lunes, 19 de julio de 2010

TISHA BEAV - 9 DE AV


La Historia del Nueve de Av

Por: Rab. Iehuda Levi (publicado en “Judaísmo hoy”)


La Mishná (Taanit 4:6) nos relata que cinco tragedias para el pueblo de Israel ocurrieron en Tishá Beav:
Cuando el pueblo de Israel estaba acampando en el desierto luego de haber salido de la tierra de Egipto, mandaron exploradores para que espíen la Tierra de Israel y saber por dónde entrar a la tierra para comenzar la conquista. Al retornar, después de cuarenta días, los espías dieron un falso reporte sobre la tierra y sus habitantes, y el pueblo aceptó aquel difamatorio reporte a causa de su falta de fe, llorando desalentados. Por esta razón, D'os decretó que los hombres de aquella generación no entrarían a la Tierra de Israel y deambularían por el desierto durante cuarenta años muriendo en él, y este fue el primer triste evento ocurrido un nueve de Av (del año 1313 a.e.c.).
La segunda desgracia ocurrida en este día fue que el primer Templo Sagrado de Jerusalem fue destruido a manos del emperador Nabucodonosor, rey de los Babilonios. Alrededor de cien mil judíos fueron asesinados y millones fueron exiliados (423 a.e.c.).
También el segundo Templo Sagrado de Jerusalem fue destruido un nueve de Av a manos del Imperio Romano liderado por el General Tito. Unos dos millones de judíos murieron y otro millón fue exiliado (68 e.c.).
La cuarta tragedia ocurrida un Tishá Beav tuvo lugar cincuenta y dos años después de la destrucción del Segundo Templo (120 e.c.) y es que el Imperio Romano liderado entonces por Adriano conquistó la gran ciudad de Betar junto con sus cientos de miles de habitantes. Esta ciudad tenía un gran rey y todo el pueblo de Israel y los grandes Sabios pensaron que él era el Mashiaj, pero él cayó en manos de los Romanos quienes mataron a los habitantes de toda la ciudad, y este hecho fue tan doloroso como el sufrimiento por la destrucción del Templo.
El quinto triste evento que tuvo lugar en Tishá Beav fue que después de la destrucción del primer Templo la tierra de Israel estuvo desolada durante 52 años y la ciudad de Jerusalem fue arada como si fuera un campo. Además, en la época del segundo Templo, el área y los alrededores del Templo de Jerusalem (en ruinas) fueron tomados por el general romano Turnus Rufus, Jerusalem fue reconstruida como una ciudad pagana - renombrada Aelia Capitolina y fue prohibido el acceso de los judíos a la misma.
Sin embargo, además de estas cinco desgracias recordadas en la Mishná, otras tragedias para nuestro pueblo tuvieron lugar en este día, a lo largo de la historia judía, después de haberse escrito la Mishná (en el año 200 e.c. aprox.).El Papa Urbano II declaró las primeras Cruzadas, un nueve de Av. En ellas, decenas de miles de judíos fueron asesinados y muchas comunidades judías desaparecieron. Más tarde en la historia, la inquisición española culminó con la expulsión de los judíos de España en el día de Tishá Beav del año 1492. También un nueve de Av se desencadenó la primer guerra mundial en el año 1914, cuando Rusia le declaró la guerra a Alemania, y el resentimiento alemán por haber perdido la guerra, preparó la escena para el estallido de la segunda guerra mundial y el terrible Holocausto que terminó con la vida de un tercio de nuestros hermanos Además, en Tishá Beav, comenzó la deportación de los judíos del guetto de Varsovia.
Es por eso que para mantener frescos en nuestra memoria todos estos tristes episodios, en función de meditar sobre ellos para saber qué debemos cambiar y reparar para que no se vuelvan a repetir, debemos practicar algunas costumbres de duelo en este triste día, con la firme esperanza de que con Su infinita misericordia, D'os lo convierta pronto en un día de alegría y regocijo para todos nosotros. Amén. "D'os destruirá a la muerte para siempre, borrará las lágrimas de todos los rostros y hará que Su pueblo no sea avergonzado nuevamente…" (Ieshaiahu - Isaías - 25:8).
Durante las tefilot (oraciones) de Tishá Beav – 9 de Av – se rezan Kinot (poesías compuestas por diferentes poetas sobre el tema de la destrucción del Templo de Jerusalem y otros trágicos sucesos) y se lee Meguilat Eija (Libro de las Lamentaciones) del profeta Irmiahú (Jeremías) que relata el incendio del Primer Beit Hamikdash (Templo de Jerusalem) y el exilio del pueblo de Israel a Babel. ¿Hay acaso palabras que puedan expresar las emociones de los sobrevivientes que fueron testigos de esas escenas? Uno de los intentos que han perpetuado hasta nuestros días es el pequeño libro de Eijá.Irmihaú fue testigo de la destrucción, y conmovido por el dolor y la pérdida, intentó elaborar alguna clase de respuesta, la que es formulada en cinco capítulos tristes, en los que plantea la amenaza de la destrucción (Cap. 4, vers. 23 a 27); manifiesta que Ierushalaim (Jerusalem) merece ser destruida (Cap. 5, vers. 1 a 12) y describe el carácter de la destrucción (Cap 5, vers.15 a 18)Cada capítulo del libro de Eijá tiene sus Psukim (versículos) ordenados según el orden del alfabeto hebreo.
¿Cómo se escribió la Meguilá?
(Selección extraída del libro “Jerusalem de Oro, © Jerusalem de México).
Tras la muerte de Ioshiahu, el último rey justo de Iehudá, ascendió al trono su hijo Iehoajaz. También él, como los reyes anteriores de Iehudá, marchó por el mal camino y adoró a dioses extraños. En su tiempo, el Faraón egipcio, llegó a Rivla, capturó alli a Iehoiajaz y lo condujo a Egipto. En su lugar denominó a Eliakim ben Ioshiahu como rey sobre Iehudá, y cambió el nombre de Eliakim por el de Iehoiakim. El rey Iehoiakim también se apartó del camino de Hashem, y cometió los mismos pecados que Menashé, Amón y Iehoiazaj. Entonces Hashem envió al profeta Irmiahú, al comienzo del reinado de Iehoiakim, a fin de advertirlo acerca de sus pecados. El profeta temía presentarse ante el rey, pues Iehoiakim era conocido por su arrogancia y su crueldad. Mas el Creador aseguró a Irmiahu que ningún mal le ocurriría. “Preséntate ante el rey”, dijo Hashem, “y Yo he de cuidarte en todo lo que hagas” El profeta Irmiahú se presentó ante el rey y le transmitió un durísimo mensaje profético- “Así ha dicho Hashem: he aquí que traigo sobre Iehudá y sobre todos los habitantes de Jerusalén, el mal del cual he hablado”. El rey Iehoiakim se echó a reír al escuchar el anuncio de Irmihaú, y de modo burlón se dirigió al profeta y al pueblo allí presente: “¿Qué nos puede hacer Hashem? ¿Acaso ha de quitarnos el sol que diariamente nos ilumina? Y si lo quita, ¿qué nos importa? ¡Estamos colmados de oro! El oro iluminará la oscuridad”. ¡Su majestad! También el oro y la plata pertenecen a Hashem”, le comentaron por lo bajo algunos ministros. “Como está dicho: Mía es la plata y el oro”. “No es así”, exclamó el rey irónicamente, “la plata y el oro ya nos han sido entregados y sólo el cielo pertenece a Di-s. Toda la tierra ha sido regalada a los hombres”. El profeta Irmiahú volvió a proclamar: “Atienda el rey que una desgracia se aproxima. En un futuro cercano el rey de Babilonia ha de conquistar Jerusalem”. “No podrá hacerlo”, replicó el monarca con decisión, “ya que las murallas de la ciudad son firmes y fuertes”. “¡Pero él las volteará!, le gritó el profeta. “En este caso haremos murallas de hierro alrededor de la ciudad”, gritó Iehoiakim enfadado. “También cavaremos un dique rodeando la muralla, y lo llenaremos de agua. Y si esto tampoco basta, haremos una tercera muralla, de fuego. Cuando el enemigo encuentre tantos escollos regresará avergonzado a su país.Luego, dirigiéndose al profeta, ordenó: “Y ahora, Irmiahú, retírate inmediatamente antes de que descargue sobre ti toda mi ira. Vete para que no sea amargo tu destino”. De este modo el rey gritó enfadado al profeta y lo expulsó de su presencia. Mas el profeta Irmiahú continuo profetizando sobre Jerusalén a pesar del enojo y la ira del rey. Ante tal insistencia, en el cuarto año de su reinado Iehoiakim ordenó apresar al profeta y encerrarlo. Esperaba que de este modo Irmiahú interrumpiera las profecías que contradecían sus ideas. Irmiahú fue encerrado en la cárcel, y Baruj ben Neria, su alumno, lo acompañaba desde el otro lado de las rejas para poder juntos estudiar Torá. Mientras Irmiahú se encontraba en la cárcel, el espíritu divino volvió a revelársele. El Creador le indicó: “Toma un rollo y escribe todo lo que te revelé acerca de Israel y de Iehudá … desde los días de Ioshiahu hasta hoy. Tal vez escuchen los hijos de Iehudá … y abandonen su mal camino”. El profeta llamó a Baruj ben Neria y le dictó la profecía de Hashem. Baruj, el escriba, registró en un rollo la palabra del profeta. De este modo se escribió la Meguilát Eija, dictada por el profeta Irmiahú. Fue escrita siguiendo el orden del alfabeto hebreo ya que los israelitas no respetaron la Torá, escrita en base a estas mismas letras. Tremendas profecías anunció el profeta; horrendas calamidades transmitió Irmiahú a los habitantes de Iehudá y Jerusalén. Si bien las profecías fueron dictadas por Irmiahú a Baruj ben Neria, mientras el primero aún permanecía preso, más tarde el escriba cumplió el pedido del profeta: leyó las profecías delante del pueblo reunido en el Templo.Entre los que escucharon tales predicciones se encontraba Mijaiahu ben Gemaryahu, oficial del rey Iehoiakim. Este corrió al palacio del rey y relató al resto de los oficiales el contenido del mensaje que acababa de escuchar. Inmediatamente los oficiales mandaron detener a Baruj ben Neria. Una vez ante su presencia, le exigieron que también ante ellos leyera las palabras del profeta Irmiahú. Con suma atención y guardando un profundo silencio los ministros atendieron la lectura. Una vez concluida un gran temor los invadió, razón por la cual decidieron unánimemente que el rey Iehoiakim también escuchara el contenido del rollo profético. En aquel momento el rey se encontraba descansando en la mansión invernal de su palacio. Coma el mes de Kislev, época de mucho frío, y sus sirvientes hablan encendido un fogón a su lado. El fuego dispersaba un aire tibio, mas a pesar del cálido ambiente del salón imperial, un clima tenso apresaba a los presentes. Iehudi ben Netaniahu, uno de los ministros del rey, recibió la orden de leer el pergamino delante del rey. En un comienzo la expresión del rey era pasiva e inclusive indiferente, mas lentamente fueron apareciendo en su rostro signos de verdadero enojo. Su indiferencia se transformó en ira desenfrenada. “Toma ese pergamino insolente y arrójalo al fuego”, gritó el rey. “Rómpelo y arrójalo a las llamas. ¡Que no quede ni una sola letra!”. Tres ministros le rogaron que no quemara el pergamino, mas Iehoiakim no atendió sus ruegos. Además, ordenó a tres de sus ministros que asesinaran al escriba Baruj ben Neria y al profeta Irmiahú. Mas Hashem los ocultó milagrosamente y de este modo lograron salvarse de la mano del rey. Tras un breve período Hashem ordenó a Irmiahú tomar un nuevo pergamino y volver a escribir las palabras arrojadas al fuego por orden de Iehoiakim. Otras profecías fueron reveladas al profeta, las que también fueron escritas en orden alfabético.Los terribles anuncios del profeta se cumplieron palabra por palabra tal lo atestigua la meguilá que ha llegado hasta nuestros días, conocida con el nombre de Meguilat Eija. Mas el rey Iehoiakim no se conmovió ante los anuncios, y no se arrepintió de sus malos actos. Y entonces llegó su hora… Hashem envió a la tierra de Iehudá a Nabucodonosor, rey de Babilonia. Este asentó su poderoso ejército en Rivla, con la intención de ascender desde allí hasta Jerusalén. Al saber el Sanhedrin que Nabucodonosor se encontraba en Rivla, un profundo temor los invadió. Los sabios del Sanhedrin se presentaron ante Nabucodonosor y le consultaron: “¿Acaso piensas destruir el Beit Hamikdash? ¿Tu intención es quemarlo?”. “No”, respondió Nabucodonosor, “no he venido a quemar el Templo de Hashem sino a apresar a Iehoiakim, vuestro rey. ¡El se ha rebelado contra mí!”. Los sabios del Sanhedrin consideraron que lo más prudente seria encerrar a Iehoiakim y entregarlo en manos del babilonio. Lo fundamental era salvar la destrucción del Beit Hamikdash y de Jerusalén. Siguiendo tales consideraciones entregaron a Iehoiakim en manos del rey babilonio, quien fue juzgado muy duramente. Los babilonios lo colocaron sobre un caballo de madera y lo pasearon por todo Israel para humillarlo ante su pueblo. Luego lo asesinaron, destrozaron su cadáver y lo arrojaron a los perros. Este fue el penoso fin del rey Iehoiakim, tal lo anunciado por el mensaje profético.