lunes, 12 de abril de 2010

LA PARASHA DE LA SEMANA



PARASHA TAZRIA - METZORA
פרשת תזריע־מצרע

Este Shabat leemos “Parashiot Mejuvarot” dos secciones de la Torá unidas y que podemos traducir como “cuando dé a luz” en el caso de Tazria y “la ley relativa al leproso” en la sección Metzora.
Estas dos lecturas van a abordar temas que si bien incluyen la explicación de una enfermedad como la lepra, no son tratadas desde el punto de vista médico. El Cohen diagnosticaba la enfermedad pero no prescribía un tratamiento médico ya que su función era meramente ritual y de ningún modo podemos atribuirle un papel de médico.
¿Había médicos en la época de la Torá?
El libro de Éxodo nos habla de una situación de pelea entre dos hombres que trae como consecuencia que uno de los dos quedó herido. La ley determinaba que la persona ilesa debía pagarle el costo de su curación a quien había resultado herido, o sea que debía recurrir a un médico. (Éxodo 21:19-20)
El libro de reyes habla de los profetas Elías y Eliseo, y de acciones que pueden haber sido médicas, pero que han sido contadas como curaciones milagrosas. Una de ellas la leeremos en la Haftará de este Shabat.
Ioshua Ben Sira, un sabio del siglo II, subraya la importancia del médico y de la medicina afirmando ”Hay que dejar entrar al médico por causa de D´s”
La Mishná contiene el tratado Negaim que describe algunas enfermedades y dentro del Talmud, en la página 85 del tratado de Baba Kama, se explica la oración del libro de Éxodo mencionada más arriba.
La época medieval nos acerca al pensador, poeta y médico Iehuda Halevi y al bien conocido Maimónides como uno de los más grandes médicos de la época, cuyos estudios todavía son vigentes.
Así, el vínculo entre la medicina y el judaísmo es inmenso y la lectura de la Torá de este Shabat nos acerca un poco a este tema, pero más que nada en función de la actividad llevada a cabo por el cohen ya que tenía características rituales en la purificación de las personas afectadas por este tipo de dolencias.
Shabat Shalom

Rab. Rubén Saferstein

PALABRAS DE VIDA


Reconfortar en tiempos de enfermedad

El efecto de extender nuestro propio ser hacia otros significa perpetuar el sentido de comunidad.
La Torá, que contiene los primeros cinco libros de la Biblia, es la primera y la última fuente de ley en la que los judíos confían, constituyendo una guía moral para el pueblo. De esta manera, Rabinos y estudiosos, a través de las eras, han interpretado y
decodificado los textos de la Torá para que generaciones de judíos puedan entenderla mejor y vivir en ella.
La Torá ordena “caminarás tras Adonai tu D-s”, lo que significa que debemos imitar los atributos divinos. En este sentido, es significativo que nos detengamos a pensar que la palabra hebrea “lalejet”, caminar,
tiene la misma raíz que la palabra “halajá”, ley. Por lo tanto, el ser humano se vuelve sagrado, literalmente, caminando la Ley Divina.
Luego de crear los animales de la Tierra, D-s dijo: “Hagamos al hombre a
nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. De acuerdo a nuestros sabios, estar hechos “en la imagen de D-s” significa que tenemos que hacer las cosas como D-s las hizo y que tenemos que seguir su ejemplo.
D-s visitó a los enfermos:”Y Adonai se le apareció en las alturas de Mamré”. De acuerdo a una interpretación rabínica, D-s visitó a Abraham en Mamré mientras éste se recuperaba de su reciente circuncisión. De este relato es que los Rabinos derivan la importancia de “Bikur Jolim”, visitar a los enfermos. Así como D-s visitó a los enfermos “de la misma manera” vos debés visitarlos.
Practicar la mitzvá de Bikur Jolim es uno de los tantos actos que nos permite encontrarnos con la santidad porque, de acuerdo a la Torá, D-s mismo, Él personalmente, también lo realizó.
El efecto de extender nuestro propio ser hacia otros a través de acciones concretas significa perpetuar el sentido de comunidad, y comunidad es el concepto central de la vida tradicional judía.


Dr. Gabriel Pristzker

Seminarista

RESUMEN DE LA PARASHA SEMANAL


Parashá Tazría - Concibiere

Resumen de la Parashá
El Eterno se dirigió a Moshé, indicando las leyes referidas a la mujer parturienta, quien al dar a luz un hijo varón, será impura durante siete días y durante treinta y tres días se purificará. En el octavo día se circuncidará al recién nacido. Si diere a luz una niña, será impura dos semanas y se purificará durante sesenta y seis días. En ambos casos de nacimiento, la mujer, una vez purificada, deberá dar ofrenda de expiación ante el Cohén en el Tabernáculo, consistente en un cordero y, si no fuere posible, presentará dos tórtolas o dos pichones de paloma.
Si una persona contraía la enfermedad de tzaráat (padecimiento comparable a la lepra) debía ser traído frente al Cohén Gadol o uno de sus hijos, quien debía examinar al enfermo y sería declarado impuro. Tenía prohibido entrar al Santuario. Se lo aislaba durante siete días y luego se lo volvía a examinar. Si aun mantenía la afección, debía continuar aislado durante otros siete días y luego, si la mancha no se extendía, se lo consideraría puro.
Las leyes relacionadas con la tzaráat se extienden en diversas condiciones dadas por el Todopoderoso. Incluso si la ropa hubiera tenido mancha de lepra, también debía ser presentada ante el Cohén y se mantenía aislada esa prenda durante siete días. Luego debía ser examinada nuevamente por el Cohén y si la mancha se hubiera extendido, sería impura. Debía quemarse la ropa. En caso de no haberse extendido la mancha, sería lavada la mancha y separada la ropa durante otros siete días. Al cabo de ese tiempo, el Cohén veía si la mancha no cambió de color, determinando que sea quemada la prenda.

Parashá Metzorá - Leproso


Resumen de la Parashá
El Eterno transmitió a Moshé, las leyes referidas al leproso para su purificación. La persona enferma de tzaraat, era declarada metzorá y enviada fuera del campamento de la congregación, para vivir y con sus ropas rasgadas. Debía gritar “impuro, impuro”, como señal para que nadie se acercara a tocarle.
Cuando la enfermedad se reducía, la persona era nuevamente examinada por un Cohén, fuera del campamento, y así asegurarse de que la recuperación era total. Las ceremonias de purificación se extendían durante ocho días, y se observaban ciertos ritos especiales durante el primero y el último día. El Cohén ofrecía sacrificios y en el proceso de purificación se usaba madera de cedro e hisopo. El ex metzorá era declarado miembro pleno de la comunidad.
Las leyes de tzaraat se aplicaban tanto a una vestimenta como a una casa. Si las ropas mostraban signos de tzaraat, podían llegar a ser quemadas. Si una casa aparecía repentinamente marcada con rayas verdes o rojas, era cerrada por siete días. Si las rayas se extendían, las piedras afectadas eran reemplazadas por otras nuevas. La casa era revocada y las viejas piedras y el polvo eran arrojados en un área contaminada, fuera del campamento. Si aún quedaban signos de tzaraat en las paredes, todo la casa era destruida y los materiales arrojados en el área contaminada fuera del campamento.
El Eterno también indicó sobre ciertas impurezas físicas, como ser pérdida de semen, flujo, que afectaban a las personas y por ello tenían prohibido entrar al Santuario o tocar objetos sagrados. Esta situación terminaba luego de un proceso de ceremonias específicas para su purificación.