lunes, 3 de mayo de 2010

LA PARASHA DE LA SEMANA



Parasha Behar-Bejucotai
פרשת בהר־בחקתי

Este shabat finalizaremos la lectura del tercer libro de la Tora- Vaicra- (Levítico).
En ella leemos acerca del año sabático en la tierra y el año de jubileo enunciando las reglas que había que cumplir con respecto al producto agrícola del séptimo año y el concepto de redención de la tierra, temas que si bien nos resultan un poco ajenos a los judíos de la Diáspora, en Israel estos preceptos se siguen cumpliendo ya que los preceptos que conciernen a la tierra son solamente para la tierra en Israel. De todos modos esta lectura da pie para tratar el tema de la ayuda al necesitado enfatizando el concepto de amor al prójimo:
“Cuando se empobreciere tu hermano, -y vacilare su mano- junto a ti, habrás de sostenerlo; fuere extranjero o residente y que viva contigo.” (Levítico 25:35)
Este es uno de los muchos versículos que corresponden al tema social y que resultan muy vigentes en nuestros días. No en vano las comunidades judías de todo el mundo cuentan con numerosas organizaciones de ayuda al necesitado fundamentados en estos preceptos bíblicos.
La segunda Parasha- Bejukotai- incluye en el capítulo 26 el tema de las bendiciones y maldiciones. La Torá abre este tema a través del siguiente versículo:
“Si en mis fueros os vais a encaminar y Mis mandatos vais a guardar y los vais a cumplir…” (Levítico 26:3)
El cumplimento de los preceptos y mandamientos traería al pueblo de Israel “recompensas “y fueron seis las prometidas. Esta o estas se manifestaban en términos concretos de acuerdo a la realidad en la que se vivía en la región. La primera bendición era la de la lluvia. Sabemos que el agua y las lluvias son recursos escasos en la zona. Israel tiene lluvias entre los meses de Octubre y Abril y no necesariamente cae de modo suficiente, por lo que esta promesa era una verdadera bendición.
La segunda era la paz en la región. Así lo prometió D´s junto al éxito de Israel en el caso que hubiere habido guerras. La bendición del fruto del vientre y del campo, y la presencia permanente de D´s en el seno del pueblo.
También se describen las maldiciones que eran las consecuencias por no cumplir los mandatos divinos. Estas fueron: enfermedades, bestias feroces, infertilidad, hambre, amenaza de guerra y dispersión entre los pueblos.
Estas últimas palabras son muy duras cuando las leemos en la Torá y de allí el deseo que nunca ocurran. Pero más allá de eso y la posibilidad permanente de teshuva, del retorno a D´s si uno se hubiera desviado del camino, esta escrito explícitamente que D´s nunca anulará el pacto con el pueblo de Israel.
Después de leer un texto tan difícil, esta promesa divina es una bocanada de aire y que nos permite mirar de modo optimista a la vida más allá de las vicisitudes y acontecimientos que son muchas veces difíciles de sobrellevar.
De este modo terminamos el tercer libro de la Tora y cuando lo hagamos el sábado por la mañana diremos en ese momento “Jazak, Jazak venitjazek”, Fortaleza, fuerza y que seamos fortalecidos.
Que D´s nos acerque hoy y siempre Su bendiciones y que tratemos con fuerza y entusiasmo de ser fieles a las Leyes de la Tora y que de ese modo las promesas se cumplan eternamente.

Shabat Shalom

RAB RUBEN SAFERSTEIN