viernes, 16 de julio de 2010

PALABRAS DE VIDA


Del dolor a la esperanza

Se cuenta que el emperador Napoleón Bonaparte, caminaba por las calles de París la noche de Tishá BeAv (9 del mes de Av), y al pasar por la puerta de la sinagoga, oyó a un grupo de judíos llorando y lamentándose. Le pidió a uno de sus servidores que le averiguara por qué lloraba esa gente. El escudero regreso riéndose: “No lo creería, Majestad, lloran por la destrucción de un Templo, algo que pasó hace dos mil años.” El emperador se quedó pensativo y luego de un rato dijo: “Si esta gente llora por algo que pasó hace dos mil años, seguramente su Templo será reconstruido, y seguramente mi Imperio desaparecerá y nadie llorará por él.”

Sin duda, la perseverancia y el tesón del nuestro pueblo a lo largo de dos mil años de exilio, en los cuales no se perdió el vínculo con la Tierra ancestral ni con el deseo de reconstruir y vivir libre y soberanamente, fue lo que permitió que finalmente resurja el Estado de Israel y que Ierushalaim se reconstruya.

Pero para lo que nuestra tradición nos lega (y esto es así aún en estos días aciagos que nos toca vivir desde radios y televisores), la destrucción no nos debe desesperanzar, sino que debe movernos hacia el compromiso con valores constructivos. Precisamente, de la destrucción debe extraerse la fuerza para construir un mundo mejor. Tal vez por ello el Talmud nos enseña que en el mismo día en que se destruyó el Templo, nació el Mashiaj, que simboliza nuestra esperanza en un mundo mejor en el que todos viviremos en armonía y libertad.

Otro Midrash, cuenta que cuando el Templo fue incendiado, en Tishá BeAv, el Sumo Sacerdote de entonces, arrojó las llaves del Templo al cielo. Entonces una mano bajó del cielo y tomó las llaves.

Dice el Talmud que en cada generación, la misma mano vuelve a bajar y ofrece a los hombres las llaves del Templo. Tal vez sea tarea de cada uno tomar esas llaves y aceptar el desafío de la reconstrucción.

DR.GABRIEL PRISTZKER

SEMINARISTA