miércoles, 3 de noviembre de 2010

LA PARASHA DELA SEMANA

MENSAJE DEL RABINO

PARASHAT TOLDOT
פרשת תולדות


La palabra Toldot tiene dos acepciones, la primera de ella es “historias” y la segunda “nacimientos”.
Esta es la genealogía de Isaac, hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac. Y tenía Isaac cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel el arameo” (Génesis 25:19-20)
Leímos la semana pasada el relato que describía el casamiento de Isaac como resultado de la gestión de Eliezer, sirviente de su padre, quien se había dirigido desde la Tierra de Israel hacia Aram Naharaim, la tierra natal de Abraham, a fin de encontrar una esposa para su hijo. Rebeca, la elegida, fue quien se casó con Isaac y el texto nos relata que ella era estéril y por esa razón Isaac rezó a D´s a fin de pedir por el embarazo de su mujer.
Afortunadamente las plegarias resultaron y Rebeca dio a luz una pareja de mellizos: Esaú y Jacob. Los hermanos, escribe la Torá, eran muy distintos tanto en el aspecto físico así como en su carácter.
“Esaú era un hombre de campo, diestro en la caza, en tanto que Jacob, hombre apacible, andaba más bien en las tiendas” (Génesis 25:27)
La condición de Esaú hizo que su padre tuviese preferencia por él, más que su hermano, mientras que la madre tomó partido por el segundo hijo. Los mellizos crecieron en la rivalidad y en un momento Jacob aprovechó la oportunidad de presionar a su hermano Esaú para transferirle la primogenitura a Jacob.
Lo hace a través de la comida en un día en el que Esaú había vuelto del campo cansado y con mucha hambre y encontró que su hermano había cocinado un guiso sabroso. Jacob le pidió en ese momento que Esaú le vendiese la primogenitura.
Daniel Colodenco explica en su comentario al libro de Génesis que:
“En la familia israelita, el primogénito era el más importante de la casa, luego de su propio padre. Solo el progenitor podía en determinadas ocasiones y situaciones, quitarle la primogenitura” (página 182).
Esaú vendió su primogenitura por un plato de comida y comentaristas como Rashbam e Ibn Ezra sostuvieron, según escribió Colodenco, que el motivo de su conducta derivaba de la sensación de muerte inminente en manos de un animal relacionada con su condición de cazador.
“Jacob le dio a Esaú pan y el guiso de lentejas. Y Esaú comió, bebió y se fue, menospreciando su primogenitura” (Génesis 25:34)
El tema del hambre, en este caso, en la tierra de Israel provocó el acercamiento de Isaac a otra comarca, Gerar, donde vivía el rey Abimelej, a fin de procurar alimento para él y su familia, y el capítulo 26 describe una situación muy similar a la que había ocurrido en época de su padre Abraham cuando éste se trasladó a la Tierra de Egipto y se había generado un problema con las mujeres ya que tanto Abraham y en este capítulo también Isaac hicieron pasar a su mujer como sus hermanas, lo que provocó el disgusto del rey y la posterior expulsión del lugar de ambos patriarcas.
Pero el centro del relato es la relación, o mejor dicho el enfrentamiento entre los mellizos que tuvo lugar cuando su padre Isaac ya era anciano y casi ciego. Sintiéndose cerca de la muerte Isaac pidió a su hijo Esaú que fuera a cazar y trajese comida para luego de lo cual lo bendeciría.
Efectivamente Esaú cumplió con ese pedido, pero Rebeca, quien había escuchado la conversación se adelantó e hizo vestir a Jacob con ropa similar a la que usaba Esaú, revistiendo su cuello y brazos con cueros de los cabritos y de ese modo se hizo pasar por su hermano Esaú.
Habiéndole dado de comer primero el padre, Isaac le pidió acercarse y le pareció que no era Esaú. La Torá lo describe en una forma impactante:
“La voz es de Jacob, pero las manos son las manos de Esaú” (Génesis 27:22)
Esaú también llevó la comida del modo que su padre le había pedido y al tocar Isaac a su hijo quien era naturalmente velludo, ambos se dieron cuenta de que habían sido engañados por Jacob. Así, a través del engaño, Jacob consiguió alzarse con la bendición de la primogenitura provocando el enojo enorme de su hermano Esaú quien jura matar a su hermano.
Ante esta posibilidad, Rebeca pidió a Jacob que abandonase la casa paterna y se dirigiese a la tierra de sus abuelos. Antes de esta travesía, Jacob se encontró con su padre quien le pidió que fuese a Padam Aram, a la casa de Betuel, el padre de su madre y consiga allí una esposa entre las hijas de Lavan. Ese encuentro fue acompañado por otras bendiciones.
Daniel Colodenco hace hincapié en su comentario en la palabra “bendición”. Escribe que dicho término aparece siete veces en el capítulo 27 utilizándose variantes de este verbo en veintiún oportunidades. Para Colodenco el acto de bendecir no es un mero formulismo. Es la imposición de un destino venturoso que tiene la capacidad de materializarse, de hacerse real, y no constituye una simple expresión de deseos. El bendecir asegura que lo formulado se concrete. Lo mismo vale para la maldición (v. 12). Una vez que la formula ha sido pronunciada, no hay retorno, la persona carece de control sobre lo que salió de sus labios.
Después de dicha conversación, Jacob comenzó su travesía escapando de la ira de su hermano y este enojo iba acondicionar de gran manera la conducta de Jacob tal como veremos en la próxima parashá.
Shabat Shalom

Rab. Ruben Saferstein