martes, 30 de noviembre de 2010

JANUCA , LA FIESTA DE LAS LUMINARIAS

JANUCÁ DE HOY Y DE SIEMPRE

Por Moshé Korin, MILIM DIGITAL


De un tiempo a esta parte, los festejos de Janucá han cobrado gran lucimiento. En generaciones anteriores, consistían en una lectura breve y en el recitado de las oraciones “Al Hanisim” (Por los milagros) y “Halel” (Cánticos de alabanza). Esto en cuanto al culto y en el ámbito familiar, en encender las velitas de cera o de sebo, “hacer honor” a las sabrosas “latkes” (torrejas) y entretenerse con juegos de naipes los adultos y de trompo o perinola los niños, los que también eran gratificados con el obsequio de monedas (“Dmei Januká”, en ídish: “Jánuke guelt”).
Sin menoscabo de las viejas tradiciones, Janucá ha pasado a ser la gran festividad nacional que hoy conocemos: bulliciosa, multitudinaria, con sus canciones, sus desfiles y sus paseos.

UN POCO DE HISTORIA

A partir del año 586 antes de la Era Común , cuando los babilonios se apoderaron de Jerusalem y destruyeron el Templo, el Pueblo Judío fue expulsado de su patria. En el año 538 a .E.C., Ciro (Koresh), rey de Persia, conquistó Babilonia y permitió el regreso de los exiliados a Judea. Ellos restauraron el país y construyeron el Segundo Templo.
La dominación de los persas duró hasta 332 a .E.C., año en que fueron vencidos por el gran jefe griego Alejandro de Macedonia (El Grande), cuyo imperio se extendió por Europa, Asia y África. A la muerte de Alejandro, ese imperio se desmembró, en medio de fuertes luchas entre sus generales. Por un tiempo, Judea quedó en poder de Egipto; luego pasó a manos de Siria, bajo la dinastía de los Seléucidas.
Uno de los monarcas sirios, Antíoco Epifanes, quiso que todos los pueblos de su reino adoptaran las costumbres griegas y decidió convertir por la fuerza a los judíos en paganos. Muchos se negaron, a costa de grandes sufrimientos y aún de la propia vida, hasta que al cabo de medio año, en el poblado de Modiín, cerca de Jerusalem, el anciano sacerdote Matitiahu (Matatías) encabezó la rebelión ( 167 a . E.C.).
Matitiahu pertenecía a la familia de los Hasmoneos. Tenía 5 hijos: Iojanán, Shimón, Iehudá, Eleazar y Ionatán. El que más sobresalía era Iehudá, apodado “el Macabeo” (Iehudá Hamacabí)
Y así comenzó, posiblemente, la primera guerra de guerrillas por la libertad espiritual y política.

LA VICTORIA, FUENTE DE INSPIRACION

Al cabo de años de lucha, los Hasmoneos lograron que las disposiciones de Antíoco Epifanes quedaran abolidas y que se volviera a las que regían antes de la persecución. Posteriormente , la familia de los Hasmoneos consiguió que uno de sus miembros fuera reconocido (aunque a veces de mala gana) por los reyes sirios, como gobernante legal de Judea.
Janucá, una festividad radiante, brilla con sus luces gracias a la bravura moral de un pueblo que, siendo pequeño y débil, se atrevió a alzarse contra una poderosa tiranía.

HELENISMO

Debe ser subrayado que el helenismo, liderado por Antíoco, que contaminó a la Judea de entonces, junto a otras tierras de Oriente, no fue el de la Ilíada clásica ni el de Sócrates, sino una especie abaratada, decadente y voluptuosa parte de la cultura helénica importada por los mercenarios, traficantes de esclavos y rufianes de prostíbulos.
El efecto de esta nueva civilización, sobre la moral de la vida de Judea fue devastador. Todos los preceptos tradicionales judíos fueron prohibidos por el dominador pagano, so pena de muerte. Los ejemplares de la Biblia y otros textos judaicos fueron destruidos y la mera posesión de éstos, era castigada con la pena capital. El Templo mismo fue profanado y convertido al culto de Zeus y hetairas (cortesanas, prostitutas), actuaban en sus sagradas dependencias. En ciudades y aldeas se instalaban altares paganos para someter a los judíos a pruebas de lealtad al helenismo.

“JANUCÁ” (INAUGURACIÓN).

Cuando reconquistaron Jerusalem, enseguida se dedicaron a restaurar el Templo. Retiraron el altar a Zeus y construyeron uno nuevo en su reemplazo, fabricaron nuevos utensilios para el culto y finalmente pudieron realizar la inauguración (“Janucá”). Fue en el año 165 a . E.C., el día 25 del mes de kislev. La fiesta, con sus servicios religiosos, duró 8 días. En su transcurso, el Templo fue profusamente iluminado. Según la leyenda, Iehudá Hamacabí y sus compañeros encontraron en un rincón del santuario un pequeño recipiente sellado, que contenía aceite para apenas una noche y el aceite sirvió para alimentar el candelabro de siete brazos durante 8 noches. Por eso, en la semana de Janucá se encienden luminarias en lugares públicos y en los hogares judíos. Se considera una obligación hacerlo, para mujeres, hombres y niños.

QUÉ NOS DICEN LAS FUENTES

Los Libros de los Macabeos 1º y 2º, que no son libros canónicos (no entraron a formar parte de la Biblia) constituyen, sin embargo, una fuente valiosa para el conocimiento de los hechos que nos ocupan. En “Séfer Hajashmonaím álef” (Primer Libro de los Macabeos), se pone el acento en la inauguración del Templo.

Una segunda versión del por qué dicho acontecimiento se festeja durante 8 días y no sólo el 25 del mes de kislev, podría ser la que figura en el 2º Libro de los Macabeos, donde se señala que ese tiempo, es el que dura la fiesta de “Sucot”, que los guerreros fugitivos habían debido celebrar dos meses antes “en los montes y en las cavernas, a modo de fieras”. Y ahora, después de la victoria, lo pudieron hacer libremente “llevando ramas verdes y palmas, cantando himnos y canciones rememorando la gloriosa gesta”.

FUENTE DE INSPIRACIÓN

La gesta de Janucá fue inspiración para muchos luchadores contra la injusticia y la opresión. Resultó ser fuente de aliento y fortalecimiento para la rebelión en el Gueto de Varsovia, en otros guetos y en campos de exterminio.

También fue fuente de inspiración para el movimiento de liberación de Eretz Israel y el Sionismo, a fin de establecer un Estado judío libre e independiente.

Estimula al pueblo judío, la proeza que hoy conmemoramos, inspira a resistir la asimilación y la tentación de adoptar falsos fetiches o ídolos, a bregar por los ideales de la propia herencia cultural y tradicional, en medio de una mayoría a veces aplastante y para seguir cultivando su acervo cultural en el seno de una vasta civilización dominante, que ambiciona muchas veces, a devorar todo lo que no es ella misma.
La gesta de los macabeos nos induce a la convivencia armónica en la diversidad.

PASADO Y PRESENTE

La simetría con que se unen acontecimientos de la antigüedad con los del presente es fascinante. Se pueden tender líneas y tejer un sinfín de concomitancias históricas de la vida judía de aquel entonces y de la actualidad.
Celebrando ya más de 62 años de la independencia de Israel, también estamos celebrando una gloriosa fiesta pública por la victoria del espíritu judío en la historia.
Estas festividades nos enseñan que, siempre que seamos fieles a nosotros mismos, a nuestro patrimonio, a nuestros valores y a nuestra cultura y tradición, en convivencia armónica con la diversidad, nos transmiten que Israel y el pueblo judío pueden marchar al ritmo de su propio tambor y establecer la agenda de acuerdo a las propias necesidades, voluntad y elección.
En la actualidad, el gran desafío que resta, es la construcción de la paz, el cual, aunque complejo y difícil, seguirá adelante.