lunes, 25 de enero de 2010

LA PARASHA DE LA SEMANA


Parashat BeShalaj
פרשת בשלח

Quemar las Naves

Hace unos meses, un miembro de mi congregación me contó que -antes de la creación del Estado de Israel- acostumbraba a pasar la festividad de Pesaj en casa de sus abuelos en El Cairo. Tomaba el tren desde Tel Aviv y llegaba a la capital de Egipto al cabo de doce horas.
¿Cómo viajaríamos hoy día a El Cairo si quisiéramos ir por el camino más corto?
El camino no es hoy muy recomendable para ning[un israelí, pero sin duda lo haríamos el camino más corto es "a través de la tierra de los filisteos" (a través de la franja de Gaza) tal como se está sugerido al inicio de nuestra Parashá.
"Y sucedió que cuando el Faraón hubo enviado al pueblo, no los guió Di-s por el camino de la tierra de los filisteos, aunque era el más próximo, pues dijo Di-s: No sea que se arrepienta el pueblo al ver la guerra y se vuelva a Egipto. E hizo Di-s que el pueblo diese vuelta por el camino del desierto hacia el mar Rojo. Y los hijos de Israel subieron armados de la tierra de Egipto" (Éxodo 13, 17-18).
Aquel viaje por el desierto no tomó doce horas, sino cuarenta años. Y la Torá nos cuenta que Di-s no elgió el camino corto (el camino de la tierra de los filisteos) sino un camino más largo (el camino del desierto).
¿Por qué razón? La Torá nos cuenta que Di-s temía que los hijos de Israel deseen regresar a Egipto "al ver la guerra".
Ingresar al país a través de la tierra de los filisteos no sería una tarea sencilla. Pero tampoco lo sería ingresar a través del río Jordán. ¿Acaso aquel otro camino estuvo libre de luchas armadas? ¡También habría guerras allí! (Incluso también dentro de la tierra de Israel)...Entonces, ¿cuál era la verdadera diferencia entre el camino cortro y el camino largo? Tal vez podamos encontrar un respuesta en el comentario de RaSHI.De haber viajado por el camino directo, hubieran regresado (a Egipto). Si cuando los llevó dando la vuelta (por el desierto) dijeron: "Pongamos jefe y regresemos a Egipto" (BeMidvar 14, 4), de haber ido por el camino directo ¡más aun (hubieran querido regresar!)" (RaSHI a Shemot 13, 17).
Al parecer, Di-s quiso impedir que piensen en regresar a Egipto. Di-s sabía que ante el primer obstáculo, el camino más fácil seria el camino de regreso. Siempre es más sencillo lidiar con los males conocidos que con los problemas por conocer.
Se cuenta que cuando Alejandro Magno de Macedonia llegó a costas fenicias en el siglo IV a.e.c entendió rápidamente cúal sería el resultado de la batalla que iría a emprender allí. El ejército fenicio era tres veces más grande que el suyo y la guerra se presentaba como una contienda asimétrica. Sus soldados estaban entregados incluso antes de haber empezado la batalla..Fue así que a Alejandro Magno se le ocurrió una brillante estrategia. Pidió a sus hombres que quemaran las naves con las que habían llegado a costas fenicias. Luego los reunió y les dijo: "Observad cómo se queman las naves…es justamente por ello que deberemos ganar la guerra. Sólo hay una forma de regresar a casa, y es por mar. Y cuando ganemos la guerra, volveremos de la única forma que nos queda: en los barcos de los fenicios"..Afrontar una nueva realidad siempre es complicado. A menudo la nueva realidad propone un camino del cual no hay regreso. Ése es el "camino del desierto" que eligió Di-s para sacar a los hijos de Israel de Egipto, a fin de que aquella generación comprenda que a menudo la única forma de enfrentar los desafíos es quemando las naves.
RAB GUSTAVO SURAZSKI

LA HAFTARA DE LA SEMANA


4:4 - 5:31

Contenido

Así como el tema de la Parashá de esta semana es la Canción del Mar, el tema de la Haftará es la Canción de la profetisa Devora. Tanto la Parashá como la Haftará describen la santidad de la Mujer Judía: en Egipto, Yojeved y Miriam fueron cruciales en el rescate de Moshé, quien fue el agente de la redención. Tras el cruce del mar, las mujeres judías, bajo el liderazgo de Miriam, quisieron enunciar tu absoluta confianza en Hashem, con su propia canción de alabanza. El pueblo judío había olvidado por completo cuál era su misión, y habían "tomado a las hijas de la población cananea entre los que vivían, por mujeres, y habían dado sus propias hijas a sus hijos (de los cananeos), y servían a sus dioses".
Hashem decreta que deben sufrir a causa de esto. Y parte del sufrimiento adopta la forma del cruel general llamado Sisera, literalmente, el "pacificador" o el "silenciador".
No obstante, en este punto extremo, Israel dirige su corazón a Hashem.
En la gloriosa Canción de Devora, vemos este cambio en el corazón del pueblo, causado por el poder purificador del sufrimiento.
Y todo se debió al mérito inolvidable de una mujer gloriosa, sostenida por el Espíritu de Hashem, ardiente de entusiasmo por Su Palabra, quien hizo avergonzar a los hombres, y quien con sus "palabras llameantes" los llenó de coraje y valentía.
No fue la espada de Barak, sino el espíritu de Devora, las palabras de Devora, los que obtuvieron la victoria.
(Adaptado de rabí Mendel Hirsch y el Jumash Artscroll Stone)

"Devora era una profetisa, una mujer ardiente" (4:4)
Con frecuencia vemos que las mujeres no pueden actuar como jueces bíblicos. Y la razón es que el juez bíblico debe poseer una cierta dureza, y las "mujeres son de naturaleza compasiva". Sin embargo, Devora fue una excepción. Ella era como una "antorcha", capaz de sobreponerse a su natural suavidad femenina, y de arder como un fuego, juzgando a los malvados.
(Ahavat Yonatan, en Maianá shel Torá)

RESUMEN DE LA PARASHA SEMANAL


Parashá Beshalaj - Al dejar salir
Libro Shemot / Éxodo (13:17 a 17:16)

Resumen de la Parashá
El relato de esta parashá comienza señalando que Hashem condujo a los israelitas, a su salida de Egipto, por un camino dentro del desierto hacia el mar Rojo, evitando así atravesar tierra de los filisteos, con ejércitos enemigos y la posibilidad de guerra, para que no se arrepintieran de su salida. El Todopoderoso los guiaba de día por medio de una columna de nubes y durante la noche, por una columna de fuego. En su partida de Egipto, Moshé llevó los restos de Iosef. El pueblo había acampado en Etam, en el extremo del desierto. Luego Hashem ordenó que regresaran y acamparan frente al Mar Rojo. Una vez que el pueblo de Israel salió de Egipto, el Faraón arrepentido de habérselo permitido, decidió perseguirlos armando un fuerte ejército. Cuando los israelitas vieron aproximarse al ejército egipcio, se aterrorizaron y se quejaron a Moshé, ante una posible muerte en medio del desierto. Pero Moshé le respondió que el Eterno los salvaría de los egipcios y que sería Él quien lucharía por ellos. Así fue que la columna de nubes se colocó detrás del pueblo y se transformó en un oscuro velo que oscureció a los egipcios.
Moshé extendió su mano sobre el mar y el Eterno envió un fuerte viento que dividió las aguas del mar y lo puso seco. Así los israelitas pudieron cruzar el mar. Los egipcios los siguieron dentro del mar junto con sus carros y caballos, y se atoraron en la arena húmeda las ruedas. Nuevamente Moshé extendió su mano y las aguas se cerraron, ahogando a los egipcios y sus animales.
El pueblo entonó una canción triunfante, alabando el poder del Todopoderoso por haber eliminado a los hostiles.
Durante tres días el pueblo transitó en el desierto sin encontrar agua. Ya con sed, comenzaron a murmurar contra Moshé y en Mará encontraron aguas amargas. El Eterno mostró un tronco que al ser echado en esas aguas, las endulzó. Así saciaron su sed y continuaron su marcha hacia Elim, donde había doce fuentes de agua y setenta palmeras. Allí acamparon.
El pueblo protestó ante Moshé y Aharón por la falta de comida, añorando lo vivido en Egipto. El Eterno dijo a Moshé que haría llover pan del cielo y que el pueblo lo debía recoger. Así a la noche hubo carne de codornices y a la mañana siguiente cayó el man (maná), el que tenía el sabor de la comida que cada uno quería degustar. El man caía todos los días, menos en Shabat, por lo que en el sexto día debían juntar porción doble. Así fue como comieron durante los cuarenta años de transitar hasta llegar a la tierra prometida.
Acamparon en Refidim y nuevamente, el pueblo reclamó a Moshé por la falta de agua. Hashem le ordenó a Moshé que tomara su vara y golpeara una roca del monte Jorev, y salió agua. Este lugar fue llamado Masá Merivá.
Y vinieron los amalecitas (la tribu de Amalec) y atacaron a los israelitas y combatieron en Refidim. Moshé pidió a Yehoshúa que eligiera los hombres más fuertes para luchar, y él, Moshé, junto a su hermano Aharón y a Jur, subieron a la cumbre de la colina. Cuando Moshé alzaba sus manos, Israel dominaba y cuando las bajaba, Amalec dominaba. Aharón y Jur sostenían alzadas las manos de Moshé, con gran firmeza. Así, el pueblo judío pudo vencer, derrotando a Amalec. Hashem ordenó a Moshé instruir a Yehoshúa, sobre la recordación de lo ocurrido. Por la traición que cometió Amalec al atacar al pueblo de Israel, su tribu debía ser destruida y su recuerdo borrado a través de las generaciones.