lunes, 8 de marzo de 2010

LA PARASHA DE LA SEMANA



Parashat Vayakhel-Pekudei
פרשת ויקהל־פקודי

La Torá y la Harina
El final de Parashat Ki Tisá relata el segundo ascenso de Moshé al Monte Sinaí y su descenso con las nuevas Tablas de la Ley.
Nuestra Parashá -Parashat VaIakhel- cambia bruscamente de tema en sus primeros versículos y menciona nuevamente los donativos que contribuyeron a la construcción del Mishkán.
En realidad ambos temas están íntimamente ligados, ya que Moshé bajó con las segundas Tablas el día de Iom HaKipurim y el pedido de donativos al pueblo -según RaSHI- comenzó al día siguiente (ver RaSHI a Shemot 35, 1). De hecho el oro del Mishkán viene a expiar por el oro del becerro.
RaSHI, al comienzo de Parashat Trumá (Shemot 25, 2), enseña que los hijos de Israel fueron llamados a hacer tres clases diferentes de donativos. Por un lado se los llamó a donar medio shekel para construir los zócalos del Mishkán (los basamentos del Tabernáculo). Por otra parte, se ordenó una segunda contribución de medio shekel para las compra anual de los sacrificios públicos. Finalmente, se menciona el pedido de donación para la construcción del propio Mishkán (telas, piedras preciosas, metales, etc).
Hablar de dinero es a menudo algo tan trivial y tan ordinario que luego de la entrega de las segundas Tablas hubiéramos aspirado a un inicio de Parashat VaIakhel algo más sublime y menos "materialista". A no pocas personas les irrita la sóla mención conjunta de estos dos temas: la Torá es la Torá y el dinero es el dinero. Como el agua y el aceite, no se mezclan.
¿Por qué razón la Torá menciona conjuntamente estos dos temas?
Se cuenta acerca de Rabí Iosef Cahanman, que en una ocasión viajó a los Estados Unidos para recolectar donaciones para la construcción de su Ieshivá en Benei Berak.
Unos de los potenciales donantes se acercó al rabino y les preguntó: "Dígame Rabino...Muchas son las personalidades que llegan hasta aquí para recaudar fondos para sus Ieshivot y sinagogas. Sin embargo, ellos no hablan de dinero; ellos hablan de Torá y de mitzvot. Pero usted -según puedo escuchar- no hace más que hablar de dinero. ¿Qué lo diferencia a usted de los demás?".
El Rabino Cahanman observó al hombre y luego le dijo: "Tal vez tú tienes que afinar el oído y escuchar mejor las verdaderas intenciones de la gente. Muchas personalidades llegan hasta aquí y dicen "¡Torá, Torá!" cuando en realidad quieren decir "¡Dinero, dinero!". Yo vengo hasta aquí y digo "¡Dinero, dinero!", pero en realidad quiero decir "¡Torá, Torá!".
A veces, incluso el dinero puede ser algo sublime. Un donativo para el Mishkán y para toda labor sagrada también tiene ribetes de santidad.
Si no hay harina, no hay Torá.
RAB GUSTAVO SURAZSKI