lunes, 6 de diciembre de 2010

LA PARASHAT DE LA SEMANA


MENSAJE DEL RABINO
PARASHAT VAYIGASH
פרשת ויגש
Terminamos la parashá pasada con la tensión y angustia acerca de lo que ocurriría con Benjamín en la situación de siervo de Iosef.
Ieudá, quien había dado garantías a su padre de que regresarían todos a casa junto con el alimento que habían comprado en Egipto, se acercó a Iosef y pronunció uno de los discursos más emotivos y memorables de la Torá.
En sus palabras recordó la historia de Iosef y sus hermanos desde la época en que vivían en la tierra de Israel, pidiendo enfáticamente consideración por Iaacob, padre de todos ellos , quien, a su parecer, moriría al no ver a su hijo de vuelta, con el agravante que ya había perdido uno, en referencia a Iosef.
Fueron tan elocuentes las palabras de Ieudá que Iosef pidió en ese momento a las personas del palacio que estaban con él que se retirasen, y frente a sus hermanos rompió a llorar. Entonces les reveló su verdadera identidad.
“Soy Iosef, vuestro hermano, a quien vendisteis a Egipto” (Génesis 45:4)
La emoción cubrió todo el palacio. Los hermanos se abrazaron y se besaron luego de lo cual Iosef les encomendó que fueran a buscar a su padre Iaacob y a sus propias familias, y que fueran todos a Egipto, ya que el hambre todavía iba a permanecer por algunos años, prometiendo Iosef darles lugar para vivir y alimento para comer.
Así regresaron a Canaán y contaron toda la historia a Iaacob quien al principio no les creyó. Pero el el detalle del relato hizo convencer a Iaacob quien exclamó:
“Ya basta. Mi hijo Iosef vive. Iré a verlo antes de que yo muera” (Génesis 45:27)
Fue entonces que Iaacob, habiendo decidido ver a Iosef, partió con su familia y pertenencias en dirección a Egipto, donde tiempo después comenzaría el período de esclavitud del pueblo de Israel.
¿Dónde había quedado la promesa de vivir en la Tierra Prometida? ¿Qué pasaría con el Pacto de D´s a Abraham reafirmado en Isaac y Iaacob?
Al partir Iaacob se detuvo en Beer Sheva donde ofreció sacrificios al D´s de su padre Isaac y ante la pregunta D´s le respondió:
“Yo soy D´s Todopoderoso, el D´de tu padre. No temas bajar a Egipto, porque haré de ti un gran pueblo. Bajaré contigo a Egipto y cuando llegue el momento te haré subir también y Iosef pondrá su mano sobre tus ojos” (Génesis 46:3)
La Torá detalla inmediatamente después el nombre de las setenta personas que se trasladaron junto a Iaacob a Egipto.
Después de mucho tiempo finalmente se reencontraron padre e hijo:
“Y unció Yosef su carroza y fue al encuentro de Israel, su padre y cuando se encontraron echóse sobre su cuello llorando copiosamente” (Génesis 46:29)
Antes de que Iaacob conociese al Faraón, Iosef le recomendó que dijera que ellos eran pastores, tarea que sería vista con buenos ojos. Así fue que cuando se produjo este encuentro, el Faraón les preguntó a qué se dedicaban, y por ello contestaron que eran pastores. De este modo les dio la oportunidad de vivir en la tierra de Goshen que tenía buenos campos para el pastoreo.
La época de hambre todavía seguía y Iosef en su tarea de administrador de Egipto compró las tierras de la población necesitada a cambio de semillas, para poder palear el hambre quedándose finalmente con un quinto de las cosechas, excepto la que pertenecía a los sacerdotes.
Por orden del Faraón, Iosef estableció a su padre y a sus hermanos en el distrito de Ramsés y proveyó de alimento a todo Israel mientras duró el hambre. Jacob vivió otros diecisiete años, hasta la edad de ciento cuarenta y siete, tal como leeremos en la próxima parashá con la que cerraremos el libro de Bereshit.
Shabat Shalom

Rab. Ruben Saferstein