
Reflexionemos juntos… "El alma del hombre es la vela de Dios" (Proverbios)
Las llamas de la janukiá son pequeñas y silenciosas.
En la primera noche de Januká prendemos una vela. Silenciosa y pequeña. Caminamos en el cuarto y apenas notamos su presencia. Como nuestras almas, la llama está ahí. Pero muy sutilmente.
Mientras vivimos nuestros días apresuradamente llenos de ruido y confusión, es fácil perderle la pista a nuestras almas. Hay obligaciones familiares, niños, escuela, la oficina, citas, vacaciones, las noticias de la tarde, la suerte de nuestros equipos favoritos, hacer la cena, leer los e-mails, llevar el auto al taller, regresar libros prestados, regresar llamadas, pagar las cuentas y navegar por la Web.
Y de alguna forma… a pesar de esto, supuestamente, estamos obligados a recordar que cada uno tiene un alma. Que muy dentro de nosotros, nuestra esencia interna quiere hacer más que correr… quiere añorar tocar lo infinito, lo luminoso, lo Divino, lo trascendente.
El encendido de la janukiá crea un nuevo espacio en nuestras vidas. Un espacio donde podemos por un momento, desviar nuestra atención de todo aquello que nos envuelve enfocándonos en la “profundidad de la vida” ¿Quiénes somos realmente? ¿Qué sobre nuestro "yo" interno que aclamamos es preciado? ¿Qué queremos hacer con este tiempo tan corto al que le llamamos vida? ¿Por qué queremos luchar, y quiénes queremos ser… muy dentro de nosotros?
Cada noche de Januká medita “profundamente” sobre distintos temas. Pregúntate algo y luego siéntate frente al brillo silencioso de tu janukiá escuchando el sonido tan suave de tu llama interna. Puede tomar unos minutos o inclusive más, pero ten paciencia y la respuesta llegará.
Cuando llegue, escribe tu respuesta. Después de la primera noche tendrás una respuesta. La segunda noche tendrás dos. Y para el final de Januká, tendrás tanto la janukiá en tu casa, como la llama interna de tu alma, brillando con mayor intensidad.
Ese es nuestro mayor deseo para ti en este año.

Sem. Dr. Gabriel Pristzker
Director Comunitario

RESUMEN DE LA PARASHAT SEMANAL


PARASHAT MIKETZ

Resumen de la Parashá

Al cabo de dos años de que el jefe de las bebidas fuera liberado, el faraón soñó haber visto junto al río, siete vacas flacas que devoraban a siete vacas robustas. El faraón despertó de su sueño y volvió a soñar, esta vez siete espigas flacas comieron a siete espigas llenas de granos. El faraón estaba perturbado y llamó a sus consejeros, pero no pudieron interpretárselos. En ese momento el jefe de los coperos recordó que Iosef, quien estaba en prisión, podía interpretar sueños. Así fue que traído frente al faraón, quien le contó sobre lo acontecido y que había oído acerca de él y su poder de comprensión de los sueños. Iosef aclaró al faraón que no era su sabiduría la que interpretaba los sueños, sino que era el Creador quien lo hacía por su intermedio. Entonces Iosef le explicó que los dos sueños señalaban lo mismo y representaban siete años de prosperidad para la economía egipcia, al principio, y posteriormente siete años de hambruna.
Iosef recomendó al faraón que nombrara un funcionario sabio como administrador de la tierra de Egipto, explicándole que debían almacenar alimentos durante los siete años de abundancia para luego ser consumidos durante los siete años de pobreza. El faraón aceptó la sugerencia y nombró al propio Iosef como administrador y le dio el puesto de virrey de Egipto. Para ello le vistió con finas ropas, le puso el anillo real, un collar de oro y le entregó la carroza del virrey. Le dio por esposa a Asnat hija de Potifera. Nacieron de ella dos hijos Menashé y Efráim.
Iosef acumuló en todo Egipto grandes cantidades de granos, y luego comenzaron los siete años de hambre y así es que ordenó abrir los depósitos y vender a los egipcios los alimentos.
También en Canaán había una terrible hambruna, lo que motivó a Yaacob a enviar a sus hijos a Egipto para comprar provisiones, pero retuvo a su hijo menor Binyamín quien quedó en su casa por temor a que le ocurriera alguna desgracia.
Llegaron a Egipto e Iosef los reconoció, aunque los consideró como extraños y no se dio a conocer como su hermano. Los trató duramente acusándolos de ser espías a lo que negaron ser. Así ellos se presentaron señalando que todos eran una familia de la tierra de Canaán, de doce hermanos de los que había desaparecido uno de ellos y que el más pequeño había quedado con su padre, y que sus presencias en Egipto, eran para adquirir alimentos. Iosef insistió en que eran espías y que solamente les creería si alguno de ellos viajara a traer al hermano menor.
Primero puso a todos los hermanos en prisión durante tres días y, posteriormente, los liberó. Entre los hermanos se lamentaban por lo hecho en su momento con Iosef, y consideraron que todo lo que estaban padeciendo era un castigo Divino por la angustia que le hicieron padecer. Los hermanos hablaban en hebreo, y desconocían que Iosef lo entendía, ya que a éste le traducían al egipcio lo que ellos expresaban. Iosef a oír lo que decían sus hermanos, no pudo contenerse y se alejó y lloró.
Iosef regresó ante sus hermanos e hizo encarcelar a Shimón. Ordenó Iosef a sus sirvientes que en secreto llenaran con cereales los costales de sus hermanos junto a dinero que trajeron.
Al regresar a su casa, los hermanos descubrieron que no sólo traían consigo alimentos, sino también el dinero. Luego relataron a su padre Yaacob todo lo ocurrido y éste se negaba a enviar a su hijo Binyamín a Egipto. El hambre continuaba y Yehudá consiguió convencer a su padre de les que permitiera llevar con ellos a Binyamín, en su regreso a Egipto.
Llegaron nuevamente a Egipto y fueron recibidos por Iosef, quien liberó a Shimón y nuevamente ordenó llenar con provisiones los costales de sus hermanos, devolviendo el dinero. Pero en esta ocasión ordenó que, además, pusieran en la bolsa de Binyamín una copa de plata. Al intentar partir de regreso, fueron acusados de haber robado la copa de Iosef, ante lo que protestaron clamando inocencia y fueron revisados. Al encontrarse la copa en el costal de Binyamín, rasgaron sus vestimentas e Iosef ordenó retenerlo y dejar al resto en libertad para volver a casa de su padre.
Al cabo de dos años de que el jefe de las bebidas fuera liberado, el faraón soñó haber visto junto al río, siete vacas flacas que devoraban a siete vacas robustas. El faraón despertó de su sueño y volvió a soñar, esta vez siete espigas flacas comieron a siete espigas llenas de granos. El faraón estaba perturbado y llamó a sus consejeros, pero no pudieron interpretárselos. En ese momento el jefe de los coperos recordó que Iosef, quien estaba en prisión, podía interpretar sueños. Así fue que traído frente al faraón, quien le contó sobre lo acontecido y que había oído acerca de él y su poder de comprensión de los sueños. Iosef aclaró al faraón que no era su sabiduría la que interpretaba los sueños, sino que era el Creador quien lo hacía por su intermedio. Entonces Iosef le explicó que los dos sueños señalaban lo mismo y representaban siete años de prosperidad para la economía egipcia, al principio, y posteriormente siete años de hambruna.
Iosef recomendó al faraón que nombrara un funcionario sabio como administrador de la tierra de Egipto, explicándole que debían almacenar alimentos durante los siete años de abundancia para luego ser consumidos durante los siete años de pobreza. El faraón aceptó la sugerencia y nombró al propio Iosef como administrador y le dio el puesto de virrey de Egipto. Para ello le vistió con finas ropas, le puso el anillo real, un collar de oro y le entregó la carroza del virrey. Le dio por esposa a Asnat hija de Potifera. Nacieron de ella dos hijos Menashé y Efráim.
Iosef acumuló en todo Egipto grandes cantidades de granos, y luego comenzaron los siete años de hambre y así es que ordenó abrir los depósitos y vender a los egipcios los alimentos.
También en Canaán había una terrible hambruna, lo que motivó a Yaacob a enviar a sus hijos a Egipto para comprar provisiones, pero retuvo a su hijo menor Binyamín quien quedó en su casa por temor a que le ocurriera alguna desgracia.
Llegaron a Egipto e Iosef los reconoció, aunque los consideró como extraños y no se dio a conocer como su hermano. Los trató duramente acusándolos de ser espías a lo que negaron ser. Así ellos se presentaron señalando que todos eran una familia de la tierra de Canaán, de doce hermanos de los que había desaparecido uno de ellos y que el más pequeño había quedado con su padre, y que sus presencias en Egipto, eran para adquirir alimentos. Iosef insistió en que eran espías y que solamente les creería si alguno de ellos viajara a traer al hermano menor.
Primero puso a todos los hermanos en prisión durante tres días y, posteriormente, los liberó. Entre los hermanos se lamentaban por lo hecho en su momento con Iosef, y consideraron que todo lo que estaban padeciendo era un castigo Divino por la angustia que le hicieron padecer. Los hermanos hablaban en hebreo, y desconocían que Iosef lo entendía, ya que a éste le traducían al egipcio lo que ellos expresaban. Iosef a oír lo que decían sus hermanos, no pudo contenerse y se alejó y lloró.
Iosef regresó ante sus hermanos e hizo encarcelar a Shimón. Ordenó Iosef a sus sirvientes que en secreto llenaran con cereales los costales de sus hermanos junto a dinero que trajeron.
Al regresar a su casa, los hermanos descubrieron que no sólo traían consigo alimentos, sino también el dinero. Luego relataron a su padre Yaacob todo lo ocurrido y éste se negaba a enviar a su hijo Binyamín a Egipto. El hambre continuaba y Yehudá consiguió convencer a su padre de les que permitiera llevar con ellos a Binyamín, en su regreso a Egipto.
Llegaron nuevamente a Egipto y fueron recibidos por Iosef, quien liberó a Shimón y nuevamente ordenó llenar con provisiones los costales de sus hermanos, devolviendo el dinero. Pero en esta ocasión ordenó que, además, pusieran en la bolsa de Binyamín una copa de plata. Al intentar partir de regreso, fueron acusados de haber robado la copa de Iosef, ante lo que protestaron clamando inocencia y fueron revisados. Al encontrarse la copa en el costal de Binyamín, rasgaron sus vestimentas e Iosef ordenó retenerlo y dejar al resto en libertad para volver a casa de su padre.

LA HAFTARA DE LA SEMANA


Haftará Para el Primer Shabat de Januká
Zejariá (Zacarías) 2:14 - 4:7


A pesar de que para cada parashá de la Torá fue escogida una haftará que mantiene una relación temática o una analogía con alguno de los temas de la parashá, en días especiales, como ser los días de fiesta, esas haftarot se reemplazan por otras que mantienen una relación con la temática de la fiesta. Es por eso que este shabat leeremos la haftará para el primer shabat de Januká.
Para la lectura de la haftará del primer shabat de Januká fue escogida una sección del libro del profeta Zejariá (s. IV a.e.c.) - perteneciente al libro Teré Asar (los doce profetas que por ser sus libros de pequeñas dimensiones, fueron recopilados en un solo libro).
"Canta y alégrate hija de Tzión, pues he aquí que Yo vengo y moraré en medio de ti,
dice D's". (2:14).
Al comienzo de la haftará encontramos algunos versículos que hablan sobre la ciudad de Ierushalaim en los días de la redención final, pero a partir del capítulo 3 hasta el final de la haftará, vemos otra profecía sobre los primeros años del segundo Templo de Jerusalem, en la que es recordado un personaje bíblico llamado Zerubabel.
Zerubabel era el nieto de Iehoiajín, el rey de Iehudá que fue llevado al exilio desde Jerusalem a Babilonia. Cuando los hijos de Israel se encontraban aún en el exilio babilónico, el rey Ciro de Persia les dio permiso a los judíos para ascender hacia Jerusalem y construir un segundo Templo. Mucho judíos hicieron esto junto con Zerubabel, Iehoshúa el Sumo Sacerdote y otros líderes espirituales, y reconstruyeron las bases del Templo y del altar.
Pero transcurridos algunos meses, los pueblos que habitaban en Ierushalaim le escribieron al rey pidiéndole que detenga la construcción del Templo y él aceptó su pedido (Véase Ezrá - Esdras - cap. 3 y 4).
Esta profecía que habla sobre Ierushalaim en los días de la redención final, ha sido elegida para leerse en el shabat de Januká pues ella habla de una menorá (candelabro) de oro, y en ella también se habla - a partir del capítulo 3 hasta el final de la haftará - sobre los días del segundo Templo de Jerusalem, y en él, como sabemos, ocurrió el milagro de Januká.
"Volvió el ángel que hablaba conmigo y me despertó como un hombre que despierta de su dormir. Me dijo: ¿Qué es lo que ves? Y dije: he visto y he aquí un candelabro todo de oro y su reservorio sobre él, y sus siete lámparas sobre él; siete, siete conductos para las lámparas que estaban sobre él. Y dos olivos sobre él, uno a la derecha del reservorio y el otro a su izquierda". (4:1-3).
El profeta Zejariá veía claramente lo que se le estaba mostrando. Él vio una menorá a la que pudo describir detalladamente. El candelabro era de oro puro y sobre él había un gran receptáculo (reservorio) donde había aceite. El candelabro tenía siete lámparas que recibían su aceite a través de siete conductos que provenían del reservorio, que a su vez recibía su aceite de los dos olivos que estaban a sus costados.
Pero Zejariá no entendía lo que se le estaba insinuando a través de esta visión profética. Es por eso que le preguntó al ángel:
"Hablé y dije al ángel que hablaba conmigo diciendo: ¿Qué son éstos, señor mío?
Contestó el ángel que hablaba conmigo y me dijo:¿No sabes qué son éstos?
Y dije: No, señor mío. Respondió y me dijo diciendo: Esta es la palabra de D's a
Zerubabel diciendo: No por medio del poder y no por medio de la fuerza, sino por
medio de Mi Espíritu, dijo D's". (4:4-6).
D's quería transmitirle un mensaje a Zerubabel: "Así como has visto que todo lo que ocurría con la menorá se hacía por sí solo sin la intervención del hombre - ya que los olivos enviaban su aceite al reservorio sin necesidad de machacar las aceitunas y de allí iba directamente hacia las lámparas - así mismo tú debes comprender que la redención del exilio babilónico y la continuación de la reconstrucción del Templo se harán una realidad no por medio del poder y no por medio de la fuerza".
D's le dijo a Zerubabel que Él pondrá Su Espíritu y Su Voluntad en Darío - el rey de los medos - y por eso es que les dejará a ustedes construir el Templo. Pero no sólo eso. Él también se encargará de todos los gastos de la construcción y les proveerá de alimentos y otras necesidades y no precisarán ayuda de otro hombre (Véase Ezrá - Esdras - 6:9).
Observando más profundamente podemos descubrir que nuestra haftará no sólo fue elegida para ser leída en Januká simplemente porque habla de una menorá de oro y del segundo Templo de Jerusalem, sino porque en ella encontramos otro tema muy relacionado con la fiesta de Januká, como nos enseña el versículo: "No por medio del poder y no por medio de la fuerza, sino por medio de Mi Espíritu".
Los griegos intentaron introducir su cultura y su religión en el pueblo de Israel. Para conseguirlo instituyeron todo tipo de decretos en contra del pueblo, para que dejaran de observar la Torá y sus mitzvot.
Matitiahu, el hijo de Iojanán el Sumo Sacerdote, llegó a una situación donde no podía soportar más la opresión de los griegos sobre el pueblo judío, y se rebeló junto con sus hijos y algunos otros judíos. Él sabía que esa sería una guerra de débiles contra poderosos y de pocos contra muchos, sin embargo, no lo dudó ni un instante pues sabía también que ese enfrentamiento sería una guerra de justos contra malvados, de hombres puros contra impuros y de estudiosos de la Torá contra pecadores.
Matitiahu Jashmonai y sus hijos sabían que a pesar de que, acorde con las probabilidades, la guerra estaba perdida aún antes de comenzarla, el D's de nuestros antepasados los ayudaría así como liberó al pueblo en muchas otras situaciones de las que era "imposible" salir. El éxodo de Egipto, la conquista de la tierra de Israel y la salvación del aniquilamiento perpetrado por Hamán el malvado (en la historia de Purim), entre otros casos, internalizaron en el pueblo de Israel en general, y en los grandes hombres de fe en particular, el conocimiento de que D's es Quien dirige la obra de Su creación en todo momento, únicamente de acuerdo a Su Voluntad.
Y así ocurrió. Contrariamente a todos los pronósticos de la gente especializada en estrategias militares, ocurrió que los débiles les ganaron a los poderosos y los pocos obligaron a los muchos a escaparse. Los macabim y sus ideas triunfaron.
A Iehudá y sus hermanos, los hijos de Matitiahu, los llamaban los macabim por la palabra que estaba escrita sobre su bandera. La palabra "macabi" que en griego significa "valiente combatiente", también representa una sigla, la que queda formada por las primeras letras de las palabras del comienzo del versículo: "Mi Jamoja Baelim Hashem… - ¿Quién es como Tú entre los poderosos, D's…?" (Shemot -Éxodo- 15:11). La letra jaf de "Jamoja" se convierte en kaf , y la primer letra del nombre de D's (que nosotros transcribimos como Hashem) es la iod. Entonces surge la sigla M.K.B.I. a la que se le agregan vocales para poder ser leída (MaKaBI).
Los macabim sentían que su ideal quedaba completamente representado por uno de los versículos que cantaron Moshé y el pueblo de Israel, después de que D's los salvó del ejército Egipcio, que terminó hundido en el Mar de los Juncos: "¿Quién es como Tú entre los poderosos, D's…?".
Ellos enarbolaban los ideales de la Torá. Aquellos ideales que proclaman que a pesar de que es una mitzvá de la Torá cuidar el cuerpo y la salud que D's nos dio, debemos saber que el cuerpo es sólo la "vestimenta" del alma, y que así como las ropas - por más caras y lujosas que fueren - sólo protegen y sirven al cuerpo, así también el cuerpo - por más cuidado y trabajado que fuere - no es más que un servidor del alma.
Los macabim querían alejar de nuestro pueblo las ideas falsas que los griegos quisieron inculcarnos. A pesar de que ellos decían que para tener una mente sana era necesario tener un cuerpo sano (idea compartida totalmente por la Torá), ellos consideraban que la mente es solamente el raciocinio, la lógica.
Sin embargo, para la Torá la mente es mucho más que eso. La mente del ser humano es el elemento de unión entre el alma y el cuerpo, y es por eso que, sin descuidar ninguna parte del hombre, debemos darle mayor importancia a lo más importante: al alma, la parte espiritual del ser humano, que debe ser cuidada a través del cumplimiento de las mitzvot mediante el cuerpo.
(¿Por qué será que - paradójicamente - las competencias deportivas entre comunidades se llaman "macabeadas", así como muchos de los clubes judíos (Macabi) que sólo hacen hincapié en el deporte, casi sin prestarle atención al alma, es decir al crecimiento espiritual del judío basado en nuestra Sagrada Torá y el cumplimiento de sus mitzvot?).
Los macabim creían plenamente en el poder Divino. En ningún momento se atribuyeron la victoria sino que desde el primer momento confiaron en D's sabiendo que sólo de Él proviene la fuerza y el poder que el hombre puede tener, por más grande que fuere. Este aprendizaje de la fiesta de Januká, también representa uno de los pilares del pensamiento judío, y tal vez por eso también es que nuestra haftará fue elegida para leerse en Januká. Pues en ella el profeta Zejariá nos previene:
"No por medio del poder y no por medio de la fuerza, sino por medio de Mi Espíritu,
dijo D's".
"A pesar de que ustedes creen ver que las cosas ocurren por vuestra decisión personal y vuestro esfuerzo, eso es un espejismo solamente. Mi espíritu es el que obra en todos los mundos para que las cosas ocurran. La creencia que ustedes tienen en Mí es la que provoca que Yo decida que ustedes concreten vuestros logros y obtengan lo que desean" - dice D's.

JANUCA , LA FIESTA DE LAS LUMINARIAS

JANUCÁ DE HOY Y DE SIEMPRE

Por Moshé Korin, MILIM DIGITAL


De un tiempo a esta parte, los festejos de Janucá han cobrado gran lucimiento. En generaciones anteriores, consistían en una lectura breve y en el recitado de las oraciones “Al Hanisim” (Por los milagros) y “Halel” (Cánticos de alabanza). Esto en cuanto al culto y en el ámbito familiar, en encender las velitas de cera o de sebo, “hacer honor” a las sabrosas “latkes” (torrejas) y entretenerse con juegos de naipes los adultos y de trompo o perinola los niños, los que también eran gratificados con el obsequio de monedas (“Dmei Januká”, en ídish: “Jánuke guelt”).
Sin menoscabo de las viejas tradiciones, Janucá ha pasado a ser la gran festividad nacional que hoy conocemos: bulliciosa, multitudinaria, con sus canciones, sus desfiles y sus paseos.

UN POCO DE HISTORIA

A partir del año 586 antes de la Era Común , cuando los babilonios se apoderaron de Jerusalem y destruyeron el Templo, el Pueblo Judío fue expulsado de su patria. En el año 538 a .E.C., Ciro (Koresh), rey de Persia, conquistó Babilonia y permitió el regreso de los exiliados a Judea. Ellos restauraron el país y construyeron el Segundo Templo.
La dominación de los persas duró hasta 332 a .E.C., año en que fueron vencidos por el gran jefe griego Alejandro de Macedonia (El Grande), cuyo imperio se extendió por Europa, Asia y África. A la muerte de Alejandro, ese imperio se desmembró, en medio de fuertes luchas entre sus generales. Por un tiempo, Judea quedó en poder de Egipto; luego pasó a manos de Siria, bajo la dinastía de los Seléucidas.
Uno de los monarcas sirios, Antíoco Epifanes, quiso que todos los pueblos de su reino adoptaran las costumbres griegas y decidió convertir por la fuerza a los judíos en paganos. Muchos se negaron, a costa de grandes sufrimientos y aún de la propia vida, hasta que al cabo de medio año, en el poblado de Modiín, cerca de Jerusalem, el anciano sacerdote Matitiahu (Matatías) encabezó la rebelión ( 167 a . E.C.).
Matitiahu pertenecía a la familia de los Hasmoneos. Tenía 5 hijos: Iojanán, Shimón, Iehudá, Eleazar y Ionatán. El que más sobresalía era Iehudá, apodado “el Macabeo” (Iehudá Hamacabí)
Y así comenzó, posiblemente, la primera guerra de guerrillas por la libertad espiritual y política.

LA VICTORIA, FUENTE DE INSPIRACION

Al cabo de años de lucha, los Hasmoneos lograron que las disposiciones de Antíoco Epifanes quedaran abolidas y que se volviera a las que regían antes de la persecución. Posteriormente , la familia de los Hasmoneos consiguió que uno de sus miembros fuera reconocido (aunque a veces de mala gana) por los reyes sirios, como gobernante legal de Judea.
Janucá, una festividad radiante, brilla con sus luces gracias a la bravura moral de un pueblo que, siendo pequeño y débil, se atrevió a alzarse contra una poderosa tiranía.

HELENISMO

Debe ser subrayado que el helenismo, liderado por Antíoco, que contaminó a la Judea de entonces, junto a otras tierras de Oriente, no fue el de la Ilíada clásica ni el de Sócrates, sino una especie abaratada, decadente y voluptuosa parte de la cultura helénica importada por los mercenarios, traficantes de esclavos y rufianes de prostíbulos.
El efecto de esta nueva civilización, sobre la moral de la vida de Judea fue devastador. Todos los preceptos tradicionales judíos fueron prohibidos por el dominador pagano, so pena de muerte. Los ejemplares de la Biblia y otros textos judaicos fueron destruidos y la mera posesión de éstos, era castigada con la pena capital. El Templo mismo fue profanado y convertido al culto de Zeus y hetairas (cortesanas, prostitutas), actuaban en sus sagradas dependencias. En ciudades y aldeas se instalaban altares paganos para someter a los judíos a pruebas de lealtad al helenismo.

“JANUCÁ” (INAUGURACIÓN).

Cuando reconquistaron Jerusalem, enseguida se dedicaron a restaurar el Templo. Retiraron el altar a Zeus y construyeron uno nuevo en su reemplazo, fabricaron nuevos utensilios para el culto y finalmente pudieron realizar la inauguración (“Janucá”). Fue en el año 165 a . E.C., el día 25 del mes de kislev. La fiesta, con sus servicios religiosos, duró 8 días. En su transcurso, el Templo fue profusamente iluminado. Según la leyenda, Iehudá Hamacabí y sus compañeros encontraron en un rincón del santuario un pequeño recipiente sellado, que contenía aceite para apenas una noche y el aceite sirvió para alimentar el candelabro de siete brazos durante 8 noches. Por eso, en la semana de Janucá se encienden luminarias en lugares públicos y en los hogares judíos. Se considera una obligación hacerlo, para mujeres, hombres y niños.

QUÉ NOS DICEN LAS FUENTES

Los Libros de los Macabeos 1º y 2º, que no son libros canónicos (no entraron a formar parte de la Biblia) constituyen, sin embargo, una fuente valiosa para el conocimiento de los hechos que nos ocupan. En “Séfer Hajashmonaím álef” (Primer Libro de los Macabeos), se pone el acento en la inauguración del Templo.

Una segunda versión del por qué dicho acontecimiento se festeja durante 8 días y no sólo el 25 del mes de kislev, podría ser la que figura en el 2º Libro de los Macabeos, donde se señala que ese tiempo, es el que dura la fiesta de “Sucot”, que los guerreros fugitivos habían debido celebrar dos meses antes “en los montes y en las cavernas, a modo de fieras”. Y ahora, después de la victoria, lo pudieron hacer libremente “llevando ramas verdes y palmas, cantando himnos y canciones rememorando la gloriosa gesta”.

FUENTE DE INSPIRACIÓN

La gesta de Janucá fue inspiración para muchos luchadores contra la injusticia y la opresión. Resultó ser fuente de aliento y fortalecimiento para la rebelión en el Gueto de Varsovia, en otros guetos y en campos de exterminio.

También fue fuente de inspiración para el movimiento de liberación de Eretz Israel y el Sionismo, a fin de establecer un Estado judío libre e independiente.

Estimula al pueblo judío, la proeza que hoy conmemoramos, inspira a resistir la asimilación y la tentación de adoptar falsos fetiches o ídolos, a bregar por los ideales de la propia herencia cultural y tradicional, en medio de una mayoría a veces aplastante y para seguir cultivando su acervo cultural en el seno de una vasta civilización dominante, que ambiciona muchas veces, a devorar todo lo que no es ella misma.
La gesta de los macabeos nos induce a la convivencia armónica en la diversidad.

PASADO Y PRESENTE

La simetría con que se unen acontecimientos de la antigüedad con los del presente es fascinante. Se pueden tender líneas y tejer un sinfín de concomitancias históricas de la vida judía de aquel entonces y de la actualidad.
Celebrando ya más de 62 años de la independencia de Israel, también estamos celebrando una gloriosa fiesta pública por la victoria del espíritu judío en la historia.
Estas festividades nos enseñan que, siempre que seamos fieles a nosotros mismos, a nuestro patrimonio, a nuestros valores y a nuestra cultura y tradición, en convivencia armónica con la diversidad, nos transmiten que Israel y el pueblo judío pueden marchar al ritmo de su propio tambor y establecer la agenda de acuerdo a las propias necesidades, voluntad y elección.
En la actualidad, el gran desafío que resta, es la construcción de la paz, el cual, aunque complejo y difícil, seguirá adelante.

GRAN GALA DE TEATRO EN DOR JADASH


En el marco de las actividades previstas se realizó con gran éxito de público e interpretativo una función de teatro que con contó con la participación de los dos elencos de la Institución. En esta oportunidad el Grupo ESPERANZA contó con la apoyatura del Grupo TEATRO ADULTOS ambos bajo la dirección del Prof. PABLO LICHTIN.

SALUDO FINAL
Pusieron en escena dos obras del reconocido escritor y humorista israelí Efraím Kishonhu: "La Perla" y "No exagere Coimeti!" y una selección de textos humorísticos "La idishe mame" que hicieron las delicias del públco asistente por el talento y humor que se reunieron para hacer una inolvidable tarde.

Nuestras felicitaciones y agradecimiento por hacernos disfrutar del trabajo y sentirnos orgullosos de la pertenencia.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

LA PARASHAT DE LA SEMANA

MENSAJE DEL RABINO
PARASHAT VAIESHEV
פרשת וישב
Comenzamos a partir de esta semana con la saga de Iosef y sus hermanos cuya historia se desarrollará durante los próximos tres shabatot hasta finalizar con el libro de Bereshit.
Al ocupar cuatro parashiot constituye la narrativa más larga del primer libro de la Torá.
Desde el principio se describe la actitud de Iosef hacia sus hermanos:
“Esta es la historia de Jacob. Iosef, a la edad de diecisiete años, apacentaba los rebaños con sus hermanos y estaba con los hijos de Bilhá y con los hijos de Zilpá, mujeres de su padre. Y el muchacho traía a su padre malas referencias sobre la conducta de ellos” (Génesis 37:2)
La Torá no explica qué eran estas “malas referencias”. Hay traducciones que utilizan la palabra “habladurías “ y que éstas se referían a maldades que cometían algunos de sus hermanos que son ilustradas en la literatura del midrash con los siguientes ejemplos:
“Gad, el mejor pastor de todos los hermanos, elegía la guardia nocturna y si alguna fiera atacaba al ganado, la asía por las patas traseras y le rompía la cabeza golpeándola contra una piedra. Iosef les acusaba de matar secretamente y comer los mejores carneros.” (Testamento de Gad 1:1, Génesis Raba 1008-09)
“E Israel amaba a Iosef más que a todos los demás hijos porque era hijo de su vejez y le hizo una túnica talar con mangas largas(señal de distinción) Y cuando sus hermanos vieron que su padre lo amaba más que a ellos lo odiaron, al punto que no podrían hablar pacíficamente con él”(Génesis 37: 4)
A todo esto se sumó el engreimiento de Iosef frente a sus hermanos, sostenido con la capacidad de Iosef de soñar e interpretar sus propios sueños y también como veremos más adelante, los sueños de los demás. De los dos primeros sueños citaremos el segundo:
“… He tenido otro sueño. He aquí que el sol y la luna y once estrellas se prosternaban ante mí. Y se lo contó también al padre que lo reprendió diciéndole ¿Qué sueño es este que has tenido? ¿Acaso yo y tu madre nos prosternaremos rostro a tierra ante ti?” (Génesis 37:9)
Al igual que el primero, este sueño ubica a Iosef como figura principal de la familia, aún por encima de sus padres , y esto enojó muchísimo a sus hermanos quienes buscaron la oportunidad de deshacerse de él.
Esto ocurrió cuando el padre mandó averiguar qué era lo que sus otros hijos estaban haciendo, sabiendo que la tarea era la de pastorear animales. Iosef caminó una distancia considerable hasta encontrarlos en Dotan y ellos, al verlo, se refirieron a su hermano despectivamente como el “soñador” y discutieron entre ellos para ver qué es lo que podían hacer con él. Una de las propuestas había sido la de matarlo para luego arrojarlo a un pozo. Esta opción no prosperó, pero sí la de arrojarlo al pozo para que allí se muriera de hambre. Los hermanos le sacaron la túnica, la mancharon con sangre y le hicieron creer a su padre a su regreso que el joven había sido muerto por un animal salvaje.
Antes de volver a casa de su padre, los hermanos se sentaron a comer y vieron venir a una caravana de ismaelitas que se acercaba con especias para vender en Egipto. Entonces Ieudá sugirió vender a Iosef a dichos mercaderes, idea que finalmente se llevó a cabo y así fue como Iosef fue llevado a Egipto.
La Torá va a intercalar una historia referida a Ieudá para luego seguir con la historia de Iosef en Egipto, quien al haber llegado fue comprado por Putifar, oficial del Faraón, jefe de la Guardia.
“Y el Eterno fue con Iosef, por lo que prosperó, estando en la casa de su propio amo” (Génesis 39:1)
La Torá explícitamente ubica a D´s en el relato y esta fe y protección sería parte de la historia de Iosef hasta el final de la misma.
Iosef debió pasar por distintas experiencias que fueron muy incómodas para él. La primera de ellas tuvo que ver con la esposa de Putifar quien quiso seducir a Iosef y al no haberlo conseguido, inventó una excusa que provocó que Iosef fuese enviado a la cárcel.
Así el hijo preferido de Iaacob llegó a un lugar tan desagradable como la cárcel y dentro de la misma conoció al resto de los internos entre los cuales se encontraban dos funcionarios del Faraón: El jefe de los escanciadores y el jefe de los panaderos. Ellos habían sido encarcelados por “pecar” contra el Faraón. Los detalles son omitidos por la Torá pero cabe decir que ambos puestos eran ocupados por personas de máxima confianza para el faraón por los riesgos potenciales de envenenamiento dentro de palacio, y de acuerdo a la Torá, por alguna razón que el lector no puede conocer, fueron encarcelados temporariamente hasta tanto el Faraón decidiera qué hacer con ellos.
Iosef se vinculó con estas dos personas ya que ambos tuvieron sueños que Iosef interpretó correctamente, teniendo en cuenta que después el Faraón ordenó matar al jefe de los panaderos, y que al jefe de los escanciadores restituyó en el cargo.
La Torá finaliza esta sección diciendo que esa persona, el jefe de los escanciadores- se olvidó de Iosef, por lo menos por un tiempo ya que, como veremos en la próxima parashá no fue muy lejano.
Shabat Shalom

Rab. Ruben Saferstein

PALABRAS DE VIDA


Estableciendo la Confianza

En Génesis 15:7-8, Dios le promete a Abraham que él y sus descendientes heredarán la Tierra de Israel. A lo que Abraham responde: "¿Cómo puedo saber que es verdad?"
¡Esta observación parece estar fuera de línea! Imagina un padre prometiéndole a su hijo, "Te voy a llevar el domingo al estadio", y el niño levanta la vista y le dice: "¿Puedo realmente confiar en lo que dices?"
Aunque Abraham estaba en un nivel espiritual muy alto (después de todo, él estaba hablando con Dios), su comentario de "¿Cómo puedo saber que es verdad?", puso de manifiesto que él había ido demasiado lejos en el sentido de poner a prueba a Dios. Una persona de la estatura Abraham no debería haber sentido la necesidad de buscar seguridad extra por parte de Dios.
Por este motivo, antes del nacimiento de la nación judía, Dios decretó una experiencia que enraizaría en la genética espiritual de Abraham una mayor confianza en Dios.
Entonces Dios le dice a Abraham: "Tus descendientes serán extranjeros en una tierra... en donde serán esclavizados y oprimidos" (Génesis 15:14). El remedio era ser esclavizados en Egipto. Allí los judíos llegarían a la conclusión de que sólo Dios podía salvarlos. Ellos a su vez se dirigirían a Dios con todo el corazón, gritando, y sólo entonces se llevaría a cabo la redención.
Generaciones más tarde, eso es precisamente lo que ocurrió:
"Los judíos gritaron a causa de su esclavitud... Dios escuchó sus gritos y recordó su pacto con Abraham, Isaac y Jacob". (Éxodo 2:23-24)
Los judíos habían construido un nuevo nivel de confianza en Dios. La esclavitud de Egipto había cumplido su propósito.