miércoles, 22 de septiembre de 2010

PALABRAS DE VIDA


Contra la gastritis (y otras dolencias)

Aprendemos de nuestras Sabios: “La envidia, la codicia y el afán de gloria destruyen la vida del hombre” (Pirkei Avot 4,28) estas “cualidadades” señaladas, lamentablemente. Son muy comunes y generalizadas y la psicología moderna nos mostró los complejos mecanismos por los cuales tantos de nosotros arruinamos nuestra felicidad y empobrecemos nuestra vida. Cuando envidiamos o codiciamos revelamos insatisfacción personal, frustración y un sentido de vida trascendente. Es sabido hasta que punto la envidia puede llevar al individuo a reacciones que lo “carcomen” por dentro y lo destruye, de manera tal que cada éxito del otro se experimenta como una disminución de si mismo. Y por eso nuestros sabios nos advierten que quien desee vivir de verdad debe evitar estas trampas que conspiran contra la realización personal y la integración al medio comunitario y social en general.
Solo tres casos para tener presente:
Caín, pecó por envidia, al envidiar a su hermano Abel cuya ofrenda había sido aceptada por D´s, mientras que la suya fue rechazada.
La generación del diluvio pecó por codicia, y corrupción generalizada por toda la tierra y la generación de la Torre de Babel pecó por afán de gloria cuando dijeron: “Hagámonos un nombre”.
¿Cuál fue el final de cada uno de ellos? Caín pasó el resto de sus días como errante; la generación del diluvio fue borrada de la faz de la tierra, mientras que la generación de la Torre de Babel fue dispersada por todo el mundo.
Por eso, al final de este recordatorio, una cita del Talmud: “todo el que lleva envidia en su corazón corroe sus huesos” (Tratado de Shabat).

Del libro “Virtudes capitales”

Seminarista Dr. Gabriel Pristzker
Director Comunitario