miércoles, 7 de julio de 2010

LA PARASHA DE LA SEMANA


Parashat Matot-Masaei

פרשת מטות־מסעי

Este Shabat finalizaremos la lectura del cuarto libro de la Torá – Bemidbar. Asimismo, por estar dentro de los días de Bein Hametzarim, período de duelo que antecede el día de recuerdo de la destrucción del templo de Jerusalem, leemos la sección profética correspondiente al segundo capítulo del libro de Jeremías.
Entre los temas que comprende la lectura de la Torá podemos mencionar los siguientes:

1. La santidad de los votos y promesas religiosas.
2. La guerra contra los midianitas.
3. Asentamiento de algunas tribus al este del río Jordán.
4. Itinerario del pueblo desde Egipto hasta el Jordán.
5. Las fronteras de la Tierra Prometida.
6. Las ciudades levíticas.
7. Las ciudades de refugio.
8. Las leyes de herencia.

El primer tema tiene que ver con la importancia de la palabra, las que decimos y las que formulamos cuando prometemos algo o juramos.
De acuerdo a la Torá, el mundo fue creado por la palabra de D´s y a partir de ese hecho, consideramos que las palabras tienen mucha fuerza y poder. Los preceptos y mandamientos otorgan mucha seriedad a la palabra y no es casual que el día más importante del calendario hebreo, Iom Kipur, comencemos el servicio escuchando Kol Nidre, que es la plegaria de anulación de los votos y promesas ante D´s incumplidas durante el año.
El encabezamiento de la primera oración de la parasha es significativo porque a diferencia de las oportunidades en que D´s se dirige a Moisés o a su hermano Aarón, o bien a todo el pueblo de Israel, lo hace aquí en primer lugar a los jefes de las tribus. Ellos eran los dignatarios del pueblo y ellos debían tomar con seriedad esta advertencia y transmitirlo al resto del pueblo.
El capítulo 31 describe la guerra contra Midián en la última etapa de la vida de Moisés. Este enfrentamiento no tuvo el carácter de una guerra de conquista de tierras, sino que tuvo el objetivo de redimir el nombre de D´s después de la apostasía en Baal Peor, relatada en la última parte de la sección Balak, cuando los varones del pueblo de Israel se involucraron sexualmente con mujeres midianitas. En esta guerra, Moisés no intervino y sí lo hizo Pinjas, quien había sido premiado con el sacerdocio después del episodio de Baal Peor. En esta guerra murieron notables de Midán y también Bilaam, el mago que había sido contratado por Balak, rey de Moab para maldecir a los hebreos.
El foco principal de la parashá es el de la descripción del asentamiento del pueblo de Israel en la tierra de Canaán, el cual se produciría con el mando de Josué al frente del pueblo, después de la muerte de Moisés.
Durante la etapa final de la travesía, las tribus de Gad y Ruben pidieron a Moisés permiso para asentarse en la zona al este del Jordán. Ellos tenían mucho ganado y la tierra era buena para poder criarlos. El problema había sido que la conquista todavía no se había producido y Moisés no vio con buenos ojos ,que mientras todas las demás tribus avanzaran con ese objetivo, estas dos últimas se quedaran sin participar con los demás de la tarea requerida. Por ello se permitió que las mujeres y niños permaneciesen allí, mientras que los varones acompañarían a las demás tribus en la conquista y sólo después regresarían a esas tierras que habían elegido para dedicarse a la pastura del ganado.
La segunda sección, Masaei, contiene el listado de los distintos lugares donde estuvo el pueblo de Israel durante su travesía a partir de la salida de Egipto. Fueron veinte paradas durante treinta y ocho años, por lo que se puede entender que los hebreos no fueron del todo nómades, sino que estuvieron cierto tiempo, a veces años, en algunos sitios que menciona la parashá.
En la descripción de las fronteras del futuro territorio del pueblo de Israel, se consideraron las llamadas ciudades levíticas, que corresponderían a los miembros de esa tribu, la cual no tuvo un territorio determinado como el resto de las tribus, sino ciertos enclaves especiales que sumaron cuarenta y ocho ciudades, más los campos aledaños a las mismas.
Uno de los temas más importantes del judaísmo ha sido el de justicia social. La Torá tiene decenas de referencias con respecto al tratamiento hacia el necesitado y las distintas clases desposeídas.
Las últimas oraciones de esta parashá, y por ende del libro de Números, incluyen este tema al volver al mencionar el caso de las “hijas de Tzlofjad”, que pertenecían a una tribu en la que había solamente mujeres, lo que complicaba las leyes de herencia, que hasta que se dio esta situación solamente a los hijos varones heredaban. A partir de aquí entonces, las leyes de sucesión y herencia permitieron que dichas mujeres pudiesen heredar.
De acuerdo al calendario hebreo nos encontramos en el período de Bein Hametzarim, días de duelo que anteceden al 9 de Av, el día de recuerdo de la destrucción del templo de Jerusalem. Por ello leemos en la Haftará, la sección profética correspondiente al segundo capítulo del libro de Jeremías, y que al igual que la lectura del Shabat pasado, también de Jeremías, constituyen palabras de advertencia al pueblo de Israel, pidiendo no abandonar el camino de leyes y prácticas del judaísmo. En el tiempo de Jeremías, estas palabras fueron el preludio a la destrucción de templo de Jerusalén. Pedimos a D´s que nos brinde Su protección en nuestros días.
Shabat Shalom

Rab. Ruben Saferstein

PALABRAS DE VIDA


Nuestro patriarca Iaakov parte hacia la tierra de su tío Labán, hermano de Rivka. Allá va a refugiarse, por un tiempo, de la ira de su hermano Esáv.

“Y salió Iaakov de Beer Sheva, y se fue a Jarán”.

Si uno va a un lugar, se sobreentiende que sale del lugar de donde proviene. Es elemental, pero…¡Hay que cuidar cada palabra de la Torá! Ninguna está de más, ninguna hay de menos.
¿Por qué entonces está escrito “y salió”? ¿No es evidente que “salió” si es que “fue”? Esta pregunta la plantea Rashi y la repuesta dice:

“La salida del justo de una ciudad deja una dura impresión de tristeza. Porque mientras el justo está en la ciudad, él es su belleza, su esplendor y su gloria. Cuando sale todo se desvanece”.

Se sentía que había salido.Cuando el justo se va, deja un vacío.

Y reafirman, luego, sabios posteriores: “Solo cuando el justo abandona la ciudad impresiona a la gente. Solo entonces la gente toma conciencia de que tenía entre sí a una gran persona. Antes no lo notaban, no le prestaron atención”.

Y lamentablemente es cierto. En general, en nuestra vida (pobres nosotros) apreciamos al individuo en su ausencia. Cuando se va, lo echamos de menos.

Y esto parece repetirse con respecto a todos los valores de la existencia. Mientras están presentes, no los discernimos, y sólo cuando su ausencia provoca un duro vacío se los añora. Lo vemos en otro pasaje del Tanaj, en el Libro de Jueces, cap. XIII. Ahí, el ángel de Dios se aparece ante el incrédulo Manoaj (futuro padre de Sansón). Una y otra vez aparece el ángel. Y, al final, el texto dice “Y no volvió a mostrarse el ángel de Dios….entonces supo Manoaj que era, realmente, un ángel de Dios”.
Entonces, cuando ya no estaba más.
Sucede que en estas cosas el conocimiento llega, sí, pero demasiado tarde.

Adaptado del libro: “Torá, Árbol de Vida”


Sem. Dr. Gabriel Pristzker

RESUMEN DE LA HAFTARA SEMANAL


Parashá Matot - Tribus
Resumen de la Parashá

Moshé transmitió a los jefes de las Tribus, las órdenes del Eterno. Si un hombre formulare promesa al Todopoderoso, o se comprometiera con un juramento, no podrá profanar su palabra. Todo aquello que hubiera expresado o jurado, deberá cumplirlo. Sin embargo, esta regla general era restringida en los casos de una promesa hecha por una mujer bajo la jurisdicción del padre o el esposo. Así, una mujer joven y soltera que vivía en la casa del padre, o una mujer que estaba a punto de casarse o que ya lo había hecho, no estaba obligada a cumplir su promesa si el padre o el esposo (según fuera el caso), la desaprobaba. Esta reprobación debía ser expresada el mismo día en que se había enterado de la promesa, o de otro modo cargaría con la culpa por su incumplimiento. Las promesas de una viuda o divorciada creaban también una obligación.
Continúa la parashá relatando sobre el ataque a los midianitas que fue llevado a cabo por doce mil guerreros israelitas, mil por cada tribu. Fueron acompañados por Pinjás, quien llevó consigo las vasijas sagradas y las trompetas para llamar a la batalla. Durante la guerra fue matado todo midianita varón, incluso los cinco reyes de Midián y Bilam Ben Beor. Los vencedores tomaron a las mujeres, los niños, el ganado y otras posesiones de los midianitas como botín. Pero, sin embargo, Moshé los amonestó por haber dejado con vida a las mujeres, que habían sido la causa de la plaga sobre los Hijos de Israel.
Los soldados, se tornaron impuros por su contacto con los muertos, y recibieron orden de permanecer fuera del campamento durante siete días a fin de someterse a la ceremonia de purificación. Todas sus vestimentas y utensilios fueron limpiados de acuerdo con las reglas establecidas por Elazar, el Cohén Gadol. Los objetos capturados fueron divididos en partes iguales entre los que habían ido a la guerra, por un lado, y los restantes por el otro. A su vez una parte fue separada para los Cohanim y otra para los Leviim. Los guerreros que regresaban, agradecidos por no haber caído en la batalla, hicieron una ofrenda voluntaria al Mishkán, consistente en elementos de oro.
También refiere la Torá que las tribus de Reuvén y Gad poseían grandes rebaños de ganado y pidieron permiso a Moshé para establecerse en la tierra de pasturas de Guilad, al este del Jordán. Al principio Moshé no aceptó este plan. Él temía que si estas dos tribus quedaban atrás durante la conquista de Canaán, las otras tribus podrían desanimarse. Sin embargo, cuando los reuvenitas y gaditas explicaron que tenían la intención de cruzar el Jordán y luchar junto con el resto de la Congregación, mientras que sus familias permanecerían en Guilad, Moshé cambió de opinión y indicó a Yehoshúa que se cerciorara de que esa promesa fuera cumplida. De otro modo, estas tribus perderían el derecho a todo reclamo sobre su asentamiento en Guilad.

Parashá Masé -
Marchas
Resumen de la Parashá
Moshé registró por escrito el trayecto del Pueblo de Israel a través del desierto desde el momento en que partieron de Egipto hasta su llegada a las llanuras de Moab. Los israelitas acamparon en cuarenta y dos lugares distintos durante sus cuarenta años de deambular.
Con posterioridad a haber expulsado a los habitantes de Canaán, el pueblo recibió la orden de destruir todo rastro de idolatría en ese territorio. La tierra sería distribuida en partes proporcionales a la cantidad de miembros de cada tribu. Fueron designados diez dirigentes, uno para cada una de las tribus respectivas. A ellos, juntamente con Yehoshúa y Elazar, el Cohén Gadol, se les confió la entrega equitativa de la tierra. Los Leviim no recibieron ningún territorio. En parte de ello se les otorgaron cuarenta y ocho ciudades a ambos lados del Jordán.
Seis de ellas, tres a cada lado de este río, fueron instituidas como arei miklat (ciudades de refugio). Ellas se utilizarían como asilo para cualquier persona que hubiera matado a otra accidentalmente, permitiéndole así escapar a la acción vengadora de los parientes del muerto. Luego de un asesinato accidental, el que lo hubiera consumado podía huir a esas ciudades de refugio, donde sería llevado ante un tribunal. Si los jueces decidían que se trataba de un caso de asesinato intencional, la persona sería entregada al vengador de la víctima (un pariente cercano).
Por otra parte, cualquiera que cometiese un asesinato deliberado, sería ejecutado. Asimismo, si el crimen no había sido premeditado y no tenía intención maligna, el que lo hubiera realizado tendría que permanecer en la ciudad de refugio hasta la muerte del Sumo Sacerdote. También un asesinato intencional no podía ser condenado a muerte, salvo que hubiera dos testigos que imputaran al asesino. La sentencia de muerte por asesinato premeditado no podía ser conmutada por medio del pago de dinero, ni tampoco podía el asesino por accidente, librarse del exilio en la ciudad de refugio con ese subterfugio.
Relata la parashá que los dirigentes de la familia de Guilad, de la tribu de Menashé, plantearon el problema de la tierra heredada por hijas, tales como las de Tzelofjad. Si estas mujeres se casaban con miembros de otras tribus, sus propiedades se perderían para su tribu original y pasarían a las nuevas. Entonces, esto llevaría a la reducción de las posesiones de la tribu a la que perteneciesen las mujeres. El problema fue resuelto con la decisión de que en tales casos, la heredera debía casarse con un miembro de la tribu de su padre. Y esto es lo que ocurrió, justamente, en el caso de las hijas de Tzelofjad, que se casaron con sus propios primos.

HAFTAROT DE BEN HAMETZARIM


בין המצרים

Haftarot de las tres semanas
Introducción
Las haftarot que son leídas en los shabatot posteriores al 17 de Tamuz y hasta después de Iom Kipur, no han sido seleccionadas por tener alguna relación con la parashá de la semana, como generalmente es el criterio que rige para su elección, sino que ellas tienen una relación con la época del año en la cual nos encontramos.
Este cambio de criterio en la elección de las haftarot está legislado en el Shulján Aruj (Oraj Jaim 428:8) y tiene su origen en el Midrash Pesiktá que nos enseña que en los tres sábados que hay entre el ayuno 17 de Tamuz hasta el día del 9 de Av deben ser leídas tres haftarot cuya temática sea las advertencias de desgracia y destrucción de Jerusalem a causa de los pecados del pueblo de Israel. Luego, desde el 9 de Av hasta Rosh Hashaná deben ser leídas siete haftarot de consuelo para el pueblo de Israel, y por último después de Rosh Hashaná deben ser leídas dos haftarot de arrepentimiento (a veces hay un sólo shabat entre Rosh Hashaná e Iom Kipur).
Comentario
Irmiahu (Jeremías) 1:1 – 2:3
En los años en los que las parashot Matot y Masé se leen el mismo shabat, esta haftará es leída en el shabat que se lee parashat Pinejás, pero si las parashot Matot y Masé se leen en sábados separados, entonces esta haftará es leída en el shabat que se lee parashat Matot, y ese es el motivo por el cual en los distintos jumashim (cada uno de los cinco libros de la Torá) esta haftará está impresa después de parashat Matot.
“Palabras de Irmiahu hijo de Jilkiahu
de los sacerdotes que había en Anatot,
en la tierra de Biniamín“
(1:1)
En los primeros pesukim (versículos) de nuestra haftará, vemos como D’os lo llama por primera vez al profeta y trata de convencerlo de que acepte la misión de profetizar para los pueblos, pero a pesar de esto, Irmiahu se niega a hacerlo.
De todas formas, dice el texto que “la mano de D’os” tocó su boca y a partir de ese momento la palabra de D’os estuvo en la boca de Irmiahu, e inmediatamente después, aparece la primer profecía que Irmiahu recibió para el pueblo de Israel.
“Y fue la palabra de D’os a mí diciendo:
‘¿Qué estás viendo, Irmiahu?’
Y dije: ‘Una rama de almendro yo estoy viendo’.
Me dijo D’os a mí: ‘Bien has visto!
Pues Yo estoy apresurando Mi palabra, para cumplirla’“
(1:11-12)
D’os quería que Irmiahu le advierta a los hijos de Israel que si ellos no revertirán sus acciones, D’os destruirá a los judíos, y a su más preciado y sagrado lugar, el Templo de Jerusalem. Para ello, D’os le mostró un makel shaked (rama de almendro).
Nótese que la raíz hebrea de la palabra almendro está compuesta por las letras shin, kof y dalet, y estas letras también pertenecen a la raíz del verbo lishkod que también puede significar “apresurar”. Es por eso que cuando Irmiahu le contestó a D’os: : “makel shaked aní roé – una rama de almendro yo estoy viendo”, D’os le dijo: “ki shoked aní al debarí laasotó – Pues Yo estoy apresurando Mi palabra, para cumplirla”. D’os utilizó la misma raíz idiomática para interpretar la profecía que Irmiahu había tenido.
Sin embargo, los comentaristas del Tanaj (Biblia) entendieron que la interpretación de esta profecía no se relaciona con la visión en sí, a través de una raíz lingüística solamente. Rashí y Radak, entre otros, entendieron – seguramente basados en el midrash citado también por Rashí – que el mensaje de esta visión es que así como el almendro es un árbol que florece mucho más rápido que otros árboles, asimismo D’os está apresurando Su palabra, para cumplirla.
“Y fue la palabra de D’os a mí, por segunda vez, diciendo:
‘¿Qué estás viendo?’
Y dije: ‘Una olla hirviendo yo estoy viendo, y lo hace por el norte’.
Me dijo D’os a mí: ‘Desde el norte se abrirá la maldad
sobre todos los habitantes de la tierra’“
(1:13-14)
Esa olla hirviendo que vió Irmiahu tenía una particularidad, ella no hervía como cualquier otra olla. En una olla común y corriente, se puede apreciar a simple vista que el fuego está ubicado por debajo de ella ya que la ebullición es pareja en todos los bordes de la olla. Sin embargo, en esa olla ésto no ocurría. Irmiahu notó que las burbujas no eran parejas en todos los costados de la olla, de tal manera que parecía ser que en esa olla, la fuente de calor no estaba dispuesta debajo de ella en el centro, sino a un costado, del lado norte.
Rabí Moshé Alshej (1508 – 1593) en su comentario al libro, llamado “Marot Hatzobeot”, nos dice que a través de estas dos visiones, D’os quiso demostrarle a Irmiahu que él es el hombre más indicado para cumplir con la función de profeta.
Dice nuestro autor que D’os le quiso demostrar a Irmiahu que si Él le hubiera preguntado a otra persona: “¿Qué estás viendo?” y ese hombre vería una rama sin frutos ni hojas, sólo una rama seca – así como vió Irmiahu – él no hubiese prestado atención a la especie de la cual provenía aquella rama, si la rama era de almendro u otra especie. Él sólo hubiera dicho: “una rama yo estoy viendo” y por cuanto que la intención de la profecía es mostrar que D’os está apresurando Su palabra para cumplirla, la interpretación de la profecía no hubiera podido tener lugar, pues si la persona no hubiera dicho: “makel shaked aní roé – una rama de almendro yo estoy viendo”, D’os no hubiera podido decir: “ki shoked aní al debarí laasotó – Pues Yo estoy apresurando Mi palabra, para cumplirla”.
Pero Irmiahu sí observó y prestó atención de qué especie era la rama, y es por eso que D’os le dijo: “Bien has visto!” y es por eso que fuiste elegido como profeta para las naciones.
Y de manera similar D’os lo probó a Irmiahu por segunda vez, en la visión de la olla hirviendo. Él le preguntó: “¿Qué estás viendo?”, y de haberle preguntado esto a cualquier otra persona la respuesta hubiera sido: “una olla hirviendo”, sin prestar atención al detalle de que un lado tenía más ebullición que los demás, ya que ese detalle no fue preguntado, y D’os no hubiera podido interpretar la profecía.
Sin embargo Irmiahu sí vió que las burbujas provenían del lado norte de la olla y es por eso que D’os le contestó: “Desde el norte se abrirá la maldad sobre todos los habitantes de la tierra”, para demostrarle que también esta vez vió bien. Y de esta forma D’os lo apresuraba a Irmiahu y le demostraba que no había otra persona que entendiera como él las visiones proféticas, y es por eso que no debía negarse a cumplir su misión sino que la debía aceptar de buen grado.
Sin embargo, sin contradecir este magnífico comentario de Rabí Moshé Alshej, si estudiamos estos versículos desde otro punto de vista, podemos aprender otras enseñanzas. Se puede decir que estas dos visiones que D’os le hizo ver a Irmiahu no sólo tuvieron como objetivo tratar de convencerlo de que acepte su misión, sino que también quisieron enseñarle a Irmiahu el “oficio de profeta”.
Por supuesto que no todo el que desee ser profeta lo conseguirá, ya que eso no depende de la persona solamente, sino de la voluntad de D’os que es, sin ningún lugar a dudas, la fuente de la profecía. Pero por otro lado, Nuestros Sabios nos enseñaron que para que alguien pueda llegar a ser profeta, debe cumplir con ciertos requisitos mínimos, como ser justo, sabio, etc. y si tiene estas condiciones, se pueden hacer intentos “técnicos” para que D’os se comunique con él, y D’os en definitiva decidirá si querrá hacerlo o nó. (Véase en la haftarat Vaierá el término que utiliza el versículo: bené haneviim – los alumnos de los profetas).
Como vemos en los versículos, D’os quiso enseñarle a Irmiahu cómo se debe profetizar, quiso educarlo. Deteniéndonos en ciertos detalles del texto podremos aprender algunos secretos sobre el díficil oficio de educar. Citaremos los versículos nuevamente:
“Y fue la palabra de D’os a mí diciendo:
‘¿Qué estás viendo, Irmiahu?’
Y dije: ‘Una rama de almendro yo estoy viendo’.
Me dijo D’os a mí: ‘Bien has visto!
Pues Yo estoy apresurando Mi palabra, para cumplirla’.
Y fue la palabra de D’os a mí, por segunda vez, diciendo:
‘¿Qué estás viendo?’
Y dije: ‘Una olla hirviendo yo estoy viendo, y lo hace por el norte’.
Me dijo D’os a mí: ‘Desde el norte se abrirá la maldad
sobre todos los habitantes de la tierra’”(1:11-14)
El RIosef Kleiner explicó que el lenguaje de estos pesukim es extraño. En la primera visión, D’os lo felicitó a Irmiahu por haber visto detalles que aparentemente carecen de importancia, diciéndole: “Bien has visto!”, sin embargo en la segunda visión, a pesar de que Irmiahu también observó correctamente, D’os no lo felicitó por su aguda visión, sino que directamente interpretó la profecía, para que Irmiahu entienda el mensaje.
(A sus palabras, se puede agregar que en la primer visión, al preguntarle lo que veía, D’os le dijo: “¿Qué estás viendo, Irmiahu?” pero en la segunda visión, sólo le preguntó: “¿Qué estás viendo?” sin recordar su nombre propio, utilizando un lenguaje más directo).
Dice el Rav Kleiner, que este cambio en el lenguaje nos viene a enseñar que en el campo de la educación, no todo debe ser “caricias y alabanzas”. Hay veces que debemos ser muy directos con nuestros hijos diciéndoles las cosas de una manera dura.
Podemos ver con mucha tristeza que sus palabras encierran una gran verdad. Solamente alcanza con salir a la calle y ver a la gente, para darse cuenta que en muchos casos los “descarrilados” – en el más amplio sentido de la expresión – no son sólo quienes en su niñez y adolescencia fueron sometidos por parte de sus padres o maestros, a una disciplina demasiado rígida.
Vemos con nuestros propios ojos, que la falta total de disciplina así como también una disciplina deficiente, pueden provocar en la personalidad del hombre daños no menos severos que el exceso de la misma.
En nuestra época más que en las anteriores, creemos que es bueno tener estos conceptos bien frescos en nuestra conciencia, ya que desgraciadamente estamos viviendo una época de enfermiza permisibilidad. Muchos tienden a creer que todo está permitido, tanto en el mundo de la secularidad como en el del judaísmo, y a través de ese pensamiento incurren en toda clase de errores que no tienen parangón, y a veces, hasta son irreparables.
Es por eso que debemos aprender de nuestra Sagrada Torá la fórmula del éxito. Ella nos enseña que debemos encaminarnos por el camino intermedio, sin desviarnos, en general, hacia los extremos. Si seguimos Su consejo podremos cumplir nuestro deber como judíos, y nuestra obligación como los educadores de nuestros hijos.