martes, 30 de noviembre de 2010

LA PARASHAT DE LA SEMANA


MENSAJE DEL RABINO
PARASHAT MIKETZ
פרשת מקץ

Pasaron dos años desde el momento en el que el Faraón restituyó al jefe de escanciadores a su puesto y del momento en el que tuvo dos sueños que son quizás los sueños más conocidos de la Torá. El primero de ellos era el de las espigas doradas y las marchitas y el segundo el de las siete vacas gordas y las siete vacas flacas.
“A la mañana siguiente su alma (la del Faraón) estaba perturbada y mandó llamar a todos los grabadores de jeroglíficos y a todos los sabios de Egipto, y el Faraón les relató su sueño pero nadie pudo interpretárselo.” (Génesis 41:8)
Fue entonces que el jefe de los escanciadores recordó a Iosef cuando estaba en la cárcel y su cualidad de interpretar los sueños. Por ello, el Faraón mandó buscar a Iosef, y ya afeitado, bañado y con ropa nueva y limpia, y lo llevaron al palacio ante el Faraón.
Cuando Iosef se presentó ante él, el Faraón le relató los sueños y le pidió que se los interpretase.
Nuevamente apareció la figura de D´s, ya que ante su pedido Iosef le contestó al Faraón:
“Es D´s quien va a responder para tranquilidad del Faraón” (Génesis 41:16)
De ese modo y con la ayuda de D´s, Iosef interpretó los dos sueños agregando la recomendación de que el Faraón instalase una persona de confianza para ayudar a dirigir la administración de Egipto. Fue tal el entusiasmo del Faraón con las palabras de Iosef que inmediatamente lo nombró como su persona de confianza, dándole el anillo, una carroza y a Asenat, hija del sacerdote de On, como esposa.
El nombre de Iosef pasó a ser Zafnat Paneaj “descubridor de lo oculto” quien se dedicó a recorrer toda la tierra de Egipto.
Como esos años fueron los de abundancia, Iosef acopió todo el grano que pudo y lo puso a buen recaudo en los graneros destinados a ese fin.
Pasados los años, llegó la época de las “vacas flacas” y la necesidad de alimento se hizo presente, no sólo en Egipto sino también en las regiones circundantes. Iaacob y sus hijos estaban en la Tierra de Israel que también se vio afectada por la falta de comida. Por esa razón, Iaacob envió a sus hijos a proveerse de alimento a Egipto.
Fue entonces que se produjo el encuentro de Iosef con sus hermanos, aunque de acuerdo al relato, Iosef los reconoció pero no así sus hermanos.
Iosef contó que no estaban todos, que faltaba Benjamín y por eso primero los acusó de espías para luego escuchar la versión de parte de los hermanos referida al momento en el que Iosef había sido vendido a los mercaderes.
“Tus siervos son doce hermanos, hijos de un hombre de la tierra de Canaán. Sólo falta aquí el menor, que quedó con nuestro padre y el otro ya no existe” (Génesis 42:13)
Con esa información Iosef supo que su padre vivía y que su hermano menor había quedado en Canaán. Pero los acusó de espías y los puso en la cárcel durante tres días. Después de ello, pidió que uno de los hermanos quedase como garantía mientras los demás regresaban a casa para traer a Benjamín junto con ellos. Les cargó sus animales con alimento y quedándose Simón, los hermanos se reencontraron con su padre en Canaán.
Antes de la llegada, ellos recordaron la situación producida con Iosef y se recriminaron de lo que había sido hecho ya que lo que les ocurrió posteriormente fue, a su entender, consecuencia de la mala actitud frente a Iosef. Así volvieron a verse con Iaacob y le relataron la historia de lo sucedido ante lo cual Iaacob se quejó amargamente de todo ello y accedió finalmente a que Benjamín viajase a la tierra de Egipto ya que Ieudá le dio garantía de que volverían todos a casa.
La descripción que hace la Torá es muy detallada y muestra la emoción de Iosef al volver a ver a su hermano Benjamín. Tal como había hecho en la oportunidad anterior prepararon el ganado y los alimentos para regresar a Canaán pero Iosef mandó poner secretamente su copa de plata en el equipaje de Benjamín. Fue cuando emprendían el regreso que los oficiales del Faraón detuvieron a los hermanos de Iosef con la acusación de que habían robado objetos del palacio. Ante semejante acusación negaron terminantemente el robo y dijeron que si alguna pertenencia del palacio hubiere sido encontrada, que esa persona fuese matada y el resto quedaría a disposición del Faraón. El mayordomo a cargo revisó el equipaje y la copa apareció en las alforjas de Benjamín. Ante ese hallazgo quedaron todos atónitos y no pudieron desdecir lo que habían prometido con lo cual Benjamín quedaba como siervo de la corte.
Regresaron a la casa de Iosef y se prosternaron ante su presencia. Judá no podía encontrar un alegato que les diera la razón y se ofreció junto a sus hermanos para ser siervos del Faraón. Lejos de mí está el hacer esto. El varón en cuya mano fue hallada la copa será mi siervo pero vosotros iréis en paz a vuestro padre” (Génesis 44:17)
Ieudá había sido quien le había dicho a su padre que él era la garantía para regresar junto a Benjamín y resultó que el menor de los hermanos quedaba como siervo ante Iosef.
La parashá finaliza con una escena angustiante ya que los hermanos podían regresar pero sin la compañía del hermano menor Benjamín ¿Cómo reaccionaría Iaacob quien había accedido a dejar ir a Benjamín a regañadientes?
Tendremos que esperar la próxima parashá para ver el desenlace de esta apasionante historia.
Shabat Shalom

Rab. Ruben Saferstein