miércoles, 7 de julio de 2010

PALABRAS DE VIDA


Nuestro patriarca Iaakov parte hacia la tierra de su tío Labán, hermano de Rivka. Allá va a refugiarse, por un tiempo, de la ira de su hermano Esáv.

“Y salió Iaakov de Beer Sheva, y se fue a Jarán”.

Si uno va a un lugar, se sobreentiende que sale del lugar de donde proviene. Es elemental, pero…¡Hay que cuidar cada palabra de la Torá! Ninguna está de más, ninguna hay de menos.
¿Por qué entonces está escrito “y salió”? ¿No es evidente que “salió” si es que “fue”? Esta pregunta la plantea Rashi y la repuesta dice:

“La salida del justo de una ciudad deja una dura impresión de tristeza. Porque mientras el justo está en la ciudad, él es su belleza, su esplendor y su gloria. Cuando sale todo se desvanece”.

Se sentía que había salido.Cuando el justo se va, deja un vacío.

Y reafirman, luego, sabios posteriores: “Solo cuando el justo abandona la ciudad impresiona a la gente. Solo entonces la gente toma conciencia de que tenía entre sí a una gran persona. Antes no lo notaban, no le prestaron atención”.

Y lamentablemente es cierto. En general, en nuestra vida (pobres nosotros) apreciamos al individuo en su ausencia. Cuando se va, lo echamos de menos.

Y esto parece repetirse con respecto a todos los valores de la existencia. Mientras están presentes, no los discernimos, y sólo cuando su ausencia provoca un duro vacío se los añora. Lo vemos en otro pasaje del Tanaj, en el Libro de Jueces, cap. XIII. Ahí, el ángel de Dios se aparece ante el incrédulo Manoaj (futuro padre de Sansón). Una y otra vez aparece el ángel. Y, al final, el texto dice “Y no volvió a mostrarse el ángel de Dios….entonces supo Manoaj que era, realmente, un ángel de Dios”.
Entonces, cuando ya no estaba más.
Sucede que en estas cosas el conocimiento llega, sí, pero demasiado tarde.

Adaptado del libro: “Torá, Árbol de Vida”


Sem. Dr. Gabriel Pristzker