lunes, 1 de marzo de 2010

LA PARASHA DE LA SEMANA


Parashat Ki Tisa
פרשת כי תשא

Decisiones con Eco

La Historia es una sucesión de hechos que se van encadenando; una seguidilla de causas y efectos. Y esto ocurre con los pueblos e -incluso- con nuestras propias historias familiares.No es casual que mi padre haya trabajado durante más de treinta años en una fábrica de tejidos en la Argentina. Él lo hizo, porque su padre ya trabajaba con telas y telares en Polonia. Y mi bisabuelo, a su vez, también heredó ese oficio de su propio padre.Tampoco es casual que yo sea la primera generación de mi familia paterna -¿en más de ciento cincuenta años!- que NO tenga una fábrica de tejidos. Mi abuelo vino de Europa a la Argentina sin saber que, a cincuenta de su llegada, mantener una fábrica en ese país sería una proeza similar al lanzamiento de un transbordador al espacio.¿Y qué tiene que ver esto con la Torá?.
Tres mil quinientos años atrás, un hombre subió durante cuarenta días a un monte para recibir las Tablas de la Ley. Un pueblo impaciente lo esperaba allí abajo y, creyendo que su líder jamás regresaría, tuvo la ocurrente y desgraciada idea de construir un becerro de oro para reemplazar a su demorado maestro.Sólo una de las tribus -la tribu de Leví- se mantuvo ajena a esta empresa. Y esa virtud le fue recompensada tiempo después con el privilegio de acompañar el culto a Di-s en en el mishkán (el Tabernáculo) y luego en el Beit HaMikdash (el Templo de Jerusalem).De esta tribu (y no de otra) surgen los cohanim, los sacerdotes designados para el servicio de Di-s.
En nuestra Parashá podemos apreciar que existe un desequilibrio notable en la distribución de las aliot a la Tora. La primera aliá tiene cuarenta y cinco versículos y la segunda cuarenta y siete. Las siguientes cinco aliot son llamativamente más cortas, algunas de ellas con sólo cinco versículos. Es decir que la primera y la segunda aliá de la Parashá cubren dos terceras partes de la sección semanal, que contiene ciento treinta y nueve versículos.
¿Acaso este detalle tiene alguna explicación?
Posiblemente la razón sea que los sabios de Israel distribuyeron las aliot de tal forma que sea justamente un leví quien lea la segunda aliá en la cual se nos cuenta acerca del pecado de beccero de oro.
Cuenta una anécdota que Rabí Shimon, un joven Rabino, había visitado al célebre Rabí Israel Meir HaCohen (más conocido como el Jafetz Jaim, autor del Mishná Brurá) durante un Shabat.En un cierto momento, durante ese Shabat, Rabí Israel Meir le preguntó a este joven Rabino si era Cohen o Leví.Rabí Iaakov le dijo que no, que era Israel, a lo que el Jafetz Jaim (que era Cohen) dijo tajantemente: ‘Pronto el Templo será reconstruido y todos los judíos irán hacia él. Un guardián los recibirá en la puerta y te hará la misma pregunta que yo te he formulado (¿Eres Cohen o Leví?). Es una pena Rev Shimon que seas Israel, ya que el guardián solo permitirá el ingreso de cohanim y leviim; tú te quedarás afuera como todos los demás...’, dijo con antipatía el Jafetz Jaim.‘¿Sabes por qué o eres Cohen?’, le preguntó a Rabí Shimon. Rabí Shimo respondió lo obvio: ‘¡No soy cohen porque mi padre no fue cohen!’.
‘¿Y sabes por qué tu padre no fue cohen?’.Rabí Iaakov entendió entonces que el Jafetz Jaim no se estaba refiriendo a una cuestión de linaje; comprendió que detrás de esa pregunta había una enseñanza mucho más profunda.Entonces continuó el Jafetz Jaim: ‘¿Sabes por qué mi padre FUE cohen y tu padre NO FUE cohen?. Porque miles de años atrás, cuando Moshé bajó del monte, vio el becerro y preguntó ‘Mi LaHaShem’ (¿Quién está del lado de Di-s?), mi abuelo respondió el llamado, y el tuyo NO’.El Jafetz Jaim -espero lo hayan comprendido- no estaba ‘chapeando’ con su linaje con intención de humillar a su invitado. Estaba diciéndole que en la vida hay decisiones que repercuten en las generaciones futuras.
.Decisiones claves, que a menudo tomamos livianamente pensando que solo habrán de repercutir sobre nosotros sin tomar en cuenta que también habrán de dejar huella en las futuras generaciones.
El leví que este próximo shabat suba a la Torá, recibirá dicho honor por la sencilla razón de que su abuelo supo mantenerse al margen del fervor popular que llevó a la construcción del becerro. Cuando hablamos de desiciones que dejan huella, estamos hablando de nosotros y de nuestras propias historias. Estamos hablando de la educación judía y de la centralidad que le asignamos en nuestras vidas. Estamos hablando de nuestro apego por los valores morales que emanan de nuestra Torá. Estamos hablando de nuestro egoísmo y la miopía que muchas veces nos ataca y nos impide mirar más allá de nuestras narices.Éso también habrá de repercutir en las generaciones futuras, porque nuestras decisiones –las acertadas y las erradas- tienen eco por cientos de años.
Recuerdo uno de los días más tristes de mi vida.
Tenía 12 años cuando mis padres decidieron que la escuela secundaria que escogí para asistir junto con todos mis amigos "no era para mí". Desde mis tempranos ocho años quise ser arquitecto y asistir a una escuela con dicha especialidad.
Mis padres, por razones que por entonces desconocía, decidieron que mi futuro se encontraba en una escuela judía en el centro de Buenos Aires, donde el 90% de los alumnos eran...alumnas.
Lloré toda la noche. No tenía amigos allí, mis amigos se burlaban de mí diciendo que iba a una escuela de mujeres. Pero fundamentalmente lloré porque quería ser arquitecto...¡no estudiar judaísmo! Sólo hoy, a la edad de 39 años, entiendo cuán justificada fue la decisión de mis padres y cuántas implicancias tuvo en mi vida. Si no fuera por aquella decisión hoy sería, probablemente, un arquitecto desocupado más manejando un taxi por las calles de Buenos Aires.
Si no fuera por la decisión de mis padres, el próximo sábado a las 5 de la madrugada estaría terminando mi turno nocturno con el taxi y otro Rabino estaría escribiendo esta columna semanal de Parashat HaShavúa.
Pero como ustedes saben, las cosas no funcionan de esa manera. La Historia es una sucesión de hechos que se van encadenando; una seguidilla de causas y efectos. Y en lugar de manejar mi taxi, hoy soy Rabino en Kehilat Netzach Israel en la ciudad de Ashkelon (Israel).
Ciertas decisiones, tienen eco para toda la vida.


RAB GUSTAVO SURAZSKI

RESUMEN DE LA PARASHA SEMANAL


PARASHA KI TISA - CUENTES
Resumen de la Parashá

El Eterno dijo a Moshé que al censar a los varones mayores de veinte años, éstos debían pagar cada uno medio “shekel hakodesh” de plata, que sería ofrenda para Él. El dinero así recaudado, sería destinado para sufragar el servicio del Tabernáculo. El Todopoderoso ordenó también hacer un pilón (receptáculo) de cobre para ser utilizado por Aharón y sus hijos para el lavado de manos y pies. Debía estar ubicada en el atrio, a la entrada al Santuario. Para investir a los sacerdotes debía utilizarse una mezcla de aceite de oliva con cuatro hierbas aromáticas.
El Eterno eligió a Betzalel, de la tribu de Yehudá y a Oholiav de la tribu de Dan, quienes eran artesanos, para que supervisaran la construcción del Mishkán. Recordó Hashem que todos debían observar el Shabat y así el pueblo cesó de trabajar durante ese día.
Moshé estuvo en el monte Sinaí durante cuarenta días y cuarenta noches, y el pueblo ante el temor de que no regresara, demandó a Aharón la construcción de un objeto para adorar y, así inducido fundió oro de joyas y construyó un becerro. Los judíos llevaron ante el becerro ofrendas, cantaron y danzaron.
Todo esto despertó la ira del Todopoderoso y ordenó a Moshé descender, y por motivo de la corrupción del pueblo, lo destruiría. Moshé le rogó que tuviera compasión sobre ellos y que les diera una nueva oportunidad. Hashem oyó los pedidos de Moshé y aceptó apiadarse de ellos.
Moshé descendió con las dos Tablas de la Ley grabadas por el Eterno, y oyó el griterío del pueblo y al ver el becerro y las danzas, arrojó las tablas al suelo. Destruyó el becerro de oro, echándolo al fuego. Recriminó a Aharón por lo acontecido y éste le contestó que fue forzado por el pueblo.
Moshé pidió a quienes quisieran seguirle, a reunirse a su alrededor, siendo los primeros en acudir la tribu de Leví. Por orden de Moshé, los levitas mataron a trescientos jefes revoltosos. Moshé rogó al Eterno perdonara al pueblo y que no lo destruya y la respuesta fue que sólo castigaría a quienes pecaron intencionalmente.
Moshé levantó su tienda en las afueras del campamento, ya que había sido profanado por el becerro de oro. Hashem volvió a asegurarle que Él guiaría al pueblo a la Tierra de Israel.
Moshé ascendió nuevamente al monte con dos nuevas tablas, según lo ordenado por el Omnipotente. Hashem descendió en una nube y renovó Su pacto con los Benei Israel, y repitió los mandamientos, entre los cuales se prohibía toda idolatría, obligaba observar las festividades y el Shabat.
Nuevamente Moshé estuvo en la montaña durante cuarenta días y cuarenta noches, sin comer ni beber, escribió sobre las tablas los Diez Mandamientos (Aseret Hadvarim), y luego descendió. Su rostro brillaba por el resplandor Divino.
Comunicó las palabras del Eterno, a su hermano Aharón, a los ancianos y a toda la asamblea. Luego Moshé se cubrió el rostro con un velo, que sólo se quitaba cuando se encontraba frente al Todopoderoso, o cuando transmitía las palabras de Él al pueblo.

RESUMEN DE LA HAFTARA SEMANAL

Haftarat Pará
Iejezkel (Ezequiel) 36:16-36


La tercera de las cuatro parashiot especiales es parashat Pará, y en lugar de leerse la haftará correspondiente a la parashá semanal, se leerá la haftará para el shabat Pará, que ha sido seleccionada del libro del profeta Iejezkel (s. V a.e.c.).
Esta lectura, que habla sobre la purificación del pueblo, fue escogida para leerse en las sinagogas este shabat, para recordarnos que debemos purificar nuestras acciones y pensamientos antes del mes de Nisán, en el cual tiene lugar la fiesta de Pésaj.
En su libro "Séder Hahaftarot", el Rav Mendel Hirsh nos dice que nuestra haftará encierra palabras de reprimenda y aseguramiento, que nos anuncian buenas nuevas de libertad ética. El profeta Iejezkel nos enseña sobre la posibilidad de elevarse hasta la cima pura de una humanidad purificada, inclusive después de la más dura caída. Su profecía viene a anunciarnos que los castigos educadores de D'os sobre el pueblo de Israel no tienen otro objetivo más que concretizar ese sentimiento de elevación.
"Y os tomaré de entre los pueblos y os reuniré de entre todas las tierras,y os traeré a vuestra tierra"(36:24)
En este versículo el profeta Iejezkel destacó el objetivo final del pueblo de Israel: la reunión de los judíos dispersos por los cuatro rincones de la tierra y su retorno a la tierra prometida. Y en los próximos tres versículos el profeta nos enseñará los caminos que llevarán a la concretización de ese objetivo final, los caminos que D'os utilizará para purificar al pueblo de Israel, para que éste esté apto para el retorno.
"Y derramaré sobre vosotros aguas purasy os purificaréis,de todas vuestras impurezas y de todas vuestras inmundicias os purificaré"(36:25)
Aquí encontramos la primera parte del trayecto para llegar al objetivo: la pureza. Una pureza que no es simplemente un dogma o una idea desconectada de la cotidiana realidad, sino que tiene sus raíces en un cambio en el obrar. Una pureza que representa una liberación de las consecuencias de la impureza que oscureció y enturbió la pureza de antaño.
"Y os daré un corazón nuevoy un espíritu nuevo implantaré en vosotros,y quitaré el corazón de piedra de vuestra carney os daré un corazón de carne"(36:26)
La segunda parte del camino es descripta en este versículo. Nuevos elementos entran en nuestras vidas al tiempo que otros desaparecen. Un corazón nuevo y un espíritu nuevo pasan a tener lugar en la escena, y la remoción de un corazón de piedra que le dejará su lugar a un corazón de carne lleno de sentimiento, son un verdadero revivir en un espíritu purificado por la esencia Divina:
"Y Mi espíritu pondré en vuestro seno y provocaré que os encaminéis por Mis leyes,y Mis juicios cuidaréis y los harán"(36:27).
La tercera y última etapa del recorrido encierra la idea de pertenecer a una sociedad con leyes y valores debidamente regulados para facilitar la vivencia de aquellos valores y la convivencia con ellos.
En conclusión: este es el destino del pueblo elegido por D'os para que sea luz para las naciones: un renacimiento ético y espiritual.