lunes, 26 de abril de 2010

PALABRAS DE VIDA


Y a este... ¿quién lo conoce?

Se cuenta que cierta vez rabí Israel Salanter fue invitado de una congregación en el servicio religioso de Shabat. Ese era el Shabat en el cual se leía la “Tojajá”, la sección de la Torá en la cual se anuncian cosas terribles que le sucederían al Pueblo de Israel si se apartare de la Senda Divina.
Cuando el lector llegó a esa parte, el Shamash (auxiliar) comenzó a buscar una persona pobre para ser llamada a la Torá, ya que la mayoría de los congregantes rehuía ese “honor” en dicha circunstancia. El Rabí Salanter se sintió herido y sin decir una palabra a nadie, ascendió y recitó las bendiciones de la lectura de la Torá. La congregación quedo estupefacta, y las autoridades gritaron: -“Rabí ¿no sabe usted que este es el párrafo que contiene las maldiciones?”.
Advirtiendo que el lector no proseguiría Rabí Israel leyó el texto él mismo. Después de la lectura se dirigió severamente a la congregación y dijo:
“¡Deberían avergonzarse de sí mismos, tratando de poner en aprietos a un congregante por el solo hecho de que es pobre o que no pertenece a la elite!”.
Es claro lo que nos enseña el relato: No debemos, no podemos, menospreciar a ninguna persona por más insignificante que aparente ser. Cada uno de nosotros contamos, y cada uno de nosotros de algún modo y en algún momento, tendremos nuestra hora y podremos jugar un rol en nuestras vidas, como enseña el Talmud en el Tratado de Avot, en nombre del sabio Ben Azai: “No desprecies a ninguna persona ni prescindas de cosa alguna, porque no hay persona a quien no le llegue su hora ni cosa que no tenga su lugar”.

Seminarista Dr. Gabriel Pristzker