lunes, 26 de julio de 2010

LA PARASHA DE LA SEMANA


MENSAJE DEL RABINO

Parasha Ekev
פרשת עקב

Esta es la tercera lectura del libro Devarim (Deuteronomio) en la que continuamos leyendo las palabras que Moisés dirigió a su pueblo antes de la entrada a la Tierra de Israel.
De los temas propuestos en la parashá podríamos titular el primero de ellos como “las bendiciones de la obediencia”.
“Y te amará, te bendecirá, y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría” (Deuteronomio 7:13)
Explícitamente la Torá habla de las bendiciones que cada miembro de Israel recibiría al cumplir con los preceptos y mandamientos de la Torá. Estas bendiciones implicarían bienestar, salud y por sobre todo, fortaleza para poder enfrentar con éxito a los distintos pueblos enemigos que deberían enfrentar.
D´s prometió a Su pueblo la tierra de Israel y esta parashá reafirma dicha promesa. Moisés explicó las características de dicha tierra de la siguiente manera:
“…tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes; tierra de trigo y cebada, de vides, higuera y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel” (Deuteronomio 8:8-9)
En este contexto leemos la frase que es la fuente de la bendición que debemos pronunciar después de comer cada día:
“Y comerás, y te saciarás y bendecirás a D´s por la buena tierra que te ha dado” (Deuteronomio 8:10)
Moisés advirtió al pueblo que no debía olvidar a D´s. La bendición de la abundancia podía provocar enorgullecimiento del corazón y más aun, pensar que todo lo que se poseía, se debía a la propia persona. Por eso la Torá enfatiza el poder de D´s, de lo contrario la suerte se alejaría de Israel.
Moisés recordó la rebelión en Joreb, aquel momento desgraciado en el cual el pueblo construyó un becerro de oro, provocando la ira divina y la destrucción de las tablas de la ley. Fue la compasión divina y el pedido expreso de Moisés, lo que permitió que el pueblo se mantuviera con vida y recibiera nuevamente la Torá.
D´s permitió la renovación del pacto, y esa concesión exigió a los miembros del pueblo de Israel ser aun más estrictos en el cumplimento de la ley. Esta enseñanza debía ser trasmitida a los hijos en todo momento y el recuerdo de estas leyes debía estar escrito en las casas a través de la mezuzá, símbolo judío por excelencia que fue entendido por nuestros sabios a partir de la siguiente oración: “Y las escribirás en las entradas de tu casa y de tus ciudades” (Deuteronomio 11:20)
La parashá termina con el señalamiento de los límites de la tierra de Israel, cumpliendo de este modo la promesa hecha a los Patriarcas y ratificada después del episodio del Becerro de Oro cuando D´s se apiadó de Su pueblo en Joreb.

Shabat Shalom

RABINO RUBEN SAFERSTEIN