viernes, 2 de abril de 2010

JAG JOL HAMOED PESAJ


COMO LA VIDA MISMA

El Maror y el Jaroset, quizás dos de los elementos más conocidos de la Keará, son además vistos como una dualidad permanente que la vida nos presenta a lo largo de nuestros días, aquí en el mundo terrenal. El bien y el mal, la amargura y la dulzura, la desesperación y la esperanza.
La palabra Maror, en Guematria (que era un método utilizado por los sabios de la era talmúdica, mediante el cual a cada letra del alfabeto hebreo le asignaban un valor numérico, y entonces cada palabra adquiría varios significados según el número final de la misma) suma 446, y con el mismo valor formamos la palabra Mavet (Muerte); Quizás queriéndonos mostrar que con la amargura del corazón, con la desesperanza, con la carencia de fe, aunque físicamente estemos vivos, podemos llegar a estar espiritualmente muertos, lo cual en un corto tiempo podría causarnos la muerte física.
La respuesta judía a este problema es el Jaroset, es la dulzura de su sabor, es el esfuerzo para salir de la mala situación en la que nos encontramos, simbolizado por los ladrillos que nuestros antepasados construían en Egipto; Es el saber que siempre debe quedar en nuestro ser un espacio para la esperanza, para la fe, para no bajar los brazos, para esperar el momento adecuado y levantarnos con todas nuestras fuerzas.
Pesaj nos enseña que la vida misma nos enfrenta a situaciones de amargura y dolor, pero también nos regala momentos maravillosos, en donde nos embargará una gran felicidad.
Muchos de los simbolismos de esta festividad tienden a marcar fuertemente esta línea de pensamiento, y quizás el que más sobresale es cuando al recitar las diez plagas con las que D”S azotó a Egipto, se toma la copa de vino y se extrae una gota del mismo por cada una de las plagas; simbolizando que nuestra alegría, y en nuestra tradición el vino es el símbolo de la alegría, no puede ser completa mientras haya seres humanos que sufran.
Cuenta un Midrash, un texto alegórico que intenta explicar el texto bíblico, que cuando el pueblo de Israel culmina de cruzar el mar de los juncos, entona el cántico del mar, shirat hayam, el cual encontramos en el capitulo XV del Éxodo, y allí D”S les dice a los hijos de Israel: Como es posible que ustedes entonen canciones alegres y de jubilo, mientras mis hijos se están muriendo en el mar. Por intermedio de este relato, se expresa aquí el concepto que debemos limitar nuestra alegría, nuestra dulzura, nuestro Jaroset, cuando otros están sufriendo, mientras otros estén amargados, mientras otros estén probando el sabor del Maror.
Y así es la vida misma, un sin fin de vivencias positivas y negativas, dulces y amargas, y Pesaj nos enseña que debemos guardar un lugar dentro nuestro para saber que así como vivimos lo bueno, también debemos enfrentar los malos momentos.
Finalmente, la grandeza de Pesaj, radica en que en un momento del Seder, debemos comer juntos el Maror y el Jaroset; Porque estos dos elementos son en sí la vida misma.

Rabino Pablo Iugt

PARASHA DE LA SEMANA


FESTIVIDAD JOL HAMOED PESAJ

La Lectura Para el Shabat Jol Hamoed Pesaj

En todos los días de fiesta se debe leer la Torá, así como se lee en los diversos sábados del año. La única diferencia es que la lectura de la Torá en los shabatot, sigue el orden de los cinco libros de Moshé subdividiendo cada libro en parashot (secciones semanales), pero en las fiestas esto no es así. Para cada fiesta ha sido designada una lectura especial que no tiene relación con la parashá semanal sino con un tema relacionado con la fiesta.
Es por este motivo que si alguno de los días de la fiesta cae en shabat, en lugar de ser leída la parashá semanal, ésta es reemplazada por una lectura correspondiente a la fiesta llamada: “la lectura de la Torá para el shabat de jol hamoed”, postergando la parashá semanal hasta el shabat siguiente.
El Talmud (Meguilá 31a) nos enseña que en el shabat de jol hamoed se debe leer del libro de Shemot (Éxodo) a partir del cap. 33:12 hasta 34:26. Rashí (Rabí Shelomó Itzjaki, 1040-1105), en su comentario al Talmud, nos explica que estos versículos fueron elegidos para la lectura de la Torá de jol hamoed, pues en ellos son recordadas las mitzvot (preceptos) del shabat, de las fiestas de Pésaj, Shavuot y Sucot, y también la mitzvá de jol hamoed.
En esta lectura vemos que después del pecado del becerro de oro, D’os le pide a Moshé Rabenu que prepare dos tablas de piedra para lo que serían las segundas tablas de los Diez Mandamientos, y después le dice que concertará un pacto con el pueblo y que éste debe cuidarse de no transgredir la prohibición de la idolatría. Luego, la Torá advierte sobre el cumplimiento de la fiesta de Pésaj, la mitzvá del rescate del primogénito, la mitzvá del Shabat, la fiesta de Shavuot, la fiesta de Sucot y la mitzvá de los bicurim (traer las primicias del producto del campo al Templo Sagrado de Jerusalem).
Al ver la secuencia de los temas recordados en todos estos versículos, surge una pregunta: ¿qué relación tienen todas las fiestas y las mitzvot referentes a ellas, con el pacto que D’os concertó con Moshé y con la prohibición de la idolatría, para que sean recordadas en un mismo contexto?
Encontramos que el gran comentarista de la Torá Rabí Abraham Ibn Ezrá (1080 – 1164), ya se había referido a esta pregunta diciendo que la Torá relaciona a las fiestas y a aquellas mitzvot que recordamos anteriormente, con el pacto y la idolatría, ya que en general, todas las fiestas son un recuerdo de la salida de Egipto así como esas mitzvot, y es por eso que es una contradicción recordar que D’os nos sacó de la tierra de Egipto – de un país idólatra – y al mismo tiempo servir a otros dioses.
Sin embargo, el comentarista Rabí Jizkiá Ben Rabí Manoaj (Francia, siglo XIII) en su libro “Jizekúni” nos ofrece otra explicación. Él dice que después de la prohibición de la idolatría, la Torá recuerda a las fiestas y a todas estas mitzvot, puesto que todas ellas son una señal de que nosotros somos los servidores del Santo – bendito es Él, pues ellas representan el hecho de que nosotros nos presentamos en las fiestas delante de D’os trayéndole obsequios, así como los súbditos de un rey terrenal acostumbraban presentarse delante de él en determinados días del año para honrarlo, y es por eso, que la Torá puso como condición para la vigencia del pacto entre D’os y el pueblo de Israel, el cumplimiento de estas importantes mitzvot.
De todo esto, podemos ver cuán grande es la coherencia que debe regir nuestros actos (y nuestras palabras, y nuestros pensamientos) para que éstos no se contradigan los unos con los otros. Y por otro lado, también aprendemos que debemos utilizar esa coherencia como base y pilar en las fiestas de Pésaj, Shavuot y Sucot, para intentar acercarnos a nuestro Creador ofreciéndoLe lo mejor de nosotros