miércoles, 7 de julio de 2010

HAFTAROT DE BEN HAMETZARIM


בין המצרים

Haftarot de las tres semanas
Introducción
Las haftarot que son leídas en los shabatot posteriores al 17 de Tamuz y hasta después de Iom Kipur, no han sido seleccionadas por tener alguna relación con la parashá de la semana, como generalmente es el criterio que rige para su elección, sino que ellas tienen una relación con la época del año en la cual nos encontramos.
Este cambio de criterio en la elección de las haftarot está legislado en el Shulján Aruj (Oraj Jaim 428:8) y tiene su origen en el Midrash Pesiktá que nos enseña que en los tres sábados que hay entre el ayuno 17 de Tamuz hasta el día del 9 de Av deben ser leídas tres haftarot cuya temática sea las advertencias de desgracia y destrucción de Jerusalem a causa de los pecados del pueblo de Israel. Luego, desde el 9 de Av hasta Rosh Hashaná deben ser leídas siete haftarot de consuelo para el pueblo de Israel, y por último después de Rosh Hashaná deben ser leídas dos haftarot de arrepentimiento (a veces hay un sólo shabat entre Rosh Hashaná e Iom Kipur).
Comentario
Irmiahu (Jeremías) 1:1 – 2:3
En los años en los que las parashot Matot y Masé se leen el mismo shabat, esta haftará es leída en el shabat que se lee parashat Pinejás, pero si las parashot Matot y Masé se leen en sábados separados, entonces esta haftará es leída en el shabat que se lee parashat Matot, y ese es el motivo por el cual en los distintos jumashim (cada uno de los cinco libros de la Torá) esta haftará está impresa después de parashat Matot.
“Palabras de Irmiahu hijo de Jilkiahu
de los sacerdotes que había en Anatot,
en la tierra de Biniamín“
(1:1)
En los primeros pesukim (versículos) de nuestra haftará, vemos como D’os lo llama por primera vez al profeta y trata de convencerlo de que acepte la misión de profetizar para los pueblos, pero a pesar de esto, Irmiahu se niega a hacerlo.
De todas formas, dice el texto que “la mano de D’os” tocó su boca y a partir de ese momento la palabra de D’os estuvo en la boca de Irmiahu, e inmediatamente después, aparece la primer profecía que Irmiahu recibió para el pueblo de Israel.
“Y fue la palabra de D’os a mí diciendo:
‘¿Qué estás viendo, Irmiahu?’
Y dije: ‘Una rama de almendro yo estoy viendo’.
Me dijo D’os a mí: ‘Bien has visto!
Pues Yo estoy apresurando Mi palabra, para cumplirla’“
(1:11-12)
D’os quería que Irmiahu le advierta a los hijos de Israel que si ellos no revertirán sus acciones, D’os destruirá a los judíos, y a su más preciado y sagrado lugar, el Templo de Jerusalem. Para ello, D’os le mostró un makel shaked (rama de almendro).
Nótese que la raíz hebrea de la palabra almendro está compuesta por las letras shin, kof y dalet, y estas letras también pertenecen a la raíz del verbo lishkod que también puede significar “apresurar”. Es por eso que cuando Irmiahu le contestó a D’os: : “makel shaked aní roé – una rama de almendro yo estoy viendo”, D’os le dijo: “ki shoked aní al debarí laasotó – Pues Yo estoy apresurando Mi palabra, para cumplirla”. D’os utilizó la misma raíz idiomática para interpretar la profecía que Irmiahu había tenido.
Sin embargo, los comentaristas del Tanaj (Biblia) entendieron que la interpretación de esta profecía no se relaciona con la visión en sí, a través de una raíz lingüística solamente. Rashí y Radak, entre otros, entendieron – seguramente basados en el midrash citado también por Rashí – que el mensaje de esta visión es que así como el almendro es un árbol que florece mucho más rápido que otros árboles, asimismo D’os está apresurando Su palabra, para cumplirla.
“Y fue la palabra de D’os a mí, por segunda vez, diciendo:
‘¿Qué estás viendo?’
Y dije: ‘Una olla hirviendo yo estoy viendo, y lo hace por el norte’.
Me dijo D’os a mí: ‘Desde el norte se abrirá la maldad
sobre todos los habitantes de la tierra’“
(1:13-14)
Esa olla hirviendo que vió Irmiahu tenía una particularidad, ella no hervía como cualquier otra olla. En una olla común y corriente, se puede apreciar a simple vista que el fuego está ubicado por debajo de ella ya que la ebullición es pareja en todos los bordes de la olla. Sin embargo, en esa olla ésto no ocurría. Irmiahu notó que las burbujas no eran parejas en todos los costados de la olla, de tal manera que parecía ser que en esa olla, la fuente de calor no estaba dispuesta debajo de ella en el centro, sino a un costado, del lado norte.
Rabí Moshé Alshej (1508 – 1593) en su comentario al libro, llamado “Marot Hatzobeot”, nos dice que a través de estas dos visiones, D’os quiso demostrarle a Irmiahu que él es el hombre más indicado para cumplir con la función de profeta.
Dice nuestro autor que D’os le quiso demostrar a Irmiahu que si Él le hubiera preguntado a otra persona: “¿Qué estás viendo?” y ese hombre vería una rama sin frutos ni hojas, sólo una rama seca – así como vió Irmiahu – él no hubiese prestado atención a la especie de la cual provenía aquella rama, si la rama era de almendro u otra especie. Él sólo hubiera dicho: “una rama yo estoy viendo” y por cuanto que la intención de la profecía es mostrar que D’os está apresurando Su palabra para cumplirla, la interpretación de la profecía no hubiera podido tener lugar, pues si la persona no hubiera dicho: “makel shaked aní roé – una rama de almendro yo estoy viendo”, D’os no hubiera podido decir: “ki shoked aní al debarí laasotó – Pues Yo estoy apresurando Mi palabra, para cumplirla”.
Pero Irmiahu sí observó y prestó atención de qué especie era la rama, y es por eso que D’os le dijo: “Bien has visto!” y es por eso que fuiste elegido como profeta para las naciones.
Y de manera similar D’os lo probó a Irmiahu por segunda vez, en la visión de la olla hirviendo. Él le preguntó: “¿Qué estás viendo?”, y de haberle preguntado esto a cualquier otra persona la respuesta hubiera sido: “una olla hirviendo”, sin prestar atención al detalle de que un lado tenía más ebullición que los demás, ya que ese detalle no fue preguntado, y D’os no hubiera podido interpretar la profecía.
Sin embargo Irmiahu sí vió que las burbujas provenían del lado norte de la olla y es por eso que D’os le contestó: “Desde el norte se abrirá la maldad sobre todos los habitantes de la tierra”, para demostrarle que también esta vez vió bien. Y de esta forma D’os lo apresuraba a Irmiahu y le demostraba que no había otra persona que entendiera como él las visiones proféticas, y es por eso que no debía negarse a cumplir su misión sino que la debía aceptar de buen grado.
Sin embargo, sin contradecir este magnífico comentario de Rabí Moshé Alshej, si estudiamos estos versículos desde otro punto de vista, podemos aprender otras enseñanzas. Se puede decir que estas dos visiones que D’os le hizo ver a Irmiahu no sólo tuvieron como objetivo tratar de convencerlo de que acepte su misión, sino que también quisieron enseñarle a Irmiahu el “oficio de profeta”.
Por supuesto que no todo el que desee ser profeta lo conseguirá, ya que eso no depende de la persona solamente, sino de la voluntad de D’os que es, sin ningún lugar a dudas, la fuente de la profecía. Pero por otro lado, Nuestros Sabios nos enseñaron que para que alguien pueda llegar a ser profeta, debe cumplir con ciertos requisitos mínimos, como ser justo, sabio, etc. y si tiene estas condiciones, se pueden hacer intentos “técnicos” para que D’os se comunique con él, y D’os en definitiva decidirá si querrá hacerlo o nó. (Véase en la haftarat Vaierá el término que utiliza el versículo: bené haneviim – los alumnos de los profetas).
Como vemos en los versículos, D’os quiso enseñarle a Irmiahu cómo se debe profetizar, quiso educarlo. Deteniéndonos en ciertos detalles del texto podremos aprender algunos secretos sobre el díficil oficio de educar. Citaremos los versículos nuevamente:
“Y fue la palabra de D’os a mí diciendo:
‘¿Qué estás viendo, Irmiahu?’
Y dije: ‘Una rama de almendro yo estoy viendo’.
Me dijo D’os a mí: ‘Bien has visto!
Pues Yo estoy apresurando Mi palabra, para cumplirla’.
Y fue la palabra de D’os a mí, por segunda vez, diciendo:
‘¿Qué estás viendo?’
Y dije: ‘Una olla hirviendo yo estoy viendo, y lo hace por el norte’.
Me dijo D’os a mí: ‘Desde el norte se abrirá la maldad
sobre todos los habitantes de la tierra’”(1:11-14)
El RIosef Kleiner explicó que el lenguaje de estos pesukim es extraño. En la primera visión, D’os lo felicitó a Irmiahu por haber visto detalles que aparentemente carecen de importancia, diciéndole: “Bien has visto!”, sin embargo en la segunda visión, a pesar de que Irmiahu también observó correctamente, D’os no lo felicitó por su aguda visión, sino que directamente interpretó la profecía, para que Irmiahu entienda el mensaje.
(A sus palabras, se puede agregar que en la primer visión, al preguntarle lo que veía, D’os le dijo: “¿Qué estás viendo, Irmiahu?” pero en la segunda visión, sólo le preguntó: “¿Qué estás viendo?” sin recordar su nombre propio, utilizando un lenguaje más directo).
Dice el Rav Kleiner, que este cambio en el lenguaje nos viene a enseñar que en el campo de la educación, no todo debe ser “caricias y alabanzas”. Hay veces que debemos ser muy directos con nuestros hijos diciéndoles las cosas de una manera dura.
Podemos ver con mucha tristeza que sus palabras encierran una gran verdad. Solamente alcanza con salir a la calle y ver a la gente, para darse cuenta que en muchos casos los “descarrilados” – en el más amplio sentido de la expresión – no son sólo quienes en su niñez y adolescencia fueron sometidos por parte de sus padres o maestros, a una disciplina demasiado rígida.
Vemos con nuestros propios ojos, que la falta total de disciplina así como también una disciplina deficiente, pueden provocar en la personalidad del hombre daños no menos severos que el exceso de la misma.
En nuestra época más que en las anteriores, creemos que es bueno tener estos conceptos bien frescos en nuestra conciencia, ya que desgraciadamente estamos viviendo una época de enfermiza permisibilidad. Muchos tienden a creer que todo está permitido, tanto en el mundo de la secularidad como en el del judaísmo, y a través de ese pensamiento incurren en toda clase de errores que no tienen parangón, y a veces, hasta son irreparables.
Es por eso que debemos aprender de nuestra Sagrada Torá la fórmula del éxito. Ella nos enseña que debemos encaminarnos por el camino intermedio, sin desviarnos, en general, hacia los extremos. Si seguimos Su consejo podremos cumplir nuestro deber como judíos, y nuestra obligación como los educadores de nuestros hijos.